DIRECTORIO FRANCISCANO
ENCICLOPEDIA FRANCISCANA

PEQUEÑA ENCICLOPEDIA FRANCISCANA

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VALENCIA, Martín de (-1534). Franciscano, misionero en América, superior de la expedición de «los doce apóstoles de México».


VALERA, Jerónimo (1568-1625). Franciscano, sacerdote, teólogo. Fray Jerónimo Valera nació en Nieva (Chachapoyas, Perú) el año 1568, siendo hijo de conquistadores de aquella provincia. En 1589 vistió el hábito franciscano en el convento de San Francisco de Lima, perteneciente a la Provincia de los Doce Apóstoles. Fue elegido para los oficios de guardián y provincial. Era un excelente predicador y hombre de vasta cultura, muy versado en ambos derechos y eminente escotista. Enseñó muchos años teología y artes en Lima y fue calificador del Santo Oficio. Su obra principal es Commentarii ac quaestiones in universam Aristotelis ac Subtilis Doctoris J. Duns Scoti logicam (Lima 1610), primera obra de filosofía escrita por un criollo. Murió en el convento de San Francisco de Lima en 1625.


VÁZQUEZ, Isaac (1926-2003). Franciscano, sacerdote, historiador. Nació el año 1926 en Beariz (Orense, España). Estudió en el seminario menor franciscano de Herbón-Padrón y, terminado el noviciado, en 1944 hizo su profesión simple en la Provincia franciscana de Santiago de Compostela. Cursados los estudios eclesiásticos en Puenteareas (Pontevedra) y Santiago, recibió la ordenación sacerdotal el año 1951. Luego amplió estudios en el Pontificio Ateneo Antoniano de Roma, matriculado en la facultad de teología, sección de historia eclesiástica, en la que obtuvo el doctorado en 1955, con la máxima calificación. Antes, en 1952 había obtenido el diploma en archivística y en biblioteconomía del Archivo Secreto Vaticano. A su vez, en 1954 inició de los estudios de historia eclesiástica en la Universidad Gregoriana de Roma, en la que se doctoró en 1956. Vuelto a su Provincia se dedicó a la enseñanza en su seminario mayor, a la vez que cursaba estudios de historia en la Universidad civil de Santiago, en la que obtuvo el grado de doctor en 1959.

El P. Isaac Vázquez Janeiro ocupó cargos de responsabilidad y ejerció la docencia en su Provincia y en la Orden, tanto en España como en Roma. Así, por ejemplo, fue maestro y profesor de los estudiantes de su Provincia, guardián del Colegio Cardenal Cisneros de Madrid, vice-rector del Pontificio Ateneo Antonianum de Roma (1969-75), rector de la Iglesia española de San Pedro in Montorio (2000-02). En el campo de la docencia, además de enseñar en su Provincia y en la Universidad de Santiago, y también en otros centros, fue desde 1963 hasta 1994 profesor de historia moderna y de metodología en el Antonianum de Roma, y de 1996 al 2000 catedrático de historia de la Iglesia en la Universidad Pontificia de Salamanca. Por otra parte, fue director de la revista Archivo Ibero-Americano los años 1962-63, y de 1966 a 1978 lo fue de la revista Antonianum. Falleció en La Coruña el 19 de febrero del 2003 a raíz de una arriesgada operación de corazón.

Las investigaciones del P. Isaac Vázquez han tenido por objeto campos muy variados, aunque siempre relacionados con la historia, y entre las más de doscientas publicaciones que nos ha dejado en diversas revistas científicas, obras colectivas, enciclopedias y diccionarios, etc, son dignas de especial mención las que se refieren a la historia de la teología y de la mariología franciscanas. En Archivo Ibero-Americano 64 (2004) 507-520, puede verse un elenco de sus publicaciones.


VEGA, Andrés de (1498-1549). Franciscano, uno de los principales teólogos del concilio de Trento en temas tan importantes como el de la justificación. Nació en Segovia el año 1498, de familia noble. Sus padres fueron Gundisalvo de La Vega y Leonora de León. Cursó Artes y Teología en la Universidad de Salamanca, donde tuvo entre sus maestros al franciscano Alfonso de Castro y al dominico Francisco de Vitoria; en ella se licenció en 1535 y se doctoró en 1537. De 1532 a 1538 regentó la cátedra de Santo Tomás y, tal vez, la de Escoto y fue auxiliar de Vitoria en la cátedra de Prima (1536-1537), siendo suyas las qq. 148-170 del comentario de Vitoria a la Secunda Secundae. Ingresó en la Orden franciscana en el convento salmantino de San Francisco, perteneciente a la Provincia observante de Santiago, el 23 de marzo de 1538. Y hasta que fue enviado al concilio de Trento, continuó en dicho convento enseñando como profesor y participando en los asuntos académicos de la Universidad. En 1541 suscribió con otros teólogos salmantinos un dictamen solicitado por Carlos V, sobre la administración del bautismo a los indios del Nuevo Mundo.

El príncipe D. Felipe lo envió a Trento como uno de los teólogos del cardenal Pacheco, obispo de Jaén. Estaba ya en Trento el día de la apertura del Concilio y asistió a toda la primera etapa, interviniendo en las discusiones relativas al canon de la S. Escritura y a la Vulgata, y, sobre todo, en la sesión VI sobre la justificación y la certeza del estado de gracia; gozó en estas cuestiones de grandísima autoridad por el Opusculum que acababa de publicar. Trasladado el concilio a Bolonia, él se retiró a Venecia, al convento de San Francisco de la Viña, para ordenar y preparar la edición de su magno comentario al decreto conciliar sobre la justificación. Regresó a España probablemente a principios de 1549. Murió en Salamanca entre el 13 y el 21 de septiembre de 1549. Algunos autores dicen que murió en 1560.

Fray Andrés de Vega no es de los autores más prolíficos de su tiempo, pero nos dejó obras que son muy importantes: Opusculum de iustificatione, gratia et meritis, Venecia 1546. Tridentini Decreti de iustificatione expositio et defensio, Venecia 1548; san Pedro Canisio, por considerar esta obra como el mejor argumento para contener la herejía luterana, preparó una edición de la misma modificando un poco el título: De iustificatione doctrina universa, Colonia 1572. Expositio in Regulam Fratrum Minorum, comentario a la Regla de san Francisco, que circuló en ejemplares manuscritos hoy desaparecidos. Además, son suyas las qq. 148-170 de los Comentarios de Vitoria a la II-II de S. Tomás, editadas por el P. Beltrán de Heredia. Y hay noticias de otras obras suyas que quedaron inéditas y no se las encuentra.


VERDALET (o Verdelete), Esteban (1557/58-1612). Franciscano, misionero y mártir. Nació en Denia (Alicante) en 1557 ó 1558. Siendo muy joven vistió el hábito franciscano en la Custodia de los Recoletos perteneciente a la Provincia observante de San Francisco de Valencia, en la que hizo el noviciado y cursó sus estudios. Ordenado de sacerdote, se dedicó al ministerio de la predicación. En 1593 pasó a las misiones de Guatemala donde trabajó con tanto celo que logró convertir a la fe cristiana a multitud de indígenas. Siendo guardián de Comoyagua, llegó a internarse, sin acompañamiento militar, en territorio de las tribus aún salvajes de las provincias de Teguzgalpa (Honduras). Los pocos indios que lo acompañaban, pronto lo dejaron solo y tuvo que regresar al punto de partida entre grandes dificultades. Hacia 1607 estuvo en Madrid para dar cuenta al Rey de sus descubrimientos y de los progresos de la fe en los Reinos de Centro-América, así como para reclutar misioneros que les ayudaran en tarea tan ardua e inabarcable. Tenía el propósito de pasar a Roma y comunicar lo mismo al Papa, pero no pudo llevarlo a cabo porque la Real Cédula fechada en Madrid el 17 de diciembre de 1607, le ordenaba regresar de inmediato a América para continuar su obra. El 13 de octubre de 1608 llegaba de nuevo a Guatemala con una expedición de 28 franciscanos.

Una vez más el P. Esteban Verdalet se entregó de lleno a la conversión de los indios Xicaques de la Teguzgalpa para lo que se adentró en su territorio con muy buenas principios. Levantó una iglesia pequeña y construyó una casita para habitación de los religiosos, que se consagraron a la educación y catequesis de los nativos. Pero pronto iba a terminar tan esperanzador apostolado. Algunos indios se rebelaron y decidieron acabar con los misioneros. El P. Verdalet, para hacerles reflexionar, fue con un compañero a donde se encontraban, y apenas comenzó a hablarles se abalanzaron sobre ellos y a golpes de macana y de lanza acabaron con sus vidas. El martirio del P. Esteban y del P. Juan de Monteagudo (Montagut) tuvo lugar en enero de 1612, en día todavía incierto. El P. Esteban dejó una Relación manuscrita titulada: Noticias de la Provincia de Teguzigalpa, o Teguzgalpa.


VÍA CRUCIS, con las Estaciones comentadas e ilustradas. En esta devoción, cuya difusión ha estado muy vinculada a la Orden franciscana, se meditan y contemplan los Misterios dolorosos de Cristo, caminando y deteniéndose en las estaciones.


VILLENA, Isabel de (1430-1490). Clarisa, escritora espiritual.


WARE, Guillermo de ( después de 1300). El franciscano inglés Guillermo de Ware (Warro, Guarra), llamado doctor praeclarus y fundatus, resulta ser un maestro bastante desconocido en su biografía y en su doctrina. Enseñó en Oxford entre 1290 y 1300. Bartolomé de Pisa lo llama Maestro de Escoto, aunque no consta con certeza que lo fuera. Escribió un Comentario sobre las Sentencias, en donde se manifiesta como mente abierta, y cita no solamente a san Buenaventura y a Ricardo de Mediavilla, sino también a santo Tomás de Aquino, a Gil de Roma, a Enrique de Gante y a otros contemporáneos de diversas tendencias. Lo mismo que Ricardo de Mediavilla, Guillermo abandona algunas tesis características de la escuela bonaventuriana tomando posiciones de transición hacia el escotismo.

Guillermo se separa de la interpretación agustiniana de la iluminación divina y se orienta por la tesis tomista de que el alma humana debe poseer las facultades necesarias y adecuadas para la realización de su actividad natural, como es el conocimiento intelectual o racional. Se adhiere también a la doctrina de la unidad de la forma, abandonando, por consiguiente, la composición hilemórfica de las sustancias espirituales. Sin embargo, identifica las facultades del alma con su esencia. Esta postura doctrinal parece estar fundamentada en la defensa que hace de la interacción entre las facultades. Hasta tal punto, y en esto sigue a san Agustín, que la impresión de la especie en la memoria o en el intelecto sería insuficiente para alcanzar el conocimiento sin el concurso de la voluntad, pues entendimiento y voluntad están íntimamente vinculados en todas sus funciones operativas. La voluntad sigue teniendo un puesto prioritario, hasta tal punto que Guillermo de Ware ponga la voluntad especulativa, como así la llama, por encima del entendimiento práctico. La voluntad interviene necesariamente en el acto cognoscitivo imperando el ejercicio de la potencia intelectiva. Esta línea se verá confirmada y corroborada en Escoto. Ware, pensador franciscano inglés, asume la prueba anselmiana de la existencia de Dios, y sostiene que la proposición Dios existe es per se nota, evidente y conclusiva del análisis del sujeto y del objeto, aunque este análisis no sea fácil, sino resultado de un gran esfuerzo. [Cf. J. A. Merino, BAC-525].

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