DIRECTORIO FRANCISCANO
ENCICLOPEDIA FRANCISCANA

PEQUEÑA ENCICLOPEDIA FRANCISCANA

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CABANES CALATAYUD, José (1705-1742). Misionero franciscano, que coronó su tarea apostólica con el martirio a los 37 años de edad. La evangelización de los indios de las tribus orientales del actual Perú no se inició de forma seria y permanente hasta el tercer decenio del siglo XVII. Los franciscanos que iniciaron el trabajo misional en las escarpadas, boscosas y ardientes regiones de Oriente, se percataron, al adentrarse en la selva, que estaban habitadas por tribus indómitas, de difícil contacto con la civilización. Los misioneros que intentaban entrar en aquellas latitudes eran atravesados por las flechas y lanzas de los indios, o sacrificados a golpes feroces de sus macanas. Ante lo infructuoso del trabajo se tuvo que abandonar la evangelización momentáneamente. En 1723 se fundó el colegio apostólico de Santa Rosa de Ocopa, a semejanza de los que ya existían en México. Este colegio fue a su vez madre de casi todos los colegios apostólicos de América del Sur. A él llegaron desde España, entre 1725 y 1824, unos 180 franciscanos sacerdotes y 55 hermanos laicos, a los que se agregaron más de 30 religiosos sacerdotes y 33 hermanos del resto de Hispanoamérica. A comienzos del siglo XVIII se reanudó una gran labor misional, se adentraron expediciones de misioneros por bosques y ríos con renovados esfuerzos, pacificando las tribus y reconstruyendo aldeas y caseríos.

El P. José Cabanes fue destinado en 1738 al colegio de Santa Rosa de Ocopa. Había nacido en Bocairent (Valencia, España) el 21-II-1705. Vistió el hábito franciscano en el convento de la Corona, de Valencia, y de allí salió para las misiones de Perú, donde trabajó con mucho celo. Ya en 1738 se internó hasta Huanta, siendo el primero que suministró datos verídicos acerca del río Tambo. Poco después de su llegada a Ocopa, el falso inca Santos Atahualpa, mestizo originario de Cuzco, sedujo y enfrentó a las tribus de campas y piros contra los blancos con promesas de libertad y riquezas. Suscitó una rebelión que expulsó a los misioneros, quedando abandonados los centros misionales. En estas circunstancias el P. José Cabanes, acompañado del P. Domingo García y el hermano José de Jesús, se adentró con una canoa por el río Tambo, dirigiéndose al Cerro de la Sal, zona montañosa, al noroeste del departamento de Junín, donde estaba el foco de la rebelión. Desde la orilla fueron atravesados por las flechas de los indios el 21 de septiembre de 1742. Los recuerda el Martyrologium Franciscanum el 21-IX. Cf. Izaguirre, Historia de las misiones franciscanas, Lima 1922s, II, p. 124-128 y 293; AIA t. 18, 1922, 174-222. [Cf. A. Llin, Modelos de vida cristiana, p. 107s].


CABEZAS, Francisco (1709-1773). Religioso laico franciscano, arquitecto y artífice de algunos monumentos del siglo XVIII. Fr. Francisco Cabezas nació en Enguera (Valencia, España) el 3-IV-1709. En 1727, siendo pretendiente en la Orden franciscana, manifestó ya su laboriosidad en la construcción del convento franciscano de Alcoy. El 23-I-1728 comenzó el noviciado en el convento de la Corona de Valencia, de religiosos franciscanos recoletos, y el 24-I-1729 hizo su profesión religiosa. Volvió a Alcoy donde dirigió las obras del convento hasta su conclusión; hizo el retablo, el altar mayor, el transagrario y el coro de la iglesia. Dirigió más tarde las obras del convento de Santa Bárbara de Alcira, de los observantes, destruido por el terremoto de 1748; él mismo había elaborado los planos. Mérito suyo fue el gran pozo que se construyó en el claustro. Igualmente restauró el convento de clarisas de Játiva, deteriorado por el mismo terremoto. En Carlet reparó las grietas que afectaban a la iglesia parroquial. En Valencia, para la construcción de la capilla de San Vicente Ferrer, del convento de Santo Domingo, corrigió los planos que había hecho el arquitecto de la ciudad, D. José Pujol. Construyó en Pego la iglesia del Santísimo Ecce Homo, que vino a ser como la maqueta o primera idea de la iglesia de San Francisco el Grande de Madrid.

Fue requerido para dirigir las obras del convento e iglesia de San Francisco el Grande de Madrid. Con sus sabias disposiciones llevó adelante la difícil construcción de aquel artístico edificio. En una inscripción consta que comenzó la dirección de las obras el 8 de noviembre de 1761, en las estuvo hasta 1768; esta construcción fue calificada por los técnicos como un alarde de la ciencia arquitectónica. Por aquellas fechas se estaba construyendo el Palacio Real, y en algunos momentos difíciles, como en el caso del traslado y colocación de las grandes y disformes columnas, dio la solución adecuada, con gran ingenio. Publicó una obra sobre geometría práctica, titulada Trisección del ángulo (Valencia 1772).

Encontrándose enfermo, manifestó su deseo de reintegrarse al convento de la Corona de Valencia, donde falleció el 14 de agosto de 1773. A pesar de las grandes cualidades que manifestó como arquitecto, y de los elogios y alabanzas que recibió, siempre se comportó con la humildad y recato de su condición de religioso lego; su virtud y la observancia de la vida religiosa le ganaron la admiración y afecto de los religiosos de su tiempo. [Cf. Conrado Ángel y A. Llin].


CANDÍA, Pedro de (1340?-1410). Pedro de Candía, cuyo verdadero nombre es Pedro Philargis o Philaretes, nació hacia el año 1340 en Creta, que entonces pertenecía a la República véneta, y fue un hombre que desarrolló una actividad intensa en Italia, Francia e Inglaterra. Entró en la Orden franciscana, estudió en Padua, obtuvo el bachillerato de teología en Oxford y fue maestro de teología en París (1378-1381). Obispo de Piacenza, Vicenza y Novara, arzobispo de Milán, creado cardenal en 1405 y, finalmente, en el Concilio de Pisa (1409), convocado para poner fin al Gran Cisma de Occidente, fue elegido antipapa y tomó el nombre de Alejandro V. Murió en Bolonia el 3 de mayo de 1410.

Hombre amable, poliédrico e irónico con los otros, con las diversas escuelas y consigo mismo. Con temperamento griego e ironía socrática salió a la defensa de su compatriota Platón, pero sin olvidar al otro griego, Aristóteles. Nos ha dejado diversos comentarios sobre las Sentencias y cuatro Principia o lecciones inaugurales. Sus comentarios a las Sentencias no siguen la técnica acostumbrada, es decir, respetar el orden de las materias señaladas por Lombardo, sino que elige una serie de cuestiones que más preocupaban entonces. Además, sus Comentarios no iban dirigidos a sus alumnos, sino a sus colegas y maestros.

Su pensamiento no es aún suficientemente explorado y conocido; por eso resulta muy difícil clasificarlo, sobre todo teniendo en cuenta su espíritu ecléctico, su desconfianza de los sistemas y su independencia mental. Según Ehrle, la doctrina de Pedro es un nominalismo teñido de escotismo o un escotismo teñido de nominalismo. En sus Comentarios a las Sentencias se da un repaso a las tesis de muchos autores de su generación y de la anterior. De todos ofrece argumentos y críticas, dejando al lector el propio juicio de valor.

A principios del siglo XV la situación de la Iglesia era delicada a causa del Cisma: dos papas, Gregorio XII en Roma y Benedicto XIII en Peñíscola. Fracasados los intentos de unificación, cardenales de uno y otro, disgustados por su comportamiento, convocaron un concilio general en Pisa. El concilio depuso a los dos papas, y el día 26 de junio de 1409 eligió como nuevo papa al cardenal milanés, nuestro Pedro, que se llamó Alejandro V y fijó su sede en Bolonia. La confusión y división que reinaba en la cristiandad no mejoró sino que empeoró. En el mundo franciscano quiso promover la verdadera renovación de la Observancia, por lo que anuló las concesiones y privilegios concedidos por Benedicto XIII a los Observantes de Francia, intento que no se consolidó por la pronta muerte de Pedro. [Cf. J. A. Merino, BAC-525].


CANFIELD (o Canfeld), Benito de (1562-1610). Capuchino, escritor ascético-místico de gran influencia en la espiritualidad del s. XVII, director de almas y maestro de maestros de la oración. Nació en Little Canfield, condado de Essex, el año 1562, en el seno de una noble familia anglicana. En Inglaterra corrían entonces tiempos de persecución para la Iglesia católica. Hacia 1579 empezó los estudios en Londres. Años después, a raíz de la lectura de un libro del jesuita P. Parsons, de algunas experiencias religiosas y de conversaciones con amigos y con sacerdotes católicos encarcelados, se convirtió al catolicismo en 1585. Marchó a Francia para completar su formación como católico, conoció a los capuchinos y el 23 de marzo de 1586 tomó su hábito en el convento parisino de Saint-Honoré. Allí hizo el noviciado y la profesión, y cambió su nombre civil, William Fitch, por el de Benito de Canfield. Terminado el noviciado, en el que ya tuvo experiencias místicas, marchó a Italia donde acabó la carrera y recibió la ordenación sacerdotal, tras de lo cual regresó a Francia. Fue profesor en Orleáns, se ocupó de la formación de los novicios y se dedicó a la predicación. En 1599 volvió a Inglaterra, pero fue apresado por ser sacerdote católico y permaneció en la cárcel hasta 1602 ó 1603 en que, por intercesión de Enrique IV de Francia ante Isabel I, fue puesto en libertad y desterrado a Francia. En Ruán fue guardián del convento y de nuevo maestro de novicios. Volvió luego a París y se encargó de la dirección espiritual de personas de gran trascendencia religiosa, a la vez que gozó de buena acogida en la corte de Francia. Murió en París el año 1610 ó 1611, en el convento de Saint-Honoré.

Benito de Canfield publicó pocas obras, pero importantes; recordamos dos. Le Chevalier chrétien, París 1609, que es una guía doctrinal y ascética para la formación cristiana de los seglares. Y la más conocida e importante: La Regla de perfección, cuyo título original completo es ya significativo: Règle de la perfection contenant un bref et lucide abrégé de toute la vie spirituelle réduite á ce seul point de la volonté de Dieu. Consta de tres partes que se fueron publicando sucesivamente a partir de 1608, ora en francés ora en inglés. Se tradujo a varias lenguas y se multiplicaron las ediciones hasta que, en 1689, fue incluida en el «Índice» de libros prohibidos, más por el mal uso que de ella hacían los quietistas que por el contenido de la misma obra. Su doctrina se centra en la voluntad de Dios: el secreto del progreso espiritual está en la total aceptación de la voluntad de Dios, voluntad que, según el modo y grado en que la conocemos, se divide en exterior, que comprende la vida activa (I Parte), interior, que contiene la vida contemplativa (II Parte), y esencial, que habla de la vida supereminente (III Parte). La compleja trayectoria de la obra con sus ediciones y correcciones aconseja usar una edición crítica como la de J. Orcibal (París, PUF, 1982).


CAPUCHINAS MISIONERAS DEL TRABAJO. Congregación de derecho diocesano que tiene como misión visitar y asistir en su propio domicilio a toda clase de necesitados y, sobre todo, a matrimonios enfermos o que no pueden atender a sus hijos por el trabajo u otra causa; también, cuidar a los ancianos abandonados; cuando no es posible atenderlos en particular, se los acoge, si es viable, en residencias propias. Su fundador es el P. Emilio Lozano Mateos, capuchino, que nació en Fontanil de los Oteros (León) el año 1920. Sor Aurora Rueda Gómez, terciaria franciscana, que nació en Villasevil de Toranzo (Cantabria) en 1906 y murió el 7 de junio de 1991, fue cofundadora y primera superiora general. El P. Emilio vistió el hábito capuchino en 1937 y recibió la ordenación sacerdotal en 1944. En sus largos años de apostolado en Santander fomentó el culto a san Antonio, promocionó la educación de los niños pobres y otras obras sociales y culturales, atendió a la Tercera Orden Franciscana y fundó una congregación religiosa. Murió en Santander el 15 de enero de 1990. El 12 de agosto de 1956, con la toma de hábito de las tres primeras hermanas, nacieron las Capuchinas Misioneras del Trabajo, que fueron aprobadas definitivamente por el obispo de Santander, Mons. Eguino y Trecu, el 17 de noviembre de 1958. En 1999 formaban la Congregación 16 hermanas, que trabajaban en tres casas, dos en España y una en México.


CAPUCHINOS (OFMCap). Desde el siglo XVI, una de las ramas de la Orden fundada por san Francisco.


CARABANTES, José de (1628-1694). Figura estelar entre los misioneros capuchinos de América. Nació en Carabantes (Soria) el 27 de junio de 1628. Su nombre de pila era José Velázquez Fresneda, que cambió por el de José de Carabantes cuando ingresó en los capuchinos en 1645. Recibió la ordenación sacerdotal en 1652. Apóstol de cuerpo entero, se entregó con todas sus fuerzas al ministerio entre fieles al que se consideró llamado desde el momento de su ordenación sacerdotal. Sentíase atraído por la misión entre infieles. Dudaba, empero, de su capacidad y de sus fuerzas. Consultó con la venerable Madre Ágreda, la cual le aconsejó que no dudase de su espíritu misionero, pero que el lugar y el modo lo dejase a la obediencia religiosa, consejo al que se atuvo toda su vida. Pocos años llevaba entregado al apostolado popular en España cuando sonó la llamada de América. Dos misioneros capuchinos de Cumaná (Venezuela) habían venido a España para defender a su misión ante la Corona. Brilló la verdad y la Corte no sólo aceptó aquella misión, sino que quiso potenciarla con más misioneros capuchinos. Fue la hora del P. José de Carabantes. En otoño de 1657 desembarcó con otro compañero en la isla Margarita, donde tuvieron que esperar la llegada de los otros misioneros. Aprovechó la ocasión para predicar en sendas misiones populares en los núcleos urbanos de Cumaná y Caracas. Los frutos de conversión fueron sensacionales.

El ardor de su palabra se vio robustecido con el de su caridad, que brilló con motivo de una peste que asoló aquellas regiones. Finalmente, se le dio la oportunidad de dedicarse a la evangelización de los caribes, cuya ferocidad era proverbial. A punto estuvo de que lo sacrificaran, pero circunstancias providenciales hicieron ver a los indígenas que tenían delante a un gran hombre. El siervo de Dios se consagró de lleno a su cristianización. Comenzó aprendiendo su lengua, que a pesar de su dificultad consiguió dominar hasta poder escribir una gramática para otros misioneros. Años tensos dedicados a evangelizar, fundar ciudades y penetrar tierra adentro, convirtiendo a cinco caciques. Su predicación iba acompañada de extraordinaria ejemplaridad y de hechos taumatúrgicos, como el de haber liberado a sus neófitos de una plaga de langosta. Cosa de nueve años llevaba entregado a su arriesgada misión apostólica cuando tuvo que regresar a España para defender a sus misioneros, falsamente calumniados. Tanto ante la Corona como ante la corte pontificia defendió la verdad y el honor de sus misioneros. Se le agasajó y le dieron toda clase de regalos para estos últimos. A punto estaba de regresar a Venezuela cuando la obediencia religiosa dispuso que se quedase a misionar en España, precepto que obedeció con la generosidad de siempre. Y misionando le llegó la hora de Dios, en Monforte de Lemos (Lugo), el 11 de abril de 1694. Tiene introducida la causa de beatificación. Dejó escritos varios opúsculos pastorales que adquirieron una notoria popularidad, entre ellos un Tratado sobre el ejercicio de las misiones.- [L. Galmés, BAC maior 37].


CÁRCELES, Las. Eremitorio de las cercanías de Asís, al que san Francisco se retiraba para orar.


CARROCERA, Buenaventura de (1905-1999). Capuchino, sacerdote, historiador. El P. Buenaventura de Carrocera (de pila, Antonio Rabanal de La Hoz) nació en Carrocera (León, España) el 18 de octubre de 1905. Ingresó en el Colegio Seráfico de El Pardo en 1916. Hizo el noviciado en Bilbao, donde emitió la profesión en 1922. Recibió la ordenación sacerdotal en 1929. En 1930 se incorporó a la comunidad de Jesús de Medinaceli de Madrid, donde pasó la mayor parte de su vida. Su especialidad fue la historia, en particular la historia franciscano-capuchina y la de misiones. Al servicio de la misma, emprendió estudios de paleografía y metodología histórica, que armonizaba con la catequesis, la pastoral y el apostolado de la prensa. Durante la guerra civil española (1936-1939) estuvo preso en diversas cárceles. Después, reintegrado a la vida conventual, lo nombraron cronista y archivero provincial.

Cuando en 1946 se creó el Instituto de Misionología Española, entró a formar parte del mismo, y de 1946 a 1975 fue director de la revista Missionalia Hispanica. Además, colaboró con la Academia Nacional de la Historia de Venezuela, de la que lo designaron, en 1972, Académico correspondiente. Colaboró en obras colectivas como el Dictionnaire de Spiritualité (París 1958ss), asistió a numerosos congresos de historia, aportando su colaboración, y dejó inéditos muchos e importantes trabajos. Murió en Madrid el 26 de marzo de 1999. Estas son algunas de sus obras: La Provincia de Frailes Menores Capuchinos de Castilla (I y II, Madrid 1949 y 1973); Misiones capuchinas en África (I y II, Madrid 1950 y 1957); Misión de los capuchinos en Cumaná (3 Vols., Caracas 1968); Misión de los capuchinos en Los Llanos de Caracas (3 Vols., Caracas 1972); Misión de los capuchinos en Guayana (3 Vols., Caracas 1979); etc. Véase el elenco de sus publicaciones en AIA 60 (2000) 174-178.


CASTRO, Alfonso de (1495?-1558). Franciscano, teólogo en Salamanca y en Trento, jurista, consejero real, predicador. Nació en Zamora hacia el año 1495. En 1511 vistió el hábito franciscano en el convento de San Francisco de Salamanca, perteneciente a la Provincia de Santiago. Estudió teología en Salamanca y en Alcalá. Vuelto a Salamanca, enseñó teología por espacio de unos treinta años. También ocupó cargos de gobierno en su Orden y asistió al Capítulo general celebrado en Asís en 1526. Aunque entregado a la cátedra y a la pluma, fue un consumado predicador apostólico, profundo, fogoso y elegante, tanto en España como en Europa, sobre todo donde había españoles: Países Bajos, Alemania, Francia, y también Inglaterra con el dominico B. Carranza para restablecer la unidad de la Iglesia. Fue predicador y consejero de la casa real. Los reyes de España lo enviaron al Concilio de Trento, en el que destacó como uno de sus principales teólogos. En 1530 acompañó a Carlos V cuando fue a Bolonia para ser coronado emperador, y en 1554 acompañó a Felipe II a Inglaterra cuando el monarca fue a contraer matrimonio con María Tudor. Felipe II lo propuso para la mitra de Santiago de Compostela, pero, antes que llegaran las bulas pontificias, falleció en su convento de Bruselas el 3 de febrero de 1558.

El P. Alfonso de Castro publicó obras importantes, editadas repetidas veces, en las que muestra una gran entereza e independencia de criterio ante autores y escuelas. Su primera y principal obra es Adversus omnes haereses, París 1534, en la que enumera y refuta cuantas herejías han surgido en la Iglesia desde el tiempo de los Apóstoles. De iusta haereticorum punitione, Salamanca 1547, en la que, desde la teología y el derecho, trata de fijar el justo medio entre la condena ciega y vengativa del hereje y la condescendencia laxa y cobarde ante el mismo; expone los caminos para devolverlo a la fe, las penas del contumaz y las causas socioreligiosas de las herejías. De potestate legis poenalis, Salamanca 1550, obra por la que es considerado como uno de los fundadores del "Derecho de Gentes" y de la ciencia del derecho penal; de manera sistemática expone la naturaleza y fin de la pena, y su relación con el delito, doctrina que aplica a las leyes penales que, para él, obligan en conciencia. También publicó Homilías sobre salmos y escribió informes o dictámenes sobre cuestiones teológicas o jurídicas que le propusieron el Rey o el Concilio: validez del matrimonio de Enrique VIII con la reina Catalina, temas referentes a problemas de América, intervenciones en el Concilio (Biblia y Tradición, pecado original, justificación, oblación de Cristo en la Cena pascual), etc.


CASTRO Y CASTRO, Manuel (1918-2002). Franciscano, sacerdote, historiador. Nació el año 1918 en la villa de Caldas de Reyes (Pontevedra, España). En 1934 ingresó en la Provincia franciscana de Santiago de Compostela, y, cursados los estudios eclesiásticos en los centros de su Provincia, fue ordenado de sacerdote en 1943. Destinado a la carrera universitaria, siguió los estudios de Biblioteconomía en el Instituto Internacional de la Casa de América de Madrid y la carrera de Filosofía y Letras, Sección de Historia, en la Universidad Complutense de Madrid, en la que consiguió el grado de Doctor en 1953 con su tesis sobre Fray Juan Gil de Zamora, editada por la misma Universidad en 1955. Desde 1951 estuvo enseñando Historia Eclesiástica y otras materias en Santiago de Compostela, donde ejerció también el oficio de Bibliotecario Provincial. En 1958 fue destinado al Colegio Cardenal Cisneros de Madrid, como redactor de la revista histórica Archivo Ibero-Americano, y a partir de entonces y hasta 1998, estuvo allí consagrado con dedicación plena a la investigación histórica, con preferencia a los temas eclesiásticos y franciscanos.

El P. Manuel de Castro publicó gran cantidad de estudios monográficos, libros, artículos, reseñas bibliográficas, etc. Realizó viajes de estudio e investigación en varias bibliotecas y archivos de Europa. Dio numerosas conferencias. Fue elegido miembro de distintas corporaciones científicas. Participó en muchos congresos españoles e internacionales. Colaboró intensamente en repertorios científicos, diccionarios y enciclopedias. Además de ser redactor permanente de Archivo Ibero Americano, escribió para otras revistas como Verdad y Vida, Boletín de la Real Academia de la Historia, Salmanticensis, Compostellanum, Estudios Mindonienses, Archivum Franciscanum Historicum, etc. Jubilado en 1998, volvió a su Provincia y falleció en Santiago el 13 de octubre del 2002.

Publicó una quincena de libros y multitud de estudios monográficos y artículos de divulgación. El P. José García Oro hace un elenco de todos ellos en Archivo Ibero-Americano 63 (2003) 355-384. He aquí los títulos de algunos de los libros: Manuscritos franciscanos de la Biblioteca Nacional de Madrid, Valencia 1973, 844 pp.; Bibliografía de las bibliografías franciscanas españolas e hispanoamericanas, Madrid 1982, 243 pp.; La Provincia franciscana de Santiago, Santiago de Compostela 1984, 389 pp.; Bibliografía hispanofranciscana, Santiago de Compostela 1994, 895 pp.; Escritores de la Provincia franciscana de Santiago, Santiago de Compostela 1996, 612 pp.


CENCI, Cesare (1925-2010). Franciscano, investigador, especialista en codicología. Fr. Cesare Cenci, de la Provincia de San Antonio, de Venecia, nació en Costalunga de Monteforte d'Alpone (Verona, Italia) el 5-I-1925. En 1936 ingresó en el seminario franciscano de Chiampo (Vicenza). Hizo el noviciado en el convento de San Francisco del Desierto (Burano, Venecia) en 1941-1942. Hechos los estudios eclesiásticos, se ordenó de sacerdote el 25-VI-1949. Pidió ser misionero en América Central (Guatemala y El Salvador), pero la obediencia lo envió a estudiar teología moral en el Pontificio Ateneo Antonianum de Roma (1950-1954). Luego, se dedicó a la docencia hasta que, en 1959, fue agregado a los PP. Editores del Colegio San Buenaventura de Quaracchi (Florencia), para trabajar en la edición crítica de las obras completas de san Bernardino de Siena. El P. Cenci es conocido especialmente por su contribución al Bullarium Franciscanum. Cuando en el Archivo Secreto Vaticano buscaba bulas para la edición de los escritos de san Bernardino, comprobó que habían quedado en los registros cartas papales, relativas al franciscanismo, que no se habían publicado en los varios volúmenes del Bullarium Franciscanum. En 1991 comenzó a revisar, con meticulosa paciencia, todos los registros de 1378 a 1484 para compilar un Supplementum, que se publicó en los años 2002-2003. A raíz del traslado de los PP. Editores franciscanos a Grottaferrata (1971), y después a San Isidoro de Roma, la actividad de Fr. Cenci se desarrolló en dos direcciones paralelas: el estudio de los registros pontificios y, desde el 1989, la enseñanza de codicología en el Pontificio Ateneo Antonianum, ahora Universidad.

El P. Cenci tiene una reconocida autoridad dentro de la comunidad científica internacional por la calidad de sus contribuciones. Expresión de esta admiración es la monumental miscelánea que le dedicaron sus colegas y discípulos con motivo de cumplir él los 75 años: Revirescunt chartoe codices documenta textus. El Antonianum le otorgó el doctorado honoris causa por su excepcional relevancia académica y por su invaluable trabajo, que ha arrojado nuevas luces sobre la historia de la Orden de los Hermanos Menores y del movimiento franciscano. Fr. Cenci es autor de un centenar de publicaciones, dedicadas, en particular, a conventos, monasterios, bibliotecas, manuscritos y personas pertenecientes a las tres Órdenes franciscanas. Por último publicó dos volúmenes de las Constituciones Generales OFM (saec. XIII/XIV). Murió en Roma el 2-XI-2010. [Cf. Acta OFM, 2010, 533ss].


CERVERA Y CERVERA, Francisco María (1858-1926). Franciscano, arzobispo titular de Pompeyópolis y vicario apostólico de Marruecos. Francisco M. Cervera y Cervera nació en Valencia el 13 de marzo de 1858, y murió en Tánger el 26 de marzo de 1926. Comenzó los primeros estudios en el colegio de los Escolapios de Valencia y después hizo tres cursos de filosofía en el seminario conciliar. Vistió el hábito franciscano en el colegio de Santiago de Compostela el 17 de noviembre de 1784, profesó simplemente el 18 de noviembre del año siguiente y emitió los votos solemnes el 19 de noviembre de 1878. Cursados los estudios eclesiásticos en el referido colegio de Santiago, pasó, por motivos de salud, a la misión de Marruecos y fue ordenado sacerdote en Gibraltar en 1881. Dedicóse después al estudio de la lengua árabe y llegó a ser profesor de la misma en la residencia de Tetuán, en donde se había establecido una escuela de dicho idioma para los misioneros jóvenes. Además de otros cargos importantes que desempeñó en la misión, fue nombrado en 1891 secretario general de la Comisaría de los franciscanos en España.

Por motivos de salud se retiró a Santiago y allí fue nombrado guardián del convento de Herbón (Coruña). Durante su guardianía y por fallecimiento del P. José Lerchundi, pro-prefecto de la misión de Marruecos, fue designado para sucederle por la S. C. de Propaganda Fide. Al ser elevada dicha prefectura a vicariato apostólico, san Pío X le nombró primer vicario apostólico el 8 de abril de 1908, con el título episcopal de Fesea de Numidia, recibiendo la consagración episcopal de manos del nuncio Antonio Vico en la capilla del Palacio Real de Madrid, el 24 de mayo de 1908, actuando de padrino el rey Alfonso XIII. El 20 de julio de 1923 Pío XI lo elevó a la dignidad arzobispal con el título de Pompeyópolis, continuando de vicario apostólico hasta su fallecimiento. [V. Cárcel Ortí, Obispos y sacerdotes valencianos, Valencia 2010, p. 120s].


CIGNELLI, Lino (1931-2010). Franciscano, especialista en patrología y griego bíblico. El P. Lino Cignelli nació en Lanciano (Abruzzo, Italia) el 6-V-1931. Vistió el hábito franciscano el 22-X-1947. Pertenecía a la Provincia Seráfica (Asís), pero desde 1971 residió en el Studium Biblicum de Jerusalén. Sacó la licenciatura en ciencias eclesiásticas orientales en el Pontificium Institutum Orientalium Studiorum de Roma el 26-X-1961 con una tesis sobre "María, nueva Eva, en la Patrística griega". Este tema le resultó querido durante toda su vida y a él volvía enriqueciéndolo continuamente con variaciones teológicas y mariológicas. En los años 1958-60 frecuentó también cursos de exégesis neotestamentaria en el Pontificium Institutum Biblicum y la Facultad Teológica Marianum. Doctorado en patrística griega, desde el 1961 al 1969 fue profesor de patrología y teología dogmática en el Estudio Teológico de la Porciúncula y en el Seminario Umbro de Asís, enseñando también el griego clásico en el Instituto Franciscano de su provincia. Trasladado a Jerusalén en 1961 a instancias de los padres B. Bagatti y E. Testa, enseñó en el Estudio Bíblico exégesis patrística y griego bíblico hasta el curso académico 2005-2006. Desde el 2007 era profesor emérito. El profesor Cignelli, ha producido monografías y artículos científicos, y se ha dedicado también a la publicación de obras de iniciación a la lectura espiritual de la Biblia. En reconocimiento de su trayectoria científica, sus colegas del Estudio Bíblico y otros muchos investigadores del griego bíblico le dedicaron una miscelánea de ensayos filológicos de griego bíblico, en la que se encuentra también una bibliografía de todas sus publicaciones más importantes.

Fray Lino no se dedicó sólo a la enseñanza y la investigación. Siempre sintió la premura de ejercer el ministerio pastoral y de colaborar en la formación inicial y permanente en la Custodia de Tierra Santa y en otros Institutos y Congregaciones religiosas de Tierra Santa y de Italia. Este celo pastoral lo llevó incluso a apreciar en los últimos años la informática, para beneficiar a través de la red a muchas personas. Su atención concreta a los pobres y necesitados era una preocupación constante en su vida, hasta parecer a algunos excesiva. Murió de improviso en Jerusalén el 8 de noviembre de 2010. Fue un maestro que no dejó nunca de enseñar con el ejemplo de su vida más que con su vasta y profunda erudición. Conocía a las personas de la Ciudad, sin distinciones; lo saludaba la gente común, los tenderos, lo reverenciaban los religiosos de todas las denominaciones, los ministros de las distintas Iglesias y confesiones cristianas. [Cf. Acta OFM, 2010, 536-537].


CISNEROS, Francisco Jiménez de (1436-1517). Franciscano, cardenal, gobernante y reformador religioso.


CLARISAS CAPUCHINAS. Monjas contemplativas, fundadas en el siglo XVI, que siguen la Regla de santa Clara. En Nápoles ejercía su apostolado caritativo y espiritual la noble dama catalana María Lorenza Longo, fundadora del Hospital de Incurables, para cuyo servicio había formado una comunidad de terciarias franciscanas. Al llegar los capuchinos en 1529 fueron a hospedarse en el hospital; la dama les confió la dirección espiritual de la comunidad. En 1533 esta dirección quedó en manos de san Cayetano, fundador de los teatinos, que imprimió al grupo una orientación marcadamente contemplativa; él mismo les obtuvo de Roma en 1535 la aprobación canónica bajo el nombre de Hermanas Franciscanas de la Tercera Orden; aquel mismo año María Lorenza adoptaba para sus monjas la clausura rigurosa. En 1538 san Cayetano las confió al cuidado de los capuchinos, cuyo género de vida venía obrando de hecho fuertemente en el espíritu de la nueva fundación.

Un breve de Paulo III de 10 de diciembre de 1538 confirmaba de forma definitiva la erección del monasterio bajo la Regla de santa Clara aprobada en 1253 y lo encomendaba a la dirección de los capuchinos, como la fundadora había pedido. Había nacido la reforma de las capuchinas. El breve de aprobación respaldaba el propósito de la fundadora de vivir con sus hermanas la "estrictísima observancia de la Regla de santa Clara". Para mejor lograrlo, sor María Lorenza adoptó las Constituciones de santa Coleta, completándolas o sustituyéndolas con algunos puntos de las Constituciones de los capuchinos. Pobreza, austeridad, retiro en rígida clausura, sencillez fraterna y, sobre todo, intensa vida de oración y contemplación de la Pasión de Cristo, serán las características que harán de las capuchinas objeto de la veneración general. La fundadora moría el 21 de diciembre de 1542.

La fama de santidad de la comunidad de Nápoles, integrada por hijas de la nobleza napolitana, hizo que a los pocos años fueran brotando fundaciones de capuchinas en otras ciudades italianas. Luego pasaron a España (Granada en 1588 y Barcelona en 1599), más tarde a México, donde se difundieron mucho, y a otras naciones de Europa y América. Los capuchinos, por su parte, rehusaron decididamente tomar a su cargo el régimen de la rama femenina, aun en lo espiritual, fuera del monasterio de Nápoles. Más tarde, las religiosas consiguieron que la Santa Sede fuera imponiendo la dependencia respecto de los capuchinos, siquiera en cuanto a la asistencia espiritual. En 1994 la Orden tenía 184 monasterios y 2802 monjas, incluyendo profesas y novicias. En su historia destacan, junto con la fundadora, santa Verónica Giuliani y las beatas Florida Cevoli, María Magdalena Martinengo, Ángela M. Astorch, María Teresa Kowalska, las mártires españolas de 1936 María Jesús Masiá, María Verónica Masiá, María Felicidad Masiá, Isabel Calduch y Milagros Ortells.


CLARISAS FRANCISCANAS MISIONERAS DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO. Congregación de derecho pontificio fundada en Bertinoro (Bolonia) el año 1895 por la madre Serafina Farolfi, para vivir el carisma franciscano en la vida contemplativa y en la educación de la infancia y juventud más necesitada. Profesa la Regla de Santa Clara pero tiene Constituciones propias. Recibió la aprobación definitiva el 12-VIII-1915; antes, el 28-IV-1904 fue agregada a la Orden de Hermanos Menores. La madre Serafina, nacida en Tosignano (Bolonia) en 1853, ingresó a los 20 años y con el título de maestra en las Terciarias Franciscanas de Forlí, que tenían un colegio, del que fue directora desde el noviciado. Su ideal era unir la contemplación con la acción, la espiritualidad de San Francisco con la tarea educativa impartida en el colegio. En julio de 1893, las autoridades de Forlí cerraron el colegio por la decadencia y falta de funcionalidad del local. La madre Serafina y otras hermanas se trasladaron con las alumnas a la antigua Abadía de los Camaldulenses situada en la vecina Bertinoro, para salvar el colegio y su ideal de educadora. La acción de la madre Serafina, ya en Forlí y más en el nuevo colegio, era muy discutida, tenía defensores y detractores tanto entre las religiosas como entre las autoridades eclesiásticas. En Bertinoro fue desarrollando el proyecto de un nuevo instituto que respondiera mejor a sus ideales y a las necesidades de la educación.

Superadas grandes dificultades e incomprensiones internas y externas, pero siempre con el apoyo de la Santa Sede, el nuevo Instituto fue aprobado por la autoridad diocesana el 1-V-1898, día en que la madre Serafina, fundadora, y las hermanas que la habían acompañado desde Forlí renovaron los votos, profesando la Regla de Santa Clara. Pronto la congregación se consolidó y empezaron a multiplicarse las casas, que la fundadora llamaba «nidos» y con más frecuencia «sagrarios» porque lo primero que cuidaba en todas ellas era la capilla del Santísimo Sacramento. En vida suya la fundadora (murió el 18-VI-1917) abrió 35 comunidades en Italia. La tarea misionera empezó con la primera casa abierta en la India en 1901 y en Brasil en 1907. La congregación ha seguido extendiéndose por Italia, India, Brasil, Bolivia, Argentina, Guinea Bissau, España, Rumania, Perú. Según las necesidades de su entorno trabajan en escuelas de enseñanza primaria, hospitales y centros de salud, así como en la promoción y evangelización de los pobres, de las mujeres y de los niños, en particular los huérfanos y abandonados, etc. Ninguna necesidad humana les es extraña. En 1974 eran alrededor de 800 hermanas y tenían 88 casas. Casa general: Via Vicenza, 33 - 00185 Roma.
Cf. http://www.arquidiocesissalta.org.ar/clarisas/


COLOMER MONTÉS, Luis (1880-1960). Franciscano, profesor y escritor de filosofía y teología. El P. Luis Colomer nació en Onteniente u Ontinyent (Valencia) el 25-XII-1880. Estudió el Bachillerato en el colegio franciscano "La Concepción" de dicha ciudad, recién inaugurado. Terminado el noviciado en Santo Espíritu del Monte, hizo su profesión religiosa el 14-IX-1899. Ordenado de sacerdote el 10-VIII-1907, lo enviaron a Roma para ampliar estudios en el Colegio Internacional de San Antonio. Después de obtener brillantemente el doctorado en filosofía, regresó a su Provincia y se dedicó a la enseñanza en sus colegios y casas de formación. También fue profesor de filosofía en los seminarios diocesanos de Segorbe y Valencia A las tareas docentes unió la práctica de la predicación sagrada y la dirección de almas. En todos los órdenes dejó constancia de su distinción, elegancia y magisterio. Escribió muy valiosas obras teológicas, filosóficas y de vida cristiana, con estilo impecable, claridad grande y profundidad poco común. En su provincia franciscana de Valencia desempeñó cargos de responsabilidad, incluido el de ministro provincial (1943-1946).

Fue sencillo y eminentemente franciscano; impregnado de una sentida vida de piedad, haciéndose merecedor del aprecio más hondo de cuantos le conocían. Una vida consagrada por entero al querer divino; buena prueba de ello fue su larga enfermedad soportada con humilde alegría y constante sumisión a la voluntad de Dios. En efecto, a principios de 1955 comenzó a experimentar un declive notable en su salud, quedando privado del habla y limitado en sus facultades. Se trasladó al colegio "La Concepción" de Onteniente, y allí falleció el día 4 de octubre de 1960 con la misma sencillez con que había vivido.

Aparte los artículos, de sus libros cabe destacar: El alimento eucarístico, con prólogo del P. Arintero (Barcelona, Vilamala, 1923; Buenos Aires, Pax et Bonum, 1951); El sacrificio de Jesús (Valencia, Fenollera, 1933); La Iglesia católica (Valencia, Fenollera, 1934; Buenos Aires, Pax et Bonum, 1948); La soberanía de Jesucristo (Barcelona, Casulleras, 1941); Ejercicios espirituales (Barcelona, Casulleras, 1941); El sentido divino de la vida (Barcelona, Casulleras, 1944); La fe en la vida (Barcelona, Casulleras, 1944); La Virgen María (Buenos Aires, Pax et Bonum, 1946).


COMPANY SOLER, Joaquín (1732-1813). Franciscano, general de la Orden, arzobispo de Zaragoza y de Valencia.


CORONA FRANCISCANA. Dentro de la espiritualidad franciscana ha estado muy arraigada la devoción mariana de la Corona franciscana o con otras palabras Corona de las siete alegrías de la B. V. María. En ella se contempla, a través de siete misterios, la dimensión gozosa y gloriosa de la vida y misterio pascual de Cristo y la participación de la Virgen María en la misma.

Historia .- A principios del siglo XV encontramos en desarrollo dos, o si se quiere tres, grandes devociones marianas a base del rezo repetido del avemaría en torno a la contemplación de los misterios cristianos. Y así tenemos:

1) Unos, imitando el salterio de David, que consta de 150 salmos, formaban como un salterio mariano llamado Psalterium Beatae Maríae Virginis, repitiendo 150 veces el avemaría, lo que dio origen al rosario dominicano. Este modo de orar fue aprobado e indulgenciado por el papa Sixto IV con la bula Ea quae ex fidelium devotione, del 9-V-1479.

2) Otros se fijaron más bien en los años que la santísima Virgen vivió en este mundo, y dieron origen a dos devociones similares:

a) Según varios autores, cuya sentencia aparece confirmada por una revelación que, el 8-IX-1371, tuvo santa Brígida de Suecia estando de visita en el Valle de Josafat, fueron 62 años cumplidos o 63 comenzados los que vivió la Virgen en esta tierra; de ahí tuvo origen la corona o rosario de Sta. Brígida, que consta de 63 avemarías y que la misma santa concibió y propagó.

b) Según otros autores, y la revelación hecha a un novicio franciscano en 1422, la Virgen María murió del año 55 al 58 de la era cristiana, siendo su edad de 70 a 72 años. De aquí se originó la corona franciscana, que consta de 70 avemarías, a las que se añaden, junto con otras oraciones complementarias, los correspondientes puntos de meditación sacados de la historia de la redención. Los orígenes de esta corona son ciertamente del siglo XV, y según se dice y lo trae Waddingo, la misma santísima Virgen, en 1422, enseñó a un novicio de la Orden franciscana el modo de rezarla. En AFH IV (1911) 366-371, se nos describe un hermoso Tratado sobre la "Corona de los siete gozos" [título traducido al español], que fue escrito por un franciscano anónimo entre 1492 y 1495. [Cf. Conrado Ángel].

Un grupo de autores sostiene «la sentencia tradicional de la Orden franciscana sobre los años que vivió la Virgen santísima en este mundo antes de su gloriosa Ascensión en cuerpo y alma a los cielos, pues desde 1422 tiene la costumbre de que todos sus hijos honren diariamente a la Madre de Dios con la recitación de la Corona de las siete alegrías. En un principio constaba la Corona franciscana de 70 avemarías con 7 padrenuestros y 7 gloria-patri, pero la devoción añadió dos avemarías más, que hacen 72, en memoria de los 72 años que, según la opinión más probable, vivió en esta tierra la Madre de Dios. Se añadió también un padrenuestro, avemaría y gloria-patri por las intenciones del Romano Pontífice según lo mandó el papa Paulo V, que la confirmó en esta forma y renovó la indulgencia.

»Su origen histórico lo refiere el célebre analista de la Orden franciscana Lucas Waddingo en sus Annales Ordinis Minorum, T. X., ad annum 1422, n. 8. Allí se refiere cómo un joven muy devoto de la Virgen santísima entró en la Orden de san Francisco de Asís. Durante el noviciado se complacía en adornar con una corona de rosas la imagen de María Inmaculada. Pero, como su padre maestro no le permitió salirse con tanta frecuencia a la huerta para recoger las flores y ofrecer a María su guirnalda, se resolvió a abandonar la Orden franciscana despidiéndose de su devota imagen. Entonces se le apareció María santísima y le dijo que debía obedecer a sus superiores y honrarla a Ella con una guirnalda de rosas de otro género; y le enseñó la práctica de la Corona de las siete alegrías. Desde aquel día, el piadoso novicio fue fiel a esta práctica mariana, y pronto se extendió a toda la Orden franciscana como devoción mariana y como distintivo de los hijos del Serafín de Asís, que la llevan siempre colgada a su cordón» (VyV 6 (1948) 130-131).

Modo de rezar la Corona franciscana. El rezo de la corona franciscana sigue el mismo esquema que el rezo del Rosario, excepción hecha de los misterios que, en la corona, son siete, los mismos para todos los días. Después de los siete misterios se rezan dos avemarías en complemento de la corona, o sea, para completar los 72 años de la vida de María. Los misterios son éstos: 1º La anunciación y encarnación del Hijo de Dios en las purísimas entrañas de la Virgen María.- 2º La visitación de María santísima a su prima santa Isabel.- 3º El nacimiento del Niño Jesús en el pobre y humilde portal de Belén.- 4º La adoración de los Reyes Magos.- 5º El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo.- 6º La resurrección de Jesús y su aparición a su santísima Madre.- 7º La asunción y coronación de la Virgen María en la gloria.


CRONOLOGÍA DE LA VIDA DE S. ANTONIO, basada en el estudio de V. Gamboso.


CRONOLOGÍA DE LA VIDA DE S. FRANCISCO, por I. Omaechevarría.


CRONOLOGÍA DE LA VIDA DE Sta. CLARA. Fechas principales de su vida.


CRUCIFIJO DE SAN DAMIÁN. Estudios e imágenes del Crucifijo de la iglesita de San Damián, que tanto influyó en la vida de san Francisco de Asís.


CUENCA PARDO, Vicente (1767-1845). Franciscano, arquitecto. Fr. Vicente Cuenca Pardo nació en Játiva, provincia de Valencia (España), y fue bautizado en la Seo el 27-IV-1767. Era hijo del arquitecto Francisco Cuenca Ferrer, y de su padre heredó la vocación y recibió las primeras lecciones de arquitectura, profesión para la que demostró desde muy joven una gran aptitud. El 9-III-1783 entró de pretendiente en el convento de San Felipe, de Játiva, y vistió el hábito franciscano, como hermano laico, en el convento de Santa María de Jesús, de Valencia, el 29-III-1784, a los 17 años de edad. Apenas profesó, la obediencia lo ocupo en las obras de la iglesia de Santa María de Jesús, bajo la dirección del arquitecto de la obra. "Ya suelto y sin maestro", como dice él mismo, hizo en 1786 la portada principal de la iglesia del convento de Játiva. En 1787, la sacristía y panteón del convento de Ntra. Sra. de Sales, de Sueca. En 1788 volvió a Játiva y se ocupó en varias obras menores del interior del convento. Aquel mismo año fue trasladado al convento de Santa María de Jesús, donde el arquitecto le encomendó los trabajos de mayor esmero y cuidado en la iglesia. En 1789, una vez más en Játiva, se ocupó en la renovación del refectorio y cocina, con miras al capítulo que allí se iba a celebrar. Después realizó la sacristía, la capilla de la comunión y un aljibe en el convento de Jijona; la iglesia del hospicio de Utiel; y en la parroquia del mismo pueblo, el retablo del crucero dedicado a san Miguel, un camarín para la titular y un tabernáculo. En 1795 le encargaron la dirección de las obras de la Seo de Játiva, que hasta entonces recaía en su anciano padre. También le encargaron varias obras públicas. Tanta actividad y el tener sólo estudios personales sin el correspondiente título académico, le ocasionaron serios problemas. En 1800 los superiores lo enviaron a Madrid y allí, tras los estudios y exámenes del caso, el 1-III-1801 obtuvo el título de arquitecto de la Real Academia de San Fernando. Volvió al convento de Játiva, y ya sin trabas empezaron de nuevo los encargos y las obras: en la iglesia de Sto. Domingo de Játiva, en la parroquia de Muro de Alcoy, en el convento de Agustinas y capilla de la beata Inés de Benigánim, etc. Además dirigió varias obras civiles como puentes, diques, azudes, casas particulares, etc. Fallecido su padre, lo nombraron arquitecto de la Seo de Játiva el 26-I-1806. Durante la exclaustración tuvo una escuela de arquitectura en Játiva, ciudad en la que murió el 11-V-1845. El propio Fr. Vicente escribió su autobiografía, y de él se ocupan Orellana y Ventura Pascual. [Cf. AIA XVII (1922) 280-283].


CURIC, Vjekoslav (1957-1998). Franciscano, misionero asesinado en Kigali (Ruanda). El P. Vjekoslav Curic nació en Lupoglav, cerca de Zepce, diócesis de Sarajevo (Bosnia-Herzegovina), el 26 de abril de 1957. Vistió el hábito franciscano el 15-VII-1976 y, terminado el noviciado, hizo la profesión temporal el 10-VII-1977. Recibió la ordenación sacerdotal el 21-VI-1982. Aquel mismo año marchó a París para completar su formación como misionero. Se incorporó al "Proyecto África" promovido por el gobierno de la Orden y en agosto de 1983 se estableció en Ruanda. Hombre activo, hábil y emprendedor, se entregó a la implantación de la primera comunidad, procurando que fuera en todo semejante a la de los nativos. Con sus propias manos y junto con los postulantes construyó la casa de postulantado y la de noviciado, hechas de tierra. Aparte otros empeños, se centró en la parroquia de Kivumu, en la que trabajó hasta su muerte. Aprendió a la perfección la lengua local, lo que le ayudó a mantener relaciones en especial durante la guerra étnica.

Cuando en abril de 1994 estalló la guerra civil, decidió permanecer junto a su gente. La conflagración fratricida obligó a obispos, clero, religiosos y pueblo a esconderse o huir. Vjeko encontró los medios de trasporte para llevarles alimentos con que subsistir, y con su ayuda pudieron muchos, incluidos franciscanos y clarisas, cruzar las fronteras de Ruanda para salvar la vida. La Santa Sede quiso mediar entre las partes enfrentadas, y Vjeko fue el encargado de organizar la visita del cardenal Etchegaray y de acompañarlo a los dos bandos enfrentados. Instalado el nuevo gobierno, Vjeko continuó su tarea humanitaria y pacificadora, y salvó la vida de muchas personas, fueran hutu o tutsi. Además, consiguió de las autoridades que se mejoraran las condiciones en que se encontraban los presos. Junto con el poco clero que había quedado en Ruanda, se entregó a la reconstrucción moral, psicológica y material del país. Con la ayuda de bienhechores consiguió rehabilitar millares de casas, empleando a trabajadores de las dos etnias, haciendo así posible que volviera la gente y se reconciliase. Había sido nombrado Vicario general y Ecónomo de la diócesis de Kabgayi, y con la ayuda sobre todo de la Cáritas de Milán reconstruyó el hospital diocesano, que podía acoger hasta 300 enfermos. También trabajó a fondo en la normalización de la vida eclesial y de las parroquias. A pesar de los peligros que corría y de los consejos que se le daban, nunca quiso marcharse, y prefirió correr la misma suerte que los nativos. Dos años antes de su muerte sufrió un atentado del que escapó de milagro. El 31 de enero de 1998, en Kigali (Ruanda), cuando estaba en el interior de un coche, delante de la iglesia de la Sagrada Familia, unos disparos de pistola acabaron con su vida. Su funeral estuvo presidido por Nuncio apostólico en Ruanda, y concelebraron todos los obispos de la Conferencia episcopal ruandesa y 136 sacerdotes. Participaron muchos franciscanos, entre ellos el Ministro general, representantes de los Institutos católicos y de otras confesiones religiosas, así como el Primer Ministro y varios miembros del gobierno ruandés, y un sinnúmero de nativos. Fue enterrado en Kivumu, en la iglesia que él construyó y de la que era párroco. [Cf. Acta OFM, 1998, 153ss].

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