DIRECTORIO FRANCISCANO
ENCICLOPEDIA FRANCISCANA

PEQUEÑA ENCICLOPEDIA FRANCISCANA

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SACO ALARCÓN, César (1933-2005). Franciscano, miembro de la Comisión Escotista. El P. César Saco nació el 24-III-1933 en Taboadela (Orense, España). En 1945 ingresó en el seminario menor de Herbón, perteneciente a la Provincia franciscana de Santiago de Compostela (España), de donde pasó a hacer el noviciado en Santiago. Hizo la profesión temporal el 25-VIII-1950. Cursó los estudios eclesiásticos en los centros franciscanos de Puenteareas y Santiago. Recibió la ordenación sacerdotal el 6-IV-1957. Estudió ciencias naturales en la Universidad civil de Santiago de Compostela (1958-1960). En 1961-1962 fue profesor de música, física y química en el colegio seráfico de Herbón, donde dejó un grato recuerdo entre sus alumnos.

El 25-XI-1964 empezó su labor en el Antonianum de Roma, tarea que realizó sin interrupción hasta su muerte. Además de dedicarse con todas sus fuerzas al trabajo de la Comisión Escotista, el P. César obtuvo la licencia (1970) y el doctorado (1978) en teología, en el Pontificio Ateneo Antonianum, con una magnífica tesis que llevaba por título: Nicolás de Ockham ofm († c. 1320). Vida y obras (cf. Antonianum 53, 1978, 493ss). De ese mismo autor publicó en 1981 una edición crítica de las Quaestiones disputatae de dilectione Dei (Grottaferrata, Spicilegium Bonaventurianum vol. XXI, pp. 330), y, en 1993, las Quaestiones disputatae de traductione humane naturae a primo parente (Grottaferrata, Spicilegium Bonaventurianum, vol. XXVII, pp. 460). A pesar de esa intensa labor intelectual, el P. César fue muy activo en la atención pastoral a diversas comunidades religiosas y a los ancianos y enfermos que ellas atendían. Fue también profesor y ecónomo del Pontificio Ateneo Antonianum, vicario y discreto de la casa. Quienes hemos tenido la suerte de compartir algunos años con él, damos gracias a Dios por el don precioso que en el P. César nos ha regalado. Falleció en Roma el 19 de febrero de 2005. Murió como había vivido, en la paz que es fruto del Espíritu Santo. Una religiosa de las Carmelitas de San José de las que fue capellán, escribía: "Con una dedicación admirable confortaba a los enfermos y animaba al personal sanitario a proseguir con su tarea. Los sábados visitaba pacientemente a cada uno de los enfermos escuchándoles con atención, bendiciéndoles y animándoles a confiar en el Señor. A todos exhortaba también a tener una devoción profunda a nuestra Madre, la Virgen María. Sus palabras y su ejemplo eran el mejor testimonio. A su lado era más fácil afrontar con fe las situaciones de dolor y enfermedad. Su presencia infundía siempre esa serenidad y confianza que sólo puede dar el Espíritu de Dios". [Cf. Acta OFM, 2005,152s].


SÁENZ DE URTURI, Francisco (1842-1903). Franciscano, arzobispo. Fray Francisco Sáenz de Urturi y Crespo nació en Arluzea (Álava, España) el 3 de enero de 1842. Hizo estudios en el seminario diocesano de Vitoria, pero en 1860 vistió el hábito franciscano en el Colegio Misionero de Bermeo (Vizcaya). Recibió la ordenación sacerdotal en 1866. Embarcó el año 1871 para América a fin de incorporarse al Colegio de Propaganda Fide de Sucre (Bolivia). Luego fue nombrado Comisario de Tierra Santa en Bolivia. En 1883 regresó a España para hacer algunas gestiones y estando aquí fue nombrado Vice-Comisario General Apostólico de la Orden Franciscana en España (12-VI-1884). En calidad de tal restauró en 1885 la Provincia Franciscana de Cantabria, visitó los colegios que la Provincia de San Gregorio de Filipinas tenía en España y se trasladó a Manila para presidir su capítulo. Desarrolló una gran actividad en la restauración y organización de las provincias españolas tras la exclaustración.

El 1 de junio de 1891, León XIII lo nombró obispo de Badajoz, y el 22 de mayo de 1894 lo elevó a arzobispo de Santiago de Cuba. Fueron los tiempos difíciles de la insurrección e independencia de Cuba, en que tuvo que afrontar serios problemas del clero y de los fieles, de las parroquias y demás instituciones diocesanas, sin que le faltaran dificultades con las autoridades civiles y militares. El 27 de abril de 1899 renunció a su sede, volvió a su patria, después de pasar por Roma, y se retiró al convento de Zarauz (Guipúzcoa), donde murió el 13 de diciembre de 1903. Dejó escritas sus Memorias de Cuba (cf. AIA 63, 2003, 243-306), en que narra los recuerdos de aquellos años.


SAHAGÚN, Bernardino de (-1590). Franciscano, misionero en América, estudioso y escritor.


SALA, Jaime (1871-1914). Franciscano, sacerdote, escritor. El P. Jaime Sala Moltó, «de tanta inocencia de costumbres y de un alma tan candorosa que evocaba, al verle, la memoria de los compañeros del Seráfico Padre» -dice el P. Conrado Ángel de ciencia propia-, nació en Cocentaina (Alicante) el 24 de mayo de 1871. De muy joven ingresó en la Provincia franciscana de Valencia. Hecho el noviciado en Santo Espíritu del Monte (Gilet), profesó el 25 de mayo de 1887 y, cursados los estudios de filosofía y teología, recibió la ordenación sacerdotal en 1895. Durante la carrera fue lector asiduo de la S. Escritura y de los Santos Padres, así como de los escritos y biografías de san Francisco. En su trayectoria intelectual influyó mucho la lectura de las obras de Menéndez y Pelayo. No hizo estudios universitarios, pero era muy estudioso y de una gran capacidad intelectual. La Orden le confió diversos cargos en el ámbito de su Provincia y de España. Además, desarrolló una intensa actividad pastoral en los conventos en que estuvo, y se distinguió como organista y orador sagrado. Fue miembro del equipo fundacional de la revista Archivo Ibero-Americano, que vio la luz por primera vez en enero de 1914. Murió en Madrid, en el convento de San Fermín de los Navarros, el 18 de febrero de 1914.

El P. Sala promovió el estudio del franciscanismo en España. Trabajó en la reimpresión de los místicos franciscanos clásicos: Fr. Diego Murillo, Fr. Juan de los Ángeles, Fr. Alonso de Madrid, etc., y mantuvo por ello relaciones epistolares con Menéndez Pelayo, Rodríguez Marín, Paul Sabatier y otros. Su obra más importante fue la primera traducción y edición de los escritos completos de san Francisco en español: Obras completas del B. P. Francisco de Asís... (Teruel, 1902). Y entre sus muchos trabajos de temas franciscanos se pueden señalar la edición de los Opúsculos de San Pascual Bailón (Toledo 1911) y su edición de las Florecillas (Madrid 1913 y en años sucesivos). Para mayor información, véase: M. A. Lavilla: Fr. Jaime Sala Moltó... Ensayo bio-bibliográfico, en AIA 63 (2003) 117-166.


SALAZAR Y SALINAS, Lope de (1393-1463). Franciscano, místico, reformador. Lope de Salazar y Salinas, que también se llama a sí mismo Lope de Salinas, es una de las personalidades más relevantes de la reforma franciscana en España, tanto por su labor personal en la difusión de la misma como por la luz que brota de sus escritos para el más recto conocimiento de la historia y espíritu que la animaba; es el gran continuador de la obra de su maestro Pedro de Villacreces. Lope nació en Burgos en 1393/4. Emparentado con los condes de Haro, obtuvo de ellos un eficaz apoyo para el desarrollo de la Orden franciscana en Castilla y Andalucía. A los 10 años fue al convento de La Aguilera (Burgos) al igual que san Pedro Regalado y otros niños, a fin de estudiar y prepararse bajo la guía de Pedro de Villacreces, para consolidar en el futuro la reforma que éste había iniciado. Lope profesó a los quince años en la Orden de los Menores y a partir de entonces acompañó a fray Pedro. Con él fue al concilio de Constanza mendigando y peregrinando a pie. El concilio eligió papa en 1417 a Martín V, y con él se entrevistó Villacreces para solicitar la aprobación de su obra y evitar las molestias de quienes se oponían a ella. Desconocemos la fecha en que Lope recibió la ordenación sacerdotal.

En 1422 falleció Villacreces, Pedro Regalado fue nombrado vicario de la Aguilera y del Abrojo, y Lope de Salinas se dedicó, por comisión de la Orden, a procurar la fundación de nuevas casas de la reforma. Los condes de Haro secundaron su empeño y así pudo ir fundando en sus territorios (provincia de Burgos) las casas que formaron la Custodia de Santa María de los Menores. También fundó casas de religiosas franciscanas de la Tercera Orden. No le faltaron contratiempos provenientes de franciscanos de otras corrientes o movimientos, lo que le obligó a escribir en defensa de la reforma villacreciana. Por su celo en la observancia de la Regla y en cortar las intromisiones de los condes de Haro en sus conventos, cayó en desgracia de estos prepotentes señores e incluso se le promovió una declaración de «sospecha en la fe», que lo relegó a un segundo plano en la Orden. Sin embargo, al final brilló su virtud y su observancia y de nuevo los condes de Haro, ya ancianos, le llamaron a Medina de Pomar (Burgos), donde falleció el 24 de febrero de 1463.

En la revista Archivo Ibero Americano 1957, puede verse un estudio de su vida y obra, así como la edición de sus escritos, de los que indicamos: -Memoriale Religionis / Memorial de los oficios activos y contemplativos de la religión de los frailes menores.- Memorial de la vida y ritos de la Custodia de Santa María de los Menores.- Constituciones de la Custodia.- Satisfacciones I.- Satisfacciones II,- Testamento, es el escrito que mejor expresa la espiritualidad de la Reforma villacreciana.- Memorial contra las laxaciones y abusiones de prelados y súbditos.- Instrucción sobre el modo de oír devotamente la misa.


SALINAS, Lope de (1393-1463). Véase SALAZAR Y SALINAS.


SALINAS Y CÓRDOVA, Buenaventura (1592-1653). Franciscano, sacerdote, cronista. El P. Buenaventura Salinas y Córdova nació en Lima el año 1592. De joven fue paje de los virreyes Velasco y Monterrey (1604-1606), y, más tarde, secretario mayor de gobierno del virrey Montesclaros (1615-1616). Estudió en centros bien acreditados de su ciudad natal: el Colegio Real de San Martín, de los jesuitas, y la Universidad de San Marcos (de la que fue archivero), de los que conserva muy buenos recuerdos y a los que está muy agradecido por el trato y formación que le dieron. En 1616 vistió en hábito franciscano en el convento de San Francisco de Lima, perteneciente a la Provincia de los Doce Apóstoles. Hechos los estudios correspondientes y ordenado de sacerdote, los superiores lo destinaron en 1621 a enseñar latinidad, artes y teología. En 1635 pasó a Cuzco, donde también enseñó artes y teología. Al mismo tiempo se dedicó al apostolado de la palabra, otra faceta importante de su vida, y fue predicador de los virreyes Esquilache, Guadalcázar y Chinchón. Enviado a Roma, como definidor y custodio, para participar en el capítulo general de su Orden, de camino pasó por Madrid en 1638 y prestó juramento como calificador del Consejo de la Inquisición. Celebrado en Roma el capítulo de 1639, le extendieron patente de regente y catedrático del convento de Santa María la Nova de Nápoles. De nuevo se encontraba en España en 1644, y al año siguiente lo nombraron Comisario general de su Orden para Nueva España. Llegó a México en 1647 y se consagró a visitar las regiones indígenas de este país. En 1653 fue nombrado obispo de Arequipa (Perú), pero no llegó a tomar posesión de su diócesis. Murió el 15 de noviembre de 1653 en el convento franciscano de Cuernavaca (México).

Entre lo mucho que escribió, de lo que se ha perdido la mayor parte, la obra más conocida es el Memorial de las historias del Nuevo Mundo. Pirú (Lima 1630), que la Universidad de San Marcos reeditó en 1957 con una introducción de Luis E. Valcárcel. Publicó otra obra, hoy difícil de encontrar, titulada Memorial, informe y manifiesto, al parecer en Madrid y en 1646. Según el cronista franciscano Lucas Wadding, cuando en 1638 el P. Salinas viajó de Madrid a Roma, tenía ya preparado para la imprenta un Cursum integrum philosophicum, del que no ha quedado rastro alguno.


SAN BUENAVENTURA, Alonso de (-1594). Franciscano, misionero. Sabemos muy poco de la vida del P. Alonso de San Buenaventura antes de su llegada a Paraguay. Vistió el hábito franciscano en el convento recoleto de Nuestra Señora de Loreto (Espartinas, Sevilla), perteneciente a la Provincia de Andalucía, donde profesó y cursó los estudios eclesiásticos. Siendo ya sacerdote se alistó como misionero para el Paraguay, y entre los frailes que reclutó para la misma misión estaba Fr. Luis de Bolaños, que residía en Marchena y aún era diácono. En 1572, junto con otros franciscanos, se embarcaron en la expedición de Juan Ortiz de Zárate, y llegaron a Asunción en 1575, después de muchas peripecias. En aquellas misiones trabajaron juntos muchos años, evangelizando y fundando misiones, doctrinas y reducciones o poblados misionales en los que la convivencia pacífica entre españoles y guaraníes se hizo posible, y en los que se facilitó la catequesis y la enseñanza de artes y oficios a un pueblo ambulante. El mayor exponente de su obra misionera y civilizadora son las 15 reducciones que establecieron.

Al principio trabajaron en los alrededores de Asunción y allí comenzaron sus experiencias. Pero luego se adentraron en territorios poco o nada explorados, desarrollando una tarea humana y cristiana. En 1585, el P. Alonso de San Buenaventura regresó a España en busca de misioneros, se detuvo dos años en Lima desempeñando el cargo de maestro de novicios (1585-1586), y en 1588-1589 volvió al Paraguay con una expedición de franciscanos. Prosiguió incansable su actividad apostólica entre los guaraníes, pero nuevamente hubo de comprobar que aquella viña del Señor era demasiado grande para tan pocos obreros. De nuevo tuvo que venir a España, en 1592-1593, para conseguir nuevos misioneros. Le concedieron 24 franciscanos, entre ellos el P. Martín Ignacio de Loyola, después obispo de Río de la Plata, con los que embarcó a finales de 1594. El viaje de regreso con destino a Paraguay se realizó vía Panamá, pasando por El Callao en Perú, para llegar a Santiago de Chile, donde el P. Alonso, antes de llegar a su meta, enfermó y murió en el convento de San Francisco del Monte el año 1594. La historia lo recuerda como un activo y virtuoso misionero, fundador con el Padre Luis de Bolaños de las primeras reducciones; y también como un hombre de mucha oración y gran penitente, amante y defensor de los indios, a los que trataba con gran respeto y no menor cariño, protegiendo siempre su dignidad como personas y como hijos de Dios.


SAN DAMIÁN (Asís). Varias páginas sobre el Santuario y la Ermita a la que san Francisco se retiraba a orar y en la que el Crucifijo le habló.


SÁNCHEZ ZAMARRIPA, Leonardo (1933-2008). Franciscano, historiador. Fr. Leonardo Sánchez Zamarripa nació el 18 de diciembre de 1933 en Fresnillo (Zacatecas, México). Muy pronto eligió la vida consagrada a Dios en la Orden franciscana y el 13-VII-1951 ingresó en el noviciado; un año después, el 14-VII-1952, hizo la profesión temporal en la Provincia Franciscana de los Santos Francisco y Santiago de Jalisco. Cursados los estudios eclesiásticos, recibió la ordenación sacerdotal el 19-XII-1959. Desempeñó varios cargos, especialmente en el campo de la enseñanza. Durante muchos años estuvo encargado del archivo histórico provincial y fue cronista de su provincia.

Fray Leonardo estudió historia y biblioteconomía en la Universidad Católica de Washington, y en la Universidad Franciscana de San Buenaventura de Nueva York. Por eso, cuando volvió a su provincia, se le encomendó la cátedra de historia de la Iglesia en el teologado franciscano de Monterrey, así como el cuidado y catalogación del archivo provincial, unificando el de los conventos de Guadalupe (Zacatecas) y de Zapopan, hasta convertir a éste en el mejor archivo histórico del occidente de la República. No cesó de investigar, acopiar, paleografiar, codificar y publicar documentos de enorme valía para la historia regional. Les dio difusión lo mismo mediante conferencias en distintos foros y ambientes, que escribiendo para El Informador y otras publicaciones, e incluso editando libros de su autoría, sobre todo relacionados con la Virgen de Zapopan. Esta ardua y paciente tarea lo llevó a relacionarse con historiadores, investigadores, cronistas, académicos y periodistas, con los cuales cultivó sincera amistad, y de quienes era fuente segura de consulta, además de que les abría las puertas del archivo y biblioteca del convento. Su última disertación versó sobre «La Fundación del Primer Curato de Monterrey». Entre los múltiples trabajos en los que colaboró como compilador está el Diario Histórico (o Diario de Narvais), por Mariano Antonio de Vasconcelos. Su labor como investigador fue importante para la historia mexicana y para la historia franciscana de su Provincia y del Continente. Por otra parte, tenía fama bien ganada como director espiritual y confesor, especialmente en los concurridos retiros y ejercicios en el Valle de la Misericordia, o como guía espiritual de espontáneos intelectuales y hasta de un discreto grupo de madres solteras, que él mismo fundó y atendió con gran caridad y tino. Murió en Zapopan el 29 de febrero de 2008. [Cf. Acta OFM, 2008, 183].


SANCHIS ALVENTOSA, Joaquín (1906-1979). Franciscano, escritor espiritual, hombre de gobierno. El P. Joaquín Sanchis nació en Alcudia de Crespins (Valencia, España) el 14-IX-1906. Ingresó de niño en el seminario franciscano de Benisa, hizo el noviciado en Santo Espíritu del Monte (Gilet, Valencia) y emitió su profesión religiosa el 18-IX-1922. Realizados los estudios eclesiásticos en Onteniente y Cocentaina, los superiores, en atención a sus dotes intelectuales, lo enviaron a Paderborn (Alemania) para que completara su formación en la Facultad Teológica de dicha ciudad; allí recibió la ordenación sacerdotal el 5-IV-1930. El año 1931 acompañó a un grupo de jóvenes franciscanos de su provincia para que terminaron los estudios de filosofía y teología en diversos centros de Alemania; él por su parte se matriculó en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Münster, pero tuvo que regresar a España para cumplir el servicio militar, durante el cual estudió en la Universidad Civil de Valencia; se licenció en 1934 con la tesina Santo Espíritu del Monte, libro publicado en 1948. Luego se dedicó a la enseñanza en el colegio "La Concepción" de Onteniente, hasta que en 1936, ante la persecución religiosa, tuvo que esconderse. En 1939 se reincorporó al mismo colegio como rector. El año 1942 se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid, con la tesis La escuela mística alemana y sus relaciones con nuestros místicos del siglo de oro (VyV 1943-1944; Madrid 1946).

Por su preparación intelectual y sus dotes de gobierno, tanto la Orden como la Iglesia le confiaron cargos y tareas de responsabilidad. En 1946 y 1949 fue elegido superior provincial. En 1952 la Orden lo nombró superior del convento de San Francisco el Grande de Madrid y delegado general de las casas franciscanas interprovinciales de Madrid, así como, en 1954, delegado general de Portugal. En 1957 fue elegido definidor general, cargo para el que fue reelegido en 1963, por lo que permaneció en Roma hasta 1967, año en que, de nuevo en su provincia, fue elegido provincial. Por nombramientos de Juan XXIII y de Pablo VI, colaboró tanto en la preparación del concilio Vaticano II como en su celebración y en las taresas posconciliares, de modo particular en lo referente a los religiosos.

En 1970, por motivos de salud, tuvo que renunciar a su oficio de provincial, pero aún pudo desarrollar una intensa actividad apostólica y literaria. Entre sus publicaciones: Vivamos con la Iglesia o Misal meditado, Valencia 1943ss; Doctrina del beato Juan de Ávila sobre la oración, Madrid 1947; Doce nos orare, Barcelona 1965ss; Ejercitatorio. Teoría y práctica de Ejercicios espirituales, Barcelona 1959; Con Francisco hacia Dios, Valencia 1980. Falleció en Alicante el día 9 de agosto de 1979. Fue enterrado en Valencia y, en 1984, sus restos fueron depositados en la iglesia del monasterio de clarisas de Canals.


SANTA MARÍA DE LOS ÁNGELES o la PORCIÚNCULA (Asís). Varias páginas sobre el Santuario y la Basílica, lugar predilecto de san Francisco y donde murió.


SANTORAL FRANCISCANO. Información amplia sobre los santos y beatos de la familia espiritual franciscana.


SANTUARIOS FRANCISCANOS. Páginas sobre los templos y lugares en que se recuerda la presencia de san Francisco y de santa Clara, y en los que se veneran sus imágenes o reliquias.


SCHMITT, Clément (1917-2006). Franciscano, sacerdote, historiador e investigador. Nació en Moyeuvre-Grande (Moselle, Francia) el año 1917, de padre luxemburgués y madre de ascendencia alemana. Estudió humanidades en colegios franciscanos (1928-1935) y vistió el hábito de san Francisco en el noviciado de la entonces Provincia de San Pascual de Estrasburgo (1935). Hecha la profesión, estudió la filosofía y el primer curso de teología en Metz. La guerra y la ocupación alemana le obligaron a continuar sus estudios en diversos conventos de Luxemburgo, Bélgica y Francia. El 20 de diciembre de 1941 recibió la ordenación sacerdotal. Luego, aparte un período de docencia, estudió en varias facultades; en 1956 defendió la tesis, que había comenzado bajo la guía de G. Mollat, sobre el tiempo y actividad del papa aviñonés Benedicto XII y sus relaciones con la Orden franciscana.

En 1950, el P. Clément Schmitt fue destinado al célebre Colegio de San Buenaventura de Quaracchi (Florencia), que en 1971 fue trasladado a Grottaferrata-Roma. Desde entonces vivió entregado a la investigación y a los estudios históricos relacionados con la Orden franciscana. Su campo más asiduo de acción fue la revista Archivum Franciscanum Historicum, con notas, recensiones, índices, artículos, etc. De 1961 a 1989 fue director, y mucho más, de tan prestigiosa publicación. Además publicó artículos, colaboró en enciclopedias, diccionarios y revistas científicas, obras colectivas, y participó en congresos internacionales. Las publicaciones del P. Schmitt son muy numerosas y variadas, siempre en relación con temas franciscanos. En la revista que con tanto cariño y acierto dirigió puede verse el elenco de su producción literaria: AFH 83 (1990) 537-556, para los años 1952-1990; y AFH 94 (2001) 447-453, para los años 1990-2001. En 1989, un infarto cerebral le obligó a dejar sus responsabilidades en Grottaferrata; a finales de aquel año regresó a su Provincia de Estrasburgo y fue destinado al convento de Metz, donde murió el 20 de abril del 2006. Fue un buen religioso, verdadero hijo de san Francisco, amable y trabajador, amante de la naturaleza, fraterno y servicial.


SIMÓN, Pedro (1574-1627). Franciscano, sacerdote, misionero, cronista. Fray Pedro Simón nació en San Lorenzo de la Parrilla (Cuenca, España) el año 1574. Vistió el hábito franciscano en la Provincia de Cartagena en 1589-1590. Ordenado ya de sacerdote, en 1604 marchó al Nuevo Reino de Granada y enseguida empezó a dictar cursos de artes en el convento de San Francisco de Santafé de Bogotá. Además, recorrió mucho más de la mitad de la actual Colombia y otro tanto de Venezuela, a pesar de las enormes dificultades que entrañaban entonces los viajes. En el interior de su Orden ocupó varios cargos, incluido el de provincial (1623-1626). En 1607 formó parte de la expedición del Presidente de la Real Audiencia a los indios pijaos. Los superiores lo enviaron en 1612, como visitador, a Venezuela, Puerto Rico y Santo Domingo. En medio de tantas responsabilidades y tareas, encontró tiempo para escribir su obra monumental, Noticias historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias occidentales, que empezó a publicarse en vida del autor, pero que se editó íntegra por primera vez en los años 1882-92, en 5 tomos y en Bogotá. Esta obra pone a su autor entre los historiadores y lingüistas clásicos de Venezuela y de Colombia. Murió en Bogotá en torno a 1627. [Cf. AIA 50, 1990, 1115-1138].


SIMÓN Y RÓDENAS, Francisco (1849-1914). Capuchino, misionero, obispo de Santa Marta (Colombia). El P. Francisco Simón y Ródenas nació el 2-XI-1849 en La Aparecida, pedanía de Orihuela (Alicante, España). Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Conciliar de Orihuela y el 22-V-1875 recibió la ordenación sacerdotal. Al año siguiente, llevado de su deseo de abrazar la vida religiosa, y no pudiéndolo hacer en España por estar suprimidas las órdenes religiosas, marchó a Francia e ingresó en la abadía trapense de Nuestra Señora de Divielle, próxima a Dax, en el departamento de Landes. Cuando llevaba tres años y medio de vida monástica, al decretar el gobierno francés el 29-III-1880 la expulsión de los religiosos extranjeros, tuvo que dejar el monasterio.

Entonces pensó en los capuchinos recién establecidos en España y logró ser admitido en su noviciado de Pamplona el 8-V-1880. Al año siguiente emitió su profesión. Residió en los conventos de Ollería, Orihuela y Massamagrell. Era en extremo penitente y austero, dormía siempre en el duro suelo y practicaba rigurosamente la pobreza franciscana. En diciembre de 1891 embarcó con una expedición de capuchinos destinados a la misión de La Guajira (Colombia). Allí estuvo dedicado a la catequización de los indios y al frente del Seminario diocesano de Santa Marta, y fue superior de varias residencias misionales. En 1898 volvió a España, donde desempeñó el cargo de maestro de novicios de la recién restaurada provincia capuchina de Valencia. En abril de 1900 volvió a la misión de La Guajira como superior de la misma, y dio pruebas de celo apostólico, constancia y tacto en el gobierno. En diciembre de 1902 fue nombrado Vicario Capitular «sede vacante» de la diócesis de Santa Marta. Y un año después, el 18-XII-1903, el papa san Pío X lo nombró obispo de dicha diócesis. Durante los 8 años que la rigió se dedicó con gran abnegación a la atención de sus diocesanos. Hizo por tres veces la visita pastoral a su dilatada diócesis. Prestó un cuidado especial al seminario y a los sacerdotes. Dedicó totalmente sus ingresos a las obras de la catedral y a la construcción de otras iglesias. En 1911 viajó a España para cuidar su salud, que se fue deteriorando, por lo que presentó la renuncia al obispado, que se le aceptó el 2-XII-1912. Falleció santamente en el convento de la Magdalena de Massamagrell (Valencia) el 22-VIII-1914. La causa de su beatificación fue iniciada en 1931. [Cf. A. Llin, Modelos de vida cristiana, 233-234].


SIRERA PASTOR, Francisco Miguel (1829-1892). El P. Francisco Miguel Sirera nació en Murla (Alicante) el 29 de enero de 1829. Cursó la carrera eclesiástica en el seminario conciliar central de Valencia. Ordenado de sacerdote en 1853, fue coadjutor de su parroquia natal y, en 1872, el arzobispo Barrio lo destinó como penitenciario a la capilla de Ntra. Sra. de la Seo, en Valencia, llamada popularmente del Milagro. En ella desarrolló sus cualidades de confesor y director espiritual, ya que no poseía dotes oratorias ni facilidad de palabra, debido a la tartamudez que le afectó desde su infancia.

El 4 de octubre de 1879 vistió el hábito franciscano en el monasterio de Santo Espíritu del Monte (Gilet, Valencia), y al año siguiente, terminado el noviciado, hizo la profesión. Fue religioso muy virtuoso, culto y literato, que entró en la Orden ya sacerdote y después de haber cursado en la Universidad de Valencia las carreras de filosofía y de derecho; a su ciencia unía un temperamento bondadoso y apacible y un carácter emprendedor. Escribió con elegancia hermosas poesías y fue socio y colaborador de primer orden de la revista Academia Bibliográfico-Mariana de Lérida; nunca firmaba sus escritos. El cardenal Monescillo lo nombró visitador y reformador de varios conventos de monjas. En la Orden desempeñó los cargos de maestro de estudiantes y de novicios, definidor, delegado del vice-comisario general apostólico de la Orden franciscana en España (1888), P. Sáenz de Urturi, y primer custodio de régimen (1888-92).

Como moderador de la Provincia dio forma definitiva al colegio seráfico de Benisa y fundó los conventos de Beniganim (1890), Agres (1891), Biar (1891) y Pego (1892); además fomentó la disciplina regular con sabias disposiciones y con el ejemplo de su vida verdaderamente franciscana; dio gran impulso a los estudios y demás obras. Durante su tiempo se edificaron también la iglesia y el claustro principal del convento de Onteniente, donde después se albergó el colegio de segunda enseñanza. Viajaba siempre a pie, nunca faltaba a los actos de comunidad, sobre todo de noche, y era siempre el primero en el cumplimiento de todo lo prescrito por nuestras leyes. Una pulmonía fulminante cortó el hilo de su preciosa vida en nuestra residencia de Pego el 5 de febrero de 1892, mientras se disponía a colocar allí la primera piedra del nuevo convento.


SOBRINO, Antonio (1556-1622). Franciscano, predicador y escritor místico. Nació en Salamanca en 1556, de familia numerosa, noble y de alto nivel en la vida política y eclesiástica. Se graduó en Artes en Valladolid. De joven entró al servicio del rey Felipe II en la Secretaría de Cámara. Tuvo amistad con el cardenal Quiroga, arzobispo de Toledo, y con Arias Montano. A los 22 años tomó el hábito en el convento de San Bernardino de Madrid, perteneciente a la provincia descalza de San José de Castilla, y, hecho el noviciado, profesó en 1579. Cursados los estudios eclesiásticos, recibió la ordenación sacerdotal en Palencia el año 1585. El año 1597 fue nombrado Visitador de la Provincia descalza de San Juan Bautista de Valencia, y, una vez cumplido su cometido, huyendo del rumor de la Corte y de las honras que recibía en Castilla, pidió y obtuvo la autorización para incorporarse a la Provincia que acababa de visitar. Ésta le confió los más altos cargos: guardián de varios conventos, comisario provincial cuando se ausentaba el Provincial, definidor y por último Ministro provincial (1612-1615). Asistió al Capítulo general celebrado en Roma el año 1612.

El P. Antonio Sobrino fue predicador de Corte de Felipe III, de quien era amigo personal, y consultor de los reyes Felipe II y Felipe III; renunció a la mitra para la que le proponía el Duque de Lerma. Trabajó con celo en la conversión de los moriscos. Profesó gran devoción a la Inmaculada Concepción, en cuya defensa escribió dos obras, y consiguió que Felipe III pidiera al Papa la declaración del dogma mariano; también defendió el título de María como Medianera de todas las gracias. Por espacio de nueve años fue director espiritual del sacerdote Francisco Jerónimo Simó, quien, sospecho de un cierto quietismo, dio origen a enfrentamientos y procesos, en los que se vio involucrado el P. Sobrino. La Inquisición de Valencia, a instancias del Arzobispo, lo tuvo alejado de la capital y puso trabas a la publicación de sus escritos. En verdad el P. Antonio no propugnaba un pre-quietismo, sino la espiritualidad del recogimiento, tan desarrollada por los grandes místicos franciscanos, carmelitas y nórdicos. Murió en el convento de San Juan de la Ribera de Valencia el 10 de julio de 1622, con fama de santidad. Se dice que Dios honró su sepulcro con milagros. Felipe IV escribió a Urbano VIII en 1624, interesándole en favor de su beatificación.

Sin duda fue uno de los grandes autores místicos de su tiempo, aunque muchos de sus escritos quedaran inéditos. Indicamos: De la vida espiritual y perfección cristiana, Valencia 1612; Diez Diálogos sobre... el misterio de la Inmaculada Concepción, Salamanca 1612; Notaciones sobre el Apocalipsis; Sermones de Adviento, Cuaresma y de Santos.


SOLER Y ROYO, Atanasio (1870-1930). Capuchino, misionero, obispo titular de Citarizo y vicario apostólico de La Guajira (Colombia). Atanasio Soler y Royo nació en Manises (Valencia, España) el 27-I-1870, y murió en Bogotá, Colombia, el 21-XI-1930. Inició los estudios eclesiásticos en el seminario capuchino de Massamagrell y los prosiguió en el Conciliar Central de Valencia. El 23-XII-1893 el arzobispo Sancha y Hervás le confirió el orden sacerdotal y luego le nombró, sucesivamente, coadjutor de Monserrat y de Campanar y, más tarde, beneficiado de la parroquia de Santa Catalina, de Valencia. El 19-V-1898 ingresó como religioso en la Orden capuchina, cambiando el nombre de Vicente por el de Atanasio, y emitió su profesión religiosa el 21-V-1899. El 11-V-1900 embarcó en Barcelona camino de las misiones de La Guajira (Colombia).

El 17-I-1905 fue creado el Vicariato Apostólico de La Guajira, Sierra Nevada y Motilones, siendo designado, el 31 de julio inmediato, su primer vicario apostólico. El 22-XII-1906 fue nombrado por san Pío X obispo titular de Citarizo, recibiendo la ordenación episcopal el 19 de mayo inmediato en la catedral de Bogotá.

Al dar comienzo su ministerio episcopal en la misión de La Guajira, prácticamente estaba todo por hacer. Convencido de que la base necesaria para que el apostolado misionero fuera eficaz era crear hombres civilizados, comenzó a buscar los medios adecuados para hacerlo realidad. Creó orfelinatos o centros educacionales en que se educaba y preparaba a los niños y los jóvenes para hacerlos buenos cristianos y ciudadanos. Consiguió entrar en contacto con los indios yukos o motilones que vivían en la selva en estado primitivo, y creó los medios adecuados para que entrasen en relación con la civilización. Llevó a cabo un amplio programa de promoción social a lo ancho de todo el territorio misional. Levantó varios colegios de enseñanza, creó un centenar de escuelas primarias, abrió carreteras para comunicar a los pueblos entre sí, fomentó el ahorro fundando cajas de ahorro, atendió igualmente el campo de la salud fundando un hospital y estación sanitaria en la ciudad de Riohacha. Promocionó la publicación de periódicos y revistas con objeto de aportar la formación católica y la promoción de los valores humanos y cívicos.

Al final de su ministerio episcopal había puesto los cimientos de la civilización en aquellas tierras, dando paso a que los aborígenes viviesen formando parte de una familia, sabiendo leer y escribir, ejerciendo un trabajo y aceptando los principios cristianos como fundamento de la convivencia social. [ V. Cárcel Ortí, Obispos y sacerdotes valencianos, Valencia 2010, p. 152s].


SORAZU, María de los Ángeles (1873-1921). Concepcionista. Escritora mística.


SORIA, Humilde (1844-1905). Hermano profeso franciscano. Nació en Oliva (Valencia) el año 1844, de Mariano y Vicenta, labradores acomodados, terciarios franciscanos, que en el bautismo le pusieron el nombre de Vicente. Creció en un ambiente de piedad, honradez y trabajo. En 1867, contrajo matrimonio con Vicenta Catalá. Formaron un hogar honesto que se distinguió por su religiosidad y laboriosidad; fueron miembros comprometidos en la Tercera Orden Franciscana y en las actividades parroquiales. Dios bendijo su amor con diez hijos, pero nueve de ellos murieron entre 1874 y 1884. El hijo que sobrevivió, Miguel, vistió el hábito franciscano en el Colegio Misionero de Ntra. Sra. de Regla (Chipiona, Cádiz) y recibió la ordenación sacerdotal en 1896. Respondiendo a un llamamiento del Ministro General de la Orden, el P. Miguel marchó a las misiones de México en 1910 y se incorporó a la Provincia del Santo Evangelio, desarrollando allí una gran obra de apostolado.

Muerta su esposa en 1885 y después que su hijo marchara al Colegio Misionero, Vicente pidió el ingresó en la Provincia Franciscana de Valencia, recién restaurada después de la exclaustración de 1835. Hizo el noviciado en Santo Espíritu del Monte (Gilet, Valencia). Cuando tomó el hábito cambió el nombre de Vicente por el de Humilde, y terminado el año de prueba profesó como hermano lego el 29 de mayo de 1891. A partir de aquel momento su vuelo ascensional en el camino de la santidad iba a ser más patente, siempre dentro de su línea de sencillez, laboriosidad, devoción, bondad. Tuvo varios destinos: San Espíritu, Benigánim y finalmente Benisa (Alicante), adonde llegó en 1897 y donde permaneció hasta su muerte. Antes, en 1896, el padre, ya fraile, y el hijo, fraile y sacerdote, volvieron a encontrarse en Oliva por espacio de unos días.

En los conventos, fray Humilde Soria Pons se ocupaba en menesteres humildes. Durante el día trabajaba en los oficios que le habían confiado, hortelano, limosnero, portero, y durante la noche pasaba largas horas ante el Santísimo; también eran devociones preferidas suyas Cristo crucificado y la Virgen; su saludo, como el de los frailes de su tiempo, era: «Ave María Purísima - Sin pecado concebida». Su género de vida penitente lo constituían ayunos, mortificaciones, cilicios y disciplinas. Exigente para sí mismo, era todo caridad para con los demás, tanto frailes como seglares, a quienes edificaba cuando iba de limosnero y cuando los atendía en la portería. Murió de tétanos en Benisa el 26 de febrero de 1905. Su entierro fue una devota manifestación popular. Está en curso el proceso de su beatificación.

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