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| PEQUEÑA ENCICLOPEDIA FRANCISCANA |
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| . | « L - LL » LAREDO, Bernardino de (1482-1540). Franciscano, escritor místico. LEÓN DE ASÍS (-1271). Compañero de san Francisco. LERCHUNDI, José (1836-1896). Franciscano, misionero y primer Prefecto Apostólico de Marruecos, arabista. LEZCANO, Isidoro (1935-2006). Fundador de la Congregación de Hermanos Franciscanos de Cruz Blanca, que atiende a enfermos incurables y discapacitados, tanto físicos como psíquicos. El Hno. Isidoro Lezcano Guerra nace el año 1935 en Tenoya, cerca de Las Palmas de Gran Canaria. Allí cursa sus primeros estudios y ayuda en las faenas del campo a sus padres, humildes labradores. Unas misiones despiertan en él entusiasmo, y con la ayuda de una bienhechora ingresa en el Seminario, pero no tiene vocación sacerdotal, y lo deja. A los diecisiete años trabaja de enfermero en un Hospital psiquiátrico. Ve cómo sufren los hombres y siente la llamada de Dios. Pero carece de medios para empezar. Entonces conoce a Félix Alonso, tetraplégico, que quiere ayudar con sus medios a aquellos que carecen de todo. Después de la primera visita, el Hno. Isidoro experimenta tanta alegría, que abandona su trabajo como enfermero y con la ayuda de Félix se dedica a atender a los pobres. Hace el servicio militar en Tetuán (Marruecos) y, en sus ratos libres, visita las cabilas (pequeños poblados árabes), que lo ponen en contacto con seres marginados y de una pobreza extrema; todos acuden a él para ser curados en sus enfermedades, asesorarse en trámites administrativos, recabar su ayuda material, y hasta para curar a sus vacas, corderos, etc. Y allí acaba encontrando su verdadera vocación. Terminada la mili, sintiendo que su vida está al lado de los marginados, no abandona la zona, y realiza unas oposiciones que le ponen en el Servicio Meteorológico de Ceuta. Y empieza los primeros pasos de su obra. Tiene algún dinero de su sueldo como funcionario y alquila un chalet donde acoge a paralíticos, alcohólicos, personas abandonadas, enfermos mentales, etc. También se va formando un pequeño grupo que quieren seguirle. Pero, tras años de trabajo, se ve desposeído de todo. La comunidad también le abandona y tan sólo dos compañeros de primera hora permanecen fieles a él y deciden continuar la obra. Abre dos casas en Tánger. Vuelve a
Ceuta y alquila una casa en el barrio más pobre y de población
musulmana: El Príncipe. Y aquella semilla que un día sembrara dio
su fruto: los Hermanos Franciscanos de Cruz Blanca, hoy extendidos por
España, Marruecos y América Latina, donde mantienen vivo el
carisma de su Fundador: «La plena dedicación a los Cristos rotos
por el dolor y la marginación, siendo en medio de ellos testimonios
vivos del Amor de Dios». La congregación fue erigida como Instituto
Religioso de derecho diocesano en 1989 por Mons. Carlos Amigo, arzobispo de
Sevilla, quien en 1975, siendo arzobispo de Tánger, la aprobó
como Pía Unión. Los Hermanos, que viven en "casas
familiares", hacen un cuarto voto: la dedicación a los enfermos
incurables y a los más pobres y necesitados. El Hno. Isidoro, fundador y
superior general vitalicio, murió el 20 de febrero de 2006 en Las Palmas
de Gran Canaria.- Más información: LOBO DE GUBBIO. Textos de las Florecillas y de Rubén Darío sobre cómo san Francisco amansó en Gubbio un lobo ferocísimo. LOMBEZ, Ambrosio de (1708-1778). Capuchino, apóstol del confesonario y director de almas, maestro de espiritualidad. Nació en Lombez (Gers), al sur de Francia, el año 1708, de una familia perteneciente a la nobleza de Armagnac. Comenzó su formación clásica en Gimont, y luego estudió teología en Auch, donde destacó por su aplicación y talento. A los 16 años ingresó en los capuchinos y cambió el nombre de pila, Juan de Lapeyrie, por el de Ambrosio de Lombez. Apenas ordenado de sacerdote, los superiores lo nombraron director del centro de estudios teológicos de Saint-Sever. Su gran inteligencia, su feliz memoria y su vasta erudición se reflejan en sus obras. Al mismo tiempo, el ministerio del confesonario puso de manifiesto su admirable talento en la dirección de almas. Superada una grave crisis de salud, lo destinaron al santuario de Nôtre Dame de Médoux, cerca de Bagnères, a cuyo servicio dedicó sus últimos quince años. La Orden le confió cargos de responsabilidad como: maestro de novicios, definidor provincial, guardián de Auch, visitador y renovador de la Provincia de París, en la que su bondad y su celo restablecieron la paz y el espíritu religioso. En 1769 intervino con vigor y prudencia en círculos gubernamentales de París para defender a los religiosos, ya amenazados de supresión. Murió el 25 de octubre de 1778 en Luz-Saint-Sauveur (Hautes-Pyrénées), cuando buscaba alivio para su maltrecha salud en las aguas termales. El P. Ambrosio de Lombez, que había experimentado en sí mismo y en las almas que dirigía los caminos de la vida mística, hace girar toda su doctrina espiritual en torno a la paz interior, que se identifica con el Reino de Dios en nosotros. Como director espirital había encontrado muchas almas timoratas, escrupulosas y llenas de un temor paralizante, y para ellas, en particular, escribió el Tratado de la paz interior (1757), varias veces reeditado y traducido a muchas lenguas. En él canta las excelencias de la paz, expone los obstáculos que impiden su adquisición y los medios para superarlos. La paz interior, dice, hace estable en nosotros el Reino de Dios, nos dispone a las comunicaciones divinas y nos permite discernir las mociones del Señor, es un gran auxilio contra las tentaciones y nos ayuda a conocernos, conserva en nosotros la simplicidad y nos facilita el recogimiento. También escribió: Cartas sobre la paz interior (1766), y el Tratado de la alegría del alma (1779). La alegría es fuente de la paz interior; poseer aquélla es camino para llegar a ésta, y viceversa. LONGO, María Lorenza (1463-1542). Fundadora de las Clarisas Capuchinas. María Lorenza Longo nació en Cataluña (España) hacia 1463, de familia noble. Se casó muy joven con Juan Llonc, regente del Consejo de Aragón; del matrimonio nacieron varios hijos. Una sirvienta intentó envenenarla; no murió, pero quedó paralítica. Acompañó a su marido cuando, en 1506, fue a Nápoles en el séquito del rey Fernando el Católico, con el cargo de regente de la cancillería real. Muerto el marido, peregrinó en 1510 al santuario de Loreto, donde obtuvo la gracia de una curación repentina. Antes de despedirse de la Santa Casa, vistió el hábito de la Tercera Orden de San Francisco y decidió dar un nuevo rumbo a su vida. De regreso en Nápoles, arregló la situación de sus hijos y se dio enteramente al ejercicio de la caridad. Formó parte de la Compañía de los Blancos, fundada en 1519 por Ettore Vernazza, genovés, celoso propagador de los oratorios del Divino Amor. No tardó en rodearse de colaboradoras pertenecientes a la nobleza napolitana, convirtiéndose en el alma de las iniciativas benéficas de la populosa ciudad; cabe citar entre ellas el empeño que puso en liberar y rescatar a las mujeres explotadas, para las que abriría, con María Ajerba, el "Monastero delle Pentite". Pero la iniciativa más importante fue el «Hospital de Incurables», inaugurado el 23 de marzo de 1522, del que se la considera fundadora y del que tuvo que asumir la dirección. Lo dotó con sus bienes y con donativos que mendigaba personalmente. Allí vivía y servía a los enfermos con sus propias manos. Además, para servicio del mismo fue formando una comunidad de terciarias franciscanas que, a partir de 1533, contó con la dirección espiritual de san Cayetano, fundador de los Teatinos, el cual, en 1535, obtuvo de Roma su aprobación canónica bajo en nombre de Hermanas Franciscanas de la Tercera Orden, establecidas en el monasterio de Santa María de Jerusalén. En 1538, san Cayetano, que había
acentuado el espíritu contemplativo de las terciarias, cedió su
dirección espiritual a los capuchinos. El 10 de diciembre de 1538, Paulo
III las convirtió en Orden bajo la Regla de santa Clara y las
encomendó a los capuchinos. Sor María Lorenza, deseosa de una
"estrictísima observancia", adoptó las Constituciones
de santa Coleta y algunas observancias de los capuchinos, acentuando la
separación del mundo y la devoción a la Pasión de Cristo.
Los últimos años de su vida los pasó en la quietud del
monasterio de Santa María de Jerusalén, dedicada enteramente a la
oración y contemplación y a la formación de sus hermanas.
En 1539 renunció al cargo de abadesa. Falleció santamente a
finales de 1542, probablemente el 21 de diciembre. El proceso de su
beatificación se abrió en Nápoles el año 1880, y se
ha reabierto recientemente.- Más información: LORSCHEIDER, Aloísio (1924-2007). Franciscano, arzobispo de Aparecida (Brasil), cardenal. Aloísio Lorscheider nació en Estrela (Porto Alegre, Brasil) el año 1924. Sus padres eran de origen alemán. A los 9 años ingresó en el seminario franciscano de Taquari, y cursó los estudios eclesiásticos en el seminario de Divinópolis. En 1942 vistió el hábito franciscano, al año siguiente emitió la profesión simple, en 1946 la solemne, y recibió la ordenación sacerdotal en 1948. Inició su ministerio pastoral en Taquari. Poco después marchó al Antonianum de Roma a estudiar teología, en la que se doctoró en 1952. Al regresar a su patria enseñó teología en el seminario franciscano de Divinópolis; a la vez, fue comisario de la Tercera Orden Franciscana, definidor y maestro de los clérigos de su provincia. Además, publicó valiosos artículos teológicos en revistas brasileñas. Visto su talento, los superiores mayores lo nombraron profesor del Pontificio Ateneo Antonianum en 1958, misión que desempeñó hasta 1962. Durante este período puso de manifiesto su cultura y sus dotes de espiritualidad y humanidad en la docencia y en el apostolado. Juan XXIII, el año de 1962, lo nombró obispo de la diócesis brasileña de Santo Angelo, de la que fue pastor celoso: dio un vigoroso impulso al seminario diocesano, abrió el diálogo entre el clero y el laicado, visitó las parroquias, administró los sacramentos, especialmente el de la reconciliación. Sus hermanos en el episcopado le confiaron diversos cargos en el seno de la Conferencia episcopal, y Pablo VI, en 1973, lo promovió a la sede arzobispal de Fortaleza, misión importante y delicada, en la que prestó particular atención al clero y a los fieles, sobre todo los más pobres y marginados. A finales de 1972 fue elegido vicepresidente del Celam y, al trasladarse el presidente a Roma, le sucedió en el cargo. El Santo Padre lo creó cardenal en el consistorio del 24 de mayo de 1976. Juan Pablo II lo trasladó a la archidiócesis de Aparecida en 1995, y aceptó su renuncia en 2004. Su actividad en los organismos de la Santa Sede fue destacada. Participó en todas las asambleas ordinarias del Sínodo de los obispos, fue miembro de las Congregaciones para los obispos, para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica; y del Consejo general de la Comisión pontificia para América Latina. Fue también presidente de Cáritas internacional. Su prestigio en la Iglesia universal fue muy relevante, particularmente en América Latina. Falleció el 23 de diciembre de 2007 en Porto Alegre (Brasil). LUCARELLI, Juan Bautista (1540-1604). Franciscano, sacerdote, misionero. Fray Juan Bautista Lucarelli nació en Pesaro (Marcas, Italia) el año 1540. En 1554 entró en la Orden franciscana. Nombrado confesor del duque de Urbino en 1571, poco después viajó con él a España. Contagiado por la fiebre misionera de los franciscanos descalzos de la Provincia de San Gregorio de Filipinas, se unió en Madrid a ellos y a su empresa, embarcó en Sevilla el 24 de junio de 1577 y, vía México, llegó a Manila el 2 de julio de 1578. Al año siguiente entró en China con el padre Alfaro. Expulsado de China, llegó a Macao, donde fundó conventos y recibió novicios. Por rencillas entre frailes españoles y portugueses hubo de pasar a Malaca, donde fundó un convento y siguió recibiendo novicios. Nuevamente entró en China en 1582, pero hubo de abandonarla y embarcar hacia Europa en 1584, en compañía de fray Martín Ignacio de Loyola, pasando por Ceylán, la India (Goa), Madagascar, Mozambique, la isla de Santa Elena. El 2 de julio de 1584 llegaba a Lisboa. Juntamente con fray Martín se entretuvo en España para dar cuenta de sus asuntos a Felipe II, y pasó luego a Roma, donde se entrevistó con el nuevo papa, franciscano, Sixto V, elegido en abril de aquel mismo año. De paso, predicó la cuaresma en Barcelona. Animado por el Papa a proseguir su obra misionera y reunir nuevos compañeros, mas todo ello supeditado al consentimiento de Felipe II, se encontró con la resistencia del rey, en parte por la presencia de Drake en los mares. Tuvo que volver a Roma con cartas del rey español y en Italia edificó un convento en Génova y otro en Roma, predicando en Venecia, Génova, Lombardía y Roma. En 1592 redactó su Viaggio dell'Indie (Sinica Franciscana, II. Quaracchi 1933, 12-92), dedicado al nuevo papa Clemente VIII, y al año siguiente compuso una relación más breve que entregó al cardenal Medici, protector de la Orden. Murió en Santa Lucía (Nápoles) el 18 de marzo de 1604. [Cf. AIA 60 (2000) 385-398]. LUNEL, Vicente (1480-1550). Franciscano, Ministro general de su Orden, teólogo del Concilio de Trento. Nació el año 1480 en Barbastro (Huesca), perteneciente al reino de Aragón, de ilustre y noble prosapia. Realizados los primeros estudios y siendo aún muy joven, vistió el hábito de san Francisco en el convento recoleto de Ntra. Sra. la Real de las Huertas, de Lorca (Murcia), perteneciente primero a la Custodia de Murcia y luego a la Provincia observante de Cartagena. Cursados los estudios de la carrera eclesiástica y cumplidos sus 25 años, recibió la ordenación sacerdotal. Fue profesor de Teología y Artes en su Provincia, y como Custodio de la misma asistió al Capítulo general celebrado en Toulouse el año 1532, que lo eligió Comisario general de la Orden ante la Curia romana. Ejerció este oficio hasta que el siguiente Capítulo, celebrado en Niza en Pentecostés de 1535, lo eligió Ministro general. Fray Vicente Lunel tuvo que gobernar en tiempos difíciles: la decadencia de la Observancia, la renovación de la Orden, el movimiento reformista de los capuchinos, la reforma protestante, etc. Su dedicación a la Orden fue completa, aunque interrumpida por los servicios diplomáticos que le encomendaron el papa Paulo III y el emperador Carlos V. Visitó personalmente la mayor parte de las Provincias europeas. Promulgó numerosos decretos y Estatutos para la reforma de provincias y casas. Puso gran empeño en mantener la unidad de la Orden, evitando escisiones, promoviendo la vida de observancia con su ejemplo y sus intervenciones, ordenando que en cada Provincia se erigiese una casa de retiro para los religiosos que quisieran recogerse a la soledad. Mostró gran preocupación por todo lo que afectaba a la organización, extensión y cuidado de los religiosos misioneros en Indias, y envió numerosas expediciones misioneras. Su severidad reformadora contrasta con su ductilidad diplomática. El Capítulo celebrado en Mantua el año 1541 eligió a Juan de Calvi como sucesor del P. Vicente Lunel, quien se retiró al convento de Lorca, donde estuvo ocupado en humildes tareas domésticas hasta que, en 1545, Carlos V lo envió como teólogo al Concilio de Trento. En 1547 falleció el General de la Orden, y Lunel tuvo que trasladarse a Roma y participar en el Capítulo celebrado en Asís, que lo eligió Definidor general. Regresó a Trento, y allí, en el convento de San Bernardino, murió en 1550 (algunos dicen que en febrero de 1549). Los escritos que se le conocen, aparte algunas cartas, son sus intervenciones en el Concilio: sobre la S. Escritura, sobre la justificación, acerca de la certeza del estado de gracia, etc. LLINÁS DE JESÚS MARÍA, Antonio (1635-1693). Franciscano, figura de gran misionero, profesor de calidad, forjador de misioneros y fundador de centros de formación misionera. Incansable en el trabajo, viajero empedernido, nada le asustaba con tal de servir a las misiones. Natural de Artá en la isla de Mallorca, había nacido en 1635, recibiendo la primera formación humanista en los franciscanos de su villa natal. A los diecisiete años ingresó en el convento de San Francisco de Palma, recibiendo la ordenación sacerdotal en 1659. Su primera actividad ministerial se balanceaba entre la enseñanza de la Filosofía y la predicación popular. Con el deseo de dedicarse a la docencia, pasó a México en 1664. Entre 1665 y 1667 leyó Artes en Querétaro, y de 1667 a 1668 lo hizo en Celaya. Desde 1668 a 1691 fue catedrático de Teología en Valladolid (Morelia), de cuyo convento fue elegido superior. Parece que una pesadilla nocturna o una extraña visión fúnebre le impresionó vivamente, y se sintió llamado a mayor santidad y dedicación al bien de las almas. A partir de 1679 dejó la enseñanza y se dedicó a las misiones. A finales del mismo año el P. Antonio Llinás tuvo que regresar a España para asistir al Capítulo General de su Orden. Aprovechó los días libres para dedicarse a la predicación popular y gestionar la fundación de un Colegio de Misioneros en Querétaro. Conseguida la autorización, regresó a México en 1683, con otros veintidós franciscanos, para fundar el dicho Colegio. Dos años después regresa de nuevo a España con la intención de fundar colegios en ella. Entre 1689 y 1691 lleva a cabo una desbordante actividad como fundador de colegios de misioneros. Sus frutos fueron el de San Miguel de Escornalbou, en Cataluña; Nuestra Señora de la Oliva, en la provincia de Toledo; el dedicado a San Roque, en Calamocha (Teruel); en la región murciana el de San Miguel de Cehegín, y el colegio valenciano de Santo Espíritu del Monte. Llegó hasta la isla de Cerdeña, donde fundó el Colegio de Ozzier, Sassari. No prosperó la idea de fundar un colegio en la mallorquina villa de Sóller. Todo fue posible gracias a su gran capacidad de trabajo y su firme voluntad de sufrir por Cristo todo lo que se terciase. Se trasladó a Madrid con el propósito de fundar un colegio en los aledaños de la capital. Allí murió el 29 de junio de 1693. Su muerte fue la de un santo, cuya fama continuó incluso durante muchos años. De su espléndida actividad misionera se calcula que convirtió unas veintidós mil personas. Fue el resultado de más de un cuarto de siglo de plena entrega al servicio de las misiones. [L. Galmés, BAC maior 37]. |
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