DIRECTORIO FRANCISCANO
Año Cristiano Franciscano

DÍA 8 DE SEPTIEMBRE

 

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LA NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA. Natividad de la Virgen María, descendiente de Abrahán, nacida de la tribu de Judá y de la progenie del rey David, de la cual nació el Hijo de Dios, hecho hombre por obra del Espíritu Santo, para liberar a la humanidad de la antigua servidumbre del pecado. La celebración del cumpleaños de la Virgen, en que los fieles le ofrecen su homenaje e imploran su protección, está ligada a la basílica de Santa Ana, construida en el siglo V en el ámbito de la piscina Probática (Jn 5,1-9), junto al templo de Jerusalén. La tradición localizaba allí la casa de Joaquín y de Ana, padres de la Virgen. El protoevangelio apócrifo de Santiago fija el lugar del nacimiento de María en las cercanías del Templo, y ya en el siglo V los peregrinos visitaban junto a la piscina Probática «la iglesia de Santa María, en la que ella nació». La basílica actual fue edificada por los cruzados; en la cripta se venera la casa de Joaquín y de Ana, y el lugar del nacimiento de su hija María. La liturgia une el aniversario del nacimiento de la Virgen con la perspectiva del comienzo de los misterios de la salvación. La celebración mariana es la primicia de los bienes que su Hijo nos traerá. En esta misma fecha, o en los días inmediatos, se celebra también a la Virgen bajo múltiples nombres y advocaciones.- Oración: Concede, Señor, a tus hijos el don de tu gracia, para que, cuantos hemos recibido las primicias de la salvación por la maternidad de la Virgen María, consigamos aumento de paz en la fiesta de su Nacimiento. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

SANTO TOMÁS DE VILLANUEVA. [Murió el 8 de septiembre, y su memoria se celebra en España el 10 de octubre]. Nació el año 1486 en Fuenllana (Ciudad Real, España). Recibió una buena formación cristiana en su hogar. Estudió en la Universidad de Alcalá, de la que más tarde fue maestro preclaro. En 1516 tomó en Salamanca el hábito de San Agustín, y se ordenó de sacerdote en 1518. Desde entonces se dedicó al gobierno y renovación de sus religiosos y a la predicación. Nombrado arzobispo de Valencia en 1544, fue un modelo de buen pastor, sobresaliendo por su caridad, pobreza, prudencia y celo apostólico; se desvivió por la formación del clero y la evangelización del pueblo. Desde joven había vivido en pobreza y puso gran empeño en socorrer a los pobres. Solía decir: «No temo a los enemigos de fuera, sino la corrupción interior». Murió en Valencia el 8 de septiembre de 1555.- Oración: Oh Dios, que quisiste asociar a santo Tomás de Villanueva, insigne por su doctrina y caridad, al número de los santos pastores de tu Iglesia, concédenos, por su intercesión, la gracia de permanecer continuamente entre los miembros de tu familia santa. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

SAN PEDRO CLAVER. [Murió el 8 de septiembre y su memoria se celebra el 9 del mismo mes]. Nació en Verdú, provincia de Lérida en España, el año 1580. A los 22 años, cuando estudiaba filosofía en la Universidad de Barcelona, ingresó en la Compañía de Jesús. Hechos los votos, lo enviaron al colegio de Mallorca, donde sintió la vocación misional por obra, en particular, de san Alonso Rodríguez, portero del colegio. Partió de Sevilla hacia Colombia en 1610. Ordenado sacerdote en 1616 en Cartagena de Colombia, ejercitó allí mismo hasta su muerte el apostolado entre los esclavos negros, llevados desde África para ser vendidos. En 1622 hizo el voto de ser esclavo de los «etíopes», o sea, los negros. Llevó una vida heroica en el servicio a los esclavos, a quienes atendía, fueron católicos o no. Bautizó a muchísimos. Sembró paz y caridad, y el Señor lo acreditó con el don de milagros. Tras una larga enfermedad, murió en la misma Cartagena el 8 de septiembre de 1654. León XIII lo declaró patrono especial de las misiones entre los pueblos negros.- Oración: Oh Dios, que fortaleciste a san Pedro Claver con admirable caridad y paciencia para ser esclavo de los esclavos; concédenos por su intercesión buscar lo que es de Jesucristo amando a nuestros hermanos con obras y de verdad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

BEATA SERAFINA SFORZA. Nació de padres nobles en Urbino (Italia) el año 1434. Era familia del papa Martín V. Al quedar huérfana en la infancia, terminó su educación en Roma junto a su tío el cardenal Próspero Colonna. A los 14 años fue dada en matrimonio a Alejandro Sforza, señor de Pésaro, con el que pasó unos años felices. Pero él tuvo que marchar a la guerra, y ella asumió la administración de sus Estados. Volvió él al cabo de 6 años trayendo consigo una amante, y empezó a maltratar y humillar a su esposa, hasta que la recluyó con las clarisas en el monasterio Corpus Domini de Pésaro (Piceno), donde, en 1457, con permiso del marido, profesó la Regla de Santa Clara. Ofrecía sus oraciones y penitencias por la conversión de su esposo, lo que consiguió finalmente: Alejandro le pidió perdón y ella se lo otorgó. En 1475 fue elegida abadesa, y murió el 8 de septiembre de 1478.

BEATOS ANTONIO DE SAN BUENAVENTURA, DOMINGO DE NAGASAKI Y COMPAÑEROS. El 8 de septiembre de 1628 fueron martirizados en Nagasaki (Japón), decapitados o quemados vivos, estos 22 cristianos, de los que dos eran franciscanos, tres dominicos y los demás seglares japoneses, hombres, mujeres y niños. Antonio nació en Tuy (España) el año 1588. Estudió filosofía en Salamanca y en 1605 ingresó en la Orden Franciscana. Terminó los estudios en Filipinas, donde recibió la ordenación sacerdotal. En 1618 pasó a Japón, a pesar de la persecución religiosa allí vigente, y durante diez años ejerció un intenso apostolado clandestino, prestando particular atención a los cristianos que habían apostatado. A principios de 1628, denunciado por un falso cristiano, fue detenido y encarcelado en Omura, donde sufrió toda clase de miserias y malos tratos. Fue trasladado a Nagasaki el mismo día de su martirio. Domingo era un cristiano japonés que acompañaba como catequista el beato Antonio, quien lo había bautizado y admitido a la Tercera Orden Franciscana. Cuando fue detenido el P. Antonio, él estaba en su casa; al día siguiente se presentó a las autoridades diciendo que era compañero y ayudante del sacerdote detenido; fue arrestado también él y encarcelado; en la cárcel pidió al P. Antonio que la admitiese en la Orden franciscana, y allí hizo el noviciado y profesó. Domingo Castellet nació en Esparraguera (Barcelona) el año 1592, ingresó en los Dominicos, se ordenó de sacerdote y en 1615 marchó a Filipinas, de donde pasó a Japón en 1621. Antonio de Santo Domingo era un japonés nacido en 1608. Fue catequista y compañero del P. Castellet, que lo admitió en la Tercera Orden seglar de Santo Domingo. Tomás de San Jacinto era también japonés, catequista y colaborador del P. Castellet. Era ya terciario y en la cárcel vistió el hábito dominico.

BEATO FEDERICO OZANAM. Nació en Milán el año 1813. Su padre era médico militar francés, y en 1816 regresó a su patria, Lyon. En 1831 marchó a París como estudiante de derecho y allí colaboró en la fundación de las Conferencias de San Vicente de Paúl para la atención de los pobres, a los que siempre atendió con gran caridad. Además, se enroló en los círculos intelectuales católicos entonces muy pujantes. Se doctoró en Derecho, enseñó en la Sorbona, fue académico en Florencia. En 1841 contrajo matrimonio, tuvo una hija e hizo de su hogar una iglesia doméstica. Llevaba una vida de gran piedad e ingresó en la Tercera Orden Franciscana. Viajó mucho por Europa. Organizó las Conferencias de la catedral de Notre-Dame de París, que comenzaron en la cuaresma de 1835 con el P. Lacordaire. Hombre de insigne cultura y piedad, defendió y propagó las verdades de la fe cristiana. Publicó numerosas obras que le dieron gran prestigio en el mundo literario. Murió en Marsella el 8 de septiembre de 1853.

BEATO PASCUAL FORTUÑO ALMELA. Nació en Villarreal, provincia de Castellón en España, el año 1886. En 1905 vistió el hábito de San Francisco en la Provincia franciscana de Valencia. Ordenado de sacerdote en 1913, se dedicó a la formación de los seminaristas en el Colegio Seráfico de Benissa (Alicante), hasta que en 1917 fue destinado a la Custodia de San Antonio, en Argentina, donde permaneció cinco años ejerciendo con ejemplaridad el ministerio sacerdotal. De regreso en su patria, se dedicó de nuevo a la formación de los alumnos del Seminario de Benissa. Estuvo luego en varios conventos. Desatada la persecución religiosa de julio 1936, cuando estaba en la casa-noviciado de Santo Espíritu del Monte (Gilet, Valencia), tuvo que buscar refugio en su pueblo, pero el 7 de septiembre de 1936 lo detuvieron, y en la madrugada del día siguiente lo fusilaron y apuñalaron en la carretera entre Castellón y Benicásim. Juan Pablo II lo beatificó el 2001 en un grupo de mártires valencianos.

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San Adrián. Sufrió el martirio en Nicomedia de Bitinia (en la actual Turquía), en una fecha desconocida de los primeros siglos cristianos. En su honor el papa Honorio I convirtió en iglesia la Curia del Senado Romano.

San Corbiniano. Fue consagrado obispo en Roma por el papa san Gregorio II, que lo envió a Baviera (Alemania) a predicar el Evangelio. Ejerció un fecundo apostolado y fundó el monasterio de Obermais, donde fue enterrado cuando murió el 8 de septiembre del 725. En el 765 fue trasladado a Freising.

Santos Fausto, Dío y Ammonio. Los tres eran sacerdotes y fueron martirizados en Alejandría de Egipto, el año 311, juntamente con el obispo san Pedro, durante la persecución del emperador Diocleciano.

San Isaac. Nació en Cesarea de Capadocia hacia el año 348. Estudió en Constantinopla, contrajo matrimonio, tuvo una hija y enviudó pronto. Abrazó entonces la vida monástica y llegó a ser archimandrita. Nombrado obispo cathólicos de los armenios, para promover la vida cristiana de su pueblo, tradujo al armenio la Sagrada Escritura y los libros litúrgicos. Se adhirió a la fe católica confirmada por el Concilio de Éfeso. Expulsado de su sede, se exilió a Bagrevand, en la antigua Armenia Mayor, donde murió el 8 de septiembre del año 438.

San Pedro de Chavanon. Nació en Langeac, región de Auvernia (Francia), el año 1004. En su juventud optó por el sacerdocio, lo recibió, y lo ejerció en su pueblo natal, uniendo el celo apostólico y el ejemplo de una vida religiosa y austera. En 1060 dejó la parroquia y fundó un monasterio de Canónigos Regulares en Pébrac (Auvernia), que adoptó la Regla de San Agustín y en el que se instauró la vida en común y la pobreza tal como lo había señalado el sínodo lateranense de 1059. Presidió la comunidad con sabiduría y murió el año 1080.

San Sergio I, papa del año 687 al año 701. Nació en Palermo, de una familia oriunda de Antioquía de Siria. Hacia el 672-676 se incorporó al clero romano. Cuando lo eligieron para tuvo que superar la oposición de dos rivales. Recibió y bautizó en Roma a Cedawalla, rey de los sajones occidentales (Inglaterra) y se ocupó con celo de los asuntos de la Iglesia inglesa. El año 695 consagró obispo a san Wilibrordo y lo envió a evangelizar a los Frisones. Se ocupó del culto de los santos y de la liturgia e introdujo en la misa el canto del Agnus Dei. Trató de resolver disensiones y litigios en el ámbito eclesiástico y en el civil, y prefirió morir antes que aprobar errores. Murió el 8 de septiembre de 701 y fue sepultado en San Pedro de Roma.

Beato Adán Bargielski. Nació en Kalinowo (Polonia) el año 1903. Siguió primero la carrera militar, pero en 1925 optó por el sacerdocio. Se ordenó de sacerdote, se especializó en derecho canónico en Estrasburgo y se dedicó luego a la pastoral parroquial. Estando de coadjutor en la parroquia de Myszyniec, los nazis detuvieron al párroco que era anciano, y él se ofreció para sustituirlo, lo que le fue aceptado. Pasó por varios campos de concentración hasta llegar, en diciembre de 1940, al de Dachau (Alemania), donde el 8 de septiembre de 1942 lo mató un guardia del campo.

Beata Apolonia Lizárraga y Ochoa de Zabalegui. Nació en Lezáun (Navarra, España) el año 1867. Ingresó en el noviciado de las Hermanas Carmelitas de la Caridad en 1886 y, hecha la profesión, trabajó en distintas casas. En 1925 fue elegida Superiora General de su Congregación. La persecución religiosa de 1936 la sorprendió en la casa generalicia de Vic, donde se preocupó de buscar refugio para las religiosas, en especial para las novicias y las enfermas. Fue la última en dejar la casa, y a principios de septiembre la detuvieron y encarcelaron en la checa de San Elías (Barcelona). Se ensañaron con ella y su ejecución fue horrorosa: la aserraron viva y arrojaron sus restos a los cerdos. Era probablemente el 8 de agosto de 1936.

Beato Ismael Escrihuela Esteve. Nació en Tavernes de la Valldigna (Valencia) el año 1902. Creció en un ambiente cristiano y de práctica religiosa. Fue miembro de asociaciones religiosas y enseñó catecismo a los niños. Contrajo matrimonio y tuvo tres hijos. Fue detenido el 21 de julio de 1936, por ser notoria su condición de cristiano, y encerrado en el Penal de San Miguel de los Reyes, de Valencia. En la cárcel estuvo participando en las prácticas religiosas que se organizaban en la clandestinidad. El 8 de septiembre de 1936 lo sacaron de la cárcel y lo fusilaron en el Picadero de Paterna.

Beato José Padrell. Nació en La Pobla de Mafumet (Tarragona) en 1898. En el seminario ya dio pruebas de una especial predisposición para la música, que luego desarrolló. Ordenado sacerdote en 1922, fue maestro de la capilla del seminario, y era beneficiado-organista de la parroquia de Espluga Calba cuando estalló la persecución religiosa, en la que fue pasando de un refugio a otro, sufriendo toda suerte de penalidades. Por fin, lo milicianos lo detuvieron en Gerona y lo trasladaron a Barcelona, donde el 8 de septiembre de 1936 lo mataron a tiros en la carretera de la Rabassada. Beatificado el 13-X-2013.

Beatas Josefa de San Juan de Dios Ruano García y María Dolores de Santa Eulalia Puig Bonany. Estas dos Hermanitas de los Ancianos Desamparados eran respectivamente la superiora y la portera del Asilo de Requena (Valencia, España) cuando estalló la persecución religiosa. Las detuvieron los milicianos y las fusilaron en una curva de la carretera de Buñol (Valencia) el 8 de septiembre de 1936. Josefa nació en Berja (Almería) el año 1854. En 1877 ingresó en las Hermanitas, siendo de los primeros grupos de novicias de la Congregación fundada por santa Teresa Jornet. Además de agraciada físicamente, era muy caritativa, sencilla y humilde. María Dolores nació en Berga (Barcelona) el año 1857. De joven tuvo que ayudar en casa e ingresó en las Hermanitas a los 29 años de edad. Era pequeña de cuerpo, pero con un alma grande y todo el mundo la quería. Desempeñó muchos años el oficio de portera.

Beatos Justo Pastor Aranda y Alipio José Dronda, Maristas. Fueron detenidos juntos, y asesinados en Barcelona por los milicianos de la FAI el 8 de septiembre de 1936. Justo Pastor nació en Gallur (Zaragoza) en 1907. Emitió sus primeros votos en 1924. Ejerció la docencia en varios destinos. Desde septiembre de 1934, su campo de acción fue el seminario de Vich como subdirector. Allí le sorprendió la persecución religiosa. Los seminaristas fueron alojados en la Casa de Caridad, y él, mientras se lo permitieron, desde su refugio los visitaba a diario como profesor de música. Llegó el momento en que el comité no le permitió entrar más, y marchó a Barcelona. Alipio José nació en Uztárroz (Navarra) en 1916. Emitió sus primeros votos temporales en 1935. El 15-VII-1936 pasó de Les Avellanes a Vich para equiparse y marchar de misionero a América, pero esa vocación quedó truncada al estallar la persecución religiosa. Expulsado del convento, intentó pasar a Francia. Vivió situaciones amargas, noches al raso, sin apenas comer y pidiendo compasión como un harapiento. Al final, marchó a Barcelona.- Beatificados el 13-X-2013.

Beato Ladislao Bladzinski. Nació en Myslatyce (en la actual Ucrania) el año 1908. En 1924 ingresó en la Congregación de San Miguel Arcángel y se ordenó de sacerdote en 1938. Lo destinaron a Pawlikowice como docente del seminario de su Congregación y profesor de la escuela profesional, y allí lo detuvo la Gestapo en mayo de 1944. Pasó por varias cárceles y fue a parar al campo de concentración de Gross-Rosen (Alemania). Lo asignaron al trabajo en las canteras, donde encontró la muerte el 8 de septiembre de 1944 al ser arrojado al fondo de un precipicio por la guardia militar del campo.

Beato Marino Blanes Giner. Nació en Alcoy, provincia de Alicante en España, en 1888. Contrajo matrimonio y tuvo cinco hijos. Fue militante de Acción Católica y miembro de otras asociaciones cristianas. Se volcaba en la atención a los pobres, enseñaba el catecismo en masías y caseríos distantes, visitaba a los enfermos del hospital y los ayudaba en su aseo personal. En 1917 fundó el Centro Instructivo Católico. Evitó que se incendiara el templo parroquial de San Mauro y San Francisco. El 21 de julio de 1936 lo detuvieron y encarcelaron y, después de un penoso cautiverio, lo sacaron de la cárcel y lo fusilaron el 8 de septiembre de 1936.

Beato Miguel Beato Sánchez. Nació en la Villa de Don Fadrique (Toledo, España) en 1911, en el seno de una familia muy religiosa. En 1923 ingresó en el seminario diocesano y, cursados los estudios, recibió la ordenación sacerdotal el 11 de abril de 1936. Enseguida fue nombrado coadjutor de la parroquia de su pueblo natal, e inmediatamente se puso a trabajar con los jóvenes de Acción Católica, en la catequesis, en el confesionario, con los enfermos, siendo el brazo derecho del párroco. Lo apresaron en su pueblo el 6 de septiembre de 1936 y lo mataron a golpes con un objeto contundente el día 8 de los mismos. Fue beatificado el año 2007.

Beato Segismundo Sagalés Vilá. Nació en Vich (Barcelona) el año 1888. En 1909 hizo la profesión religiosa, como hermano coadjutor, en los Hijos de la Sagrada Familia. Fue un entrañable maestro de párvulos en varios colegios de su Instituto. Era alegre y estaba siempre de buen humor, a pesar del cáncer que le roía el cuello. Llegada la persecución religiosa, buscó refugio en Malla y luego en Calldetenes. Fue detenido y asesinado en el término municipal de Muntanyola, Múnter (Barcelona), el 8 de septiembre de 1936. Beatificado el 13-X-2013.

Beatos Teodomiro Joaquín Sainz Sainz y Evencio Ricardo Urjurra. Eran Hermanos de las Escuelas Cristianas y formaban parte de la comunidad de Almería (España) cuando estalló la guerra civil. Muchos miembros de su colegio fueron martirizados después de sufrir crueles cárceles. Estos dos fueron asesinados el 8 de septiembre de 1936 en la carretera de Roquetas del Mar (Almería). Teodomiro Joaquín nació en Puentedey (Burgos) el año 1907 y empezó el noviciado en 1923. Terminados los estudios preparatorios ejerció su ministerio escolar en varios destinos. Era piadoso, buen profesor, celoso y prudente, de carácter sencillo. Evencio Ricardo nació en Viloria de Rioja (Burgos) el año 1907 y vistió el hábito religioso en 1922. Hizo los estudios para profesor y ejerció la docencia en distintos colegios suyos, en los que se dedicó primordialmente a formar a sus alumnos en los deberes cristianos y sociales.

Beato Teódulo González Fernández. Salesiano, profeso, candidato al sacerdocio. Nació en Castrillo de Murcia (Burgos, España) en 1911. Emitió los votos religiosos en Carabanchel Alto (Madrid) el año 1929. Hizo el trienio de prácticas, y la persecución religiosa le sorprendió en Madrid al acabar el segundo curso de teología. Vivió escondido algún tiempo, hasta que, denunciado como religioso, fue arrestado y fusilado el 8 de septiembre de 1936. Fue beatificado el año 2007.

Beatos Tomás Palaser, Juan Norton y Juan Talbot. Los tres eran ingleses, el primero sacerdote y los otros dos laicos. Tomás nació en el Yorkshire, optó por ser sacerdote, estudió en Reims y en Valladolid, y recibió la ordenación sacerdotal en 1596. Vuelto a Inglaterra, lo apresaron pronto, pero pudo escaparse y trabajar en el apostolado clandestino tres años más. Lo arrestaron de nuevo cuando estaba en casa de Juan Norton, en la que también se encontraba Juan Talbot. Los tres fueron arrestados y condenados a muerte, el primero por haberse ordenado en el extranjero y haber entrado en Inglaterra, los otros dos por hospedar y ayudar a sacerdotes y negarse a participar en el culto de una iglesia protestante. Fueron ahorcados en Durham el 8 de septiembre de 1600, durante el reinado de Isabel I.

PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

Apenas José había tomado la resolución de repudiar a María, su esposa, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,20-21).

Pensamiento franciscano:

Dice san Francisco: Sobre todos los que cumplan la voluntad de Dios, «descansará el espíritu del Señor, y hará en ellos habitación y morada. Y serán hijos del Padre celestial, cuyas obras hacen. Y son esposos, hermanos y madres de nuestro Señor Jesucristo... Somos madres, cuando lo llevamos en nuestro corazón y en nuestro cuerpo, por el amor y por una conciencia pura y sincera; y lo damos a luz por medio de obras santas, que deben iluminar a los otros como ejemplo» (2CtaF 48-53).

Orar con la Iglesia:

Elevemos nuestras súplicas al Salvador, que quiso nacer de María Virgen, y digámosle: Que tu Madre, Señor, interceda por nosotros.

-Oh Sol de justicia, a quien la Virgen inmaculada precedía cual aurora luciente, haz que vivamos siempre iluminados por la claridad de tu presencia.

-Verbo eterno del Padre, que elegiste a María como arca incorruptible de tu morada, líbranos de la corrupción del pecado.

-Salvador nuestro, que quisiste que tu Madre estuviera junto a tu cruz, concédenos, por su intercesión, compartir con alegría tus padecimientos.

-Jesús, que, colgado en la cruz, nos diste a María por madre, haz que también nosotros vivamos como hijos suyos.

Oración: Escucha, Padre todopoderoso, las oraciones de tu pueblo, que venera con amor y gratitud el nacimiento de la Madre de tu Unigénito, y derrama sobre nosotros, por su intercesión, los dones de tu bondad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
De la homilía de Juan Pablo II en Frascati el 8-IX-1980

Queridísimos hermanos y hermanas:

Estamos reunidos para proclamar el alegre mensaje de la esperanza cristiana porque celebramos hoy «con alegría el nacimiento de María, la Virgen; de ella salió el sol de justicia, Cristo, nuestro Dios».

Esta festividad mariana es toda ella una invitación a la alegría, precisamente porque, con el nacimiento de María Santísima, Dios daba al mundo como la garantía concreta de que la salvación era ya inminente: la humanidad que, desde milenios, en forma más o menos consciente, había esperado algo o alguien que la pudiese liberar del dolor, del mal, de la angustia, de la desesperación, y que dentro del pueblo elegido había encontrado, especialmente en los profetas, a los portavoces de la palabra de Dios, confortante y consoladora, podía mirar finalmente, conmovida y emocionada, a María «Niña», que era el punto de convergencia y de llegada de un conjunto de promesas divinas, que resonaban misteriosamente en el corazón mismo de la historia.

Precisamente esta Niña, todavía pequeña y frágil, es la «Mujer» del primer anuncio de la redención futura, contrapuesta por Dios a la serpiente tentadora: «Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer y entre tu linaje y el suyo; éste te aplastará la cabeza, y tú le morderás a él el calcañal». Precisamente esta Niña es la «Virgen» que «concebirá y parirá un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que quiere decir "Dios con nosotros"». Precisamente esta Niña es la «Madre» que parirá en Belén «a aquel que señoreará en Israel».

La liturgia de hoy aplica a María recién nacida el pasaje de la Carta a los Romanos, en el que san Pablo describe el designio misericordioso de Dios en relación con los elegidos: María es predestinada por la Trinidad a una misión altísima; es llamada; es santificada; es glorificada (Rom 8,30).

Dios la ha predestinado a estar íntimamente asociada a la vida y a la obra de su Hijo unigénito. Por esto la ha santificado, de manera admirable y singular, desde el primer momento de su concepción, haciéndola «llena de gracia»; la ha hecho conforme con la imagen de su Hijo: una conformidad que, podemos decir, fue única, porque María fue la primera y la más perfecta discípulo del Hijo.

El designio de Dios en María culminó después en esa glorificación, que hizo a su cuerpo mortal conforme con el cuerpo glorioso de Jesús resucitado; la Asunción de María en cuerpo y alma al cielo representa como la última etapa de la trayectoria de esta criatura, en la que el Padre celestial ha manifestado, de manera exaltante, su divina complacencia.

Por tanto, toda la Iglesia no puede menos de alegrarse hoy al celebrar la Natividad de María Santísima, que -como afirma con acentos conmovedores san Juan Damasceno- es esa «puerta virginal y divina, por la cual y a través de la cual Dios, que está por encima de todas las cosas, hizo su entrada en la tierra corporalmente... Hoy brotó un vástago del tronco de Jesé, del que nacerá al mundo una flor sustancialmente unida a la divinidad. Hoy, en la tierra, de la naturaleza terrena, Aquel que en un tiempo separó el firmamento de las aguas y lo elevó a lo alto, ha creado un cielo, y este cielo es con mucho divinamente más espléndido que el primero».

Contemplar a María significa mirarnos en un modelo que Dios mismo nos ha dado para nuestra elevación y para nuestra santificación.

Y María hoy nos enseña, ante todo, a conservar intacta la fe en Dios, esa fe que se nos dio en el bautismo y que debe crecer y madurar continuamente en nosotros durante las diversas etapas de nuestra vida cristiana. Comentando las palabras de san Lucas (Lc 2,19), san Ambrosio se expresa así: «Reconozcamos en todo el pudor de la Virgen Santa, que, inmaculada en el cuerpo no menos que en las palabras, meditaba en su corazón los temas de la fe». También nosotros debemos meditar continuamente en nuestro corazón «los temas de la fe», es decir, debemos estar abiertos y disponibles a la Palabra de Dios, para conseguir que nuestra vida cotidiana -a nivel personal, familiar, profesional- esté siempre en perfecta sintonía y en armoniosa coherencia con el mensaje de Jesús, con la enseñanza de la Iglesia, con los ejemplos de los Santos.

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LO ANTIGUO HA PASADO,
LO NUEVO HA COMENZADO

San Andrés de Creta, Sermón 1

Cristo es el fin de la ley: él nos hace pasar de la esclavitud de esta ley a la libertad del espíritu. La ley tendía hacia él como a su complemento; y él, como supremo legislador, da cumplimiento a su misión, transformando en espíritu la letra de la ley. De este modo, hacía que todas las cosas lo tuviesen a él por cabeza. La gracia es la que da vida a la ley y, por esto, es superior a la misma, y de la unión de ambas resulta un conjunto armonioso, conjunto que no hemos de considerar como una mezcla, en la cual alguno de los dos elementos citados pierda sus características propias, sino como una transmutación divina, según la cual todo lo que había de esclavitud en la ley se cambia en suavidad y libertad, de modo que, como dice el Apóstol, no vivamos ya esclavizados por lo elemental del mundo, ni sujetos al yugo y a la esclavitud de la ley.

Éste es el compendio de todos los beneficios que Cristo nos ha hecho; ésta es la revelación del designio amoroso de Dios: su anonadamiento, su encarnación y la consiguiente divinización del hombre. Convenía, pues, que esta fulgurante y sorprendente venida de Dios a los hombres fuera precedida de algún hecho que nos preparara a recibir con gozo el gran don de la salvación. Y éste es el significado de la fiesta que hoy celebramos, ya que el nacimiento de la Madre de Dios es el exordio de todo este cúmulo de bienes, exordio que hallará su término y complemento en la unión del Verbo con la carne que le estaba destinada. El día de hoy nació la Virgen; es luego amamantada y se va desarrollando; y es preparada para ser la Madre de Dios, rey de todos los siglos.

Un doble beneficio nos aporta este hecho: nos conduce a la verdad y nos libera de una manera de vivir sujeta a la esclavitud de la letra de la ley. ¿De qué modo tiene lugar esto? Por el hecho de que la sombra se retira ante la llegada de la luz, y la gracia sustituye a la letra de la ley por la libertad del espíritu. Precisamente la solemnidad de hoy representa el tránsito de un régimen al otro, en cuanto que convierte en realidad lo que no era más que símbolo y figura, sustituyendo lo antiguo por lo nuevo.

Que toda la creación, pues, rebose de contento y contribuya a su modo a la alegría propia de este día. Cielo y tierra se aúnen en esta celebración, y que la festeje con gozo todo lo que hay en el mundo y por encima del mundo. Hoy, en efecto, ha sido construido el santuario creado del Creador de todas las cosas, y la creación, de un modo nuevo y más digno, queda dispuesta para hospedar en sí al supremo Hacedor.

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LO QUE ES MARÍA, PODEMOS SERLO NOSOTROS
por Leonhard Lehmann, OFMCap

Reflexionando sobre la maternidad virginal de María y analizando pasajes bíblicos, como Mt 12,50, los Padres de la Iglesia exponen una doctrina amplia y detallada sobre el nacimiento de Dios en el hombre. Leemos, por ejemplo, en san Juan Crisóstomo: «Nosotros somos el templo, Cristo es el que habita en él. Él es el primogénito, nosotros somos sus hermanos... Él es el novio, nosotros somos la novia». San Agustín y san Gregorio Magno expresaron pensamientos parecidos a los que hemos encontrado en Francisco de Asís. En ellos analizan si podemos permanecer abiertos como María a la acción de Dios Trino. Quien se abre al Espíritu de Dios, se vuelve capaz de engendrar a Jesús y de darlo a luz, como la Virgen María, no, ciertamente, tal y como ella lo dio a luz en Belén, sino mediante una vida ejemplar, con las buenas obras, a través de la predicación... Dice, por ejemplo, Inocencio III: «Por el amor, per affectum, engendramos a Cristo en el corazón, y lo damos a luz realmente, per effectum, mediante las obras».

Francisco tiene también esa visión mística de la acción de Dios Trino en el hombre. Por ello contempla a María, no aislada, sino vinculada con la santísima Trinidad y como nuestro modelo. Ella es la expresión y el más sublime ejemplo de la íntima unión que Dios establece con el hombre, corona de la creación. Incluso en su maternidad divina, María es para Francisco el modelo de lo que todo cristiano debe ser. Su entrega a Dios y su ligazón con Él son la expresión más profunda de la identificación con Dios que se realiza en todo cristiano. Por eso, Francisco aplica a todos los hombres y mujeres que hacen penitencia los mismos títulos honoríficos que le corresponden a María por ser la Madre de Dios.

«Tener a Jesús por hijo» es, sin duda, una hipérbole, que debe entenderse en sentido místico. Para Francisco, el pensamiento de dar a luz a Jesús y de tenerlo por hijo es una dicha inefable. Pero también es un estímulo para la acción, una tarea. El ser madres de Cristo es una posibilidad que tienen todos los fieles, pero supone unas condiciones: Somos madres de Cristo «cuando lo llevamos en nuestro corazón y en nuestro cuerpo, por el amor divino y por una conciencia pura y sincera; y lo damos a luz por medio de obras santas, que deben iluminar a los otros como ejemplo» (1CtaF 1,10).

Esta frase ilustra la visión y el sentido misionero de la devoción mariana de Francisco. En el fondo, propone la actitud de fe y de vida de María como un modelo para todos los fieles, recordando su sublime vocación a ser hijos/hijas, hermanos/hermanas y madres de Jesucristo. María ya ha llevado a término esta vocación; por eso la alaba Francisco. Y esta vocación ha sido encomendada también a las clarisas, a todos los fieles, a nosotros. Esa es la razón por la que Francisco exhorta a hacer penitencia y a perseverar en la penitencia hasta el final de la vida. María es nuestro modelo, y también es la posibilidad existente en cada uno de nosotros. En el fondo se trata de que, mediante la devoción mariana -sobre todo mediante la meditación-, descubramos y despertemos a «María en nosotros». Ella es esa parte o dimensión virginal existente en nosotros, la virgen en nosotros, el hondón del alma, como dirán más tarde los místicos. Ella es ese núcleo existente en la profundidad de nuestro ser y que es capaz de acoger y de dar a luz a Dios. Ella es nuestro yo más profundo.

Quien, contemplando de este modo a María, aprende a mirarse a sí mismo, percibe una imagen positiva de su propia persona, de sus posibilidades y aptitudes. ¡Con cuánta frecuencia nos consideramos inútiles y nos minusvaloramos, sin ver nada bueno en nosotros...! Pues bien, hemos de tener presente que Dios en persona nos ha hablado, llamado; en nosotros existe un núcleo bueno, capaz de acoger a Dios, capaz de hacer el bien...

Contemplando a María aprendemos, igualmente, a mirar como ella a los demás, a descubrir el fondo divino en ellos existente, su núcleo sano y bueno...; y aprendemos también a mirar como ella a Dios, que viene a nuestro encuentro, nos habla, nos elige: ¡Dios te salve, llena de gracia, bendita tú eres entre las mujeres! Mirando a María nos damos cuenta de que también a nosotros se nos dirige ese saludo, animándonos a seguir, como ella, nuestro propio camino, pues «Dios ha mirado la pequeñez de su esclava» (Lc 1,48).

[Cr. Selecciones de Franciscanismo, vol. XXII, n. 64 (1993) 99-101].

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