DIRECTORIO FRANCISCANO
Año Cristiano Franciscano

DÍA 24 DE DICIEMBRE

 

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DÍA DE LA NOCHEBUENA. «Hoy sabréis que viene el Señor, y mañana contemplaréis su gloria». Escuchemos, hermanos, la calenda o pregón de Navidad, que nos trae la buena noticia, la gran alegría para todo el mundo: «Transcurridos innumerables siglos desde la creación del mundo, cuando en el principio creó Dios el cielo y la tierra y formó al hombre a su imagen. Transcurridos veintiún siglos desde la emigración de Abrahán, nuestro padre en la fe, de la ciudad de Ur en la Caldea. Trece siglos después de la partida de Israel de la tierra de Egipto, bajo la guía de Moisés. Transcurridos alrededor de mil años desde que David fuera ungido como rey. En la semana sesenta y cinco de la profecía de Daniel. En la Olimpíada ciento noventa y cuatro. En el año 752 de la fundación de Roma. En el año 42 del imperio del César Octavio Augusto, estando todo el orbe en paz, Jesucristo, Dios eterno e Hijo del eterno Padre, queriendo consagrar al mundo con su venida, concebido del Espíritu Santo y transcurridos nueve meses desde su concepción, nace en Belén de Judá, hecho hombre, de la Virgen María. Es la Natividad de nuestro Señor Jesucristo según la carne».- Oración Apresúrate, Señor Jesús, y no tardes, para que tu venida consuele y fortalezca a los que esperan todo de tu amor. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

SAN JUAN DE KETY (o CANCIO). [Murió el 24 de diciembre y su memoria se celebra el 23 del mismo mes]. Juan Cancio, como él mismo se llamaba, nació en Kety, diócesis de Cracovia (Polonia), el año 1390. Se graduó en filosofía y teología, y se ordenó de sacerdote en 1416. Fue muchos años profesor de la Universidad de Cracovia; después regentó la parroquia de Olkusz. A la fe, que exponía con acierto desde la cátedra, en particular contra los husitas, unió grandes virtudes, sobre todo la piedad y la caridad para con el prójimo, llegando a ser modelo para sus colegas y discípulos. Párroco, misionero popular y, sobre todo, catedrático de teología y escritor (transcribió numerosos códices de tratados teológicos antiguos), vivió el desprendimiento evangélico al máximo, distribuyendo cuanto tenía y ganaba a los pobres. Fue asiduo visitador de cárceles y hospitales. Murió en Cracovia el 24 de diciembre de 1473.- Oración Dios todopoderoso, concédenos crecer en santidad a ejemplo de san Juan de Kety, tu presbítero, para que, ejerciendo el amor y la misericordia con el prójimo, obtengamos nosotros tu perdón. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

SANTA PAULA ISABEL CERIOLI. Nació en Soncino (Cremona, Italia) el año 1816, de familia noble y rica. Contrajo matrimonio con un hombre mayor, de su misma condición social. Tuvieron cuatro hijos; tres murieron casi al nacer; el cuarto, que murió a los 16 años, había dicho a su madre: «Mamá, no llores por mi próxima muerte, porque Dios te dará otros muchos hijos». Ella, meditando en la maternidad universal de la Virgen de los Dolores, comprendió que las palabras de su hijo se realizarían en una maternidad espiritual con respecto a los necesitados y los enfermos, especialmente los niños solos y abandonados. Poco después quedó viuda y heredera de un ingente patrimonio. Buscando el sentido de su vida, lo encontró en el servicio a los niños huérfanos y pobres, a los que fue acogiendo cada vez en mayor número. Para potenciar su obra fundó dos congregaciones: las Religiosas de la Sagrada Familia, en la que ella profesó, y los Hermanos de la Sagrada Familia, para el medio rural. Murió en Comonte (Bérgamo) el 24 de diciembre de 1865. Fue canonizada el año 2004 por Juan Pablo II.

SAN SARBELIO (JOSÉ) MAKHLUF. [Murió el 24 de diciembre y su memoria se celebra el 24 de julio]. Nació en una aldea del Líbano el año 1828. Desde muy joven manifestó su inclinación al retiro y la oración. El año 1851 ingresó en la Orden de los Maronitas Libaneses y cambió el nombre de José por el de Sarbelio. Recibió la ordenación sacerdotal en 1859. Pasó la mayor parte de su vida religiosa en el monasterio de Annaya (Líbano). Con permiso de los superiores, se retiró a una pequeña ermita situada en un desierto cercano al monasterio, donde llevó una vida de gran austeridad, ayunando y orando todo el tiempo. No obstante, seguía perteneciendo al monasterio, al que volvía en las grandes fiestas. La vida litúrgica la celebraba en la ermita con otro ermitaño. El 16 de diciembre de 1898, mientras celebraba la eucaristía y precisamente en el momento de la elevación, sufrió una crisis de apoplejía, y murió el día 24, víspera de la Navidad, de aquel mismo mes y año.- Oración Oh Dios, que llamaste a san Sarbelio, presbítero, al singular combate del desierto, y le enriqueciste de todo género de piedad, te rogamos que, habiendo imitado la pasión del Señor, merezcamos participar de su reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

BEATO JUAN CRISÓSTOMO DE GATA DE GORGOSBEATO JUAN CRISÓSTOMO DE GATA DE GORGOS. Nació en Gata de Gorgos, provincia de Alicante (España), en 1874. Profesó en los capuchinos en 1892. Fue ordenado sacerdote en 1899. Pasó unos pocos años en Ollería y el resto de su vida en Orihuela (Alicante). Era un hombre de Dios, muy querido de todos, atendía con asiduidad el confesonario, los superiores le encargaron la atención de la Adoración Nocturna y la propagación de la devoción a la Virgen bajo el título de "Virgen de las Tres Avemarías". Al disolverse su comunidad en julio de 1936 a causa de la persecución religiosa, se hospedó en casas particulares de Orihuela, llevando en su escondrijo una vida de recogimiento y oración. El 24 de diciembre de 1936 un pelotón de milicianos cercó la casa en que se encontraba y él se entregó; por la noche lo fusilaron en el camino vecinal que une la pedanía de Arneva con Hurchillo. Beatificado el 13-X-2013. [Más información]

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Santos antepasados de Jesús. La Iglesia conmemora hoy, víspera de la Natividad, a todos los santos antepasados de Nuestro Señor Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán, hijo de Adán, es decir, a todos los Padres que agradaron a Dios y que fueron hallados justos y murieron en la fe, sin haber recibido aún las promesas, pero viéndolas de lejos y saludándolas: de ellos nació según la carne Cristo, que está por encima de todas las cosas y es Dios bendito por todos los siglos.

San Delfín de Burdeos. Fue obispo de Burdeos (Francia) en los últimos años del siglo IV y murió antes del año 404. Bautizó a san Paulino de Nola ya adulto, y mantuvo luego una estrecha amistad con él; también tuvo relación con san Ambrosio, y se conservan algunos escritos de estos santos dirigidos a san Delfín. Se opuso con energía a la herejía priscilianista y participó en concilios que la condenaron. Evangelizó casi toda su diócesis.

Santa Irmina de Tréveris. Nació en Tréveris (Alemania) a mediados del siglo VII y murió en su ciudad natal alrededor del año 710. Fue una matrona consagrada a Dios, gran bienhechora del apóstol de Alemania san Wilibrordo. Gobernó como abadesa el monasterio de Ohren (Tréveris).

Santa Társila. Virgen romana, tía del papa san Gregorio Magno, el cual, en su Libro de los Diálogos, alaba su vida de oración, austeridad y penitencia. Ella, con sus hermanas, se consagró a Dios y llevó una vida ejemplar en su propia casa.

Beato Bartolomé María del Monte. Nació en Bolonia (Italia) el año 1726 en el seno de una familia acomodada. Venciendo las reticencias familiares, siguió su vocación eclesiástica, se ordenó de sacerdote en 1749 y se doctoró en teología el año 1751. Se dedicó al ministerio de la predicación y organizó misiones populares por toda Italia. Fundó la Obra Pía de las Misiones para la formación misionera del clero diocesano. Escribió obras de contenido religioso entre las que destaca: «Jesús en el corazón del sacerdote secular y regular. Consideraciones eclesiásticas para cada día del mes». Murió en Bolonia el año 1778.

PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

«En aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero. José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret en Galilea a la ciudad de David, que se llama Belén, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada» (Lc 2,1-7).

Pensamiento franciscano:

Decía san Francisco a los sacerdotes: -Oídme, hermanos míos: si la bienaventurada Virgen es tan honrada, como es digno, porque llevó al Señor en su santísimo seno; si el Bautista se estremeció y no se atrevía a tocar la cabeza santa de Dios; si el sepulcro, en el que yació por algún tiempo, es venerado, ¡cuán santo, justo y digno debe ser quien toca con sus manos, toma en su corazón y en su boca y da a los demás para que lo tomen, al que ya no ha de morir, sino que ha de vivir eternamente y ha sido glorificado! (CtaO 21-22).

Orar con la Iglesia:

Adoremos a Cristo, que se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, probado en todo como nosotros, menos en el pecado, y presentémosle nuestras súplicas:

-Para que abaje los montes del egoísmo y levante los valles del desánimo.

-Para que destruya los muros del odio y allane los caminos de la concordia.

-Para que visite con su gracia de consolación a todos los afligidos.

-Para que nos prepare a recibirle con corazón puro y generoso.

Oración: Señor Jesús, concédenos, con la intercesión de tu Madre, la gracia de conocer al Padre y de acogerte a ti, su enviado y Salvador nuestro, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

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ESTA NOCHE ES NOCHEBUENA
Benedicto XVI, Ángelus del 24 de diciembre de 2006

Queridos hermanos y hermanas:

La celebración de la santa Navidad ya es inminente. La vigilia de hoy nos prepara para vivir intensamente el misterio que esta noche la liturgia nos invitará a contemplar con los ojos de la fe. En el Niño divino recién nacido, acostado en el pesebre, se manifiesta nuestra salvación. En el Dios que se hace hombre por nosotros, todos nos sentimos amados y acogidos, descubrimos que somos valiosos y únicos a los ojos del Creador. El nacimiento de Cristo nos ayuda a tomar conciencia del valor de la vida humana, de la vida de todo ser humano, desde su primer instante hasta su ocaso natural. A quien abre el corazón a este «niño envuelto en pañales» y acostado «en un pesebre» (cf. Lc 2,12), él le brinda la posibilidad de mirar de un modo nuevo las realidades de cada día. Podrá gustar la fuerza de la fascinación interior del amor de Dios, que logra transformar en alegría incluso el dolor.

Preparémonos, queridos amigos, para encontrarnos con Jesús, el Emmanuel, Dios con nosotros. Al nacer en la pobreza de Belén, quiere hacerse compañero de viaje de cada uno. En este mundo, desde que él mismo quiso poner aquí su "tienda", nadie es extranjero. Es verdad, todos estamos de paso, pero es precisamente Jesús quien nos hace sentir como en casa en esta tierra santificada por su presencia. Pero nos pide que la convirtamos en una casa acogedora para todos. Este es precisamente el don sorprendente de la Navidad: Jesús ha venido por cada uno de nosotros y en él nos ha hecho hermanos. De ahí deriva el compromiso de superar cada vez más los recelos y los prejuicios, derribar las barreras y eliminar las contraposiciones que dividen o, peor aún, enfrentan a las personas y a los pueblos, para construir juntos un mundo de justicia y de paz.

Con estos sentimientos, queridos hermanos y hermanas, vivamos las últimas horas que nos separan de la Navidad, preparándonos espiritualmente para acoger al Niño Jesús. En el corazón de la noche vendrá por nosotros. Pero su deseo es también venir a nosotros, es decir, a habitar en el corazón de cada uno de nosotros. Para que esto sea posible, es indispensable que estemos disponibles y nos preparemos para recibirlo, dispuestos a dejarlo entrar en nuestro interior, en nuestras familias, en nuestras ciudades. Que su nacimiento no nos encuentre ocupados en festejar la Navidad, olvidando que el protagonista de la fiesta es precisamente él. Que María nos ayude a mantener el recogimiento interior indispensable para gustar la alegría profunda que trae el nacimiento del Redentor. A ella nos dirigimos ahora con nuestra oración, pensando de modo especial en los que van a pasar la Navidad en la tristeza y la soledad, en la enfermedad y el sufrimiento. Que la Virgen dé a todos fortaleza y consuelo.

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EL DUEÑO DE TODO VINO EN FORMA DE SIERVO
Teodoto de Ancira, Sermón en la Natividad del Salvador

El Dueño de todo vino en forma de siervo, revestido de pobreza, para no ahuyentar la presa. Habiendo elegido para nacer la inseguridad de un campo indefenso, nace de una pobrecilla virgen, inmerso en la pobreza, para, en silencio, dar caza al hombre y así salvarlo. Pues de haber nacido en medio del boato, y si se hubiera rodeado de riqueza, los infieles habrían dicho, y con razón, que había sido la abundancia de riqueza la que había operado la transformación de la redondez de la tierra. Y si hubiera elegido Roma, entonces la ciudad más poderosa, hubieran pensado que era el poderío de sus ciudadanos el que había cambiado el mundo.

De haber sido el hijo del emperador, su obra benéfica se habría inscrito en el haber de las influencias. Si hubiera nacido hijo de un legislador, su reforma social se habría atribuido al ordenamiento jurídico. Y ¿qué es lo que hizo? Escogió todo lo vil y pobre, todo lo mediocre e ignorado por la gran masa, a fin de dar a conocer que la divinidad era la única transformadora de la tierra. He aquí por qué eligió una madre pobre, una patria todavía más pobre, y él mismo falto de recursos.

Aprende la lección del pesebre. No habiendo lecho en que acostar al Señor, se le coloca en un pesebre, y la indigencia de lo más imprescindible se convierte en privilegiado anuncio de la profecía. Fue colocado en un pesebre para indicar que iba a convertirse en manjar incluso de los irracionales. En efecto, viviendo en la pobreza y yaciendo en un pesebre, la Palabra e Hijo de Dios atrae a sí tanto a los ricos como a los pobres, a los elocuentes como a los de premiosa palabra.

Fíjate cómo la ausencia de bienes dio cumplimiento a la profecía, y cómo la pobreza ha hecho accesible a todos a aquel que por nosotros se hizo pobre. Nadie tuvo reparo en acudir por temor a las soberbias riquezas de Cristo; nadie sintió bloqueado el acceso por la magnificencia del poder: se mostró cercano y pobre, ofreciéndose a sí mismo por la salvación de todos.

Mediante la corporeidad asumida, el Verbo de Dios se hace presente en el pesebre, para hacer posible que todos, racionales e irracionales, participen del manjar de salvación. Y pienso que esto es lo que ya antes había pregonado el profeta, desvelándonos el misterio de este pesebre: Conoce el buey a su amo, y el asno, el pesebre de su dueño; Israel no me conoce, mi pueblo no recapacita. El que es rico, por nosotros se hizo pobre, haciendo fácilmente perceptible a todos la salvación con la fuerza de la divinidad. Refiriéndose a esto decía asimismo el gran Pablo: Siendo rico, por nosotros se hizo pobre, para que nosotros, con su pobreza, nos hagamos ricos.

Pero, ¿quién era el que enriquecía?, ¿de qué enriquecía?, y, ¿cómo se hizo él pobre por nosotros? Dime, por favor: ¿quién, siendo rico, se ha hecho pobre con mi pobreza? ¿Quizá el que apareció hecho hombre? Pero éste nunca fue rico, sino que nació pobre de padres pobres. ¿Quién, pues, era rico y con qué nos enriquecía el que por nosotros se hizo pobre? Dios -dice- enriquece a la criatura. Es, pues, Dios quien se hizo pobre, haciendo suya la pobreza del que se hacía visible; él es efectivamente rico en su divinidad, y por nosotros se hizo pobre.

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NAVIDAD, MISA DE MEDIA NOCHE DEL 2009
Homilía de Fr. José Rodríguez Carballo, Min. Gen. OFM.

Queridos hermanos y amigos: En esta noche santa de la Navidad, llegue a todos la Paz y el Bien que nos trae el Salvador.

«No temáis… Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador» (Lc 2,10-11). Es Navidad, ya no hay nada que temer: «El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que habitaban una tierra de sombras, brilló una gran luz» (Is 9,2). El Altísimo se abaja hasta hacerse uno de nosotros: «Nos ha nacido un Niño, un hijo se nos ha dado» (Is 9,6). El Omnipotente y Todopoderoso asume la condición humana y su nombre es: «Emmanuel, Dios-con-nosotros» (Mt 1,23). El pecado ya no tiene la última palabra: «En medio de ti está el Señor, como poderoso Salvador» (Sof 3,17).

«Os anuncio una gran alegría que será para todo el pueblo» (Lc 2,10). Es Navidad. ¡Exultemos! ¡Alegrémonos! y ¡Regocijémonos! (cf. Sof 3,14ss). «Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito: estad alegres» (Flp 4,4). Hay motivo sobrado para ello. A pesar de nuestros cansancios, de nuestras fragilidades, hemos de mantener la esperanza. Aquel a quien los profetas anunciaban que vendría y a quien Pablo contemplaba cercano, ha llegado: «Se cumplieron para ella los días del parto, y dio a luz a su hijo primogénito» (Lc 2,6-7). Él es la buena noticia de Dios a la humanidad. Ya no estamos solos. Dios, que había hablado muchas veces y de muchos modos a nuestros padres por medio de los profetas, en este día nos habla por medio de su Hijo (cf. Hb 1,1). «Al cumplirse la plenitud de los tiempos Dios envió a su Hijo, nacido de mujer» (Gal 4,4). «Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14).

Sí, mis queridos hermanos: Es Navidad, y nuestra alma proclama la grandeza del Señor, y nuestro corazón, lleno de gozo y de alegría, glorifica al Señor. Es Navidad, y la noche se vuelve clara como el día. Es Navidad, nos ha nacido un niño, ha llegado nuestro Salvador, se ha manifestado la bondad de Dios y su amor por la humanidad. Jamás la humanidad hubiera soñado cosa igual. Cuando se esperaba un juez lleno de poder y de majestad, nos llega un Niño. Cuando se esperaban días de cólera y de castigo, llega la salvación, manifestación del amor de Dios sin límites.

Es Navidad: es hora de ponernos en camino; como los pastores ¡vayamos a Belén! No se detenga nuestro caminar. Allí nos esperan María, José y el Niño (cf. Lc 2,15-16). Contemplemos, como hizo Francisco en Greccio, «lo que sufrió con su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno, entre el buey y el asno" (1 Cel 84). Sí, al «Niño de Belén», como amaba llamarlo san Francisco; no lo encontraremos en un palacio, sino en un establo. No lo contemplarán nuestros ojos envuelto en telas preciosas, sino en pobres pañales. Allí todo habla de pobreza, de humildad, de kénosis. Esa es la realidad profunda del misterio de la Encarnación del Hijo de Dios: siendo rico se hace pobre, siendo el primero se hace el último, siendo el Señor se hace el siervo (cf. 2 Cor 8,9). Finalmente Dios abraza nuestra condición, hace suya la suerte de los últimos, no busca la grandeza humana, busca simplemente la solidaridad total con el hombre. Dios se hace hombre con todas las consecuencias. Es precisamente así como él se ha convertido en nuestro Salvador y Redentor.

Navidad: misterio de amor, de un amor loco y apasionado de un Dios que, precisamente porque es Amor, está profundamente enamorado del hombre. Un amor gratuito y sin límites, que le lleva a salvarnos, no en virtud de nuestros méritos, sino en virtud de su misericordia hacia la creatura de sus manos. ¡Jamás la humanidad hubiera soñado cosa igual!

Por eso la Navidad es la fiesta de los pobres. De los pobres como María, la primera en acoger al Salvador en su corazón de mujer creyente, para acogerlo luego en sus entrañas virginales. «Aquí está la sierva del Señor, hágase en mí, según tu palabra» (Lc 1,38). De los pobres como los pastores, oficialmente pecadores, los primeros en postrarse y adorar al Niño Dios, reconociéndolo como su Salvador. Pobres como los magos que ponen su inteligencia al servicio de la búsqueda del "recién nacido". Pobres como Francisco de Asís, que es tan pobre, tan pobre que sólo tiene a Dios.

Sólo quien se abandona totalmente al proyecto divino, como María; sólo quien es consciente de su pobreza y de su pecado, y por tanto es consciente de la necesidad de ser salvado, como los pastores; sólo quien, como los magos, gastan su vida en la búsqueda del Señor; sólo los pobres de corazón, los anawin, pueden entender el misterio de la Navidad, y sólo ellos pueden acoger en su corazón al recién nacido. Aquellos, en cambio, que no sienten necesidad de un Salvador, como Herodes, los sumos sacerdotes y escribas, o como el fariseo de la parábola, esos no pueden entender que Dios se haga hombre por amor totalmente gratuito, y menos todavía acoger su salvación, fruto exclusivamente de su misericordia. ¡Vamos a Belén! y de allí partamos para llevar a todos el don de la Buena Noticia, comunicando a todos lo que nuestros ojos contemplan y nuestro corazón siente.

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