DIRECTORIO FRANCISCANO
Año Cristiano Franciscano

DÍA 17 DE SEPTIEMBRE

 

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IMPRESIÓN DE LAS LLAGAS DE SAN FRANCISCO. Desde su conversión a Dios, san Francisco profesó una grandísima devoción a los misterios de la pasión del Señor, y no cesó de meditar y de predicar, con su vida y su palabra, a Cristo crucificado. En septiembre de 1224, dos años antes de su muerte, se retiró al monte Alverna para consagrarse totalmente a la oración y la penitencia, y un día, mientras estaba sumido en contemplación, el Señor Jesús imprimió en su cuerpo -manos, pies y costado- los estigmas de su pasión. Le sangraban, le causaban grandes sufrimientos y le dificultaban su vida y actividades, pero no cesó de viajar y predicar mientras sus fuerzas se lo permitieron. En vida del Santo, sus compañeros más cercanos pudieron ver las llagas de manos y pies, y a partir de su muerte todos pudieron contemplar también la llaga del costado. Benedicto XI concedió a la Orden franciscana celebrar cada año la memoria de este hecho, probado por testimonios fidedignos.- Oración: Dios de amor y de misericordia, que marcaste con las señales de la pasión de tu Hijo al bienaventurado padre Francisco para encender en nuestros corazones el fuego de tu amor, concédenos, por su intercesión, configurarnos a la muerte de Cristo para vivir eternamente con él. Que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

SAN ROBERTO BELARMINO, obispo y doctor de la Iglesia. Nació el año 1542 en Montepulciano (Toscana, Italia), de familia noble. Ingresó en la Compañía de Jesús en 1560, estudió en el Colegio Romano y luego en Padua y Lovaina, donde también fue profesor. Recibió la ordenación sacerdotal en Gante el año 1570. Vuelto al Colegio Romano, enseñó teología, mantuvo brillantes disputas en defensa de la fe católica y publicó obras importantes. Fue provincial de los jesuitas, teólogo del Papa y colaborador de varias Congregaciones romanas. Estuvo relacionado con los grandes personajes y santos de su tiempo, y entre sus amigos y dirigidos espirituales están Luis Gonzaga y Juan Berchmans. Elegido cardenal y nombrado obispo de Capua, permaneció tres años en su diócesis como solícito pastor, hasta que regresó a sus tareas en Roma, donde murió el 17 de septiembre de 1621, día de las llagas de San Francisco, cuya memoria había conseguido que se celebrara en toda la Iglesia.- Oración: Señor, tú que dotaste a san Roberto Belarmino de santidad y sabiduría admirable para defender la fe de tu Iglesia, concede a tu pueblo, por su intercesión, la gracia de vivir con la alegría de profesar plenamente la fe verdadera. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

SAN FRANCISCO MARÍA DE CAMPOROSSO. [Murió el 17 de septiembre y la Familia Franciscana celebra su memoria el 19 del mismo mes]. Nació el año 1804 en Camporosso, pequeña aldea de la Liguria italiana. Desde niño fue muy piadoso y de joven cuidó el rebaño paterno. Estuvo luego de terciario y donado entre los conventuales, hasta que ingresó en los capuchinos, en los que hizo la profesión religiosa como hermano laico en 1826. Lo enviaron al convento de la Concepción de Génova como cocinero y enfermero, y luego, durante más de treinta años, recorrió como limosnero la ciudad y sus alrededores, edificando y haciendo bien a las gentes que, contra su voluntad, lo llamaban «el padre santo». Admiró a todos por sus virtudes evangélicas, era sorprendente la sabiduría espiritual con que hablaba, frecuentaba a los obreros del puerto franco que tanto lo apreciaban. Durante la epidemia del cólera que azotó Génova, ofreció generosamente su vida por los demás, y atendiendo y consolando a los apestados resultó él mismo afectado por el mal, que lo llevó a la muerte el 17 de septiembre de 1866. Lo canonizó Juan XXIII en 1962.- Oración Dios de bondad, que en tu humilde siervo Francisco María nos has dado un ejemplo de amor a los pobres; por su intercesión y ayuda, haz que también nosotros nos dediquemos al servicio del prójimo con generosidad y humildad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

SAN SEGISMUNDO FÉLIX FELINSKI. Nació el año 1822 en Wojutyn, entonces Polonia y hoy Ucrania, de familia noble. De sus padres aprendió el amor a Dios, el sacrificio por la patria y el respeto por el hombre. Estudió en Moscú y París. En 1851 ingresó en el seminario de Zytomierz y se ordenado de sacerdote en 1855. Fundó en San Petersburgo el «Refugio para los pobres» y más tarde la Congregación de las Franciscanas de la Familia de María para prestar ayuda a los más humildes. Pío IX lo nombró arzobispo de Varsovia en 1862. Realizó una amplia renovación religiosa y moral de la nación y trató de suprimir la injerencia gubernamental en los asuntos internos de la Iglesia. Por sus enérgicas intervenciones en contra de la actuación de las autoridades rusas zaristas, fue deportado en 1863 a Jaroslavl, en el centro de Rusia, donde pasó veinte años. Allí se interesó por los católicos y por los sacerdotes deportados a Siberia. Liberado en 1883, tuvo que pasar el resto de su vida Dzwiniczka (diócesis de Lvov), bajo el dominio austríaco. Murió el 17 de septiembre de 1895 en Cracovia (Polonia). Fue canonizado el año 2009.

BEATO ESTANISLAO DE JESÚS Y MARÍA PAPCZYNSKI. Nació en Podegrodzie (Polonia) el año 1631. En su juventud vivió en circunstancias políticas complejas y arriesgadas. A la edad de 23 años ingresó en la Orden de las Escuelas Pías (Escolapios), superando la oposición de su familia; se ordenó de sacerdote en 1661. Sobresalió como profesor de retórica y también como predicador y confesor. Por los problemas surgidos en el interior de su Orden, salió de la misma en 1670. Luego emprendió la fundación de una nueva Orden, la de los Clérigos Marianos de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, privilegio mariano al que profesaba una gran devoción. A fin de asegurar un desarrollo estable para la nueva comunidad, solicitó en 1691 y luego obtuvo el consentimiento de los franciscanos observantes para poner bajo su cuidado la congregación de los Marianos. Tuvo muchas experiencias místicas vinculadas con el purgatorio. Murió el 17 de septiembre de 1701 en Gora Kalwaria, y fue beatificado el año 2007.

BEATO TIMOTEO VALERO PÉREZ. Nació el año 1901 en Terriente (Teruel, España). De niño ingresó en el centro que los Terciarios Capuchinos tenían en Teruel para niños pobres y huérfanos. En su juventud vistió su hábito y en 1928 el fundador, Mons. Luis Amigó, lo ordenó de sacerdote. Desarrolló su ministerio en las casas de su Congregación en Madrid, sobre todo en la Escuela de Reforma de Santa Rita, donde dejó una huella imborrable en su servicio de catequesis y de sacramentalización a los jóvenes extraviados. Desatada la persecución religiosa, en julio de 1936 se refugió en casa de un hermano suyo, pero denunciado por una antigua empleada de Santa Rita, lo detuvieron los milicianos y, sin haber intervenido en política y sin juicio alguno, fue ejecutado y sepultado en el cementerio de Vicálvaro (Madrid) el 17 de septiembre de 1936. Era un joven sacerdote, excelente músico, de carácter alegre y jovial. Es uno de los mártires amigonianos beatificados por Juan Pablo II en 2001.

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Santa Columba (o Colomba) de Córdoba. Vivía en Córdoba (España) durante la dominación árabe. Desde muy joven quiso entrar en el monasterio de Tábanos, que habían fundado su hermana y su cuñado san Jeremías, pero se oponía su madre; al fallecer ésta, pudo realizar su deseo. Siguiendo el ejemplo de los mártires, se fue espontáneamente al palacio del cadí, ante quien hizo su profesión de fe cristiana, confesión que repitió ante el consejo del juzgado. La invitaron a retirar sus palabras y le ofrecieron recompensas si se hacía musulmana. Ella se mantuvo firme en su fe y la degollaron a las puertas del palacio. Era el 17 de septiembre del 853.

Santa Hildegarda de Bingen. Nació en Bermesheim (Alemania) el año 1098. En su juventud abrazó la vida consagrada en el monasterio benedictino de su ciudad, del que luego fue elegida abadesa. Hacia el año 1150 trasladó el monasterio a Ruperstberg, cerca de Bingen. Tenía una buena formación bíblica y litúrgica, en ciencias naturales y música. Su personalidad intelectual era de largos alcances y su espiritualidad fuerte. Acudían a pedirle consejo incluso grandes personalidades de su tiempo: Federico Barbarroja, Enrique II de Inglaterra, Felipe de Alsacia, san Bernardo de Claraval, el papa Eugenio III. Tuvo revelaciones y experiencias místicas que luego trascribió. Viajó para visitar monasterios y predicar aun en las plazas. Murió en el monasterio de Ruperstberg el 17-IX-1179. Proclamada doctora de la Iglesia el 7-X-2012.

San Lamberto de Maastricht. Nació de familia noble en Maastricht (Holanda) hacia el año 633, se educó con san Teodardo y, con la debida preparación, se ordenó de sacerdote. A la muerte de san Teodardo en el 670, le sucedió en la sede episcopal de Tongres-Maastricht. Después de cinco años de cumplir como buen pastor, fue desterrado por Ebroino. Se estableció como simple monje en el monasterio de Stavelot-Malmédy (Bélgica), y pudo regresar a su sede siete años después, cuando murió Ebroino. Se consagró al cuidado pastoral de sus fieles y también a la evangelización de los paganos. Murió de muerte violenta en Lieja (Bélgica) el 17 de septiembre del 705, y enseguida se le tuvo por mártir.

San Manuel Nguyen Van Trieu. Nació en To-Dhuc (Vietnam) el año 1756. Su padre era mandarín y jefe de la guardia real y su madre era cristiana. Él siguió la carrera de su padre hasta la muerte del mismo. Luego marchó al Tonkín oriental, donde lo acogieron los dominicos. Se ordenó de sacerdote y ejerció un largo y fructífero apostolado. En agosto de 1798 se desencadenó la persecución contra los cristianos. Manuel fue encarcelado y maltratado, y el 17 de septiembre de 1798 lo decapitaron en Hué (Vietnam), bajo el régimen de Canh Thinh.

San Pedro de Arbués. Nació en Épila, provincia de Zaragoza en España, el año 1440, en el seno de una familia noble. Estudió en Bolonia y se doctoró en derecho en 1474. De vuelta en España y siendo ya sacerdote, ingresó en el cabildo de la Seo de Zaragoza, y cuando éste se convirtió en monasterio de Canónigos Regulares de San Agustín, Pedro profesó entre los mismos. En 1483 se estableció es España la Inquisición, y Pedro fue nombrado Inquisidor general de Aragón, oficio que desempeñó con celo y justicia. Se atrajo la enemistad de algunos judíos conversos. Los sicarios enviados por éstos lo hirieron de muerte en la catedral de Zaragoza y murió dos días después, el 17 de septiembre de 1485.

San Reginaldo. Nació en Picardía (Francia) en el siglo XI. Entró aún joven en el convento de los Canónigos Regulares de Soissons. Con el propósito de vivir mejor los preceptos del Señor, abrazó la vida eremítica en la selva de Craon. Murió en Mélinais, territorio de Angers (Francia), el 17 de septiembre de 1104.

San Rodingo. Fundó y gobernó santamente el monasterio de Beaulieu en el bosque de Argonne, cerca de Lyon (Francia). Su vida se sitúa en el siglo VIII.

San Sátiro. Nació en Tréveris (Alemania) el año 334. Era el hermano mayor de san Ambrosio y de santa Marcelina, miembro de una familia rica y aristocrática. Se educó en Roma y siguió la carrera de las leyes y la política en la que ocupó cargos relevantes. En el 374 dejó sus cargos y marchó a Milán para ayudar a su hermano Ambrosio, recién elegido obispo, en los asuntos temporales de la diócesis. A raíz de un naufragio, en el que casi perdió la vida, pidió el bautismo. Fue siempre una persona honesta y responsable y vivió con entereza su fe cristiana. Murió en Milán el año 378 ó 379 y san Ambrosio pronunció en su entierro una sentida homilía.

Beato Álvaro Santos Cejudo. Nació en Daimiel (Ciudad Real, España) en 1880. Fue Hermano de las Escuelas Cristianas durante ocho años, y tuvo que abandonar la Congregación por problemas familiares. Años después contrajo matrimonio y tuvo siete hijos. Trabajaba en la RENFE (Red Nacional de Ferrocarriles), dando siempre testimonio de su fe cristiana. Después de estallar la guerra civil, un compañero de trabajo quiso matarlo porque iba todos los días a misa y tenía dos hijas religiosas, pero se lo impidieron otros ferroviarias. Lo arrestaron y lo llevaron a la cárcel de Santa Cruz de Mudela, y el 17 de septiembre de 1936 lo fusilaron en el cementerio de Alcázar de San Juan (Ciudad Real). Fue beatificado el 2007.

Beato Juan Ventura Solsona. Nació en Villahermosa del Río, provincia de Castellón (España), en 1875, en una familia numerosa y pobre. Estudió en el seminario de Valencia y se adhirió a la Hermandad Sacerdotal de Operarios Diocesanos. Ordenado de sacerdote en 1901, lo enviaron al seminario de Cuernavaca en México. Después estuvo en el Colegio Español de Roma y en varios seminarios de España. Por falta de salud se pasó en 1926 a la diócesis de Valencia. Le confiaron la parroquia de Ntra. Sra. de los Ángeles, del Cabañal-Valencia, y destacó por su ayuda a las familias pobres. Luego se retiró a su pueblo y estuvo con su madre hasta que, el 17 de septiembre de 1936, los milicianos lo detuvieron y lo fusilaron en el término de Castillo de Villamalefa (Castellón).

Beato Querubín Testa. Nació en Avigliana (Piamonte, Italia) el año 1451 en el seno de una familia noble. Ingresó de joven en la Orden de Ermitaños de San Agustín y se ordenó de sacerdote. Se distinguió por su espíritu de mortificación y penitencia y por su gran devoción a la Pasión de Cristo, en cuya contemplación espiritual pasaba muchas horas. A los nueve meses de su ordenación sacerdotal, murió en el convento de su pueblo el 17 de septiembre de 1479.

Beato Segismundo Sajna. Nació en Polonia el año 1897 en una familia de terratenientes. A los 21 años ingresó en el seminario de Varsovia y recibió la ordenación sacerdotal en 1924. A continuación lo enviaron a Roma para estudiar derecho canónico, y apenas licenciado tuvo que regresar a su patria porque había enfermado de pulmón. Recuperada la salud, ejerció su ministerio en varios destinos. Siempre mostró un gran celo apostólico y una gran caridad con los pobres. Llegada la guerra y la persecución, lo arrestaron en enero de 1940 y, después de pasar por varias cárceles, por no haber querido renunciar a su fe lo fusilaron el 17 de septiembre de 1940 en los bosques de Palmiry, cerca de Varsovia.

Véanse más abajo los textos de la Misa y Oficio de la fiesta de la Impresión de las Llagas de San Francisco.

PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

De la carta de san Pablo a los Gálatas: «Estoy crucificado con Cristo; vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí. Y mi vida de ahora en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí» (Gál 2,19-20).

Pensamiento franciscano:

Alabanzas del Dios altísimo que compuso san Francisco después de su estigmatización: «Tú eres santo, Señor Dios único, que haces maravillas. Tú eres fuerte, grande, altísimo, rey omnipotente, tú, Padre santo, rey del cielo y de la tierra. Tú eres trino y uno, Señor Dios de dioses, tú eres el bien, todo el bien, el sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero. Tú eres amor, caridad; tú eres sabiduría, humildad, paciencia, belleza, mansedumbre, seguridad, quietud, gozo, tú eres nuestra esperanza y alegría, tú eres justicia, templanza, tú eres toda nuestra riqueza a satisfacción» (AlD 1-4).

Orar con la Iglesia:

A Jesucristo, levantado sobre la cruz y traspasado por la lanza de un soldado, confiando en la intercesión del bienaventurado Francisco, alzamos nuestros ojos contritos y suplicantes.

-Tú que fuiste levantado sobre la tierra, atrae hacia ti los corazones de todos nosotros, pecadores.

-Tú que fuiste clavado en la cruz, da a todos los oprimidos la libertad verdadera.

-Tú que entregaste tu vida por todos, concédenos el don de tu Espíritu Santo.

-Tú que fuiste traspasado por la lanza, alumbra en nuestros corazones la fuente de agua viva que salta hasta la vida eterna.

Oración: Señor Jesús, escucha las súplicas que tu humilde siervo Francisco te presenta por cuantos, como él, queremos sinceramente tomar tu cruz cada día y seguirte. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

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LA ESTIGMATIZACIÓN DE SAN FRANCISCO
Homilía de S. S. el beato Juan Pablo II
en el monte Alverna el día 17 de septiembre de 1993

Por aquí pasó el Poverello de Asís. Aquí reveló el gran amor que ardía en su corazón. Ese amor lo hizo semejante al Amado, al Crucificado: «Llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús» (Gál 6,17). Las palabras de Pablo se cumplieron en él admirablemente.

Los estigmas, las cicatrices de la pasión de Cristo en el cuerpo de Francisco, eran el signo singular mediante el cual se revelaba la cruz que cada día cargaba sobre sí, en el sentido más literal del término. ¿No dijo Jesús: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame... Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará»? (Lc 9,23-24).

Francisco abrazó toda la verdad de esta paradoja. El Evangelio fue para él su pan de cada día. No se limitaba a leer sus Palabras, sino que a través de las expresiones del texto revelado trataba de descubrir a Aquel que es el Evangelio mismo. En Cristo, en efecto, se revela hasta el fondo la economía divina: «perder» y «ganar» en sentido definitivo y absoluto. Con su existencia Francisco anunció y sigue anunciando también hoy la palabra salvadora del Evangelio.

Los estigmas que Francisco recibió en este lugar, La Verna, constituyen un signo particular. Son el testimonio íntimo de la verdad del Poverello. De manera auténtica y profunda «se gloriaba de la cruz de Cristo», y de nada más: solamente «de la cruz de nuestro Señor Jesucristo». Se trata de un signo de semejanza en virtud del amor. Lo dice el apóstol Pablo y lo repite Francisco de Asís: por medio de la cruz de Cristo y gracias a la fuerza del amor «el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo» (Gál 6,14). El mundo no quiere ser crucificado: escapa de la cruz. El hombre aborrece ser «crucificado para el mundo». Así era en tiempos de Francisco y así es también hoy. La lucha entre el mundo y la cruz existe desde siempre, ¡es lucha con la cruz de la salvación!

Podría parecer, por tanto, que Francisco se ha convertido prácticamente en un testigo poco actual o inútil. Quien dice a Cristo: «Tú eres mi bien. Los dioses y señores de la tierra no me satisfacen» (Sal 16,2), parece ir contra la mentalidad contemporánea. En efecto, el hombre con frecuencia no reconoce al Señor; quiere ser él el señor de sí mismo y del mundo. Por esta razón, el mensaje de Francisco es signo de contradicción. Un mensaje de este tipo debería ser rechazado y, en cambio, cada vez se lo busca más.

Se trata de un mensaje que constituye un llamamiento apremiante a volver a Cristo, a redescubrir en su cruz «el camino y la antorcha de la verdad» (San Buenaventura): la verdad que nos hace libres, porque nos hace discípulos del Maestro divino.

El itinerario espiritual de san Francisco se distinguió por este seguimiento fiel del Hombre-Dios, cuya renuncia y despojo total se esforzó por imitar sin reservas. Esto hizo de él, como dice san Buenaventura, «este pobre muy cristiano» por excelencia (cf. LM 8,5). Este itinerario-seguimiento alcanzó su culmen en La Verna con la impresión de los estigmas. Aquel momento, a pesar del desgarramiento de la carne, fue su grito de victoria, análogo al de san Pablo: «Llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús» (Gál 6,17).

La estigmatización de La Verna representa así la conformación visible con la imagen de Cristo que hace de Francisco el ejemplo en el que todo cristiano puede inspirarse en su camino de acercamiento progresivo a Dios creador y redentor. Al respecto son significativas las palabras pronunciadas por el Poverello al concluir su vida: «He cumplido mi misión; que Cristo os enseñe la vuestra» (LM 14,3).

Estas palabras no representan un complaciente repliegue sobre sí mismo, sino la humilde acción de gracias por cuanto el Señor había realizado en él. Su sentido es el siguiente: que Cristo os enseñe, como hizo conmigo, a ser sus discípulos. En especial, son dos las enseñanzas del Maestro divino que Francisco siguió con total fidelidad: obedecer al Papa, vicario de Cristo en la tierra, y venerar e imitar a su santísima Madre María.

La legitimación de su actuación en la Iglesia, también con la fundación de una nueva orden religiosa, depende completamente de las palabras del primer capítulo de la regla: «El hermano Francisco promete obediencia y reverencia al Señor Papa». En esta, perspectiva, poco antes de morir, recomendaba a sus discípulos «la fidelidad a la santa Iglesia romana» (LM 14,5).

San Francisco, además, «mostraba un amor inefable a la Madre del Señor Jesús», por haber hecho «al Señor de la majestad hermano nuestro», y «en ella principalmente, después de Cristo, depositaba su confianza» (LM 9,3). Imitó a María en su silencio meditativo, sobre todo después de haber sido honrado por Cristo, en este monte, con los signos de su pasión, para mostrar que cuanto mayores son los privilegios concedidos por Dios, tanto más tiene que humillarse quien los ha recibido. «El hombre evangélico Francisco», refiere san Buenaventura, «bajó del monte llevando consigo la efigie del Crucificado... dibujada en su carne por el dedo del Dios vivo»; y «consciente del secreto regio, ocultaba cuanto podía aquellos signos sagrados» (LM 13,5).

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POR LAS LLAGAS SE CONVIRTIÓ FRANCISCO
EN IMAGEN DEL CRUCIFICADO

San Buenaventura, "Leyenda menor" 6,1-4

Francisco, fiel siervo y ministro de Cristo, dos años antes de entregar su espíritu a Dios, habiendo iniciado en un lugar elevado y solitario, llamado monte Alverna, la cuaresma de ayuno en honor del arcángel san Miguel -inundado más abundantemente que de ordinario por la dulzura de la suprema contemplación y abrasado en una llama más ardiente de deseos celestiales-, comenzó a experimentar un mayor cúmulo de dones y gracias divinas.

Elevándose, pues, a Dios a impulsos del ardor seráfico de sus deseos y transformado, por el afecto de su tierna compasión, en aquel que, en aras de su extremada caridad, aceptó ser crucificado, una mañana próxima a la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, mientras oraba en uno de los flancos del monte, vio bajar de lo más alto del cielo así como la figura de un serafín, que tenía seis alas tan ígneas como resplandecientes. En vuelo rapidísimo avanzó hacia el lugar donde se hallaba el varón de Dios, deteniéndose en el aire. Y apareció no sólo alado, sino también crucificado: tenía las manos y los pies extendidos y clavados a la cruz, y las alas dispuestas, de una parte a otra, en forma tan maravillosa, que dos de ellas se alzaban sobre su cabeza, las otras dos estaban extendidas para volar, y las dos restantes rodeaban y cubrían todo el cuerpo.

Ante tal visión quedó lleno de estupor y experimentó en su corazón un gozo mezclado de dolor. En efecto, el aspecto gracioso de Cristo, que se le presentaba de forma tan misteriosa como familiar, le producía una intensa alegría, al par que la contemplación de la terrible crucifixión atravesaba su alma con la espada de un dolor compasivo.

Al desaparecer la visión después de un arcano y familiar coloquio, quedó su alma interiormente inflamada en ardores seráficos y exteriormente se le grabó en su carne la efigie conforme al Crucificado, como si a la previa virtud licuefactiva del fuego le hubiera seguido una cierta grabación configurativa.

Al instante comenzaron a aparecer en sus manos y pies las señales de los clavos, viéndose las cabezas de los mismos en la parte interior de las manos y en la superior de los pies, mientras que sus puntas se hallaban al lado contrario.

Asimismo, el costado derecho -como si hubiera sido traspasado por una lanza- llevaba una roja cicatriz, que derramaba con frecuencia sangre sagrada.

Y, luego que este hombre nuevo Francisco fue marcado con este nuevo y portentoso milagro -singular privilegio no concedido en los siglos pretéritos-, descendió del monte el angélico varón llevando consigo la efigie del Crucificado, no esculpida por mano de algún artífice en tablas de piedra o de madera, sino impresa por el dedo de Dios vivo en los miembros de su carne.

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FIESTA DE LOS ESTIGMAS DE SAN FRANCISCO
De la homilía de Fr. José Rodríguez Carballo, Min. Gen. OFM,
en el monte Alverna el 17 de septiembre de 2010

Hace unos días celebramos la fiesta de la exaltación de la santa Cruz. Hoy, en todo el mundo franciscano y particularmente en esta santa montaña del Alverna, santificada por la presencia del Señor en forma de serafín y por la de Francisco, el Estigmatizado del Alverna, celebramos el misterio de la Cruz que se hizo visible en la carne del Poverello, realizándose en su cuerpo, de forma visible, cuanto dice el Apóstol: «En adelante nadie me moleste, pues llevo en mi cuerpo los estigmas de Jesús». Pablo portaba en su cuerpo las cicatrices de las tribulaciones soportadas por Cristo, Francisco lleva en las manos, pies y costado los estigmas de la Pasión de Cristo.

Las biografías del Santo nos narran como sucedió el prodigio del todo singular de los Estigmas. En torno a la fiesta de la Santa Cruz, dos años antes de su muerte, el seráfico Padre subió a esta montaña, para iniciar la cuaresma de ayuno que solía practicar en honor del Arcángel san Miguel. Deseando ardientemente conocer la voluntad de Dios, para conformarse en todo a Cristo, abrió por tres veces el libro de los evangelios en el nombre de la santa Trinidad, y encontrando siempre la narración de la Pasión del Señor Jesús, oraba insistentemente sentir en su cuerpo los dolores del Crucificado. Tuvo, entonces, una visión que produjo en él un grande gozo y un profundo dolor al mismo tiempo: era el Señor en forma de serafín crucificado que le manifestaba que había de ser transformado totalmente en la imagen de Cristo crucificado. Terminada la visión aparecieron en la carne de este amigo de Cristo las señales de la Pasión del Señor: los clavos que traspasaron sus manos y sus pies, y una herida en su costado.

En esta memoria litúrgica de los Estigmas de san Francisco, intentemos acentuar algunos aspectos importantes que nos ofrece este evento prodigioso, partiendo de la narración de san Buenaventura. El Doctor Seráfico introduce el relato de la impresión de las llagas con estas palabras: Francisco había aprendido a distribuir tan prudentemente el tiempo puesto a su disposición, que parte de él lo empleaba en fatigas apostólicas en favor de su prójimo y otra parte la dedicaba a las tranquilas elevaciones de la contemplación. Por eso, después de haberse empeñado en procurar la salvación de los demás según lo exigían las circunstancia de lugares y tiempos, abandonando el bullicio de las turbas, se dirigía a lo más recóndito de la soledad (cf. LM 13,1).

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame», hemos escuchado en el Evangelio de hoy. Encontramos en estas palabras un compendio de la vida cristiana, el espejo de la Palabra con el que el discípulo debe conformar su propio rostro. Como cristianos, nuestra vida debe llevar impresos los rasgos de Jesús, el Hijo crucificado por amor. Mirando «al que traspasaron», la cruz se ha convertido en un sello de pertenencia a Dios en Jesús. Llevar la cruz cada día es hacerse cargo de nuestro mal, es morir cotidianamente por Cristo, viviendo para él, hasta poder decir: «con Cristo estoy crucificado: y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí». Tomar la cruz significa sentirse crucificado con Cristo, ser partícipes de la Pasión del Señor Jesús, sentir que somos de él y que ya no nos pertenecemos más a nosotros mismos.

Dice Benedicto XVI que, para llevar a pleno cumplimiento la obra de la salvación, el Redentor continúa asociando a sí y a su misión hombres y mujeres dispuestos a tomar la cruz y a seguirlo. Al igual que para Cristo, así también para los cristianos llevar la cruz no es opcional, sino que es una misión que se ha de abrazar con amor. En nuestro mundo actual, en donde parecen dominar las fuerzas que dividen y destruyen, Cristo continúa ofreciendo a todos su clara invitación: quien quiera ser mi discípulo, reniegue del propio egoísmo y cargue conmigo la cruz. Invoquemos la intercesión del Estigmatizado del Alverna para que el Señor nos conceda ir con decisión detrás de Él, conformarnos a la Pasión de Cristo y ser partícipes de su resurrección.

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NOTA TÉCNICA: Si desea descargar los "TEXTOS DE LA MISA Y DE LA LITURGIA DE LA IMPRESIÓN DE LAS LLAGAS DE SAN FRANCISCO" en formato pdf, pulse aquí.

IMPRESIÓN DE LAS LLAGAS
DE NUESTRO SERÁFICO PADRE SAN FRANCISCO

TEXTOS DE LA MISA

Antífona de entrada Gál 6, 14
Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.

Oración colecta
Dios de amor y misericordia,
que marcaste con las señales de la Pasión de tu Hijo
al bienaventurado Padre Francisco
para encender en nuestros corazones el fuego de tu amor,
concédenos, por su intercesión,
configurarnos a la muerte de Cristo
para vivir eternamente con Él.
Que vive y reina.

PRIMERA LECTURA

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 6, 14-18

Hermanos:
Dios me libre de gloriarme
si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo,
en la cual el mundo está crucificado para mí,
y yo para el mundo.

Pues lo que cuenta no es circuncisión o incircuncisión,
sino criatura nueva.

La paz y la misericordia de Dios
vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma;
también sobre Israel.

En adelante, que nadie me venga con molestias,
porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.

La gracia de nuestro Señor Jesucristo
esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.

Salmo responsorial Sal 15, 1-2a. 5. 7-8. 11

V/. El Señor es el lote de mi heredad.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa.

Bendeciré al Señor que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Me enseñarás el sendero de mi vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Aleluya Gál 2, 19-20
Aleluya, aleluya.
Estoy crucificado con Cristo:
Vivo yo, pero no soy yo,
es Cristo quien vive en mí.
Aleluya.

EVANGELIO
El que pierda su vida por mi causa, la salvará

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 9, 23-26

En aquel tiempo, dirigiéndose a todos, dijo Jesús:
-El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo,
cargue con su cruz cada día
y se venga conmigo.
Pues el que quiera salvar su vida, la perderá;
pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará.
¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero
si se pierde o se perjudica a sí mismo?
Quien se avergüence de mí y de mis palabras,
también el Hijo del Hombre se avergonzará de él
cuando venga con su gloria,
con la del Padre y la de los ángeles santos.

Oración de los fieles

A Jesucristo, levantado sobre la cruz y traspasado por la lanza de un soldado, confiando en la intercesión del bienaventurado Francisco, alzamos nuestros ojos contritos y suplicantes.

-Tú que fuiste levantado sobre la tierra, atrae hacia ti los corazones de todos nosotros, pecadores.
Roguemos al Señor.

-Tú que fuiste clavado en la cruz, da a todos los oprimidos la libertad verdadera.
Roguemos al Señor.

-Tú que entregaste tu vida por todos, concédenos el don de tu Espíritu Santo.
Roguemos al Señor.

-Tú que fuiste traspasado por la lanza, alumbra en nuestros corazones la fuente de agua viva que salta hasta la vida eterna.
Roguemos al Señor.

Señor Jesús, escucha las súplicas que tu humilde siervo Francisco te presenta por cuantos, como él, queremos sinceramente tomar tu cruz cada día y seguirte. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Oración sobre las ofrendas
Dios de bondad,
acepta la súplica humilde y devota
del Padre san Francisco en provecho nuestro,
y concédenos, por la fuerza de este sacrificio,
los frutos salvadores de la pasión de tu Hijo.
Que vive y reina.

PREFACIO DE SAN FRANCISCO

V/. El Señor esté con vosotros.
V/. Levantemos el corazón.
V/. Demos gracias al Señor nuestro Dios.

En verdad es justo y necesario
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo,
Dios Todopoderoso y eterno.

Porque has llamado
a la más alta perfección evangélica
a tu siervo Francisco
por el camino de la verdadera pobreza y humildad.

Encendido en el fuego de tu amor,
te bendijo en la contemplación
de las obras de tus manos
con cantos de júbilo y alegría.

Marcado con las llagas de Cristo,
nos mostraste en él
la imagen de Jesucristo crucificado,
Señor nuestro.

Por él,
los ángeles y los arcángeles
y todos los coros celestiales
celebran tu gloria
unidos en común alegría.
Permítenos asociarnos a sus voces
cantando humildemente tu alabanza:

Santo, Santo, Santo...

Antífona de comunión Mt 16, 24
El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga, dice el Señor.

Oración después de la comunión
Oh Dios,
que en nuestro Padre san Francisco
de muchas maneras nos has mostrado
el sublime misterio de la cruz;
concédenos imitar su ejemplo de piedad y devoción,
y que la asidua meditación de la cruz
nos conforte y libre de todo mal.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Bendición solemne

El Señor os bendiga y os guarde.
Amén.

Haga brillar su rostro sobre vosotros y os conceda su favor.
Amén.

Vuelva su mirada a vosotros y os conceda la paz.
Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.
Amén.

* * *

LITURGIA DE LAS HORAS

Desde su conversión, el Seráfico Padre san Francisco veneró con grandísima devoción a Cristo crucificado. Hasta su muerte no cesó, con su vida y su palabra, de predicar al Crucificado. En 1224, mientras estaba sumido en contemplación divina en el monte Alverna, el Señor Jesús imprimió en su cuerpo los estigmas de su pasión. Benedicto XI concedió a la Orden franciscana celebrar cada año la memoria de este hecho, probado por testimonios fidedignos.

L A U D E S

Invitatorio

Ant. Venid, adoremos a Cristo Rey, que selló a Francisco con las llagas de su pasión.

Himno

Venid, que en el monte Alvernia,
como a Moisés en la zarza
que ardía sin consumirse,
Dios por Francisco nos habla.

Cristo en la cruz es su vida.
Francisco en su amor se abrasa.
Que si «el Amor no es amado»
Francisco por todos ama.

Un serafín presuroso,
con dardos que Amor inflama,
en su pecho, pies y manos
hace florecer las llagas.

Cinco señales divinas
llevan de Cristo la marca.
Nuevo lenguaje de amor
que Dios por Francisco habla.

Un sol en fulgor temprano
hoy desveló la mañana.
Cuerpo de Cristo es Francisco,
Cristo de Francisco es alma.

Francisco en gozo se inmola
con el dolor de sus lágrimas.
Dolor y gozo son siempre
testimonio de quien ama.

Gloria al amor de Dios Padre
que por su Hijo nos salva.
Gloria al Espíritu Santo
que por Francisco nos llama. Amén.

O bien:

En la cumbre de La Verna
se han dado cita de amor
el siervo con su Señor,
unidos en Pascua eterna.

Del cielo el Señor venía,
Hijo de Dios humanado,
tenía el cuerpo llagado
y el rostro resplandecía.

¡Oh Jesús, el más hermoso
entre los hijos de Adán,
libres tus lazos están
para el abrazo de esposo!

Y Francisco se ha quedado
de gracia y amor transido;
por Cristo se encuentra herido
en manos, pies y costado.

La Regla ved ya cumplida
en el monte de la Alianza;
amor que la sangre alcanza
es de aquél que da la vida.

Gloria a ti, Cristo benigno,
en el precioso madero;
para el gozo verdadero
guárdanos bajo tu signo. Amén.

Salmodia

Ant. 1. Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí.

Salmo 62
El alma sedienta de Dios

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Ant. Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí.

Ant. 2. Cristo se ha apoderado de mí para llevarme a su conocimiento y a la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte.

Cántico de los tres jóvenes Dn 3, 57-88. 56
Toda la creación alabe al Señor

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Angeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Ant. Cristo se ha apoderado de mí para llevarme a su conocimiento y a la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte.

Ant. 3. Se manifestará en mi persona la grandeza de Cristo: para mí la vida es Cristo.

Salmo 149
Alegría de los santos

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Ant. Se manifestará en mi persona la grandeza de Cristo: para mí la vida es Cristo.

Lectura breve Gál 6, 14. 17-18
Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo. Yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.

Responsorio breve
R/. Tus flechas se me han clavado. * Tu mano pesa sobre mí. Tus flechas.
V/. Siento palpitar mi corazón, me abandonan las fuerzas. * Tu mano. Gloria al Padre. Tus flechas.

Benedictus, Ant.Francisco, mártir de deseo, te visitó el Sol que nace de lo alto y renovó maravillosamente en tu cuerpo las señales de nuestra redención.

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Benedictus, Ant. Francisco, mártir de deseo, te visitó el Sol que nace de lo alto y renovó maravillosamente en tu cuerpo las señales de nuestra redención.

Preces

Glorifiquemos a Cristo que, por su muerte y resurrección, edificó su Iglesia y nos ha llamado al seguimiento de Francisco, y supliquémosle humildemente diciendo:
Consérvanos, Señor, en tu santo servicio.

Tú que viniste a evangelizar a los pobres, enséñanos a propagar tu Reino de palabra y de obra,
-y a instaurarlo con éxito entre los hombres.

Tú, que eres luz de los pueblos y maestro de santidad, haz que permanezcamos firmes en la fe verdadera,
-para que proclamemos tu nombre en todo el mundo.

Tú, que diste el mandamiento nuevo de que nos amáramos unos a otros,
-concédenos trabajar por el bien de todos los hombres.

Tú, Sabiduría del Padre, ilumina nuestras inteligencias,
-para que, fieles a la verdad, permanezcamos en el amor.

Tú, que trabajaste con tus propias manos, dirige nuestro trabajo,
-para que todos los que vean nuestras obras glorifiquen a Dios Padre.

Padre nuestro.

Oración
Dios de amor y misericordia, que marcaste con las señales de la pasión de tu Hijo al bienaventurado padre Francisco para encender en nuestros corazones el fuego de tu amor, concédenos, por su intercesión, configurarnos a la muerte de Cristo para vivir eternamente con él. Que vive y reina contigo.

V Í S P E R A S

Himno

Lo ha tocado el Señor;
mirad palma con palma,
manos de dos amigos
en una cruz clavadas.

Hermano de los hombres
y aun de las bestias bravas,
hermano de Jesús
que en sí todo lo hermana.

¡Oh cuánto el corazón
contempla, gime y ama!
¡Cuán alto en la montaña,
cuán cerca en la llanada!

La norma, el Evangelio;
su vida, las pisadas
de aquel Jesús que quiso
pisar donde mi planta.

Francisco, el de las calles
por él enamoradas...,
Francisco, a quien el mundo
hoy alza su esperanza.

¡Loado, mi Señor,
por tan cercana gracia:
por el humilde hermano
marcado con tus llagas! Amén.

O bien:

Por esas cinco roturas
mostráis el brocado fino,
que tejió con penas duras
Cristo en su cuerpo divino;
con que el mundo a decir vino,
pues que tal ropa traéis,
que Dios se parece a vos
y vos a Dios parecéis.

Con que más claro mostráis
que andáis muy enamorado;
pues la librea lleváis
que es propia de nuestro Amado;
y estáis en él transformado,
tanto, que decir podéis
que Dios se parece a vos
y vos a Dios parecéis.

Rompieron la ropa a Dios
unos hombres inhumanos;
mas, Francisco, Dios a vos
os la rompió con sus manos:
Francisco, ¿qué más queréis?
Que Dios se parece a vos
y vos a Dios parecéis.

Por tan singular merced
por todos a Dios rogad,
a todos favoreced,
a todo el mundo ayudad,
que con gran facilidad,
Francisco, hacerlo podéis,
que Dios se parece a vos
y vos a Dios parecéis. Amén.

Salmodia

Ant. 1. De muchas maneras manifestó Dios en el bienaventurado Francisco el misterio de la cruz.

Salmo 14
¿Quién es justo ante el Señor?

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,

el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Ant. De muchas maneras manifestó Dios en el bienaventurado Francisco el misterio de la cruz.

Ant. 2. Nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste, crucificado.

Salmo 111
Felicidad del justo

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.

Ant. Nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste, crucificado.

Ant. 3. Sufrió la muerte en su cuerpo, pero recibió vida por el Espíritu.

Cántico del Apocalipsis 15, 3-4
Himno de adoración

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Ant. Sufrió la muerte en su cuerpo, pero recibió vida por el Espíritu.

Lectura breve Gál 6, 14. 17-18
Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo. Yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén.

Responsorio breve
R/.Has sellado, Señor Jesucristo, * A tu siervo Francisco. Has sellado.
V/. Con el emblema de nuestra redención. A tu siervo Francisco. Gloria al Padre. Has sellado.

Magníficat, Ant. He muerto para el mundo, y mi vida está, con Cristo, escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también nosotros apareceremos juntamente con él, en gloria.

Cántico de la Virgen María Lc 1, 46-55
Alegría del alma en el Señor

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Magníficat, Ant. He muerto para el mundo, y mi vida está, con Cristo, escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también nosotros apareceremos juntamente con él, en gloria.

Preces

Invoquemos, hermanos, a Dios Padre, fuente de toda santidad, que, por la intercesión y ejemplo de nuestro Padre san Francisco, nos guía por el camino de la santidad, y digámosle:
Escúchanos, Señor.

Padre santo, que hiciste a tu siervo Francisco imitador perfecto de tu Hijo,
-haz que nosotros, siguiendo sus huellas, observemos fielmente el Evangelio de Cristo.

Padre de bondad, guía nuestros pasos por el camino de la paz, siguiendo el ejemplo de nuestro Padre san Francisco,
-para que, con sincero corazón, vivamos en obediencia, sin propio y en castidad.

Padre altísimo y omnipotente, que dispersas a los soberbios de corazón y enalteces a los humildes,
-concédenos imitar a nuestro seráfico Padre en la virtud de la humildad.

Padre de amor y misericordia, que marcaste con las señales de la pasión de tu Hijo a tu siervo Francisco,
-concédenos gloriarnos siempre de la cruz de Cristo.

Padre indulgente, que por las súplicas de nuestro Padre san Francisco otorgaste el perdón a los pecadores,
-muestra tu rostro a nuestros hermanos difuntos.

Padre nuestro.

Oración
Dios de amor y misericordia, que marcaste con las señales de la pasión de tu Hijo al bienaventurado padre Francisco para encender en nuestros corazones el fuego de tu amor, concédenos, por su intercesión, configurarnos a la muerte de Cristo para vivir eternamente con él. Que vive y reina contigo.

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