DIRECTORIO FRANCISCANO
SANTORAL FRANCISCANO

22 de septiembre

Beatos Vicente Cabanes y Compañeros,
Mártires Amigonianos
(† 1936)

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El 11 de marzo del año 2001, el papa Juan Pablo II beatificó a 233 mártires de la persecución religiosa en España (1936-39), y estableció que su fiesta se celebre el 22 de septiembre. Son el Beato José Aparicio y 232 compañeros. Entre ellos hay 49 miembros de la Familia Franciscana: 4 Franciscanos (Bto. Pascual Fortuño y Comps.); 6 Conventuales (Bto. Alfonso López y Comps.); 12 Capuchinos y 5 Clarisas-Capuchinas (Bto. Aurelio de Vinalesa y Comps.); 19 Terciarios Capuchinos y 3 Terciarias Capuchinas (Bto. Vicente Cabanes y Comps.); además, están los Terciarios, miembros de la Orden Franciscana Seglar, laicos o sacerdotes seculares. En esta página prestamos particular atención a los Terciarios y Terciarias Capuchinas, mientras remitimos a las correspondientes páginas para los demás miembros de la Familia Franciscana.

Diecinueve son los mártires de la persecución religiosa en España (1936) beatificados por Juan Pablo II el 11 de marzo del 2001 que pertenecían a los Religiosos Terciarios Capuchinos de Nuestra Señora de los Dolores, fundados por Mons. Luis Amigó en 1889, y tres las Hermanas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia, fundadas igualmente por Mons. Luis Amigó cuatro años antes, en 1885; a todos ellos se les llama también «Amigonianos». A este numeroso grupo conviene añadir el nombre de una seglar, Carmen García, cuya vida y apostolado es el de una auténtica colaboradora de la familia amigoniana. A mediados de 1936, obligados por las autoridades, los religiosos y religiosas tuvieron que abandonar sus casas y muchas de las instituciones que regían en favor del menor desadaptado. Al mismo tiempo fueron perseguidos, apresados y asesinados.

A continuación ofrecemos una breve reseña biográfica de estos Beatos y Beatas.

Beato Vicente Cabanes Badenes. Nace en Torrent (Valencia) el 25 de febrero de 1908. Viste el hábito del terciario capuchino en Godella (Valencia) el 15 de septiembre de 1923 y el 12 de marzo de 1932 recibe la ordenación sacerdotal de manos del Venerable Luis Amigó. Inmediatamente inicia estudios en la Universidad de Valencia y en el Instituto de Estudios Penales. Ejerce su ministerio específico en las Escuelas de Reforma de Madrid y Amurrio (Álava). Alterna admirablemente el estudio con las prácticas en el gabinete de psicología y la dirección espiritual de la fraternidad. Con los niños vive las parábolas de la misericordia con el talante gozoso de las bienaventuranzas. Al caer la tarde del 27 de agosto de 1936, algunos milicianos lo sacan violentamente de casa del señor vicario de Amurrio (Álava) y lo trasladan a Orduña (Vizcaya). Intentan hacerlo apostatar. Ante la rotunda negativa del religioso vuelven hacia Amurrio. Pero le obligan a descender del coche y, en el prado de San Bartolomé de Orduña, le dan una carretada de tiros, dejándolo por muerto. Malherido todavía consigue llegar a casa de don Epifanio Elejalde, quien lo traslada al Santo Hospital de Orduña. El P. Vicente insistentemente pide un sacerdote y un médico. Ante la gravedad, el herido es trasladado al hospital de Basurto, Bilbao. A las primeras horas del domingo 30 de septiembre de 1936 fallece no sin antes haberse confesado y otorgado su perdón a sus asesinos. Vicente Cabanes fue un religioso de carácter apacible, dulce y extremamente amable. Cumplidor de sus deberes como cristiano y como religioso. Vivió totalmente entregado a la reforma de la juventud extraviada, con mucha competencia y un gran celo apostólico. La meditación diaria de los misterios de la pasión, muerte y resurrección del Señor dispusieron su espíritu para sufrir el martirio con la fortaleza y valentía del soldado cristiano.

Beato Bienvenido María de Dos Hermanas (en el siglo, José de Miguel Arahal). Nace en Dos Hermanas (Sevilla) el 17 de junio de 1887. Aprende las primeras letras en las escuelitas del pueblo y, a los doce años, se va con los terciarios capuchinos que tienen la Escuela de Reforma de San Hermenegildo, en su pueblo natal. Al ser presentado en el convento de Monte Sión de Torrent al Venerable P. Luis Amigó, éste le dice: «Bienvenido seas, hijo mío», y Bienvenido será en lo sucesivo su nombre en religión. El 15 de abril de 1905 hace su primera profesión religiosa y, seis años más tarde, emite sus votos perpetuos. En la primavera de 1920 es ordenado de presbítero. En la congregación de terciarios capuchinos desempeña los cargos de superior, maestro de novicios, consejero y vicario general y, finalmente, general de la congregación desde 1927 a 1932. Durante su generalato impulsa la promoción vocacional, apoya la capacitación científica de los religiosos y propicia la apertura de la obra a Hispanoamérica. El P. Bienvenido trata siempre de inculcar las devociones que él mismo practica, especialmente a Jesús Sacramentado, a la Virgen de los Dolores, al Seráfico Padre San Francisco y al Sagrado Corazón de Jesús. Cuando el 20 de julio de 1936 la Escuela de Reforma de Santa Rita de Madrid es asaltada, el P. Bienvenido sigue con su hábito y es el último en abandonarla. El 31 de julio, y acompañado a la fuerza por dos milicianos, hubo de acudir al Banco de Vizcaya primero, y luego al de España, a sacar los fondos de la Escuela. Acto seguido le arrebatan el dinero y, conducido violentamente a la Pradera de San Isidro, allí fue asesinado. Sus biógrafos nos trazan la semblanza del P. Bienvenido como un religioso de espíritu recto y fuerte, exigente consigo mismo y con los demás, adornado de grandes dotes de gobierno, muy tenaz en sus propósitos apostólicos, muy amante de la congregación y de su obra de reeducación de menores, gran promotor de vocaciones religiosas y sacerdotales, y de una profunda espiritualidad.

Beato Ambrosio María de Torrent (en el siglo, Salvador Chuliá Ferrandis). Nace en Torrent (Valencia) el 16 de abril de 1866. Cursa los estudios eclesiásticos en el Seminario Conciliar de Valencia, pero, recibido el diaconado, ingresa en los terciarios capuchinos. El 4 de abril de 1892 es ordenado presbítero y emite sus votos religiosos perpetuos el 5 de julio de 1898. Hombre de amplia cultura, pero de carácter más bien débil y de escasa autoridad, se manifiesta siempre más proclive al ejercicio de la obediencia que al del mando. En su ministerio pastoral se manifestó como un varón de consejo, director espiritual de la fraternidad, confesor de religiosos y alumnos. Apresado en la casa paterna, el 21 de agosto de 1936 es conducido a la prisión La Torre, de su pueblo natal. En la misma el P. Ambrosio, y nueve terciarios capuchinos más, llevan prácticamente vida de comunidad. Desde la calle se les oía cantar los Dolores de la Virgen y las Llagas del P. San Francisco. A las primeras horas del 18 de septiembre de 1936, con siete sacerdotes y religiosos más, es ejecutado en la partida de La Mantellina, también llamada Puchá d'Alt. El P. Ambrosio, a pesar de su timidez, es quien con mayor valentía arrostra el martirio y anima a sus compañeros alzando, en el momento conclusivo, sus manos para bendecir y perdonar a los verdugos. Al tratar de delinear su silueta espiritual los diverso biógrafos coinciden en afirmar que el P. Ambrosio fue une florecilla franciscana: sencillo, humilde, conciliador, pobre, obediente, silencioso, parco en palabras, que no hablaba mal de nadie y que todo lo echaba a buena parte. Asimismo lo definen como hombre de profunda piedad, devoto de la Eucaristía, gran apóstol del confesionario y competente director de almas. Sus restos mortales reposan en la Capilla de los Mártires, en la parroquia de Ntra. Sra. de Monte Sión de Torrent.

Beato Benito María de Burriana (en el siglo, José Manuel Ferrer Jordá), es hermano de padre del Beato Laureano. Nace en Burriana (Castellón) el 26 de noviembre de 1872. En su pueblo natal aprende las primeras letras y participa en asociaciones parroquiales. El 21 de junio de 1890 ingresa en el noviciado de los terciarios capuchinos, y dos años después, el 27 de mayo, hace su profesión religiosa. El 5 de junio de 1898 emite sus votos perpetuos, permaneciendo como religioso coadjutor. En las escuelas de reforma de Madrid, Sevilla y Zaragoza, durante veinticinco años largos, desarrolla su ministerio con los jóvenes desviados del camino de la verdad y del bien, siguiendo el pensamiento de su Venerable P. Fundador. En el verano de 1932 pasa a formar parte de la fraternidad del Colegio Fundación Caldeiro, de Madrid, donde le sorprende la guerra. Expulsado del centro, que inmediatamente fue transformado en checa, fray Benito busca amparo en su pueblo natal. Vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron, razón por la que dirige sus pasos a Torrent, hallando acogida, junto con su hermano Laureano, en casa de la piadosa señora Trinidad Navarro. «De fray Benito Mª de Burriana -escribe dicha señora- le diré que vino a casa el 14 de agoto de 1936 y salió para la cárcel el siguiente 14 de septiembre. Este santo varón, en todo el tiempo, no hablaría ni una docena de palabras. Su conversación era con la Reina de los Cielos. El día 12 de septiembre, festividad del Dulce nombre de María, rezó diecinueve partes del rosario». Fray Benito no participó en política, tampoco se le hizo juicio alguno. Fue asesinado en la Masía de Calabarra, de Turís (Valencia). Era un religioso sencillo, austero, de palabra breve y muy devoto de la Eucaristía y de la Virgen de los Dolores. En el apostolado de la misión específica de la congregación se mostró siempre como sencillo y bondadoso zagal del Buen Pastor. Conseguía más cambios en sus muchachos por el testimonio de su persona que por las enseñanzas que les proporcionaba.

Beato Crescencio García Pobo. Nace el 15 de abril de 1903 en Celadas (Teruel). Fallecido su buen padre, él es internado en el Asilo San Nicolás de Bari, en Teruel, regentado por los terciarios capuchinos. Andando el tiempo, Crescencio siente la llamada del Señor a la vida religiosa. El 15 de septiembre de 1921 emite sus primeros votos como religioso amigoniano y seis años más tarde profesa perpetuamente. La ordenación sacerdotal la recibe de manos del Venerable Luis Amigó, su Padre Fundador, en Godella (Valencia) el 16 de septiembre de 1928. Su ministerio sacerdotal lo desarrolla generalmente en escuelas de reforma, llevando a la práctica el mandato del Señor de ir en pos de la oveja descarriada hasta devolverla al aprisco del Buen Pastor. Los primeros días de julio de 1936 regresa de la Casa Tutelar Nuestra Señora de Covadonga, en Asturias, al Reformatorio del Príncipe, en Carabanchel Bajo-Madrid, en cuyo centro le sorprende a los pocos días la contienda civil española. Tras varias peripecias, el P. Crescencio halla piadosa acogida en la pensión de doña Pilar Torres, en plaza del Ángel 3, de Madrid, donde se hace pasar por estudiante de medicina. Detenido el 2 de agosto de 1936 en la calle Carretas, y descubierto sin documentación alguna, fue llevado a la Dirección General de Seguridad primero, y a la cárcel de Ventas después. Con fecha 3 de octubre, la checa Fomento dio una orden para que fuesen entregados a sus agentes varios presos, entre ellos nuestro beato, que inmediatamente fueron fusilados en las proximidades del cementerio del Este. El P. Crescencio era de mediana estatura, cara redonda, moreno, joven. De carácter alegre, se mostraba como extrovertido. Sin embargo, en su interior era sencillo, humilde, mortificado y buen religioso. Espíritu ordenado y metódico, se distinguió especialmente por su entrega generosa y sacrificada a la recuperación personal y reinserción social de los jóvenes con problemas.

Beato Modesto María de Torrent (en el siglo, Vicente Gay Zarzo). Nace en Torrent (Valencia) el 19 de enero de 1885. Sus padres, y luego él, pertenecen a la Venerable Orden Tercera de San Francisco. El joven Vicente realiza sus estudios en el Convento en el que ingresará como religioso amigoniano el 6 de enero de 1903. Y posiblemente en la misma fecha, pero de 1911, emite sus votos perpetuos. Repetidamente insiste ante sus superiores en acceder al sacerdocio, pero permanecerá de por vida como hermano coadjutor. Los diez primeros años de vida religiosa ejerce su ministerio en centros dedicados a la misión específica de la recuperación de la juventud extraviada, donde alterna los trabajos de albañilería con la atención a los jóvenes postulantes. Y los últimos veinte años de vida religiosa los pasa en el convento de Ntra. Sra. de Monte Sión, de su pueblo natal, donde compagina admirablemente la enseñanza de las primeras letras a los niños con el servicio de la administración de la casa. Fray Modesto era de una estatura normal, un poco llenito, con cara redonda, moreno. Entre los días ocho y diez de septiembre de 1936 es detenido y recluido en la cárcel del pueblo, La Torre, de donde bien entrada la noche del 17 siguiente partió para el martirio con otros siete sacerdotes y religiosos, siendo todos ellos asesinados el 18 de septiembre de 1936. Sus restos mortales, como los de otros religiosos, reposan en la Capilla de los Mártires, de la parroquia de Ntra. Sra. de Monte Sión, de Torrent (Valencia). Quienes conocieron bien a fray Modesto delinean su perfil religioso moral diciendo que se distinguió por su carácter recto y por su espíritu franciscano, amante de la sencillez y de la humildad, y muy delicado en la guarda de la obediencia, junto a una exquisita pobreza. Y, ciertamente, su virtud característica fue la obediencia franciscana, acompañada de su laboriosidad e interés por superarse personalmente y por ser útil a la congregación.

Beato Urbano Gil Sáez. Nace en Bronchales, diócesis de Albarracín y provincia de Teruel, el 9 de marzo de 1901. Al quedarse muy pronto huérfano de padre, es internado en el Asilo San Nicolás de Bari, en Teruel, regentado por los terciarios capuchinos. Y en San Nicolás realiza sus estudios primarios y recibe la primera comunión. Inclinado a la vida religiosa, pasa a la casa noviciado de San José de Godella, Valencia, donde recibe el santo hábito. Emite sus primeros votos religiosos el 12 de abril de 1919 y en 1928 profesa perpetuamente. Hace sus primeras armas con los niños de la Escuela de Reforma del Salvador, de Amurrio (Álava). Su vida se puede leer e interpretar perfectamente -según uno de sus biógrafos- bajo la clave de la compasión evangélica. Fue uno de esos religiosos amigonianos siempre dispuesto a hacerse todo para todos, según el lema del apóstol Pablo que el Venerable Luis Amigó le gustaba repetir. En 1926 cursa una petición para iniciar los estudios sacerdotales, lo que le fue denegado por los superiores mayores hasta 1935 en que pasa a formar parte de la fraternidad de la casa noviciado de Godella (Valencia), donde inicia los estudios eclesiásticos. Estando en esta última residencia sobreviene la guerra y Fray Urbano comparte en todo la suerte y sufrimientos de los hermanos de fraternidad. Finalmente, luego de un calvario de interrogatorios y simulaciones de fusilamiento, el 25 de julio de 1936 parte para Benaguacil con el beato Florentino Pérez, con quien compartirá avatares, refugio y martirio el 23 de agosto de 1936. Los biógrafos, tan parcos en delinear su fisonomía espiritual, nos dicen que fue un religioso ejemplar. Por su jovialidad era la alegría de la fraternidad donde residía y de los alumnos que educaba. Contagiaba su alegría por espontánea y sincera. Su buen decir le daba un encanto especial.

Beato Domingo María de Alboraya (en el siglo, Agustín Hurtado Soler). Nace en Alboraya (Valencia) el 28 de agosto de 1872, de familia acomodada, que goza de gran estimación en la villa. Cursa sus estudios de primera y segunda enseñanza en la vecina ciudad de Valencia, y posteriormente los de latín y filosofía en el Seminario Conciliar. Apenas fundada la congregación de terciarios capuchinos, acude a la antigua cartuja de Ara Christi del Puig (Valencia), en la que ocasionalmente moraban los religiosos amigonianos. En la tercera vestición, el 21 de junio de 1889, toma el hábito, y el 24 de junio de 1890 es uno de los 19 primeros religiosos que emite sus votos trienales en manos del fundador Venerable Luis Amigó. El 15 de agosto de 1896 emite sus votos perpetuos y, pocos meses después, recibe la ordenación sacerdotal. Durante su carrera alterna los estudios eclesiásticos y literarios con los de armonía y composición, dado que es muy aficionado a la música. Religioso de gran competencia y adornado de buenas formas sociales, desempeñó repetidamente los cargos de superior, así como también los de consejero y secretario general. A finales de 1935 pasa a formar parte de la Escuela de Reforma de Santa Rita, en el Madrid de los Carabancheles, donde sufre la persecución religiosa. El P. Domingo fue el primero en abandonar la escuela de reforma buscando piadoso refugio en casa del abogado Pastor, joven a quien él tanto había ayudado. Detenido y llevado preso a Bellas Artes, el 15 de agosto de 1936 fue asesinado en las inmediaciones del parque del Retiro. El P. Domingo era alto y bien parecido. De aspecto patriarcal. Poseía un gran don de gentes y un carisma especial para la reforma de la juventud extraviada. Gran compositor, orador magnífico, animador de las recreaciones comunitarias, ejemplo de resignación para todos y mártir de Cristo, según sus biógrafos.

Beato Valentín María de Torrent (en el siglo, Vicente Jaunzarás Gómez). Nace en Torrent (Valencia) el 6 de marzo de 1896. Educado con los terciarios capuchinos, ingresa en su congregación el 15 de octubre de 1911. Ocho años más tarde emite sus votos perpetuos, siendo ordenado sacerdote en la primera mitad de 1920. Ejerce su ministerio preferentemente en centros de la misión específica, es decir, en escuelas de reforma, donde se manifiesta como un gran pedagogo. El P. Valentín, más bien bajito, pero robusto y de recia personalidad, era de temperamento ardiente. Se manifestaba alegre, dicharachero, optimista y estaba siempre contento. El 28 ó 29 de agosto de 1936 es detenido en la casa paterna y recluido en la cárcel llamada La Torre, de su pueblo natal. Los días 15 y 17 de septiembre los religiosos cantan en la prisión los Dolores de la Virgen y las Llagas del P. San Francisco. «Al P. Valentín se le oía perfectamente en toda la plaza». El P. Valentín es ejecutado en la Fuente de la Mantellina, en las primeras horas del 18 de septiembre de 1936. De aspecto un tanto adusto, sin embargo su predicación era sencilla y atrayente. Y se mostraba gran devoto de la Eucaristía, de la Virgen de los Dolores y del P. San Francisco. Identificado plenamente con la actitud redentora y misericordiosa del Buen Pastor, desempeñó una amplia misión en servicio de la juventud. Se manifestó siempre celosísimo por la gloria de Dios y por su amor a la Iglesia y a la congregación, en especial en su ministerio de reforma de la juventud extraviada. Contagiaba su vocación a los niños, a quienes entusiasmaba con sus fervorines. Se mostró asimismo religioso humilde y sencillo, y era molt valent (era muy valiente).

Beato Laureano María de Burriana (en el siglo, Salvador Ferrer Cardet). Nace en Burriana (Castellón) el 13 de octubre de 1884. Aprende las primeras letras en el pueblo natal, y ya a los once años, siguiendo el ejemplo de su hermano mayor, el beato Benito Mª de Burriana, ingresa en la escuela seráfica que los terciarios capuchinos tienen instalada en el convento de Monte Sión, de Torrent (Valencia). El 8 de diciembre de 1900 emite sus primeros votos y el 12 de abril de 1907 los perpetuos, siendo ordenado presbítero en septiembre del mismo año en Valencia. Ejerce su ministerio sacerdotal en el Real Monasterio de Yuste (Cáceres), en la Escuela de Reforma de Santa Rita (Madrid), en Teruel, en Dos Hermanas (Sevilla) y, por último, en Godella (Valencia), desempeñando generalmente el ministerio de superior, cargo que simultanea con el de consejero general. En Godella le sorprende la guerra, y el 25 de julio de 1936 tiene que dejar el convento, hallando piadosa acogida en Torrent, en casa de doña Trinidad Moreno. Los días precedentes a su martirio los empleó en la oración y preparación al mismo. Cuando Dña. Trinidad le decía: «Padre, de usted no se acuerdan los rojos», él contestaba: «Descuida, que no es llegada la hora. Estoy preparándome leyendo el libro de Job». Nunca se metió en política. El 13 de septiembre fue apresado con su hermano Benito y conducido a la cárcel del pueblo. El día 15 todavía cantó con los demás hermanos los Dolores de la Virgen. Y al anochecer del mismo día fue conducido a la Masía de Calabarra, en término de Turís (Valencia), donde fue asesinado en la madrugada del día 16. El P. Laureano era de mediana estatura, calvo ya desde temprana edad, de poca barba, rala, y picado de viruela. De carácter complaciente y amable, su gran bondad lo superaba todo. Notable por su delicadeza y pulcritud, manifestaba un especial don en sus delicadas atenciones a los pobres, enfermos y necesitados. Manifestó, asimismo, gran celo por la expansión del instituto y una piadosa devoción a la Virgen de los Dolores.

Beato León María de Alacuás (en el siglo, Manuel Legua Martí). Nace Alacuás, pueblo de la huerta sur de Valencia, el 23 de abril de 1875. Realiza los primeros estudios en su pueblo natal, pero, siendo hijo de un bienhechor de los religiosos, desde niño se familiariza con los frailes del convento de Torrent, en cuya congregación ingresa apenas cumplidos sus quince años. El 17 de junio de 1892 emite sus votos religiosos en manos del Venerable Padre Fundador. Una grave enfermedad le aleja de sus frailes, pero de nuevo ingresa y profesa perpetuamente el 12 de abril de 1904. En junio de 1906 es ordenado presbítero en Valencia. Destinado generalmente a escuelas de reforma, en ellas ejercita su ministerio, primeramente como vicesuperior, y luego como superior y consejero general. Es todo un ejemplo de fidelidad en su servicio de director espiritual y animador de fraternidades, así como también en la dedicación a una juventud extraviada del camino de la verdad y del bien. Asaltada la Escuela de Reforma de Santa Rita de Madrid (de la que el P. León era director) el 20 de julio de 1936, los milicianos reunieron a todos los religiosos en la dirección del centro. «Hicimos -dice uno de los religiosos- un acto de contrición colectivo y nos dimos mutuamente la absolución. Siguió un silencio profundo. Estábamos todos tranquilos. Ni un solo gemido o suspiro. Ni un solo gesto de intentar huir». Conseguida la liberación, el P. León se refugia en Madrid, en casa de un alumno de la Escuela de Reforma, de la que es sacado, juntamente con el padre de su bienhechor, para el martirio. Al salir le dice la señora de la casa: «Tome este pañuelo». A lo que un miliciano repuso: «No te preocupes que no le va a hacer falta». Ambos fueron asesinados en la carretera de Madrid a Francia el 26 de septiembre de 1936. Fue el P. León un religioso sumamente espiritual, entregado totalmente a la salvación de los menores extraviados, por lo que se le puede considerar un mártir del apostolado específico de la Congregación, a imitación del Buen Pastor que da su vida por sus ovejas.

Beato Francisco María de Torrent (en el siglo, Justo Lerma Martínez). Nace en Torrent (Valencia) el 12 de noviembre de 1886. Sus padres pertenecían a la Venerable Orden Tercera Franciscana. De pequeño frecuenta las clases y catequesis del Convento, y pertenece a la Real Pía Unión de San Antonio de Padua. Y en el Convento viste el hábito amigoniano el 14 de abril de 1905, y dos años después emite su primera profesión religiosa como religioso coadjutor; fray Francisco nunca manifestó deseos de acceder al sacerdocio. En el Real Monasterio de Yuste, Cáceres, ejerce su ministerio los cinco primeros años de vida religiosa, y los veinticuatro restantes en el Colegio Fundación Caldeiro, de Madrid, en cuya fraternidad le sorprende la guerra civil. Fray Francisco estuvo adornado de unas dotes pedagógicas no comunes para el ejercicio de la docencia. En tan acertada labor no pocas veces llegaron al Colegio Fundación Caldeiro comisiones de catedráticos con la exclusiva finalidad de felicitar al religioso que tan bien preparaba a los alumnos. Desalojado el centro y transformado en checa, Fray Francisco emprende el camino de su pueblo natal, refugiándose en la casa paterna. Detenido por orden del comité local, es llevado a la cárcel del pueblo, de la que partirá para el martirio la noche del 17 al 18 de octubre de 1936, juntamente con otros siete religiosos y sacerdotes del pueblo. En sus primeros años se mostró como un muchachito moreno, vivaracho y juguetón, muy amante de la bulla y poco del estudio y del trabajo. Pero, ya religioso, se trocó en un joven reflexivo, trabajador y metódico. Asimismo era parco en palabras, más bien serio, constante y hábil maestro de escuela. Su perfil espiritual nos lo muestra como un religioso de profunda oración, trabajador incansable, atento con todos, sencillo y humilde, que gozaba de gran paz interior.

Beato Recaredo María de Torrent (en el siglo, José María Llópez Mora). Nace en Torrent (Valencia) el 22 de agosto de 1874. Sus primeros estudios los realiza en la escuela del pueblo, e ingresa como religioso amigoniano el 21 de junio de 1889. Emite sus votos perpetuos el día de la Inmaculada de 1896 en la Escuela de Reforma de Santa Rita, Madrid. Permanece en religión como hermano coadjutor. Ejerce su apostolado misericordioso y redentor con los jóvenes extraviados en diversas escuelas de reforma. En dicho ministerio muestra poseer dotes naturales no comunes para la educación de la juventud desadaptada. Los últimos años de su vida los pasó en el convento de Ntra. Sra. de Monte Sión, de su pueblo natal, dedicado incansablemente a su ministerio de impartir el catecismo a los niños, fundar escuelitas nocturnas gratuitas para ellos y a obras de caridad. Su figura pequeña, viejecito pero ágil y simpático, rodeado siempre de niños, visitando a los enfermos y encarcelados y llevando alimentos a escuelas pobres y humildes, hacen su perfil sumamente atractivo y amable. Expulsado del Convento de Torrent juntamente con toda la fraternidad, el 20 de julio de 1936 hallaba piadoso refugio en casa de una sobrina, María Llópez, hasta el 4 de agosto en que es recluido en la cárcel del pueblo. Al amanecer del 18 de septiembre, juntamente con el P. Ambrosio y el P. Valentín, Fr. Modesto y Fr. Francisco, es asesinado en el lugar denominado La Fuente de la Mantellina, en el término de Monserrat, lindante con el de Torrent. El perfil espiritual de Fr. Recaredo nos lo presenta como un hombre sencillo, humilde, cordial, amable y sumamente franciscano. Que posee un gran espíritu de minoridad y se caracteriza por ser un religioso piadoso, rezador, muy observante en su vida religiosa y muy trabajador en su apostolado con los jóvenes. Fray Recaredo es una verdadera florecilla franciscana del convento de Ntra. Sra. de Monte Sión de Torrent.

Beato José Llosá Balaguer. Nace el 23 de agosto de 1901 en Benaguacil (Valencia). Aprende las primeras letras en su pueblo natal y, al cumplir los doce años, ingresa en la escuela apostólica que los terciarios capuchinos regentan en el convento de Ntra. Sra. de Monte Sión de Torrent. En la casa noviciado de San José, de Godella (Valencia), toma el hábito el 15 de octubre de 1917. Y dos años después, en la misma fecha, emite sus primeros votos religiosos. Profesa perpetuamente el 15 de septiembre de 1925. Concluyó los estudios sacerdotales y en 1928 fue ordenado diácono, pero, al no considerarse digno para el sacerdocio, nunca accedió al presbiterado, ejerciendo su ministerio siempre en Madrid, en cuya fraternidad de la Casa Fundación Caldeiro le sorprende la persecución religiosa. Provisto del correspondiente salvoconducto, Fray José Llosá se traslada a Meliana primero, y a su pueblo natal después; pero, ante la inseguridad del momento, opta por refugiarse en una mansión del valenciano barrio de Velluters, situada muy cerca de las Torres de Quart. La noche del 1 de octubre de 1936 es detenido y conducido a Gobierno Civil primeramente, y luego recluido en la cárcel celular de la ciudad. Enterado casualmente de que al día siguiente vendrían a por él para matarlo, emplea la tarde de aquel día en hablar con un sacerdote, también prisionero, de cosas espirituales y en confesarse, manifestando su aceptación del martirio, su perdón a los enemigos y su gran devoción a Jesús y a María. Al amanecer del día 7 de octubre de 1936 fue sacado de la cárcel y ejecutado en el término municipal de su pueblo natal. Sus restos mortales reposan en la Capilla de la Comunión de Benaguacil. De temperamento un tanto tímido y pusilánime, pero muy bien dotado por naturaleza para el arte musical y del canto, fray José Llosá recibió una esmerada educación cultural, religiosa y moral. Fue un religioso cultivado y sensible, amante de su tierra y de su familia, sumamente cordial y con gran espíritu de entrega en su ministerio de la reforma de la juventud extraviada.

Beato Bernardino María de Andújar (en el siglo, Pablo Martínez Robles). Nace en Andújar (Jaén) el 28 de enero de 1879. Apenas frecuentó la escuela local por cuanto sus padres, de escasos recursos económicos, muy pronto lo dedican al oficio de talabartero, que alterna con los trabajos agrícolas. Se traslada a Córdoba y pronto entabla amistad con el administrador de los Ermitaños de Sierra Morena, con quienes inicia el noviciado. Pero, viendo que aquella no era su vocación, se traslada al Real Monasterio de Yuste, Cáceres, regentado a la sazón por los religiosos terciarios capuchinos, entre quienes toma el hábito, hace el noviciado, y emite sus primeros votos el 15 de abril de 1909. En idéntica fecha de 1915 profesa perpetuamente. Los veinte años siguientes los pasa en las escuelas de reforma de Madrid, Sevilla y Zaragoza colaborando fielmente en los quehaceres de la cocina, el campo y la enfermería. Su última residencia fue el Convento de Ntra. Sra. de Monte Sión, de Torrent, donde desempeña su labor de sacristán de la iglesia y donde le sorprende la persecución religiosa. Halla piadosa acogida en dicha población, pero el 13 de agosto de 1936 es detenido y recluido en la cárcel del pueblo, de donde es sacado, en compañía del P. Laureano Mª de Burriana y de su hermano Fray Benito Mª de Burriana, y asesinados los tres en la Masía de Calabarra, de Turís (Valencia), la noche del 15 al 16 de septiembre de 1936. Fray Bernardino era bajito, llenito de carnes, de carácter tranquilo, acogedor, y con su gracejo andaluz no exento de la natural gracia de las gentes del sur. Era la fiel imagen del franciscano más orondo, siempre portador de paz y bien, que facilitaba la convivencia fraterna en el convento. Destacaba por su vida de oración intensa, manifestando una especialísima devoción a la Eucaristía, a la Virgen de los Dolores y al Patriarca San Francisco.

Beato Florentín Pérez Romero. Nace en Valdecuenca, pueblo de la Serranía de Albarracín (Teruel), el 14 de marzo de 1902. Huérfano de padre, es internado en el Asilo San Nicolás de Bari, de Teruel, regentado por los religiosos terciarios capuchinos. Con ellos aprende las primeras letras, recibe su primera comunión y realiza todos sus estudios. Ya desde niño muestra disposición por la música, dedicación al estudio e inclinación a la oración. El 15 de septiembre de 1919 viste el hábito religioso y dos años después, el día de la Virgen de los Dolores, emite sus primeros votos religiosos. En 1927 profesa perpetuamente. Al año siguiente es ordenado sacerdote por el fundador, Venerable Luis Amigó. El P. Florentín da comienzo a su ministerio sacerdotal en la escuela de reforma Nuestra Señora del Camino, en Pamplona (Navarra), pasando enseguida a la escuela seráfica de San Antonio, en la misma ciudad. De 1930 a 1935 ejercita su ministerio en el convento de Ntra. Sra. de Monte Sión, como profesor de música y educador de niños. La revolución le sorprende en la casa noviciado San José de Godella (Valencia). Uno de los días, con los padres Francisco de Ayelo, Antonio de Massamagrell y algún novicio más, compareció ante el pelotón de milicianos dispuesto a morir. Los padres se dieron mutuamente la absolución y se prepararon para el martirio. Salvada la vida por esta vez, halla refugio en casa de un bienhechor de Benaguacil, pero al fin fue apresado. Pasa tres días en la cárcel del pueblo. Finalmente, junto con fray Urbano Gil, es sacrificado el 23 de agosto de 1936 en la salida a la carretera de Pobla de Vallbona a Liria. El P. Florentín, físicamente un haz de sarmientos, tenía un carácter alegre y bondadoso, sin hiel ni malicia, y con facilidad se ganaba la simpatía de todos. Era un espíritu sencillo, piadoso, infantil. Era dulce, amable y paciente. De espíritu candoroso e inocente, siempre profesó una gran devoción a la Virgen de los Dolores.

Beato Gabriel María de Benifayó (en el siglo, José María Sanchis Mompó). Nace en Benifayó (Valencia) el 8 de octubre de 1866. En su pueblo natal aprende las primeras letras y luego se ejercita en el oficio de carpintero, que practica hasta los casi veinticinco años en que se decide a ingresar en religión. El 24 de junio de 1890 hace su primera profesión religiosa en manos del Venerable Luis Amigó y el 15 de agosto de 1896 emite sus votos perpetuos. Llamado a servir al Señor desde la primera hora de la Congregación de Terciarios Capuchinos, en su dilatada vida recorrió la mayor parte de las casas de la misma, simultaneando generalmente su ministerio de administrador con el oficio de carpintero. Los últimos trece años de su existencia los pasa en la casa noviciado de Godella, Valencia, donde dio muestras de sus habilidades como ayudante de administración y su destreza en el trato de la madera. Y allí fue donde le sorprende la contienda. El 25 de julio de 1936 abandona la casa noviciado dirigiéndose a su pueblo natal en busca de lugar más seguro. Halla piadosa acogida en casa de su sobrina Florencia Sanchis. El 14 de agosto fue sacado violentamente de casa de su sobrina y recluido en la cárcel del pueblo. Y antes del amanecer del 16 de agosto, hacia las dos de la mañana, juntamente con cinco sacerdotes más, hijos del pueblo, fue sacrificado en la partida de La Coma, junto a la Masía de Espioca, y en el término de Picassent (Valencia). Fray Gabriel fue un religioso muy afable, bondadoso y servicial. Asimismo se manifestaba sumamente piadoso. Era la imagen del hermano franciscano más popular. Era el religioso humilde, alegre, amable y trabajador, que creaba fraternidad. Varón de silenciosa dulzura, siempre manifestó una franciscana reverencia hacia los sacerdotes sus hermanos en religión.

Beato Francisco Tomás Serer. Nace el 11 de octubre de 1911 en Alcalalí, pueblo de la provincia de Alicante y de la diócesis de Valencia. Aprende las primeras letras en el pueblo y, a los doce años, sus padres lo llevan a la escuela seráfica de Godella de los terciarios capuchinos, donde estudia latín y humanidades y hace su noviciado. El 15 de septiembre de 1928 emite sus primeros votos religiosos y el 20 de diciembre de 1933, los perpetuos. El 24 de mayo de 1934 recibe el presbiterado. El resto de su vida lo dedica al servicio de la juventud extraviada en centros destinados a la misión propia de la congregación. Durante el verano de 1935 realiza un viaje de estudios por Francia y Bélgica para dar solidez científica a los métodos pedagógicos de la congregación, a la vez que inicia la carrera de medicina en la Universidad Central de Madrid. Durante la persecución religiosa de 1936 halla cobijo en Madrid, en casa de unos bienhechores. Allí espera a que llegue al refugio su superior, el P. Bienvenido Mª de Dos Hermanas. Ante la tardanza, y arriesgando su vida, vuelve los pasos en su búsqueda. Al amanecer del día siguiente, tres de agosto, apareció su cadáver junto a las tapias del Reformatorio del Príncipe de Asturias, en Madrid. El amor filial le llevó a ir en busca de su superior, entregando su vida en el intento, por lo que fue un mártir del amor de Cristo. El P. Francisco era muy elegante, más bien delgado y de aspecto normal. De carácter dulce y extremamente amable. Era muy piadoso y en el pueblo causaba una impresión ejemplar. Fue un religioso exquisitamente bueno e inteligente, razón por la que le distinguían los superiores. Según sus biógrafos, se mostraba muy prudente, hablaba muy poco y siempre con acierto. El tono de su voz era suave y dulce. En él tenía puestas el Instituto grandes esperanzas. Fue el benjamín de los mártires de la Familia Amigoniana.

Beato Timoteo Valero Pérez. Nace el 24 de enero de 1901 en Terriente, diócesis de Albarracín y provincia de Teruel. Ingresa jovencito en el Asilo San Nicolás de Bari, de Teruel, como asilo de caridad para niños pobres y huérfanos que es. Y en él cursa latín y humanidades y prende en él la vocación religiosa amigoniana. El 15 de septiembre de 1917 viste el hábito de terciario capuchino e ingresa en el noviciado. En idéntica fecha, pero dos años después, hace su primera profesión religiosa y, seis años más tarde, la perpetua. La ordenación sacerdotal la recibe de manos de su Padre Fundador, Venerable Luis Amigó, en Godella (Valencia), el 16 de septiembre de 1928. Desarrolla su ministerio pastoral en la Casa Fundación Caldeiro, en Madrid. Pero la mayor parte de su ministerio pastoral lo desempeña en la Escuela de Reforma de Santa Rita, también en Madrid, donde dejó una huella imborrable en su servicio de catequesis y de sacramentalización a los jóvenes extraviados. Precisamente en esta última fraternidad le sorprende la persecución religiosa. Ocupada la Escuela de Reforma de Santa Rita el 20 de julio de 1936, los religiosos se dispersan en busca de refugio por Madrid. El P. Timoteo se dirige a casa de su hermano Roberto. Denunciado por una vecina, antigua empleada de Santa Rita, los milicianos registraron la casa, lo detuvieron y lo llevaron a la checa de Fomento. El 17 de septiembre de aquel mismo año, sin que hubiese intervenido en política y sin juicio alguno, fue ejecutado y su cuerpo sepultado en fosa común en el cementerio de Vicálvaro (Madrid). Los superiores siempre lo habían destinado a escuelas de reforma o de protección paternal. Y acertaron plenamente, pues el P. Timoteo era un joven sacerdote, de carácter alegre, jovial, bromista, que conectaba fácilmente con los jóvenes. Fue un excelente músico.

Beata Rosario de Soano (en el siglo, Petra María Victoria Quintana Argos). Nace en Soano, delicioso pueblecito de Cantabria, el 13 de mayo de 1866. A los 13 años queda huérfana de madre, por lo que se ve en la necesidad de suplirla en la atención a sus tres hermanos menores: Feliciana, Juan y Eleuterio. Muy pronto siente la vocación a la vida consagrada al contacto con los capuchinos del convento de Montehano, en quienes deposita su confianza. Entre tanto su padre contrae nuevas nupcias. Rayando ya los 23 años emprende viaje a Valencia para ingresar en las Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia. El 14 de mayo de 1891 emite sus primeros votos religiosos y, concluido el quinquenio de votos temporales, los perpetuos. Mujer de gran valía, primeramente es elegida superiora local de las fraternidades de Altura, Massamagrell, Meliana y L'Ollería, luego maestra de novicias, más tarde, consejera general, y posteriormente superiora general durante dos sexenios, de 1914 a 1926, concluyendo finalmente sus días en el cargo de consejera y vicaria general de la congregación. Desempeñando este último servicio la sorprendió la persecución religiosa en la fraternidad de la casa noviciado de Massamagrell (Valencia). Expulsadas del convento las hermanas, fue la última en abandonar la casa el 20 de julio de 1936, hallando piadoso refugio en el hogar de Carmen dels Mudets primero, y luego en casa de una pobre viuda. Arrebatada violentamente de su refugio, fue trasladada al Sindicato de Puzol (Valencia) y, a los dos días, el 22 de agosto de 1936, tras profundas vejaciones e insultos, fusilada en el término de Más Maciá, en el Camino de Tránsitos, de dicho pueblo. En el momento supremo del martirio otorgó su perdón al asesino con la entrega de su anillo de esposa de Cristo. Rosario de Soano, mujer de una inmensa bondad, misericordiosa y compasiva, fue alma de profunda oración y de una austeridad manifiesta. Se distinguió por su humildad, pobreza y sencillez de vida verdaderamente franciscanas.

Beata Francisca Javier de Rafelbuñol (en el siglo, María Fenollosa Alcaina). Nace en Rafelbuñol (Valencia) el 24 de mayo de 1901. Es la mayor de los doce hijos de los consortes José y María Rosa, ambos pertenecientes a la Orden Tercera de San Francisco. Recibe la primera instrucción cristiana e intelectual en la escuela del pueblo. Y, apenas puede, se pone a trabajar para ayudar económicamente a la familia de sencillos labradores, patriarcal. Dirigida por los capuchinos de La Magdalena, en Massamagrell, pronto se despierta en ella la vocación religiosa. Cuando María quiere ingresar en religión la madre se opone, pues tiene en ella una ayuda en las muchas tareas de la casa. Y cuando está para cumplir sus 21 años de edad, ingresa en las terciarias capuchinas. El 11 de mayo de 1921 comienza el noviciado en Altura, Castellón; en la misma fecha, dos años más tarde, emite sus primeros votos religiosos y, en 1928, los perpetuos. El corto decurso de su vida religiosa lo recorre a perfección en las fraternidades de Altura (Castellón), Meliana, Benaguacil y Massamagrell (Valencia); en este último convento le sorprende la contienda civil. El 20 de julio de 1936 el alcalde del pueblo da la orden de desalojar el convento. Nuestra beata halla cobijo en la casa paterna en Rafelbuñol. Localizada, es obligada a hacer las faenas de la casa abadía, donde se había establecido el Comité. El 27 de septiembre de 1936 es detenida, juntamente con su hermano el canónigo don José y su tío don Juan Bautista, y asesinada en el cementerio de Gilet, Valencia. «Que Dios os perdone como yo os perdono», le oyó decir quien se disponía a darle el tiro de gracia. Una hermana en religión traza así la semblanza de Francisca: «Era una religiosa joven, muy alegre, jovial y buena. Una morena muy simpática, con ojos negros que hablaban. Era muy sociable con la gente y con las chicas a las que trataba en plan de suscitar vocaciones religiosas. Alternaba mucho con todos. Estudiaba música y tocaba piano. Cantaba muy bien y con voz bonita».

Beata Serafina María de Ochovi (en el siglo, Manuela Justa Fernández Ibero). Nace en Ochovi, pueblecito navarro de la cuenca de Pamplona, el 6 de agosto de 1872. Es la penúltima de una familia de ocho vástagos, de los que cuatro vestirán la estameña franciscana. Hija de una familia numerosa, patriarcal, frecuenta la escuelita del pueblo hasta los quince años en que ingresa en religión. El 8 de mayo de 1887 se incorpora a las terciarias capuchinas, en el Santuario de Montiel (Benaguacil, Valencia), casa fundacional del Instituto. El 14 de mayo de 1891 emite sus primeros votos religiosos y, luego de un quinquenio de votos temporales, los perpetuos. En este tiempo ya se muestra como religiosa piadosa, observante y muy amante de la pobreza. Es ya, por carácter, muy formal, seria y responsable. En 1902 es elegida consejera general, cargo para el que es reelegida en los cinco capítulos generales siguientes. Sabe compatibilizar con dicho cargo el de superiora sucesivamente de las fraternidades de Segorbe, Massamagrell, Altura, L'Ollería, Carcaixent, Seminario de Valencia y de nuevo Massamagrell, en cuya fraternidad le sorprende la guerra. El 26 de julio de 1936 las hermanas hubieron de abandonar la casa religiosa. La última en hacerlo es la hermana Serafina, superiora de la fraternidad, quien halló cobijo en casa de Carmen dels Mudets, en la plaza de la iglesia. El 21 de agosto, viernes, fue detenida y, con la hermana Rosario de Soano, ambas llevadas al Comité de Puzol. La noche del día 22, sacaron a las hermanas Rosario y Serafina para «darles el paseíto», y las asesinaron. La hermana Serafina era de carácter serio, firme, pero a la vez franco, sin rodeos ni doblez. Sabía compaginar su carácter, en apariencia seco, con la humildad en el trato con las hermanas. Era exigente para consigo misma, caritativa y humilde, fervorosa, amante del trabajo, en especial el más modesto, y ejemplar en el cumplimiento de sus obligaciones religiosas. Tenía, es verdad, el genio pronto, pero era muy noble. Era una persona entera, maja. Hablando con ella era afectuosa y cariñosa. Era todo corazón.

Beata Carmen García Moyon. Nace el 13 de septiembre de 1888 en la ciudad francesa de Nantes, hija de padre español y madre francesa. Educada religiosamente, Carmen da muy pronto muestras de sus verdaderos sentimientos cristianos, que posteriormente defiende con todas sus fuerzas. Mujer de temperamento heroico y de una amabilidad sin límites, se revuelve valientemente sintiendo hervir en su interior la ira de Dios, cual otro san Juan Eudes ante un hereje, para defender sus propios derechos y los de la iglesia. A principios del siglo XX la familia García-Moyon vuelve a España, instalándose en la ciudad de Segorbe, Castellón. Seguramente que por el contacto de la joven Carmen con las hijas del Venerable Luis Amigó prende en ella la vocación religiosa. De hecho el 11 de enero de 1918 ingresa en la congregación de terciarias capuchinas, pero, al concluir sus votos religiosos temporales, no los renueva. En 1926 la encontramos ya en la ciudad de Torrent, Valencia. Enseguida entra en contacto con los frailes del convento de Monte Sión. Con el tiempo la francesita, así se le conocía, se emplea en dar catequesis a los niños del convento, repasar las ropas sagradas, limpiar de la hermosa iglesia, y hasta puso un taller de costura en su casa, donde enseñaba a las jóvenes torrentinas el arte de coser, zurcir y bordar ropas. Una verdadera catequista, cooperadora parroquial y trabajadora social. Sus convicciones religiosas le llevan a sufrir muerte violenta la noche del 30 de enero de 1937 en el Barranc de les Canyes, término municipal de Torrent: la rociaron de gasolina y le prendieron fuego. ¡Viva Cristo Rey! fueron sus últimas palabras. Quienes la conocieron nos dicen que Carmen, humanamente, era muy cariñosa y comprensiva; físicamente, era de pequeña estatura, llenita, bien parecida y de mirada serena y penetrante; y, moralmente, una persona muy religiosa y sumamente piadosa. Fue una auténtica líder del pensamiento cristiano femenino.

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La II República española, proclamada el 14 de abril de 1931, llegó impregnada de fuerte anticlericalismo. Apenas un mes más tarde se produjeron incendios de templos en Madrid, Valencia, Málaga y otras ciudades, sin que el Gobierno hiciera nada para impedirlos y sin buscar a los responsables para juzgarles según la ley. Los daños fueron inmensos, pero el Gobierno no los reparó ni material ni moralmente, por lo que fue acusado de connivencia. La Iglesia había acatado a la República no sólo con respeto, sino también con espíritu de colaboración por el bien de España. Estas fueron las instrucciones que el Papa Pío XI y los obispos dieron a los católicos. Pero las leyes sectarias crecieron día a día. En este contexto fue suprimida la Compañía de Jesús y expulsados los jesuitas.

Durante la revolución comunista de Asturias (octubre de 1934), derramaron su sangre muchos sacerdotes y religiosos, entre ellos los diez Mártires de Turón, 9 Hermanos de las Escuelas Cristianas y un Pasionista, canonizados el 21 de noviembre de 1999.

Durante el primer semestre de 1936, después del triunfo del Frente Popular, formado por socialistas, comunistas y otros grupos radicales, se produjeron atentados más graves, con nuevos incendios de templos, derribos de cruces, expulsiones de párrocos, prohibición de entierros y procesiones, etc., y amenazas de mayores violencias.

Éstas se desataron, con verdadero furor, después del 18 de julio de 1936. España volvió a ser tierra de mártires desde esa fecha hasta el 1 de abril de 1939, pues en la zona republicana se desencadenó la mayor persecución religiosa conocida en la historia desde los tiempos del Imperio Romano, superior incluso a la de la Revolución Francesa.

Fue un trienio trágico y glorioso a la vez, el de 1936 a 1939, que se debe recordar fielmente para que no se pierda la memoria histórica.

Al finalizar la persecución, el número de mártires ascendía a casi diez mil: 13 obispos; 4.184 sacerdotes diocesanos y seminaristas, 2.365 religiosos, 283 religiosas y varios miles de seglares, de uno y otro sexo, militantes de Acción Católica y de otras asociaciones apostólicas, cuyo número definitivo todavía no es posible precisar.

El testimonio más elocuente de esta persecución lo dio Manuel de Irujo, ministro del Gobierno republicano, que en una reunión del mismo celebrada en Valencia -entonces capital de la República-, a principios de 1937, presentó el siguiente Memorándum:

«La situación de hecho de la Iglesia, a partir de julio pasado, en todo el territorio leal, excepto el vasco, es la siguiente: a) Todos los altares, imágenes y objetos de culto, salvo muy contadas excepciones, han sido destruidos, los más con vilipendio. b) Todas las iglesias se han cerrado al culto, el cual ha quedado total y absolutamente suspendido. c) Una gran parte de los templos, en Cataluña con carácter de normalidad, se incendiaron. d) Los parques y organismos oficiales recibieron campanas, cálices, custodias, candelabros y otros objetos de culto, los han fundido y aún han aprovechado para la guerra o para fines industriales sus materiales. e) En las iglesias han sido instalados depósitos de todas clases, mercados, garajes, cuadras, cuarteles, refugios y otros modos de ocupación diversos. f) Todos los conventos han sido desalojados y suspendida la vida religiosa en los mismos. Sus edificios, objetos de culto y bienes de todas clases fueron incendiados, saqueados, ocupados y derruidos. g) Sacerdotes y religiosos han sido detenidos, sometidos a prisión y fusilados sin formación de causa por miles, hechos que, si bien amenguados, continúan aún, no tan sólo en la población rural, donde se les ha dado caza y muerte de modo salvaje, sino en las poblaciones. Madrid y Barcelona y las restantes grandes ciudades suman por cientos los presos en sus cárceles sin otra causa conocida que su carácter de sacerdote o religioso. h) Se ha llegado a la prohibición absoluta de retención privada de imágenes y objetos de culto. La policía que practica registros domiciliarios, buceando en el interior de las habitaciones, de vida íntima personal o familiar, destruye con escarnio y violencia imágenes, estampas, libros religiosos y cuanto con el culto se relaciona o lo recuerde».

A los sacerdotes, religiosos y seglares que entregaron su vida por Dios el pueblo comenzó a llamarles mártires porque no tuvieron ninguna implicación política ni hicieron la guerra contra nadie. Por ello, no se les puede considerar caídos en acciones bélicas, ni víctimas de la represión ideológica, que se dio en las dos zonas, sino mártires de la fe. Sí, hoy los veneramos en los altares como mártires de la fe cristiana, porque la Iglesia ha reconocido oficialmente que entregaron sus vidas por Dios durante la persecución religiosa de 1936.

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El papa Juan Pablo II decía en la homilía de la misa de beatificación el 11 de marzo del 2001:

«Podemos preguntarnos: ¿Cómo son los hombres y mujeres "transfigurados"? La respuesta es muy hermosa: Son los que siguen a Cristo en su vida y en su muerte, se inspiran en Él y se dejan inundar por la gracia que Él nos da; son aquéllos cuyo alimento es cumplir la voluntad del Padre; los que se dejan llevar por el Espíritu; los que nada anteponen al Reino de Cristo; los que aman a los demás hasta derramar su sangre por ellos; los que están dispuestos a darlo todo sin exigir nada a cambio; los que -en pocas palabras- viven amando y mueren perdonando.

»Así vivieron y murieron José Aparicio Sanz y sus doscientos treinta y dos compañeros, asesinados durante la terrible persecución religiosa que azotó España en los años treinta del siglo pasado. Eran hombres y mujeres de todas las edades y condiciones: sacerdotes diocesanos, religiosos, religiosas, padres y madres de familia, jóvenes laicos. Fueron asesinados por ser cristianos, por su fe en Cristo, por ser miembros activos de la Iglesia. Todos ellos, según consta en los procesos canónicos para su declaración como mártires, antes de morir perdonaron de corazón a sus verdugos. (...)

»¡Cuántos ejemplos de serenidad y esperanza cristiana! Todos estos nuevos Beatos y muchos otros mártires anónimos pagaron con su sangre el odio a la fe y a la Iglesia desatado con la persecución religiosa y el estallido de la guerra civil, esa gran tragedia vivida en España durante el siglo XX. En aquellos años terribles muchos sacerdotes, religiosos y laicos fueron asesinados sencillamente por ser miembros activos de la Iglesia. Los nuevos beatos que hoy suben a los altares no estuvieron implicados en luchas políticas o ideológicas, ni quisieron entrar en ellas. Bien lo sabéis muchos de vosotros que sois familiares suyos y hoy participáis con gran alegría en esta beatificación. Ellos murieron únicamente por motivos religiosos. Ahora, con esta solemne proclamación de martirio, la Iglesia quiere reconocer en aquellos hombres y mujeres un ejemplo de valentía y constancia en la fe, auxiliados por la gracia de Dios. Son para nosotros modelo de coherencia con la verdad profesada, a la vez que honran al noble pueblo español y a la Iglesia. (...)

»¡Que su recuerdo bendito aleje para siempre del suelo español cualquier forma de violencia, odio y resentimiento! Que todos, y especialmente los jóvenes, puedan experimentar la bendición de la paz en libertad: ¡Paz siempre, paz con todos y para todos!

»Queridos hermanos, en diversas ocasiones he recordado la necesidad de custodiar la memoria de los mártires. Su testimonio no debe ser olvidado. Ellos son la prueba más elocuente de la verdad de la fe, que sabe dar un rostro humano incluso a la muerte más violenta y manifiesta su belleza aun en medio de atroces padecimientos. Es preciso que las Iglesias particulares hagan todo lo posible por no perder el recuerdo de quienes han sufrido el martirio».

En su meditación mariana de la hora del Ángeles, al final de la misa de beatificación el 11 de marzo del 2001, Juan Pablo II decía entre otras cosas:

«Estos nuevos beatos confiaron en ella, la Virgen fiel, en los momentos dramáticos de la persecución. Cuando se les impidió profesar libremente la fe o, después, durante su permanencia en la cárcel, para afrontar el momento supremo, encontraron un apoyo constante en el santo rosario, rezado a solas o en pequeños grupos. ¡Cuán eficaz resulta esta tradicional oración mariana en su sencillez y profundidad! El rosario constituye en todas las épocas una valiosa ayuda para innumerables creyentes».

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