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| DÍA 2 DE AGOSTO
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* * * San Betario. Obispo de Chartres (Francia). Murió el año 623. Santa Centola. Sufrió el martirio en territorio de Burgos (España), a comienzos del siglo IV, durante la persecución del emperador Diocleciano. San Esteban I, papa del año 254 al año 257. Era romano y se había integrado en una de las diaconías de Roma. Su pontificado trascurrió en una época tranquila del emperador Valeriano. Tuvo dificultades con algunas Iglesias particulares por asuntos de fe y disciplina. Sus relaciones con san Cipriano de Cartago no siempre fueron cordiales. Prohibió rebautizar a los herejes que querían volver a la plena comunión con la Iglesia. Fue sepultado en el cementerio de Calixto en la Vía Apia. San Máximo. Obispo de Padua (Italia), en el siglo III-IV, sucesor de san Prosdócimo. San Pedro de Osma. Nació en Bourges (Francia) hacia el año 1040. Se dedicó primero a la carrera de armas; luego la abandonó y entró en el monasterio de Cluny. A petición de Alfonso VI, rey de León y Castilla, su abad lo envió a España con otros monjes. Estuvo en el monasterio de Sahagún y después en Toledo, de cuya catedral fue arcediano. El año 1103 fue elegido obispo de Osma (Soria), recién liberada del dominio árabe. Se dedicó con gran celo a la reconstrucción material y espiritual de la diócesis. Murió en Palencia el año 1109. San Rutilio. Mártir en África. Durante algún tiempo escapó de la persecución romana, huyendo de un lugar a otro y a veces invirtiendo dinero en ello. Pero finalmente fue arrestado por ser cristiano y entregado al gobernador, ante el que confesó su fe en Cristo. Lo sometieron a múltiples suplicios y lo quemaron vivo. El escritor Tertuliano es quien narra su vida, y se calcula que su martirio tuvo lugar algo antes del año 212. San Sereno de Marsella. Fue el noveno obispo de Marsella (Francia), claramente iconoclasta o contrario al culto de las sagradas imágenes, por lo que fue reprendido por el papa san Gregorio Magno. Cuando éste envió a san Agustín de Canterbury y sus compañeros a evangelizar Inglaterra, Sereno les dio hospitalidad. Mientras se dirigía a Roma para reconciliarse ante el Papa de su desviación doctrinal, descansó piadosamente en el Señor en Biandrate, cerca de Vercelli (Italia). Esto acaeció algo después del año 601. Beato Antonio Mohedano Larriva, salesiano. Nació en Córdoba el año 1894, hizo la profesión en 1914 y, ordenado sacerdote en 1925, se consagró totalmente a la educación de la juventud obrera en el colegio de Santa Teresa de Ronda (Málaga), como catequista por ocho años (1925-1933) y como director desde 1933 hasta su muerte en 1936. El 25-VII-1936, la comunidad fue obligada a abandonar el colegio y buscar refugio en casas particulares. Desde su nuevo domicilio el P. Antonio seguía con dolor la tragedia de sus hermanos. El 2-VIII-1936, un grupo de exaltados lo detuvo y, sin resistencia de su parte, lo llevaron al lugar del martirio. Beatos Felipe de Jesús Munárriz Azcona, Juan Díaz Nosti y Leoncio Pérez Ramos. Los tres eran sacerdotes, miembros de la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María (Claretianos), en la que ejercían cargos de responsabilidad, y, a causa de su fe, fueron fusilados por los milicianos en el cementerio de Barbastro (Huesca) el 2 de agosto de 1936. Felipe nació en Allo (Navarra) el año 1875 y a los once años ingresó en el seminario claretiano de Barbastro. Profesó en 1891 y se ordenó de sacerdote en 1898. Su actividad se centró primero en la formación de sus jóvenes y luego en el gobierno de comunidades claretianas. Era superior de la casa de Barbastro cuando lo detuvieron. Juan nació en Oviedo (Asturias) el año 1880. Se trasladó con sus padres a Barcelona y desde allí entró en el seminario claretiano de Barbastro. Profesó en 1898 y se ordenó de sacerdote en 1906. Ocupó en su Congregación ministerios y cargos importantes: superior, profesor en sus centros de formación, formador. Era un hombre culto y buen pedagogo. Leoncio nació en Muro de Aguas (Rioja) el año 1875. Hizo la profesión en Cervera el año 1893 y recibió la ordenación sacerdotal en 1901. Su precaria salud no le permitió salir mucho a predicar. Sus principales tareas fueron la de confesor y la de ecónomo en sucesivas casas. Era austero consigo mismo, bondadoso y servicial para con los demás, y asumía a gusto tareas humildes. Beato Francisco Calvo Burillo. Nació en Híjar, provincia de Teruel (España) el año 1881. A los 15 años ingresó en la Orden de Predicadores. Se ordenó de sacerdote en 1905 y después estudió filosofía en la Universidad de Barcelona. Se dedicó a la enseñanza y a la escritura de libros y artículos, tuvo cargos de gobierno en su Orden, fue uno de los principales restauradores de la Provincia dominica de Aragón, atendió de modo especial a las religiosas contemplativas. Estaba delicado de salud y marchó a casa de su madre para reponerse. Allí lo detuvieron los milicianos y lo fusilaron en el cementerio de su pueblo natal el 2 de agosto de 1936. Beato Francisco Company. Nació en Rocallaura (Tarragona) en 1886. Ingresó en el seminario de Tarragona, lo enviaron a Roma, en la Gregoriana se doctoró en filosofía y teología, y fue ordenado sacerdote en 1914. En su diócesis fue vicario-ecónomo de la catedral, profesor del seminario, redactor del diario "La Cruz". Era muy caritativo con los pobres y confesor muy apreciado. Al estallar la persecución religiosa, hospedó en su casa a religiosas y a un sacerdote, y se arriesgó por salvar las hostias consagradas del sagrario de la catedral y dar la comunión. El 2 de agosto de 1936, los milicianos lo detuvieron y lo torturaron hasta la muerte, cerca del cementerio de la ciudad. Beatificado el 13-X-2013. Beata Juana de Aza, madre de santo Domingo, el fundador de los Dominicos. Nació en la villa de Aza, provincia de Burgos (España), hacia el año 1140. Contrajo matrimonio con Félix de Guzmán, hombre hacendado de la nobleza castellana. Tres hijos suyos subieron a los altares: Domingo como santo, Manés como beato y Antonio como venerable. Juana dejó una estela de santidad como madre y como esposa. Llena de fe y devoción, usó de gran misericordia hacia los pobres y afligidos. Murió en Caleruega (Burgos) a finales del siglo XII o principios del siglo XIII. Beato Justino María Russolillo. Nació el año 1891 en Pianura-Nápoles (Italia). En el Seminario de Pozzuoli se distinguió por su inteligencia, humildad y piedad. En 1913 fue ordenado sacerdote. Desde seminarista pensó y fue preparando la fundación de un instituto religioso para cultivar las vocaciones. Ya sacerdote, comenzó a trabajar para la realización de su misión y pronto nació la Sociedad de las Divinas Vocaciones, con las dos comunidades de Padres Vocacionistas y de Hermanas Vocacionistas. Murió santamente en Nápoles el 2-VIII-1955. Beatificado en 2011. Beato Leoncio Pérez. Nació en Villarmentero (Burgos) en 1895. Emitió sus votos en los Paúles en 1914 y fue ordenado sacerdote en 1921. Vistas sus cualidades para la enseñanza y educación de la juventud, lo enviaron al Colegio Apostólico de Teruel, de donde pasó, en 1935, a Alcorisa para atender a los seminaristas. Declarada la persecución religiosa, salió de Alcorisa camino de Zaragoza. Un vecino de Oliete (Teruel), después de comprobar que era sacerdote, fingió querer ayudarle y le ofreció que montara en una de sus caballerías. Llegados a un lugar solitario, lo apaleó y apedreó hasta matarlo. Era el 2 de agosto de 1936. Beatificado el 13-X-2013. Beato Miguel Amaro, Operario Diocesano. Nació en El Romeral (Toledo) en 1883. Fue ordenado sacerdote en 1906. Era un hombre humilde que atraía por su bondad. Fue un gran promotor de vocaciones. Ejerció su ministerio en los seminarios de Toledo, Valencia, donde vivió los primeros ataques de la persecución religiosa en 1931, y León. El 18-VII-1936, día en que empezó la guerra civil, llegó a Toledo para unas gestiones religiosas. Se refugió en casa de un amigo, pero ante las amenazas contra quienes acogían a sacerdotes, el 2 de agosto de 1936 dejó la casa y ya en la calle lo detuvieron los milicianos que enseguida lo fusilaron. Beatificado el 13-X-2013. * * * Cf. más abajo los textos de la Misa y Oficio de Santa María de los Ángeles de la Porciúncula. * * *
PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN Pensamiento bíblico : Dice el libro de la Sabiduría: -Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres. Obrando así enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento (Sab 12,18-19). Pensamiento franciscano : Dice san Francisco en su Paráfrasis del Padrenuestro: -Perdona nuestras ofensas: por tu misericordia inefable, por la virtud de la pasión de tu amado Hijo y por los méritos e intercesión de la beatísima Virgen y de todos tus elegidos (ParPN 7). Orar con la Iglesia: Proclamemos las grandezas de Dios Padre que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la Madre de su Hijo. -Oh Dios, que has querido que la Inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo, haz que también nosotros caminemos hacia esa misma gloria. -Tú que nos diste a María por madre, concede, por su mediación, salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores. -Tú que hiciste de María la llena de gracia, concédenos la abundancia de tu misericordia y de tu amor. -Haz, Señor, que tu Iglesia tenga un solo corazón y una sola alma por el amor a ti y a los hombres. -Concédenos, Señor, a tus fieles que perseveremos unánimes en la oración con María mientras esperamos a tu Espíritu. Oración: Te rogamos, Señor, que, por intercesión de la Virgen, Reina de los ángeles, participemos también nosotros de la plenitud de tus dones. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. * * * «EL PERDÓN DE
ASÍS» Queridos hermanos y hermanas: Hoy contemplamos en san Francisco de Asís el ardiente amor por la salvación de las almas, que todo sacerdote debe alimentar constantemente: en efecto, hoy se celebra el llamado «Perdón de Asís», que obtuvo del Papa Honorio III en el año 1216, después de haber tenido una visión mientras se hallaba en oración en la pequeña iglesia de la Porciúncula. Apareciéndosele Jesús en su gloria, con la Virgen María a su derecha y muchos ángeles a su alrededor, le dijo que expresara un deseo, y Francisco imploró un «perdón amplio y generoso» para todos aquellos que, «arrepentidos y confesados», visitaran aquella iglesia. Recibida la aprobación pontificia, el santo no esperó ningún documento escrito, sino que corrió a Asís y, al llegar a la Porciúncula, anunció la gran noticia: «Hermanos míos, ¡quiero enviaros a todos al paraíso!». A partir de entonces, desde el mediodía del 1 de agosto hasta la medianoche del 2, se puede lucrar, con las condiciones habituales, la indulgencia plenaria también por los difuntos, visitando una iglesia parroquial o franciscana. * * * Del discurso de S. S.
Benedicto XVI Queridos jóvenes: Nos acoge aquí, con san Francisco, el corazón de la Madre, la «Virgen hecha Iglesia», como él solía invocarla (cf. SalVM 1). San Francisco sentía un cariño especial por la iglesita de la Porciúncula, que se conserva en esta basílica de Santa María de los Ángeles. Fue una de las iglesias que él se encargó de reparar en los primeros años de su conversión y donde escuchó y meditó el Evangelio de la misión (cf. 1 Cel 22). Después de los primeros pasos de Rivotorto, puso aquí el «cuartel general» de la Orden, donde los frailes pudieran resguardarse casi como en el seno materno, para renovarse y volver a partir llenos de impulso apostólico. Aquí obtuvo para todos un manantial de misericordia en la experiencia del «gran perdón», que todos necesitamos. Por último, aquí vivió su encuentro con la «hermana muerte». * * * AMOR Y
MISERICORDIA 2. Nos encontramos en este momento junto a la basílica que incluye la antigua ermita de la Porciúncula. Precisamente en ella, después de haberla restaurado con sus propias manos, durante la lectura litúrgica del capítulo 10 del Evangelio según San Mateo, Francisco decidió abandonar su breve experiencia eremítica anterior para dedicarse a la predicación en medio de la gente «con palabra sencilla, pero con corazón maravilloso», como dice su primer biógrafo Tomás de Celano (1 Cel 23), dando así comienzo a su típico ministerio. Aquí tuvo lugar más tarde la toma de hábito de Santa Clara, con la fundación de la segunda Orden de las Clarisas o «Damas Pobres de San Damián». Aquí también Francisco impetró de Cristo, mediante la intercesión de la Reina de los Ángeles, el gran perdón o «Indulgencia de la Porciúncula», confirmada en seguida por mi predecesor el Papa Honorio III a partir del 2 de agosto de 1216; y fue después de esta fecha cuando se inició una gran actividad misionera, que llevó a Francisco y a sus frailes a algunos países musulmanes y a varias naciones de Europa. Aquí, por fin, el Santo acogió cantando a la «hermana nuestra muerte corporal» (Cánt 12), a los 44 años de edad. Estamos, pues, en uno de los lugares más venerados del franciscanismo, querido no sólo para la Orden franciscana, sino también para todos los cristianos, que aquí, casi como abrumados por la intensidad de los recuerdos históricos, reciben luz y estímulo para una renovación de la vida, bajo el signo de una fe más enraizada y de un amor más genuino. 3. En particular, siento el deber de subrayar el mensaje específico que nos ofrece la Porciúncula y su Indulgencia. Es un mensaje de perdón y de reconciliación, es decir, de gracia, de la que hemos sido objeto, con las debidas disposiciones, por parte de la misericordia divina. Dios, dice San Pablo, es verdaderamente «rico en misericordia» (Ef 2,4) y, como he escrito en la Encíclica que se titula precisamente con estas palabras, «la Iglesia debe profesar y proclamar la misericordia divina en toda su verdad, cual nos ha sido transmitida por la revelación» (Dives in misericordia, 13), es más, ella «vive una vida auténtica, cuando profesa y proclama la misericordia, el atributo más estupendo del Creador y del Redentor» (ibíd.). Pues bien, ¿quién de nosotros puede decir en su corazón que no tiene necesidad de esa misericordia, o sea, que está en total sintonía con Dios, de forma que no necesita de Él ninguna intervención purificadora? ¿Quién no tiene algo que hacerse perdonar por Él y por su paternal magnanimidad? O, dicho en términos evangélicos, ¿quién de nosotros podría arrojar la primera piedra (cf. Jn 8,7), sin mancharse de presunción o de irresponsabilidad? Sólo Jesucristo habría podido hacerlo, pero renunció a ello con un incomparable gesto de perdón, es decir, de amor, que revela a un tiempo una ilimitada generosidad y una constructiva confianza en el hombre. Todos los días deberíamos reavivar en nosotros tanto la invocación, humilde y gozosa, de la gracia reconciliadora de Dios, como el sentido de nuestra deuda para con Él, que nos ha ofrecido «de una vez para siempre» (Hb 9,12) y continuamente nos vuelve a ofrecer con inmutable bondad, un perdón al que no tendríamos derecho, que nos restablece en la paz con Él y con nosotros mismos, infundiéndonos una nueva alegría de vivir. 4. Pero el Santo de Asís fue también un campeón de la reconciliación entre los hombres. Su intensa actividad de predicador itinerante lo llevó de región en región y de pueblo en pueblo, a través de casi toda Italia. Su típico anuncio de «Paz y bien», que le hizo ser definido como un «nuevo evangelista» (1 Cel 89; 2 Cel 107), resonaba en todos los grupos sociales, a menudo en lucha recíproca, como invitación a buscar el arreglo de sus conflictos mediante el encuentro y no el enfrentamiento, la dulzura de la comprensión fraterna y no el rencor o la violencia que divide. Y en el Cántico de las criaturas él confiesa aclamando: «Loado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor». * * * SANTA MARÍA DE LOS
ÁNGELES El siervo de Dios Francisco, pequeño de talla, humilde de alma, menor por profesión, estando en el siglo, escogió para sí y para los suyos una porcioncilla del mundo, ya que no pudo servir de otro modo a Cristo sin tener algo del mundo. Pues no sin presagio divino se había llamado de antiguo Porciúncula éste lugar que debía caberles en suerte a los que nada querían tener del mundo. Es de saber que había en el lugar una iglesia levantada en honor de la Virgen Madre, que por su singular humildad mereció ser, después de su Hijo, cabeza de todos los santos. La Orden de los Menores tuvo su origen en ella, y en ella, creciendo el número, se alzó, como cimiento estable, su noble edificio. El santo amó este lugar sobre todos los demás, y mandó que los Hermanos tuviesen veneración especial por él, y quiso que se conservase siempre como espejo de la Religión en humildad y pobreza altísima, reservada a otros su propiedad, teniendo el santo y los suyos el simple uso. Se observaba en él la más estrecha disciplina en todo, tanto en el silencio y en el trabajo como en las demás prescripciones regulares. No se admitían en él sino hermanos especialmente escogidos, llamados de diversas partes, a quienes el santo quería devotos de veras para con Dios y del todo perfectos. Estaba también absolutamente prohibida la entrada de seglares. Los moradores de aquel lugar estaban entregados sin cesar a las alabanzas divinas día y noche, y llevaban vida de ángeles, que difundía en torno maravillosa fragancia. Y con toda razón. Porque, según atestiguan antiguos moradores, el lugar se llamaba también Santa María de los Angeles. El bienaventurado Padre solía decir que por revelación de Dios sabía que la Virgen Santísima amaba con especial amor aquella iglesia entre todas las construidas en su honor a lo ancho del mundo, y por eso el Santo la amaba más que a todas. Pues, aunque sabía que en todo rincón de la tierra se encuentra el reino de los cielos y creía que en todo lugar se otorga la gracia divina a los elegidos de Dios, él había experimentado que el lugar de la iglesia de Santa María de la Porciúncula estaba henchido de gracia más abundante y que lo visitaban con frecuencia los espíritus celestiales. Por eso solía decir muchas veces a los hermanos: «Mirad, hijos míos, que nunca abandonéis este lugar. Si os expulsan por un lado, volved a entrar por el otro, porque este lugar es verdaderamente santo y morada de Dios. Fue aquí donde, siendo todavía pocos, nos multiplicó el Altísimo; aquí iluminó el corazón de sus pobres con la luz de su sabiduría; aquí encendió nuestras voluntades en el fuego de su amor. Aquí el que ore con corazón devoto obtendrá lo que pida, y el que profane este lugar será castigado con mucho rigor. Por tanto, hijos míos, mantened muy digno de todo honor este lugar en que habita Dios y cantad al Señor de todo corazón, con voces de júbilo y de alabanza». * * * S. S. Juan Pablo
II 3. El santuario de la Porciúncula, tienda del encuentro de Dios con los hombres, es casa de oración. «Aquí, quien rece con devoción, obtendrá lo que pida», solía repetir Francisco (1 Cel 106), después de haberlo experimentado personalmente. Entre las antiguas paredes de la iglesia, cada uno puede gustar la dulzura de la oración en compañía de María, la Madre de Jesús, y experimentar su poderosa intercesión. El hombre nuevo Francisco, en ese edificio sagrado restaurado con sus manos, escuchó la invitación de Jesús a modelar su vida «según la forma del santo Evangelio» (Test 14), y a recorrer los caminos de los hombres, anunciando el reino de Dios y la conversión, con pobreza y alegría. De este modo, ese lugar santo se había convertido para san Francisco en «tienda del encuentro» con Cristo mismo, Palabra viva de salvación. La Porciúncula es, en particular, «tierra del encuentro» con la gracia del perdón, madurada en una íntima experiencia de Francisco, que, como escribe san Buenaventura, «un día, mientras (...) lloraba reflexionando con amargura en su pasado, se sintió embargado por la alegría del Espíritu Santo, quien le aseguró que le habían sido plenamente perdonados todos sus pecados» (LM 6). Él quiso que todos participaran de su experiencia personal de la misericordia de Dios, y pidió y obtuvo la indulgencia plenaria para quienes, arrepentidos y confesados, llegaran como peregrinos a la iglesia, a fin de recibir el perdón de los pecados y la sobreabundancia de la gracia divina. 4. A cuantos, con auténtica actitud de penitencia y reconciliación, siguen las huellas del Poverello de Asís y acogen la indulgencia de la Porciúncula con las disposiciones interiores requeridas, les deseo que experimenten la alegría del encuentro con Dios y la ternura de su amor misericordioso. Este es el «espíritu de Asís», espíritu de reconciliación, oración y respeto, que deseo de corazón constituya para cada uno estímulo a la comunión con Dios y con los hermanos. Es el mismo espíritu que caracterizó el encuentro de oración por la paz con los representantes de las religiones del mundo, a quienes acogí en la basílica de Santa María de los Ángeles el 27 de octubre de 1986, acontecimiento del que conservo un vivo y grato recuerdo. Con estos sentimientos, también yo me dirijo en peregrinación espiritual a esa celebración de la indulgencia de la Porciúncula, que se desarrolla en la basílica restaurada de la Bienaventurada Virgen María, Reina celestial, ya en el umbral del gran jubileo de la Encarnación de Cristo. A la Virgen, hija elegida del Padre, encomiendo a cuantos, en Asís y en cualquier otra parte del mundo, quieren recibir hoy el «perdón de Asís», para hacer de su corazón una morada y una tienda para el Señor que viene. A todos imparto mi bendición. * * *
TEXTOS DE LA MISA Antífona de entrada Jdt 13, 23. 25. Oración colecta PRIMERA LECTURA Lectura del libro del Eclesiástico 24, 1-4. 16. 22-31. La Sabiduría hace su propio
elogio, Salmo responsorial Lc 1, 46-55. V/. El Poderoso ha hecho obras grandes por
mí, Proclama mi alma la grandeza del
Señor, Porque ha mirado la humillación de
su esclava, Y su misericordia llega a sus fieles Derriba del trono a los poderosos, Auxilia a Israel, su siervo, SEGUNDA LECTURA Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas 4, 3-7. Hermanos: Nosotros, cuando éramos
menores de edad, Cuando se cumplió el tiempo, Como sois hijos, Aleluya
Lc. 1, 28. 42. EVANGELIO Lectura del santo Evangelio según San Lucas 1, 26-33. En aquel tiempo, El ángel, entrando a su presencia,
dijo: Ella se turbó ante estas palabras,
El ángel le dijo: Oración sobre las ofrendas PREFACIO V/. El Señor esté con vosotros. En verdad es justo y necesario, Y alabar, bendecir y proclamar tu
gloria Por él, Santo, Santo, Santo... Antífona de comunión Lc 1,48. Oración después de la
comunión * * *
LITURGIA DE LAS
HORAS Invitatorio Himno Cuando el joven Francisco ha dejado Y allá va mansamente Francisco Y se mete a albañil con denuedo, Y a sus hijos les dice tajante: ¡Capillita de Santa María, Y son mudos testigos sus piedras Demos gloria al Padre y al Hijo Salmodia Ant. 1. Bendita entre las mujeres y bendita en la morada del Señor. Salmo 62 Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti
madrugo, ¡Cómo te contemplaba en el
santuario Toda mi vida te bendeciré En el lecho me acuerdo de ti Ant. Bendita entre las mujeres y bendita en la morada del Señor. Ant. 2. Alégrese vuestra alma por su misericordia y no os avergoncéis de alabarla. Cántico de los tres
jóvenes Criaturas todas del Señor, bendecid
al Señor, Angeles del Señor, bendecid al
Señor; Aguas del espacio, bendecid al
Señor; Sol y luna, bendecid al Señor; Lluvia y rocío, bendecid al
Señor; Fuego y calor, bendecid al
Señor; Rocíos y nevadas, bendecid al
Señor; Escarchas y nieves, bendecid al
Señor; Luz y tinieblas, bendecid al
Señor; Bendiga la tierra al Señor, Montes y cumbres, bendecid al
Señor; Manantiales, bendecid al Señor; Cetáceos y peces, bendecid al
Señor; Fieras y ganados, bendecid al
Señor, Hijos de los hombres, bendecid al
Señor; Sacerdotes del Señor, bendecid al
Señor; Almas y espíritus justos, bendecid
al Señor; Ananías, Azarías y Misael,
bendecid al Señor, Bendigamos al Padre y al Hijo con el
Espíritu Santo, Bendito el Señor en la bóveda
del cielo, Ant. Alégrese vuestra alma por su misericordia y no os avergoncéis de alabarla. Ant. 3. Yo amo a los que me aman, y los que madrugan por mí me encuentran. Salmo 149 Cantad al Señor un cántico
nuevo, Alabad su nombre con danzas, Que los fieles festejen su gloria para tomar venganza de los pueblos Ejecutar la sentencia dictada Ant. Yo amo a los que me aman, y los que madrugan por mí me encuentran. Lectura
breve Si 24, 18-20. Responsorio breve Benedictus, Ant. Bendito el Señor, porque hoy ha engrandecido tanto tu nombre, que siempre estará en boca de cuantos tengan memoria del poder de Dios. Cántico de
Zacarías Bendito sea el Señor, Dios de
Israel, Es la salvación que nos libra de
nuestros enemigos Para concedernos que, libres de temor, Y a ti, niño, te llamarán
profeta del Altísimo, Por la entrañable misericordia de
nuestro Dios, Benedictus, Ant. Bendito el Señor, porque hoy ha engrandecido tanto tu nombre, que siempre estará en boca de cuantos tengan memoria del poder de Dios. Preces Elevemos nuestras súplicas al
Salvador, que quiso nacer de María Virgen, y digámosle: Salvador del mundo, que con la eficacia de
tu redención preservaste a tu madre de toda mancha de pecado, Redentor nuestro, que hiciste de la Virgen
María tabernáculo purísimo de tu presencia y sagrario del
Espíritu Santo, Verbo eterno del Padre, que
enseñaste a María a escoger la mejor parte, Rey de reyes, que elevaste contigo al cielo
en cuerpo y alma a tu madre, Señor del cielo y de la tierra, que
has colocado a tu derecha a María Reina, Padre nuestro. Oración V Í S P E R A S Himno Entre la tierra y el cielo, Y fijando nuestro ascenso, Virgen de la vida pura, Madre de los pecadores, Madre-Virgen de Jesús, Y serás tú bendecida, Salmodia Ant. 1. Prestad oído y venid a mí; escuchadme y viviréis. Salmo 121 ¡Qué alegría cuando me
dijeron: Jerusalén está fundada según la costumbre de Israel, Desead la paz a Jerusalén: Por mis hermanos y compañeros, Ant. Prestad oído y venid a mí; escuchadme y viviréis. Ant. 2. El Señor no nos abandonó, nos dio ánimos para levantar su casa. Salmo 126 Si el Señor no construye la casa, Es inútil que madruguéis, La herencia que da el Señor son los
hijos; Dichoso el hombre que llena Ant. El Señor no nos abandonó, nos dio ánimos para levantar su casa. Ant. 3. El Dios de Israel conducirá tus hijos hacia ti con gozo, a la luz de su presencia, con misericordia y justicia. Cántico de la Carta
a los Efesios (1,3-10) Bendito sea Dios, Él nos eligió en la persona
de Cristo, Él nos ha destinado en la persona de
Cristo, Por este Hijo, por su sangre, Este es el plan Ant. El Dios de Israel conducirá tus hijos hacia ti con gozo, a la luz de su presencia, con misericordia y justicia. Lectura
breve Jdt 13, 31. Responsorio breve Magníficat, Ant.Bienaventurada Virgen María, tú que eres venero de perdón, madre de la gracia, escúchanos a tus hijos, que proferimos hoy nuestras súplicas en tu acatamiento. Cántico de la Virgen
María Proclama mi alma la grandeza del
Señor, Desde ahora me felicitarán todas las
generaciones, Él hace proezas con su brazo: Auxilia a Israel, su siervo, Magníficat, Ant. Bienaventurada Virgen María, tú que eres venero de perdón, madre de la gracia, escúchanos a tus hijos, que proferimos hoy nuestras súplicas en tu acatamiento. Preces Proclamemos las grandezas de Dios Padre
todopoderoso que quiso que todas las generaciones felicitaran a María,
la madre de su Hijo, y supliquémosle diciendo: Oh Dios, admirable siempre en tus obras,
que has querido que la Inmaculada Virgen María participara en cuerpo y
alma de la gloria de Jesucristo, Tú que nos diste a María por
madre, concede, por su mediación, salud a los enfermos, consuelo a los
tristes, perdón a los pecadores, Tú que hiciste de María la
llena de gracia, Haz, Señor, que tu Iglesia tenga un
solo corazón y una sola alma por el amor, Tú que coronaste a María como
reina del cielo, Padre nuestro. Oración
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