DIRECTORIO FRANCISCANO
Año Cristiano Franciscano

DÍA 10 DE DICIEMBRE

 

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SANTA EULALIA DE MÉRIDA. Nació en Mérida (Badajoz, España) a finales del siglo III de familia noble. Cuando arreció en España la persecución del emperador Diocleciano por obra del gobernador Daciano, los padres de Eulalia la llevaron al campo para protegerla, pero una noche ella se escapó de su escondite, volvió a Mérida y se presentó ante el prefecto de la ciudad declarándose cristiana, abominando de los dioses paganos y echando en cara a las autoridades la crueldad con que injustamente trataban a los cristianos. Intentaron hacerla callar y, con halagos, que apostatara de su fe, pero ella la reafirmó y acrecentó los reproches. Fue condenada y torturada bárbaramente hasta quemarla viva, cuando sólo tenía 12 años de edad, el 10 de diciembre del año 304. El poeta cristiano Prudencio hace una primorosa descripción de su martirio.- Oración: Oh Dios, fuente de todos los bienes, que para llevarnos a la confesión de tu nombre te has servido incluso del martirio de los niños, haz que tu Iglesia, alentada por el ejemplo de santa Eulalia de Mérida, virgen y mártir, no tema sufrir por ti y desee ardientemente la gloria del premio eterno. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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San Edmundo Gennings y compañeros mártires. El 10 de diciembre de 1591, durante el reinado de Isabel I, fueron sacrificados en Londres a causa de su fe católica siete mártires, tres sacerdotes y cuatro seglares. Ya están canonizados cuatro de ellos (en 1970) y los otros tres beatificados (en 1929). No murieron todos en el mismo lugar de la capital inglesa: san Edmundo Gennings y san Suitino Wells en un cadalso levantado en casa de este último, donde el primero había sido sorprendido celebrando misa; los otros cinco, en la plaza de Tyburn. A la misa celebrada por san Edmundo asistieron san Polidoro Plasden, sacerdote, y entre otros también los beatos seglares Sidney Hodgson y Juan Mason. En el juicio, los seglares fueron condenados a ser ahorcados y los sacerdotes a ser ahorcados, destripados y descuartizados. Con ellos fueron inmolados también el sacerdote san Eustacio White y el seglar beato Brian Lacy, que ya estaban encarcelados.

San Gemelo. Sufrió el martirio en Ancira (ahora Ankara, en Turquía) en el siglo IV.

San Gregorio III, papa del año 731 al año 741. Nació en Siria y llegó a Roma siendo joven. Ya papa, continuó las grandes empresas iniciadas por su predecesor: la lucha contra los iconoclastas y la defensa del culto a la sagradas imágenes, lo que le llevó a enfrentarse con el emperador bizantino; la evangelización de Alemania y la organización de aquella Iglesia, para lo que constitruyó a san Bonifacio arzobispo regional con amplias facultades; la defensa del patrimonio de San Pedro. Amó la pobreza, rescató esclavos, socorrió a huérfanos, favoreció la vida religiosa, acogió con mucha caridad a los orientales fugitivos.

San Juan Roberts y el beato Tomás Somers. El 10 de diciembre de 1610, siendo rey de Inglaterra Jacobo I, fueron ahorcados, destripados y descurtizados en la plaza de Tyburn en Londres. Con ellos fueron ejecutados dieciséis malhechores, a los que abrazaron antes de la ejecución. Juan era sacerdote benedictino y Tomás sacerdote secular, y los detuvieron al acabar la celebración de una misa clandestina. Los condenaron por haberse ordenado de sacerdote en el extranjero y haber regresado a Inglaterra y por negarse a prestar el juramento de supremaciía religiosa del rey. Juan nació en Dolgelley, a los 21 años entró en la Iglesia Catolica en la catedral de París, y vistió el hábito benedictino cuando estudiaba en el Colegio Inglés de Valladolid (España). Fue uno de los fundadores del monasterio benedictino de Douai (Francia) destinado a la formación de monjes para la misión inglesa. Tomás nació en Skelsmergh, ejerció el magisterio y siguiendo su vocación sacerdotal marchó al Colegio Inglés de Douai. Ordenado de sacerdote en 1606, volvió a su patria y ejerció su ministerio con preferencia entre la gente humilde de Londres.

San Lucas de Melicuccá. Nació en Melicuccá (Reggio Calabria, Italia) a mediados del siglo XI. Se hizo monje basiliano en la Gruta de San Elías Espeleota y se ordenó de sacerdote. Lo eligieron obispo de Isola di Capo Rizzuto, en la región de Calabria, y se aplicó a la predicación de la palabra de Dios, la atención a los pobres y la formación de los monjes. Murió en el monasterio de San Nicolás de Viotorito, que él mismo había fundado, el año 1114.

San Mauro de Roma. Mártir romano del siglo IV, a quien celebra el papa san Dámaso como joven inocente al que ningún suplicio logró apartar de la fe. Lo enterraron en el cementerio de Trasón en la Vía Salaria Nueva.

Beato Anton Durcovici. Obispo de Iasi (Rumanía), pastor celoso y valiente que, perseguido por el régimen comunista rumano, murió mártir. Nació en Austria el año 1888. De niño se trasladó con su madre viuda a Rumanía. Ingresó en el seminario de Bucarest y estudió en Roma, donde fue ordenado sacerdote en 1910. De regreso en Bucarest, ejerció un fervoroso apostolado y fue profesor y rector del seminario mayor. Pío XII lo nombró obispo de Iasi en 1947. En medio de la represión comunista, se entregó por completo al ejercicio de su ministerio. En 1949 lo encerraron en la dura cárcel de Sighet, donde murió de hambre y de sed el 10 de diciembre de 1951. Beatificado el 17-V-2014.

Beatos Antonio María Martín Hernández y Agustín García Calvo. Son dos religiosos salesianos, apresados con sus compañeros por los milicianos mientras hacían ejercicios espirituales en Valencia, al inicio de la persecución religiosa de 1936 en España, encerrados en la Cárcel Modelo de Mislata (Valencia), liberados y arrestados de nuevo, y finalmente fusilados el 10 de diciembre de 1936, por odio a la fe, en el Picadero del pueblo de Paterna (Valencia). Antonio nació en Calzada de Béjar (Salamanca) el año 1885. Hizo los estudios de magisterio, ingresó en los salesianos cuando tenía 28 años y en 1919 se ordenó de sacerdote. Fue maestro de novicios y era director de la casa de Valencia cuando los arrestaron. Agustín nació en Santander el año 1905. Hizo la profesión religiosa como coadjutor en 1922, y trabajó como salesiano, dedicado a la docencia y al teatro, en Huésca, Córdoba (Argentina) y Valencia. Era un hombre alegre, piadoso, humilde y diligente.

Beato Gonzalo Viñes Masip. Nació en Játiva (Valencia, España) el año 1883. Cursó la carrera eclesiástica en el seminario de Valencia y recibió la ordenación sacerdotal en 1906. Lo destinaron a Játiva y fue canónigo archivero de su Colegiata. Era un hombre culto, perteneció a varias entidades culturales, hizo excavaciones, su Ayuntamiento lo nombró cronista de la ciudad. Recibió premios literarios, arqueológicos e históricos. Presidió la Juventud Católica y favoreció la escuela del Círculo Católico de Obreros. Estallada la revolución de 1936, sufrió varios registros, le exigieron que declarara dónde estaban los bienes eclesiásticos, lo forzaron a apostatar. Lo fusilaron en Vallés, cerca de Játiva, el 10 de diciembre de 1936.

Beato Marcos Antonio Durando. Nació en Mondoví (Piamonte, Italia) el año 1801. Ingresó en la Congregación de la Misión (Paúles) en 1818 y se ordenó de sacerdote en 1824. Pronto lo destinaron a la casa de Turín, en la que permaneció el resto de su vida. Fue un incansable predicador de misiones populares, muy buscado por todos los pueblos. En su Instituto ejerció cargos de responsabilidad. Introdujo en el Piamonte a las Hijas de la Caridad, para las que fundó muchas casas. Fomentó los centros de obras de caridad llamados «Misericordias». Fundó la Compañía de la Pasión de Jesús Nazareno, más conocida como Hermanas Nazarenas, para atender a todos los que sufren. Murió en Turín el 10 de junio o de diciembre de 1880. Fue beatificado el año 2002.

PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

Dice el apóstol Santiago: -Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca (St 5,7-8).

Pensamiento franciscano:

Escribe san Francisco a los fieles: -El altísimo Padre anunció desde el cielo, por medio de su santo ángel Gabriel, que enviaría su Palabra, tan digna, tan santa y gloriosa, al seno de la Virgen María, y de él recibió la verdadera carne de nuestra humanidad y fragilidad. Él, siendo rico, quiso elegir, con la bienaventurada Virgen, su Madre, la pobreza en el mundo (2CtaF 4-5).

Orar con la Iglesia:

Cristo, Palabra del Padre, ha querido acampar entre nosotros para que contemplemos su gloria; alegres, pues, con esta esperanza, digámosle: Quédate con nosotros, oh Emmanuel.

-Príncipe de la justicia y de la rectitud, haz justicia a los pobres y desamparados.

-Rey de la paz, que de las espadas forjas arados, y de las lanzas, podaderas, convierte nuestro egoísmo y nuestras envidias en amor.

-Tú que no juzgas por apariencias, discierne quiénes son los que realmente te pertenecen.

-Cuando vengas en una nube con gran poder y gloria, haz que nos podamos mantener en pie delante de ti.

Oración: Señor y Dios nuestro, prepara nuestros corazones con la fuerza de tu Espíritu, para que, cuando llegue Jesucristo, nos encuentre dignos de sentarnos a su mesa. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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MARÍA, DIGNA MORADA DEL HIJO DE DIOS
Benedicto XVI, Ángelus del 8 de diciembre de 2008

Queridos hermanos y hermanas:

El misterio de la Inmaculada Concepción de María nos recuerda dos verdades fundamentales de nuestra fe: ante todo el pecado original y, después, la victoria de la gracia de Cristo sobre él, victoria que resplandece de modo sublime en María santísima. Por desgracia, la existencia de lo que la Iglesia llama "pecado original" es de una evidencia aplastante: basta mirar nuestro entorno y sobre todo dentro de nosotros mismos.

En efecto, la experiencia del mal es tan consistente, que se impone por sí misma y suscita en nosotros la pregunta: ¿de dónde procede? Especialmente para un creyente, el interrogante es aún más profundo: si Dios, que es Bondad absoluta, lo ha creado todo, ¿de dónde viene el mal? Las primeras páginas de la Biblia (Gn 1-3) responden precisamente a esta pregunta fundamental, que interpela a cada generación humana, con el relato de la creación y de la caída de nuestros primeros padres: Dios creó todo para que exista; en particular, creó al hombre a su propia imagen; no creó la muerte, sino que ésta entró en el mundo por envidia del diablo (cf. Sb 1,13-14; 2,23-24), el cual, rebelándose contra Dios, engañó también a los hombres, induciéndolos a la rebelión. Es el drama de la libertad, que Dios acepta hasta el fondo por amor, pero prometiendo que habrá un hijo de mujer que aplastará la cabeza de la antigua serpiente (Gn 3,15).

Así pues, desde el principio, el "eterno consejo" -como diría Dante- tiene un "término fijo" (Paraíso, XXXIII, 3): la Mujer predestinada a ser madre del Redentor, madre de Aquel que se humilló hasta el extremo para devolvernos a nuestra dignidad original. Esta Mujer, a los ojos de Dios, tiene desde siempre un rostro y un nombre: "Llena de gracia" (Lc 1,28), como la llamó el ángel al visitarla en Nazaret. Es la nueva Eva, esposa del nuevo Adán, destinada a ser madre de todos los redimidos. San Andrés de Creta escribió: «La Theotókos María, el refugio común de todos los cristianos, fue la primera en ser liberada de la primitiva caída de nuestros primeros padres». Y la liturgia de hoy afirma que Dios «preparó una digna morada para su Hijo y, en previsión de su muerte, la preservó de toda mancha de pecado» (Oración Colecta).

Queridos hermanos, en María Inmaculada contemplamos el reflejo de la Belleza que salva al mundo: la belleza de Dios que resplandece en el rostro de Cristo. En María esta belleza es totalmente pura, humilde, sin soberbia ni presunción. Así se mostró la Virgen a santa Bernardita, hace 150 años, en Lourdes, y así se la venera en numerosos santuarios. Hoy, por la tarde, siguiendo la tradición, también yo le rendiré homenaje ante el monumento dedicado a ella en la plaza de España. Invoquemos ahora con confianza a la Virgen Inmaculada, repitiendo con el Ángelus las palabras del Evangelio, que la liturgia de hoy propone para nuestra meditación.

Saludo a los peregrinos de lengua española en esta solemnidad de la Inmaculada Concepción, tan hondamente arraigada en España y en los países latinoamericanos. Confío a la santísima Virgen María, la llena de gracia, los gozos y las preocupaciones de todos los discípulos de su divino Hijo, para que, acogiendo la Palabra de Dios con un corazón generoso y humilde, la pongan en práctica con constancia y sean fieles testigos y misioneros de Jesucristo en todos los ámbitos de la vida.

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EVA Y MARÍA
Del "Tratado contra las herejías" de san Ireneo

El Señor vino y se manifestó en una verdadera condición humana que lo sostenía, siendo a su vez ésta su humanidad sostenida por él, y, mediante la obediencia en el árbol de la cruz, llevó a cabo la expiación de la desobediencia cometida en otro árbol, al mismo tiempo que liquidaba las consecuencias de aquella seducción con la que había sido vilmente engañada la virgen Eva, ya destinada a un hombre, gracias a la verdad que el ángel evangelizó a la Virgen María, prometida también a un hombre.

Pues de la misma manera que Eva, seducida por las palabras del diablo, se apartó de Dios, desobedeciendo su mandato, así María fue evangelizada por las palabras del ángel, para llevar a Dios en su seno, gracias a la obediencia a su palabra. Y si aquélla se dejó seducir para desobedecer a Dios, ésta se dejó persuadir a obedecerle, con lo que la Virgen María se convirtió en abogada de la virgen Eva.

Así, al recapitular todas las cosas, Cristo fue constituido cabeza, pues declaró la guerra a nuestro enemigo, derrotó al que en un principio, por medio de Adán, nos había hecho prisioneros, y quebrantó su cabeza, como encontramos dicho por Dios a la serpiente en el Génesis: Establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.

Con estas palabras, se proclama de antemano que aquel que había de nacer de una doncella y ser semejante a Adán habría de quebrantar la cabeza de la serpiente. Y esta descendencia es aquella misma de la que habla el Apóstol en su carta a los Gálatas: La ley se añadió hasta que llegara el descendiente beneficiario de la promesa.

Y lo expresa aún con más claridad en otro lugar de la misma carta, cuando dice: Pero cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer. Pues el enemigo no hubiese sido derrotado con justicia si su vencedor no hubiese sido un hombre nacido de mujer. Ya que por una mujer el enemigo había dominado desde el principio al hombre, poniéndose en contra de él.

Por esta razón el mismo Señor se confiesa Hijo del hombre, y recapitula en sí mismo a aquel hombre primordial del que se hizo aquella forma de mujer: para que así como nuestra raza descendió a la muerte a causa de un hombre vencido, ascendamos del mismo modo a la vida gracias a un hombre vencedor.

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SAN FRANCISCO Y LA VIRGEN MARÍA (I)
por Martín Steiner, OFM

Francisco «rodeaba de amor indecible a la Madre de Jesús, por haber hecho hermano nuestro al Señor de la majestad» (2 Cel 198).

Esta afirmación de Tomás de Celano nos invita, en primer lugar, a la modestia: si el amor que Francisco profesaba a María es «indecible», quiere decirse que nos hallamos ante un misterio que no podemos llegar a comprender; es imposible abarcarlo con nuestras palabras e ideas. El secreto de Francisco no se deja penetrar fácilmente en ningún sector. Se entra en él poco a poco, sin conseguir nunca la impresión de haberlo descifrado exhaustivamente.

El autor de este artículo nos indica al mismo tiempo en qué dirección debemos buscar: Francisco ama a María con un «amor indecible» por la relación singular que María mantiene con Aquel a quien se dirige el apasionado amor del Poverello: Cristo. ¡Es la Madre del Hijo de Dios! Francisco va de golpe a lo esencial: María está referida por entero a su Hijo. De ahí que su contemplación y devoción no separen jamás a María de Jesús. Postura tradicional y única base sólida para un amor recto y auténtico a María.

1. María y la Encarnación

¿Cómo percibía y admiraba Francisco, ya más concretamente, la maternidad divina de María? «Por haber hecho hermano nuestro al Señor de la majestad», decía Tomás de Celano (2 Cel 198). Escribe Francisco: «Este Verbo del Padre, tan digno, tan santo y glorioso, anunciándolo el santo ángel Gabriel, fue enviado por el mismo altísimo Padre desde el cielo al seno de la santa y gloriosa Virgen María, y en él recibió la carne verdadera de nuestra humanidad y fragilidad» (2CtaF 4; cf. OfP 15,3). Francisco engloba así a María en su contemplación de la humanidad de la encarnación. Para comprender cómo Francisco pone sus ojos en el misterio de la encarnación, es preciso remontarse a la experiencia de dulzura vivida en el momento de su conversión (TC 7). Francisco no aclara el contenido de esta experiencia mística. Se puede deducir por los efectos que produjo en él: mayor acercamiento a los pobres, beso al leproso, etc. (cf. TC 8-11).

Experiencia del Altísimo, del Señor de la majestad que se abaja hasta el extremo de hacerse en Jesús nuestro Hermano; del Omnipotente, que viene a compartir en Jesús nuestra fragilidad; del Santísimo, que desciende a ocupar un puesto entre los pecadores; del infinitamente digno, que se humilla en su Hijo hasta el extremo de compartir nuestra abyección. Es la revelación, en Jesús, del ágape divino. Dios manifiesta hasta dónde llega su amor. Había creado al hombre a su imagen y semejanza. El hombre, con su ingratitud, se había apartado de él. Dios muestra entonces que su amor a su criatura es santo, es decir, completamente otro, infinitamente más fiel que el que brota del corazón del hombre: «Al igual que nos creaste por tu Hijo, así, por el santo amor con que nos amaste, quisiste que Él, verdadero Dios y verdadero hombre, naciera de la gloriosa siempre Virgen beatísima Santa María...» (1 R 23,3).

María está en el centro de este misterio de humildad y de amor: de ella ha tomado el Hijo de Dios nuestra carne, nuestra debilidad y fragilidad; por medio de ella se ha hecho Hermano nuestro, ese Hermano a quien contempla Francisco extasiándose: «¡Oh, cuán santo y cuán amado es tener un tal hermano y un tal hijo, agradable, humilde, pacífico, dulce, amable y más que todas las cosas deseable!» (1CtaF 13; cf. 2CtaF 56). Se comprende que englobe a María en su amor sin medida a su Señor.

«Por haber nosotros alcanzado misericordia mediante ella» (LM 9,3): por medio de ella ha venido a nosotros, pecadores, el que nos trae la misericordia, la ternura del Padre.

[En Selecciones de Franciscanismo, n. 28 (1981) 53-54].

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