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| DÍA 26 DE AGOSTO
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* * * San Alejandro de Bérgamo. Según la tradición, fue un centurión romano, miembro de la Legión Tebea, que escapó de la muerte en Milán, pero que luego fue decapitado en Bérgamo por su fe cristiana. Su vida se sitúa a caballo entre el siglo III y el siglo IV. San Anastasio el Batanero. Sufrió el martirio en el siglo III en Salona (Croacia). Era de oficio batanero. San Eleuterio. Obispo de Auxerre (Francia) en el siglo VI. Santa Juana Isabel Bichier des Ages. Nació en Chateau des Ages el año 1773 y se educó en las Hermanas Hospitalarias de Poitiers. Durante la Revolución Francesa conservó el castillo de su familia y acogió a sacerdotes refractarios. En 1797 comenzó a dirigirse con san Andrés-Huberto Fournet, al que ayudó a desarrollar clandestinamente su ministerio. Restablecida la paz de la Iglesia y por consejo de su director espiritual, fundó la Congregación de las Hijas de la Cruz, para la educación de los pobres y la ayuda a los enfermos. Durante muchos años vivió con admirable serenidad los graves sufrimientos físicos y morales que le aquejaban. Murió en La Puye, cerca de Poitiers, el 26 de agosto de 1838. San Maximiliano. Sufrió el martirio en Roma y fue enterrado en el cementerio de Basila, en la Vía Salaria Antigua. Su vida se sitúa en un año desconocido de la antigüedad cristiana. San Melquisedec. La Iglesia conmemora hoy a Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios altísimo, que saludó y bendijo a Abrahán cuando volvía victorioso de su enfrentamiento con reyes enemigos, sacó pan y vino y ofreció al Señor un sacrificio santo, una hostia inmaculada (cf. Gn 14). A él se refiere el Salmo 109,4: «El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec». La carta a los Hebreos dice que Jesús fue proclamado por Dios sacerdote eterno según el rito de Melquisedec (cf. Hb 6,20 - 7,1-4). San Víctor. Sufrió el martirio, la tradición dice que crucificado, en Cesarea de Mauritania (en la actual Argelia), en el siglo III/IV. Beatos Benildo José, Elmo Miguel y Fausto Luis, mártires, Hermanos de las Escuelas Cristianas. En la persecución religiosa desatada en España en 1936, fueron muchos los sacerdotes, religiosos y seglares católicos detenidos y encarcelados en el barco-prisión "Río Segre", anclado en el puerto de Tarragona. Cada día los milicianos los iban sacando en grupos para fusilarlos. A estos tres Hermanos, allí encerrados, los sacaron el 26 de agosto de 1936 y los fusilaron en el río Francolí, en Tarragona. Benildo José nació en Llofriu (Gerona) en 1872. Profesó en 1891. Desarrolló su apostolado en varios destinos y ejerció cargos de responsabilidad. En la prisión se distinguió por su piedad, serenidad y caridad. Elmo Miguel nació en Llagostera (Gerona) en 1868. Profesó como hermano converso en 1909. Ejerció el oficio de cocinero y ropero, y otros trabajos manuales. Tenía un semblante sereno, grave, digno. Fausto Luis nació en L'Escala (Gerona) en 1904. Profesó en 1921. Ejerció su apostolado sobre todo en La Bonanova de Barcelona y en Tarragona. Desarrolló una extraordinaria obra de evangelización en los jóvenes.- Beatificados el 13-X-2013. Beata Facunda Margenat. Nació en Girona (España) en 1876. Profesó en el Instituto de las Hermanas de San José de Gerona, fundado para atender a los enfermos por la noche en su domicilio o en los hospitales, en 1898. En sus varios destinos se caracterizó por su caridad, sencillez y gran personalidad. Cayó gravemente enferma y tuvo que suspender su ministerio. Aún convaleciente, pidió reanudar su trabajo. Le confiaron el cuidado de un enfermo de Barcelona en su domicilio, en el que se quedó cuando estalló la persecución religiosa. Alguien la denunció a los milicianos, que la detuvieron, la maltrataron y la asesinaron el 26 de agosto de 1936 [se dan también otras fechas de su martirio]. Beatificada el 5-IX-2015. Beato Félix Vivet Trabal. Nació en Sant Feliu de Torelló (Barcelona) el año 1911. Hizo su profesión religiosa en la Sociedad Salesiana de Don Bosco en 1928. Después estuvo trabajando en Alcoy (Alicante) y luego lo enviaron a Roma a estudiar en la Universidad Gregoriana. El verano de 1936, terminado el segundo curso de teología, volvió a España y se hospedó en la casa de Sarriá, de la que fue expulsado, como los demás religiosos, el 21 de julio. Marchó con su familia y, el 26 de agosto de 1936, los milicianos lo detuvieron junto con su padre y su hermano, que eran destacados miembros de Acción Católica, y los fusilaron en Barcelona, en las proximidades de Pedralbes. Beatos Fortunato Merino Vegas y Luis Gutiérrez Calvo. Estos dos Agustinos eran miembros de su comunidad de Málaga (España), y se dedicaban a la enseñanza. Cuando el 11-V-1931 fueron incendiados el colegio y la iglesia, tuvieron que marchar a otros destinos. En 1934 se reabrió el colegio, y volvieron a Málaga. El 19-VII-1936 tuvieron que abandonar de nuevo el colegio y esconderse, a causa de la persecución religiosa. Detenidos por los milicianos, fueron martirizados en Málaga el 26-VIII-1936. Fortunato Merino nació en Itero Seco (Palencia) en 1892, hizo la profesión religiosa en 1909 y fue ordenado sacerdote en 1916. Luis Gutiérrez nació en Melgar de Abajo (Valladolid) en 1888, hizo la profesión religiosa como colaborador en 1909, y estuvo destinado en varios colegios. Beata Lorenza (Leucadia) Harasymiv. Nació en la región de Lvov (Ucrania) el año 1911. En 1922 ingresó en la Congregación de las Hermanas de San José, y se dedicó a las tareas religiosas y sociales propias de su Instituto. Llegado el régimen comunista y en ausencia de los sacerdotes, que habían sido arrestados, estuvo atendiendo, junto con la beata Olimpia Bidá, a los fieles. Ya enferma de tuberculosis, en 1950 fue detenida por los agentes de la KGB y deportada al campo de concentración de Kharsk, en Siberia. Allí la atendió la beata Olga, pero la falta de médicos y medicinas la llevó a la muerte el 26 de agosto de 1952. Beato Luis Alfonso Moreno. Nació en Quintanilla San García (Burgos) en 1911. Profesó en los Maristas el año 1928. Después de trabajar en otros colegios, llegó al de la calle Los Madrazo de Madrid en 1935. Prometía ser uno de los futuros valores de la provincia marista de España, por sus cualidades de excelente educador y de religioso observante. Al estallar la persecución religiosa en julio de 1936, se refugió en casas particulares. El 26 de agosto de 1936, lo detuvieron los milicianos por la noche y acto seguido lo mataron en Madrid. Tenía 25 años. Beatificado el 13-X-2013. Beata María de los Ángeles Ginard Martí. Nació en Lluchmayor (Mallorca, España) el año 1894. En su juventud trabajó como bordadora y sombrerera y ayudó en la crianza de sus hermanos pequeños. A la vez llevaba una vida de intensa piedad. En 1921 ingresó en las Religiosas Celadoras del Culto Eucarístico, en las que hizo la primera profesión en 1923. Trabajó en Madrid, en Barcelona y de nuevo en Madrid como procuradora, y allí la sorprendió la persecución religiosa. Tuvo que dejar el convento y se refugió en casa de una familia amiga, pero la delató el portero y la detuvieron los milicianos, que la fusilaron en la Dehesa de la Villa, en Madrid, el 26 de agosto de 1936. Fue beatificada el año 2005. Beato Santiago Retouret. Nació en Limoges (Francia) el año 1746. Ingresó en la Orden de los Carmelitas de la Antigua Observancia en 1762 y recibió la ordenación sacerdotal en 1768. Muy apreciado por el obispo de Limoges, nunca dejó esta ciudad y destacó como gran predicador. Llegada la Revolución Francesa, se negó primero a prestar el juramento de acatamiento a la constitución civil del clero, pero más tarde, horrorizado por la matanza de sacerdotes, prestó el juramento de libertad-igualdad. No obstante, lo encerraron en un pontón anclado frente a Rochefort y, ya encarcelado, retractó de manera oficial su juramento. Pasó hombre, desnudez y muchas miserias, de resultas de las cuales murió el 26 de agosto de 1794. * * *
PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN Pensamiento bíblico : Dijo Jesús: -Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden! (Mt 7,9-11). Pensamiento franciscano : San Buenaventura dice de san Francisco: -Si, por una parte, su intensa devoción y ferviente caridad lo elevaban hacia las realidades divinas, por otra, su afectuosa bondad lo lanzaba a estrechar en dulce abrazo a todos los seres, hermanos suyos por naturaleza y gracia. Pues si la ternura de su corazón lo había hecho sentirse hermano de todas las criaturas, no es nada extraño que la caridad de Cristo lo hermanase más aún con aquellos que están marcados con la imagen del Creador y redimidos con la sangre del Hacedor (LM 9,4a). Orar con la Iglesia: Glorifiquemos a Cristo Jesús, luz que alumbra a todo hombre y sol de justicia que no conoce ocaso. -Creador del universo, al darte gracias cada día, te pedimos que el recuerdo de tu resurrección sea nuestro gozo más profundo. -Que tu Espíritu Santo nos enseñe a cumplir tu voluntad, y que tu sabiduría dirija todas nuestras acciones. -Que cuando celebremos la Eucaristía, tu palabra nos revele tu rostro y la participación en tu banquete haga crecer nuestra esperanza. -Que sepamos contemplar las maravillas que tu generosidad nos concede y que vivamos en permanente acción de gracias. Oración: Dios todopoderoso, de quien procede todo bien, siembra tu amor en nuestros corazones y consérvalo con solicitud paterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. * * * LITURGIA DEL DOMINGO XVIII
(Ciclo A) Queridos hermanos y hermanas: En la liturgia del día, la primera lectura (Is 55,1-3) nos recuerda que las cosas más grandes de nuestra vida no pueden ser adquiridas ni pagadas, porque las cosas más importantes y elementales de nuestra vida sólo pueden ser un regalo: el sol y su luz, el aire que respiramos, el agua, la belleza de la tierra, el amor, la amistad, la vida misma. Todos estos bienes esenciales y centrales no podemos comprarlos, sino que los recibimos como regalo. La segunda lectura (Rm 8,35-39) añade que eso significa que también hay cosas que nadie nos puede quitar [¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?], que ninguna dictadura, ninguna fuerza destructora nos puede robar. Nadie nos puede quitar el ser amados por Dios, que en Cristo nos conoce y ama a cada uno; y, mientras tengamos esto, no somos pobres, sino ricos. El evangelio (Mt 14,13-21) añade un tercer paso. Si de Dios recibimos dones tan grandes, también nosotros debemos dar: en ámbito espiritual debemos dar bondad, amistad y amor. Pero también debemos dar en el ámbito material. El evangelio habla de compartir el pan. Estas dos cosas deben penetrar hoy en nuestra alma. Debemos dar, porque también nosotros hemos recibido. Debemos transmitir a los demás el don de la bondad, del amor y de la amistad. A la vez, a todos los que necesitan de nosotros y a los que podemos ayudar, debemos darles también dones materiales, haciendo así que la tierra sea más humana, es decir, más cercana a Dios. * * * IMITAR LAS VIRTUDES DE
CRISTO EN SU NACIMIENTO Quisiera llevar a sus corazones, Hermanitas, abundancia de los consuelos espirituales, que les hicieran más gratos todavía de lo que ya son de ordinario los presentes días. Pero qué les voy a decir para ello sino que acudan a la cuna del Divino Niño con toda confianza y le ofrezcan, bien limpio y sencillo, su corazón, para que quiera entrar en él; dispuestas a seguir sus santas inspiraciones y compartir con él, sin reserva, así las glorias como las fatigas. Por nosotras viene. Miren si es poco lo que nos quiere. ¿Y nosotras a él? Yo no lo sé, pero, si he de juzgar por mis obras y las de algunas otras como yo, está nuestro amor muy resfriado. Por Dios, que pongamos en ello remedio, y ofrezcamos con verdad al Niño que, de hoy en adelante, al cumplir con nuestros deberes, hemos de imitar las virtudes del que, en su nacimiento, se nos presenta como modelo. Y para que todas sepan a lo que nos obligamos y a una trabajemos por lo mismo, apuntaré cuáles sean, a mi ver, estas virtudes. La obediencia a los designios del Padre celestial le trae al mundo, y la obediencia a las potestades de la tierra le llevan, con sus padres, a nacer en Belén. Correspondamos nosotras marchando sumisas a donde quiera que se nos envíe y sujetándonos gustosas a la Regla y al trabajo que se nos imponga. Acredita su humildad sometiéndose a los desprecios; sus parientes no le reciben: para él no hay lugar en la posada. Mortifiquemos nuestro amor propio y no obremos por bien parecer; que ni la vanidad nos seduzca, ni el resentimiento nos consuma. Su pobreza se manifiesta en los pañales con que se le envuelve en el pesebre que le sirve de cuna y en el sitio que nace, un desmantelado establo. ¿Por qué nosotras nos hemos de lastimar de que el hábito sea más o menos viejo, más o menos remendada la toca, más o menos pobre la casa o mesa? Su paciencia se demuestra en cómo acepta risueño los sufrimientos a que se somete con su obediencia, humildad y pobreza; la hora de medianoche y la estación fría en que nace, y, para que también al espíritu los sufrimientos alcancen, sufre por sus padres que ve despreciados y padeciendo privaciones por él y por lo que sabe le espera toda su vida y, muy especialmente, en su pasión y muerte, que tiene a la vista. Pero todas estas virtudes suponen otra más principal que les da realce, la de su ardentísima caridad. Es tan grande, que dice: He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Por eso, su Corazón arde en llamas de purísimo amor; con ese purísimo amor es menester que amemos y tratemos a nuestros pobres, interesándonos muchísimo por su bienestar temporal y eterno. * * * DE LA CARTA DE
DESPEDIDA Fray Junípero Serra, para no apenar a ancianos sus padres, emprendió el viaje a América sin despedirse de ellos. Mientras esperaba en Cádiz el momento de embarcar, les escribió esta carta, pero, por no saber ellos leer, la envió a un fraile residente en Petra, el P. Francisco Serra, que no es familiar suyo, para que éste se la leyera. Amigo de mi corazón, me faltan en ésta palabras, aunque me sobren afectos para despedirme y para repetiros la súplica del consuelo de mis padres, a quienes no dudo no les faltará su aflicción. Yo quisiera poder infundirles la gran alegría en que me encuentro, y pienso que me instarían a seguir adelante y no retroceder nunca. Deben advertir que el cargo de Predicador Apostólico, y máxime adjunto con el actual ejercicio, es lo más que ellos podían desear para verme bien establecido. Que su vida, como son ya tan viejos, es ya muy deleznable, y casi preciso que sea breve. Y si la saben comparar a la eternidad verán claramente que no puede ser más que un instante. Y siendo así, será muy del caso y muy conforme a la santísima voluntad de Dios que reparen poco en la poquísima ayuda que yo les pueda hacer en las conveniencias de esta vida para merecer de Dios nuestro Señor que, si no nos volvemos a ver en esta vida, estemos juntos para siempre en la Gloria. Decirles que yo no dejo de sentir el no poder estar más cerca de ellos, como estaba antes, para consolarles, pero pensando también que lo primero es lo primero, y que antes que ninguna otra, lo primero es hacer la voluntad de Dios cumpliéndola; por amor de Dios los he dejado, y si yo por amor de Dios y con su gracia, tengo fuerza de voluntad para dejarlos, del caso será que también ellos, por amor de Dios, estén contentos al quedar privados de mi compañía. Que se hagan cargo de lo que sobre esto les dirá el confesor y verán que, en verdad, ahora les ha entrado Dios por su casa. Con santa paciencia y resignación ante la divina voluntad, poseerán sus almas, porque alcanzarán la vida eterna. Que no atribuyan a nadie, sino sólo a Dios Nuestro Señor, lo que lamentan, y verán cómo les será suave su yugo y se les mudará en gran consuelo lo que ahora tal vez padecen como una aflicción. No es hora ya de alterarse ni afligirse por ninguna cosa de esta vida, y así de conformarse en un todo con la voluntad de Dios, procurando prepararse para bien morir, que es lo único que importa de cuantas cosas pueda haber en esta vida, pues alcanzando aquélla, poco importa que se pierda todo lo demás; y si no se alcanza, nada aprovecha todo lo demás. Que se alegren de tener un sacerdote, aunque malo y pecador, que todos los días, en el Santo Sacrificio de la Misa, ruega por ellos con todas sus fuerzas y muchísimos días aplica por ellos solamente la Misa, porque el Señor los asista, porque no les falte lo necesario para el sustento, les dé paciencia en los trabajos, resignación a su santa voluntad, paz y unión con todo el mundo, valor para resistir a las tentaciones del demonio y, finalmente, cuando convenga, una muerte lúcida y en su santa gracia. Si yo, con la ayuda de la gracia de Dios, llegase a ser un buen religioso, serían más eficaces mis oraciones y no serían ellos poco interesados en esta ganancia; y lo mismo digo de mi querida hermana en Cristo, Juana, y Miguel mi cuñado: que no piensen en mí por ahora sino para encomendarme a Dios para que yo sea un buen sacerdote y un buen ministro de Dios; que en esto estamos todos muy interesados, y esto es lo que importa. Recuerdo que mi padre, cuando tuvo aquella enfermedad, tan grave que lo extremaunciaron, y yo, que ya era religioso, lo asistía, pensando que ya se moría, estando él y yo a solas, me dijo: «Hijo mío, lo que te encargo es que seas un buen religioso del Padre S. Francisco». Pues, padre mío, sabed que tengo aquellas palabras tan presentes como si en este mismo instante las oyera de vuestra boca. Y sabed también que para procurar ser un buen religioso emprendí este camino. No estéis afligidos porque yo haga vuestra voluntad, que es también la voluntad de Dios. De mi madre sé también que nunca se descuidó de encomendarme a Dios con el mismo cariño para que yo fuese un buen religioso. Pues, madre mía, si tal vez por vuestras oraciones Dios me ha puesto en este camino, estad contenta de lo que Dios dispone y decid siempre en todos los trabajos: «Bendito sea Dios y hágase su santa voluntad». * * * MANSEDUMBRE Y
CORTESÍA, Suele decirse que una persona cortés siempre y con todos no puede ser sincera. Si por sinceridad entendemos espontaneidad instintiva, entonces la cortesía puede convertirse en una máscara «muy a tono»; mas cuando los instintos de agresividad y de repulsa son dominados de antemano por la mansedumbre de no juzgar, de no condenar, la cortesía es genuina, es abnegación de sí mismo, no por gusto propio sino por complacer a los demás, y se expresa en alegría. Por otra parte, la cortesía de san Francisco traspasaba todas las fronteras de la amistad y de la conveniencia, y se extendía, ¡con cuánta delicadeza!, hasta los ladrones de monte Casale, los herejes, los mahometanos. Cortesía, hermana de la caridad: feliz definición. La beneficencia que hiere, la limosna que ofende, es la hecha por el de arriba al de abajo, sin cortesía. San Francisco unió siempre caridad y cortesía. Fue gran caridad y mansedumbre curar a aquel leproso inaguantable y protervo; pero fue cortesía hacer «calentar el agua con muchas hierbas aromáticas» y lavarlo con sus delicadas manos (cf. Florecillas 24). Fue caridad dar enseguida algo de comer a aquel hermano que se moría de hambre una noche en Rivotorto; pero fue cortesía «hacer preparar la mesa para que el hermano no se avergonzase de comer solo, y comieron todos juntos» (LP 50). Fue caridad ofrecer muy de madrugada racimos de uva madura a un hermano enfermo; pero fue cortesía sentarse junto a él y comer en su compañía «para que no se avergonzase de hacerlo solo» (LP 53). Introducirse con el canto en ambientes mundanos, como en San León, durante la ceremonia de la consagración del joven caballero (cf. Consideraciones sobre las Llagas 1); disolver con el canto el hielo de oposiciones irreductibles, como aquella que había entre el Podestá y el Obispo de Asís, es arte cortés al servicio de la caridad más refinada. San Francisco fue cortés no sólo con los hombres, o con los pájaros, los peces, los lebratillos, los lobos y animales todos, sino también con las criaturas insensibles, tratadas siempre con gran respeto y elogiadas por su belleza y utilidad, como en el famoso Cántico, y como en el pequeño discurso al fuego, antes de someterse al espantoso cauterio: «Hermano fuego, criatura noble y útil entre todas las demás del Altísimo, trátame con cortesía en esta hora» (LP 86). Las fuentes biográficas afirman que Francisco amaba a las criaturas inanimadas «con tan tierno afecto, empleaba con ellas tanta cortesía, tan grande era el gozo que sentía en su compañía y tal la delicadeza que usaba con las mismas, que se molestaba cuando alguno no las trataba cortésmente» (cf. LP 87-88). No quería que se apagase el fuego, ni que se arrojase el agua donde podía ser pisoteada, ni que se arrancasen los árboles de raíz. Evitaba caminar sobre las piedras, recordando a Cristo, piedra angular, y se abstenía de coger flores, que tienen derecho a vivir en libertad. Esta cortesía tan poética en apariencia, tan humilde, tan ingenua, es la expresión de un amor que abraza al universo. Mansedumbre y cortesía constituyen una preciosa herencia legada por san Francisco a sus hijos. Estas virtudes imprimen a los conventos franciscanos, especialmente a los más pequeños, a los más pobres, a los más ignorados, un carácter de acogedora simpatía. Quien llega a ellos de los caminos del mundo, se siente comprendido, no juzgado; anticipado en sus deseos, no discutido; envuelto en una atmósfera no sólo de paz, sino de fraternidad y de bien, de ese cándido, sencillo querer bien que, mejor que un amor ardiente, conforta, serena, franquea el alma: como el sol.
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