DIRECTORIO FRANCISCANO
Año Cristiano Franciscano

DÍA 13 DE AGOSTO

 

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SANTOS PONCIANO e HIPÓLITO. Los santos mártires Ponciano, papa del año 230 al año 235, e Hipólito, presbítero de la Iglesia de Roma, fueron desaterrados juntos a Cerdeña, el año 235, por el emperador Maximino el Tracio, que los condenó a trabajos forzados en las canteras. Allí cumplieron juntos una condena común y, al parecer, fueron coronados con una misma corona, la del martirio. Después sus cuerpos fueron trasladados y enterrados en Roma, Ponciano en el cementerio de Calixto, Hipólito en el cementerio de la Vía Tiburtina. El pontificado de Ponciano se vio turbado por la continuación del cisma que había provocado el famoso escritor Hipólito. En el común cautiverio, ambos se reconciliaron antes de su muerte. Ponciano renunció el año 235 a la sede de Roma, y dejó expedito el camino para su sucesor san Antero. Hipólito, fecundo escritor, de tendencias rigoristas, estuvo en desacuerdo con la elección del papa san Calixto I (217-222), y él mismo fue elegido antipapa. El desatierro a Cerdeña fue el camino de la reconciliación en la Iglesia- Oración: Te rogamos, Señor, que el glorioso martirio de tus santos aumente en nosotros los deseos de amarte y fortalezca la fe en nuestros corazones. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

BEATA GERTRUDIS DE ALTENBERG. Era la hija menor de santa Isabel de Hungría y el beato Luis de Turingia, el cual falleció dos semanas antes del nacimiento de su pequeña, cuando viajaba para incorporarse a la cruzada. Sus padres habían acordado consagrarla al Señor en acción de gracias por sus años de felicidad. En cumplimiento de su promesa, cuando la niña tenía dos años, su madre la llevó al monasterio premonstratense de Altenberg (Alemania). Llegada a la adolescencia, ella ratificó con su propia voluntad el deseo de sus padres y se consagró al Señor con la profesión religiosa. Sus cualidades llevaron a la comunidad a elegirla abadesa cuando tenía 22 años. Fomentó la observancia regular y el culto a la Eucaristía, e introdujo en el monasterio la fiesta del Corpus Christi. Con su herencia añadió al monasterio una nueva iglesia y edificó un asilo para pobres y peregrinos, a los que ella atendía personalmente, siguiendo el ejemplo de su madre. Murió en 1297.

BEATOS PATRICIO O'HEALY y CONN O'ROURKE. Pertenecen al grupo de mártires irlandeses beatificados por Juan Pablo II en 1992, cuya memoria colectiva se celebra el 20 de junio. En el siglo XVI se desató en Inglaterra e Irlanda la persecución contra los católicos que profesaban la autoridad suprema del Romano Pontífice en materia espiritual y rechazaban el «Juramento de supremacía» que reconocía a la Reina como cabeza de la Iglesia. Patricio nació en Dromahaire hacia 1545, profesó en la Orden franciscana, estudió en Roma y en varios lugares de España, y era obispo de Mayo (Irlanda), pero estuvo un tiempo en París. Conn había nacido en Breifne (Irlanda) hacia 1549, había ingresado en la Orden franciscana y era sacerdote, y completaba sus estudios en París. Ya en 1579 marcharon juntos a Irlanda y desembarcaron en el puerto de Smerwicke vestidos de marineros. Muy pronto fueron apresados, encarcelados y juzgados por la ley marcial. Ambos fueron ahorcados en Kilmallock en torno al 13 de agosto de 1579, por haberse negado a aceptar el mencionado Juramento. La última homilía de Patricio fue una reafirmación de la autoridad papal ante los fieles reunidos al pie de la horca.

BEATO MARCOS DE AVIANO . Nació en Aviano (Friuli, Italia) el año 1631. De jovencito se fugó del colegio de los jesuitas de Gorizia para ir a convertir a los turcos, pero acabó en el convento capuchino de Capodistria. En 1648 vistió el hábito capuchino en el noviciado de Conegliano. Ordenado de sacerdote en 1655, empezó el apostolado de la palabra, pero pronto buscó la vida de retiro y oración en Padua, donde un sermón hecho por obediencia y un milagro le dieron mucha fama. A partir de entonces se reveló como un gran predicador en Italia y en varios países europeos, protector de los pobres y enfermos, taumaturgo, legado pontificio en la cruzada de liberación de la dominación turca. Fue un contemplativo itinerante por los caminos del apostolado, artífice de una vasta renovación espiritual a la vez que defensor de la libertad y de la unidad de la Europa cristiana gravemente amenazadas. Murió en Viena (Austria) el 13 de agosto de 1699. Lo beatificó Juan Pablo II en el 2003.

BEATO MODESTO DE ALBOCÁCER (de pila, Modesto García Martí). Nació en Albocácer (Castellón, España) el año 1880. Profesó en la Orden Capuchina en 1897 y fue ordenado de sacerdote en 1903. Ejerció el ministerio sacerdotal sobre todo en Colombia, y al regresar a España se dedicó especialmente a dar tandas de ejercicios espirituales y al confesonario. Cuando se tuvo que cerrar el convento de Ollería (Valencia), del que era superior, el P. Modesto se refugió en casa de una hermana suya junto con otro hermano de ambos que era sacerdote, mosén Miguel. El 13 de agosto de 1936, Modesto y Miguel fueron arrestados por unos milicianos armados, que los obligaron a caminar delante de ellos y, llegados a un lugar solitario del término municipal de su pueblo, los acribillaron a tiros por la espalda. Es uno de los mártires valencianos beatificados por Juan Pablo II en 2001.

BEATA GERTRUDIS LLAMAZARESBEATA GERTRUDIS LLAMAZARES. Nació en Cerezales del Condado, provincia de León (España), el año 1870. En 1896 emitió sus votos como religiosa donada en las Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor. Reservada y fidelísima, se le encomendó la gestión de asuntos delicados, confianza que jamás traicionó. Al comienzo de la persecución religiosa de 1936, se refugió con un grupo de Hermanas en un piso de la calle del Almirante de Madrid, del que pasó a otro refugio, donde los milicianos la detuvieron junto con un sacerdote. En un pinar de la carretera de Hortaleza, después de ser bárbaramente maltratados, fueron atados a un vehículo que los arrastró hasta el entonces pueblo de Hortaleza (Madrid), al que llegaron ya muertos y completamente destrozados, siendo pisoteados y profanados los cadáveres por el vecindario rojo. Falleció, probablemente, el 13 de agosto de 1936, teniendo destrozo de la región cerebral. Beatificada el 13-X-2013. [Más información]

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San Antíoco. Obispo de Lyon (Francia) que murió el año 500. Siendo aún sacerdote, emprendió un largo viaje para visitar a su obispo, san Justo, que vivía entonces en un desierto de Egipto.

San Benildo Romançon. Nació en Thuret (Francia) el año 1805. En 1820 ingresó en el noviciado de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Hecha la profesión, lo destinaron a diferentes colegios, en los que puso de manifiesto sus grandes aptitudes y virtudes; también se ocupó por breve tiempo de la cocina y el huerto. En 1841 lo enviaron a Sangues a fundar y dirigir un nuevo colegio. Mucho tuvo que sufrir, pero cumplió a satisfacción su cometido. Fue un excelente maestro, que puso particular empeño en la catequesis: enseñaba a los niños y jóvenes las fórmulas y el sentido de las mismas, para iluminar sus mentes y encauzar sus vidas. Murió en Sangues (Alto Loira, Francia) el año 1862.

San Casiano de Imola. Según refiere Prudencio, Casiano era maestro. Se descubrió su condición de cristiano y ante las autoridades él se negó a adorar los ídolos. Entonces lo condenaron a ser torturado hasta la muerte por sus propios alumnos con los estiletes usados para escribir. El martirio tuvo lugar en Imola (Emilia-Romaña, Italia) el año 300.

San Juan Berchmans. Nació en Diest (Bélgica) el año 1599 en el seno de una familia modesta, su padre era zapatero. Ingresó en el Pensionado de Nuestra Señora con intención de ser sacerdote diocesano, pero a los tres años lo dejó y se puso de fámulo en casa de un canónigo de la catedral de Malinas, a la vez que estudiaba en su seminario. En 1616 ingresó en el noviciado de los Jesuitas y, después de profesar, en 1619 lo enviaron a Roma, a estudiar en Colegio Romano. Allí, tras una breve enfermedad murió en 1621. Todos lo querían y apreciaban por su piedad sincera, su caridad auténtica y su alegría constante. Se santificó viviendo con sencillez y profundidad lo fundamental del cristiano y religioso.

San Máximo el Confesor. Nació en Constantinopla el año 580, en el seno de una familia distinguida. Hombre culto y bien formado, ocupó altos cargos en la corte imperial. Abandonó la vida política e ingresó en el monasterio de Crisópolis, cerca de Constantinopla, del que fue abad. Destacó por su doctrina y por su defensa de la ortodoxia católica. Combatió con firmeza la herejía monotelita. Por ello el emperador Constante, que era hereje, lo arrestó, lo sometió a dura prisión y crueles torturas, le amputó la mano derecha, y lo desterró a las costas del Mar Negro. Murió en las montañas del Cáucaso, en la fortaleza de Schemaris, el año 662. Dejó escritas obras teológicas, morales y ascéticas.

Santa Radegunda. Nació en Erfurt hacia el año 520, hija de Bertario, rey de Turingia. Cuando Clotario I, rey de los francos, lo derrotó, se llevó consigo a Radegunda, hizo que le dieran una buena formación y se casó con ella. Clotario era muy violento, y ella lo soportó mientras pudo. Después, con el consentimiento del obispo Medardo, recibió de sus manos el velo sagrado de religiosa y se retiró al monasterio de Tours, donde vivía ya la reina Clotilde, madre de Clotario. Pasó luego a otro monasterio, y los últimos 30 años de su vida estuvo en el monasterio de la Santa Cruz de Poitiers, que ella había mandado construir, sirviendo a Cristo bajo la Regla de san Cesáreo de Arlés. Murió el año 587.

San Wigberto. Sacerdote y abad a quien san Bonifacio encomendó el cuidado del monasterio de Fritzlar (Alemania). Murió hacia el año 739.

Beato Andrés Prats. Nació en La Selva del Camp (Tarragona) en 1886. Estudió en el seminario de Tarragona y fue ordenado sacerdote en 1912. Ejerció el ministerio en Els Pallaresos, pueblo en el que entonces abundaba la indiferencia e incluso la hostilidad religiosa; a él los de izquierdas lo apreciaba como persona, pero no como sacerdote. Era muy religioso, dado a la oración, amable y sencillo. Al estallar la persecución religiosa, se refugió en una casa particular y luego marchó a su pueblo, donde permaneció escondido hasta que lo detuvieron. Fue martirizado el 13 de agosto de 1936 en el término de Reus. Beatificado el 13-X-2013.

Beato Guillermo Freeman. Nació en Manthorpe (Yorkshire, Inglaterra) y estudió en Oxford. Presenció el martirio del beato Eduardo Stransham en la plaza londinense de Tyburn, y la fortaleza y serenidad del mártir lo condujeron a la conversión al catolicismo. Estudió en el seminario de Reims (Francia) y se ordenó de sacerdote en 1587. Consiguió volver a Inglaterra superando muchos obstáculos y desarrolló un intenso apostolado en la clandestinidad. Lo arrestaron y en la cárcel lo traicionó un compañero de prisión. Lo condenaron a muerte por ser sacerdote católico y por no reconocer la supremacía religiosa de la reina Isabel I. Lo ahorcaron y descuartizaron en Warwick el año 1595.

Beatos Hilarión Eugenio Cuesta Padierna y Francisco Alfredo Mallo Sánchez. Estos dos Hermanos de las Escuelas Cristianas eran miembros de la comunidad de Palamós (Gerona) cuando en 1936 estalló en España la persecución religiosa. Se refugiaron en casa de un sacerdote del pueblo, pero el 12 de agosto los milicianos detuvieron al cura y el Comité del Pueblo dio a los Hermanos la orden de salir del pueblo. Al día siguiente tomaron el autobús; en la carretera los esperaban los milicianos que pararon el autobús, los hicieron descender y les mandaron caminar por el interior de un bosquecillo, donde los fusilaron. Fue el 13-VIII-1936 en Torrent (Gerona). Hilarión Eugenio nació en Villanueva de Rebollar (Palencia) en 1912 y tomó el hábito religioso en 1928. Francisco Alfredo nació en Santa Marina del Rey (León) en 1916 y tomó el hábito religioso en 1932; no tenía todavía los 20 años cuando lo mataron y es el Hermano más joven que fue martirizado.

Beato Inocencio García Díez, dominico. Nació en Alar del Rey (Palencia) en 1875, profesó en 1892 y en 1899 llegó a Vietnam, donde recibió la ordenación sacerdotal. Poco después lo trasladaron a Filipinas y allí ejerció el ministerio pastoral y la docencia hasta 1911 en que regresó a España. Aquí desempeñó cargos de responsabilidad en varias casas. Desde 1925 estuvo en el convento del Rosario de Madrid. Estaba al frente de esta comunidad cuando asaltaron el convento el 19-VII-1936. En la clandestinidad ayudó a muchos religiosos. El 13-VIII lo detuvieron y llevaron a la checa de "Bellas Artes", en cuyos sótanos lo ejecutaron.

Beato José Bonet Nadal. Nació en Santa María de Montmagastrell (Lleida, España) el año 1875. Hizo la profesión en la Sociedad Salesiana de Don Bosco en 1897 y se ordenó de sacerdote en 1904. Trabajó en Écija y luego en Barcelona. Recorría incansable la ciudad en busca de medios para el sustento de las vocaciones salesianas. Poseía un extraordinario don de gentes merced a su trato agradable, sencillo y humilde. Cuando se instauró la persecución religiosa, se refugió en casa de un amigo, pero el 13 de agosto de 1936 lo detuvieron los milicianos y lo fusilaron en las proximidades del puerto de Barcelona. Por las heridas que presentaba el cadáver, debieron torturarlo antes en alguna de las checas.

Beatos José Tapies Sirvant y compañeros mártires. El 13 de agosto de 1936 fueron fusilados en el cementerio de Salás de Pallars (Lleida, España) siete sacerdotes seculares, párrocos o vicarios parroquiales. Antes habían sido sometidos a duros suplicios que no consiguieron quebrar su fidelidad a Cristo y al sacerdocio. Murieron perdonando a sus verdugos y gritando vivas a Cristo Rey. Estos son sus nombres, con indicación del lugar y año de nacimiento: José Tapies Sirvant, Pons 1860; Pascual Araguás Guardia, Pont de Claverol 1889; Silvestre Arnau Pasquet, Gósol de Berguedá 1911; José Boher Foix, San Salvador de Toló 1887; Francisco Castells Brenuy, Pobla de Segur 1876; Pedro Martret Moles, Seo de Ugel 1901; y José Juan Perot Juanmartí, Boulogne (Toulouse, Francia) 1877. Fueron beatificados en octubre del 2005.

Beato Juan Agramunt Riera. Nació en Almazora (Castellón, España) el año 1907. En 1922 ingresó en el noviciado de los Escolapios en Albarracín y, hecha la profesión y cursados los estudios correspondientes, se ordenó de sacerdote en 1930. Ejerció el ministerio escolapio en los colegios de Gandía, Albacete y Castellón de la Plana, con eficacia y seriedad. Al estallar la guerra civil en julio de 1936, volvió a su casa paterna de Almazora. A finales de aquel mes fue arrestado junto a otros seglares y sacerdotes, y permaneció en la cárcel hasta el 13 de agosto de 1936 en que lo llevaron al campo y lo fusilaron. Antes, él se arrodilló frente los milicianos y les dijo que los perdonaba de todo corazón.

Beato Mateo Despons, Operario Diocesano. Nació en San Mateo (Castellón) en 1884. Fue ordenado sacerdote en 1907. Ejerció su ministerio en varios colegios y seminarios como prefecto o como rector, también como profesor. Tuvo un gran interés por el conocimiento y celebración esmerada de la liturgia. Cuando estalló la persecución religiosa de 1936 en España, estaba de vacaciones en su pueblo natal. Continuó haciendo vida ordinaria hasta que llegaron los milicianos. El 13 de agosto de 1936 lo encarcelaron junto con otros sacerdotes. Aquel mismo día los fusilaron en el término del pueblo vecino, Salsadella. Beatificado el 13-X-2013.

Beato Pedro Gabilhaud. Nació en Pont-Saint-Martin (Francia) el año 1747. Era párroco de Saint-Christophe, diócesis de Limoges, cuando llegó la Revolución Francesa. En un primer momento prestó el juramento constitucional, pero al saber que el papa Pío VI lo había condenado, se retractó oficialmente en la municipalidad, por lo que fue denunciado. Se refugió en su familia y luego intentó huir a España. Fue detenido en Bayona y, tras muchas peripecias, acabó en una nave-prisión anclada frente a Rochefort. Allí dio ejemplo de piedad y paciencia a sus compañeros, y consumido por el hambre y la enfermedad murió el 13 de agosto de 1794.

Beatos Ramón Artiga y Pedro Rofes. Estos dos sacerdotes seculares de la diócesis de Tarragona fueron asesinados por los milicianos el 13 de agosto de 1936 en el término de Les Borges del Camp (Tarragona). Ramón Artiga nació en Montroig (Tarragona) en 1880. Ejerció su ministerio en varias parroquias antes de ser nombrado párroco de Vilaplana. Era piadoso, sencillo y caritativo; visitaba asiduamente a los enfermos. Pedro Rofes nació en Tarragona el año 1909. Ejerció el ministerio como vicario en varias parroquias, por último en la de Mont-roig del Camp. Era un joven sacerdote entusiasta de su vocación. Los niños y los jóvenes eran el campo de su apostolado. Mientras lo llevaban al martirio permaneció sereno, saludando y consolando a los fieles, y confortando a los compañeros de suplicio.- Beatificados el 13-X-2013.

Beato Reginaldo Hernández Ramírez, dominico. Nació en San Miguel el Alto (Jalisco, México) en 1909. A causa de la persecución religiosa de P. E. Calles, tuvo que interrumpir los estudios en el seminario diocesano de Guadalajara (México). Viajó a España para ingresar en los dominicos y profesó en 1927. Recibió la ordenación sacerdotal en 1933. Lo destinaron al convento de Santo Domingo el Real de Madrid. Era afable y caritativo, alegre y mortificado, humilde y servicial. Disuelta su comunidad en julio de 1936, intentó en vano volver a México. Estuvo acogido en una familia hasta que el 13-VIII-1936, después de confesar que era sacerdote, lo llevaron a la checa de Lista y lo ejecutaron aquel mismo día.

Beato Santiago Gapp. Nació en Wattens (Tirol, Austria) el año 1897. Ingresó en los Marianistas el año 1920 y se ordenó de sacerdote en 1930. Trabajó como capellán y docente en varias casas. Lo denunciaron por hablar en público contra el nazismo. Tuvo que buscar refugio en Burdeos, de donde pasó a España. Estuvo en Cádiz y en otras partes. Siempre lo siguieron los espías nazis. Encontrándose en los Marianistas de Valencia, unos falsos amigos lograron que pasara un día en Francia, donde lo arrestaron. Llevado a Berlín, pasó siete largos meses en la cárcel. Lo juzgaron, él mantuvo la incompatibilidad entre nazismo y catolicismo, y lo condenaron. Fue decapitado en una cárcel berlinesa el 13 de agosto de 1943.

Beatos Secundino María Ortega García y compañeros mártires. El 20 de julio de 1936, los milicianos asaltaron el convento de los Claretianos de Barbastro (Huesca, España) y arrestaron a todos sus religiosos. El 12 de agosto martirizaron a seis de ellos. Al día siguiente, 13 de agosto de 1936, fusilaron, mientras cantaban y gritaban vivas a Cristo Rey, a 20 jóvenes cordimarianos, el primero sacerdote y los otros 19 estudiantes. Estos son sus nombres, con indicación del lugar y año de su nacimiento: Secundino María Ortega García, Santa Cruz de la Salceda (Burgos) 1912; Antonino Calvo Calvo, Gumiel de Mercado (Burgos) 1912; Antonio María Dalmau Rosich, Miralcampo (Lérida) 1912; Juan Echarre Vique, Olite (Navarra) 1913; Pedro García Bernal, Santa Cruz de Salceda (Burgos) 1911; Hilario María Llorente Martín, Vadocondes (Burgos) 1911; Salvador Pigem Serra, Voloví de Oñar (Gerona) 1912; Javier Luis Bandrés Jiménez, Sangüesa (Navarra) 1912; José Brengaret Pujol, San Jordi Desvalls (Gerona) 1913; Tomás Capdevila Miró, Maldá (Lérida) 1914; Esteban Casadevall Puig, Argelaguer (Gerona) 1913; Eusebio Codina Millá, Albesa (Lérida) 1914; Juan Codinachs Tuneu, Santa Eugenia de Berga (Barcelona) 1914; Ramón Novich Rabionet, La Sellera del Ter (Lérida) 1913; José María Ormo Seró, Almatret (Lérida) 1913; Teodoro Ruiz de Larrinaga García, Bargota (Navarra) 1912; Juan Sánchez Munárriz, Malón (Zaragoza) 1913; Manuel Torras Sais, Martivell (Gerona) 1915; Manuel Buil Lalueza, Abizanda (Huesca) 1915; y Alfonso Miquel Garriga, Prades de Molsosa (Lérida) 1914.


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PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

Dijo Jesús a sus discípulos: -Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela: os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo (Lc 12,35-37).

Pensamiento franciscano:

Decía san Francisco: -Bienaventurado el siervo que no se tiene por mejor cuando es engrandecido y exaltado por los hombres, que cuando es tenido por vil, simple y despreciado, porque cuanto es el hombre delante de Dios, tanto es y no más (Adm 19,1-2).

Orar con la Iglesia:

Oremos al Señor. Él es nuestro auxilio y escudo.

-Por la Iglesia, llamada a vivir en la provisionalidad de este mundo.

-Por los que pasan la vida en la inconsciencia, sin sentido de responsabilidad.

-Por los que alertan en la sociedad a vivir con sensatez y no son comprendidos.

-Por nosotros, que hemos oído la advertencia del Señor: «Estad preparados, como los que aguardan, en vela».

Oración: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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EN LA TIERRA ESTAMOS DE PASO
Benedicto XVI, Ángelus del 12 de agosto de 2007

Queridos hermanos y hermanas:

La liturgia de este XIX domingo del tiempo ordinario [ciclo C] nos prepara, de algún modo, a la solemnidad de la Asunción de María al cielo, que celebraremos el próximo 15 de agosto. En efecto, está totalmente orientada al futuro, al cielo, donde la Virgen santísima nos ha precedido en la alegría del paraíso. En particular, la página evangélica, prosiguiendo el mensaje del domingo pasado, invita a los cristianos a desapegarse de los bienes materiales, en gran parte ilusorios, y a cumplir fielmente su deber tendiendo siempre hacia lo alto. El creyente permanece despierto y vigilante a fin de estar preparado para acoger a Jesús cuando venga en su gloria. Con ejemplos tomados de la vida diaria, el Señor exhorta a sus discípulos, es decir, a nosotros, a vivir con esta disposición interior, como los criados de la parábola, que esperan la vuelta de su señor. «Dichosos los criados -dice- a quienes el Señor, al llegar, los encuentre en vela» (Lc 12,37). Por tanto, debemos velar, orando y haciendo el bien.

Es verdad, en la tierra todos estamos de paso, como oportunamente nos lo recuerda la segunda lectura de la liturgia de hoy, tomada de la carta a los Hebreos. Nos presenta a Abraham, vestido de peregrino, como un nómada que vive en una tienda y habita en una región extranjera. Lo guía la fe. «Por fe -escribe el autor sagrado- obedeció Abraham a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber a dónde iba» (Hb 11,8). En efecto, su verdadera meta era «la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor es Dios» (Hb 11,10). La ciudad a la que se alude no está en este mundo, sino que es la Jerusalén celestial, el paraíso. Era muy consciente de ello la comunidad cristiana primitiva, que se consideraba «forastera» en la tierra y llamaba a sus núcleos residentes en las ciudades «parroquias», que significa precisamente colonias de extranjeros (en griego, pàroikoi) (cf. 1 P 2,11). De este modo, los primeros cristianos expresaban la característica más importante de la Iglesia, que es precisamente la tensión hacia el cielo.

Por tanto, la liturgia de la Palabra de hoy quiere invitarnos a pensar «en la vida del mundo futuro», como repetimos cada vez que con el Credo hacemos nuestra profesión de fe. Una invitación a gastar nuestra existencia de modo sabio y previdente, a considerar atentamente nuestro destino, es decir, las realidades que llamamos últimas: la muerte, el juicio final, la eternidad, el infierno y el paraíso. Precisamente así asumimos nuestra responsabilidad ante el mundo y construimos un mundo mejor.

La Virgen María, que desde el cielo vela sobre nosotros, nos ayude a no olvidar que aquí, en la tierra, estamos sólo de paso, y nos enseñe a prepararnos para encontrar a Jesús, que «está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso y desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos».

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FE INQUEBRANTABLE DE LOS MÁRTIRES
De las cartas de san Cipriano

¿Con qué alabanzas podré ensalzaros, hermanos valerosísimos? ¿Cómo podrán mis palabras expresar debidamente vuestra fortaleza de ánimo y vuestra fe perseverante? Tolerasteis una durísima lucha hasta alcanzar la gloria, y no cedisteis ante los suplicios, sino que fueron más bien los suplicios quienes cedieron ante vosotros. En las coronas de vuestra victoria hallasteis el término de vuestros sufrimientos, término que no hallabais en los tormentos. La cruel dilaceración de vuestros miembros duró tanto, no para hacer vacilar vuestra fe, sino para haceros llegar con más presteza al Señor.

La multitud de los presentes contempló admirada la celestial batalla por Dios y el espiritual combate por Cristo, vio cómo sus siervos confesaban abiertamente su fe con entera libertad, sin ceder en lo más mínimo, con la fuerza de Dios, enteramente desprovistos de las armas de este mundo, pero armados, como creyentes, con las armas de la fe. En medio del tormento, su fortaleza superó a la fortaleza de aquellos que los atormentaban, y los miembros golpeados y desgarrados vencieron a los garfios que los golpeaban y desgarraban.

Las heridas, aunque reiteradas una y otra vez, y por largo tiempo, no pudieron, con toda su crueldad, superar su fe inquebrantable, por más que, abiertas sus entrañas, los tormentos recaían no ya en los miembros, sino en las mismas heridas de aquellos siervos de Dios. Manaba la sangre que había de extinguir el incendio de la persecución, que había de amortecer las llamas y el fuego del infierno. ¡Qué espectáculo a los ojos del Señor, cuán sublime, cuán grande, cuán aceptable a la presencia de Dios, que veía la entrega y la fidelidad de su soldado al juramento prestado, tal como está escrito en los salmos, en los que nos amonesta el Espíritu Santo, diciendo: Es valiosa a los ojos del Señor la muerte de sus fieles! Es valiosa una muerte semejante, que compra la inmortalidad al precio de su sangre, que recibe la corona de mano de Dios, después de haber dado la máxima prueba de fortaleza.

Con qué alegría estuvo allí Cristo, cuán de buena gana luchó y venció en aquellos siervos suyos, como protector de su fe, y dando a los que en él confiaban tanto cuanto cada uno confiaba en recibir. Estuvo presente en su combate, sostuvo, fortaleció, animó a los que combatían por defender el honor de su nombre. Y el que por nosotros venció a la muerte de una vez para siempre continúa venciendo en nosotros.

Dichosa Iglesia nuestra, a la que Dios se digna honrar con semejante esplendor, ilustre en nuestro tiempo por la sangre gloriosa de los mártires. Antes era blanca por las obras de los hermanos; ahora se ha vuelto roja por la sangre de los mártires. Entre sus flores no faltan ni los lirios ni las rosas. Que cada uno de nosotros se esfuerce ahora por alcanzar el honor de una y otra altísima dignidad, para recibir así las coronas blancas de las buenas obras o las rojas del martirio.

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SANTA CLARA, MODELO DE POBREZA Y HUMILDAD (y III)
De la carta de la Conferencia episcopal de Umbría (11-VII-1993)

LA FRATERNIDAD

La pobreza de Clara es libertad, no sólo para seguir a Cristo, sino también para construir la fraternidad con los demás. Estos dos valores se encuentran significativamente unidos en el nombre primitivo «Hermanas pobres».

Según su ideal, el monasterio debe ser «un solo corazón en la caridad y convivencia fraterna» (LP 45). Para que esto sea una realidad, es necesario renunciar al propio interés y placer egoísta, a la afirmación individualista de sí. Jamás habrá lugar para el hermano en un corazón soberbio y egoísta. Jesús nos revela el secreto de un corazón abierto a la fraternidad, cuando dice: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,29).

La actualidad de este mensaje es evidente para nuestra cultura, caracterizada por el individualismo y consumismo, que a su vez genera indiferencia recíproca y soledad, conflictividad y marginación.

SOLIDARIDAD CON TODOS ANTE DIOS

El mundo secularizado tiende a calcular el valor de una persona según lo que hace o produce. Considera estéril y despreciada una vida dedicada a la oración. Clara de Asís, en cambio, cree que la monja de clausura es «colaboradora de Dios mismo y apoyo para los miembros débiles y titubeantes de su cuerpo inefable» (3CtaCl 8).

Clara tiene razón. La fuerza de la Iglesia no está en la organización y en el activismo, sino en el Espíritu del Señor, que la sostiene y la hace fecunda. Y el don del Espíritu se obtiene sobre todo con la oración y el sacrificio. Dios escucha la invocación humilde, confiada y solidaria, en la que se expresa la pobreza radical del hombre ante él.

La monja que se consagra a Dios no se aparta de los hombres; al contrario, dilata su corazón, para abrazar con su oración de intercesión a la Iglesia y a la humanidad entera, especialmente las más graves necesidades espirituales y materiales. El Papa Juan Pablo II se expresaba así el pasado mes de enero ante la comunidad del protomonasterio de santa Clara de Asís: «Representáis a la Iglesia orante (…). No sabéis cuán importantes sois, escondidas y desconocidas, en la vida de la Iglesia, cuántos problemas y cuántas cosas dependen de vosotras».

¡Cuánta gratitud deberíamos sentir en Umbría hacia los numerosos monasterios que incesantemente llevan al Señor nuestras necesidades espirituales, que desde hace siglos acompañan el camino de nuestro pueblo y sostienen la acción pastoral de nuestras Iglesias!

ATENCIÓN VIGILANTE A LA SOCIEDAD

Hay un episodio de la vida de santa Clara que podemos considerar significativo de la atención vigilante con que las monjas siguen los acontecimientos humanos, incluso los seculares. Las tropas del emperador Federico II, dirigidas por Vitale di Aversa, asediaban Asís y saqueaban el territorio. La santa, preocupada y dolorida por la ruina de su ciudad, dijo a las hermanas: «Sería gran impiedad no llevarles el socorro que nos sea posible, ahora que es el momento oportuno (…). Id a nuestro Señor y pedidle con todo el corazón la liberación de la ciudad» (LCl 23). El asedio fue levantado y la ciudad liberada.

El episodio, en la situación de cambio y desorientación en que se encuentra hoy nuestro país, se convierte en un llamamiento a los hombres de buena voluntad, especialmente a los creyentes, para que no se encierren en la esfera privada, sino que adviertan la urgencia y el deber de un compromiso social y político serio en términos de servicio por el bien común.

CONCLUSIÓN

Con confianza y esperanza os entregamos esta carta a todos vosotros, hermanos y hermanas, pero especialmente a las generaciones jóvenes. El mensaje de la bienaventurada Clara de Asís es siempre actual, porque es profundamente evangélico, y os invitamos a alabar al Señor en este centenario de la santa por las maravillas que ha obrado y sigue obrando a través de ella y de sus hermanas, a través de Francisco y de sus frailes, en nuestro tiempo al igual que en el pasado.

Sobre los monasterios de las Clarisas y sobre cuantos celebren con fervor el centenario inminente, invocamos la bendición de Dios con la fórmula misma de santa Clara: «El Señor os bendiga y proteja. Os muestre su rostro y tenga misericordia. Dirija a vosotros su rostro y os dé su paz. El Señor esté siempre con vosotros y haga que vosotros estéis siempre con él» (BenCl 2-4.16).

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