DIRECTORIO FRANCISCANO
SANTORAL FRANCISCANO

25 de octubre

Beato Antonio De Santa Ana Galvão (1739-1822)

Texto de L’Osservatore Romano

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Sacerdote franciscano, el primer beato brasileño, que se consideraba hijo y esclavo perpetuo de María Inmaculada, y que consagró su vida a los afligidos, a los enfermos y a los esclavos de su época. Fue ferviente adorador de la Eucaristía, maestro de la caridad evangélica, consejero prudente de la vida espiritual y defensor de los pobres.

Nació en 1739, en Guaratinguetá, Estado de São Paulo (Brasil), en el seno de una familia profundamente cristiana. Su padre era un comerciante que pertenecía a la Tercera Orden franciscana y a la del Carmen.

Antonio vivió con sus diez hermanos en una casa cómoda y lujosa. Su padre, para darle una formación humana y cultural adecuada a sus posibilidades, lo envió, a los trece años, a Belém (Bahía) a estudiar en el seminario de los padres jesuitas, donde ya se hallaba su hermano José. Allí estuvo de 1752 a 1756, haciendo notables progresos en el estudio y en la práctica de la virtud. Quiso quedarse y ser jesuita, pero su padre lo disuadió, prefiriendo que ingresara en el cercano convento de la Orden de los franciscanos descalzos reformados de San Pedro de Alcántara.

A los 21 años, el 15 de abril de 1760, ingresó en el noviciado. Durante ese período, destacó por su piedad y su celo. El 16 de abril de 1761 emitió la profesión solemne. Se comprometió también a defender el título «Inmaculada» de la Virgen María, doctrina entonces controvertida, pero sostenida por los franciscanos.

Apenas un año después, el 11 de julio de 1762, recibió la ordenación sacerdotal. Su devoción mariana encontró expresión en la «Consagración a María» como «su hijo y esclavo perpetuo», firmada con su propia sangre el 9 de noviembre de 1766.

Terminados sus estudios, en 1768, fue nombrado predicador, confesor de los seglares y portero del convento: esta última tarea se consideraba muy importante porque, al poner en contacto con la gente, permitía hacer apostolado, escuchar y aconsejar. Fue confesor apreciado y buscado; a menudo, cuando era llamado, iba a pie incluso a localidades lejanas.

En 1769 fue enviado a São Paulo como confesor de un «Recolhimento»: casa de retiro, donde se reunían mujeres piadosas para vivir como religiosas, pero sin emitir votos (en ese tiempo las autoridades no permitían fundar conventos), donde conoció a sor Elena María del Espíritu Santo, religiosa de profunda oración y dura penitencia, que afirmaba tener visiones en las que Jesús le pedía que fundara un nuevo convento. Fray Galvão, su confesor, escuchó y estudió esos mensajes, y pidió consejo a personas sabias, que los juzgaron válidos y de índole sobrenatural.

El 2 de febrero de 1774 tuvo lugar la fundación del «Recolhimento da Luz». Escribió el Estatuto, organizando la vida interior y la disciplina religiosa. Más tarde, el obispo de São Paulo añadió la posibilidad de emitir los votos; en 1929 el «Recolhimento da Luz» fue incorporado a la orden de la Inmaculada Concepción.

Fray Galvão fue también, sucesivamente, maestro de novicios y guardián del convento de san Francisco en São Paulo. Murió el 23 de diciembre de 1822, confortado por los sacramentos. Su tumba ha sido siempre meta de constantes peregrinaciones de fieles.

Es el primer beato brasileño, elevado al honor de los altares el 25 de octubre de 1998 por Juan Pablo II, quien estableció que su fiesta se celebre el 25 de octubre.

[L´Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 23-X-98]

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De la homilía de Juan Pablo II en la misa de beatificación (25-X-1998)

«El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje» (2 Tim 4,17). Estas palabras de san Pablo a Timoteo reflejan muy bien la vida de fray Antonio de Santa Ana Galvão, que quiso responder a su consagración religiosa dedicándose con amor y devoción a los afligidos, a los enfermos y a los esclavos de su época en Brasil.

Demos gracias a Dios por los continuos beneficios otorgados mediante la fuerza evangelizadora que el Espíritu Santo ha infundido hasta hoy en tantas almas, a través de fray Galvão. Su fe genuinamente franciscana, vivida evangélicamente y gastada apostólicamente al servicio del prójimo, servirá de estímulo para imitarlo como «hombre de paz y de caridad». La misión de fundar los Retiros dedicados a Nuestra Señora y a la Providencia sigue produciendo frutos sorprendentes: fue fervoroso adorador de la Eucaristía, maestro y defensor de la caridad evangélica, consejero prudente de la vida espiritual de tantas almas y defensor de los pobres. Que María Inmaculada, de quien fray Galvão se consideraba «hijo y esclavo perpetuo», ilumine el corazón de los fieles y suscite en ellos el hambre de Dios, hasta la entrega al servicio del Reino, mediante su testimonio de vida auténticamente cristiana.

[L´Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 30-X-98]

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Del discurso que Juan Pablo II dirigió, al día siguiente, a los peregrinos (26-X-1998)

En el hogar del beato fray Antonio de Santa Ana Galvão, también conocido como fray Galvão, la familia se reunía todas las noches ante la imagen de Santa Ana para orar; de allí brotó su solicitud por los más pobres, que acudían a su casa; años más tarde, atraería a millares de afligidos, enfermos y esclavos, en busca de consuelo y de luz, hasta el punto de que era conocido como «el hombre de la paz y la caridad».

Pidamos a Dios que, con el ejemplo del beato fray Galvão, la fiel observancia de su consagración religiosa y sacerdotal sirva de estímulo para un nuevo florecimiento de vocaciones sacerdotales y religiosas, tan urgente en la Tierra de la Santa Cruz. Y que esta fe, acompañada por las obras de caridad que transformaron al beato fray Galvão en dulzura de Dios, aumente en los hijos de Dios la paz y la justicia que únicamente germinan en una sociedad fraterna y reconciliada.

[L´Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 30-X-98]

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