DIRECTORIO FRANCISCANO
ENCICLOPEDIA FRANCISCANA

MARÍA DE LOS DOLORES Y PATROCINIO
(Quiroga y Capopardo)
Sor Patrocinio, la Monja de las Llagas
(1811 - 1891)

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Hay bastante confusión a la hora de fijar y precisar su nombre. En el bautismo la llamaron María Josefa de los Dolores Anastasia, junto con los apellidos Quiroga y Capopardo. En religión adoptó el nombre de Sor María Rafaela de los Dolores y Patrocinio. Otros nombres que le dan los diversos autores son: de pila, María Rafaela Quiroga, María de los Dolores Josefa Anastasia; de religión, Sor María de los Dolores de San Rafael, Sor María de los Dolores Rafaela, Sor María de los Dolores y Patrocinio, etc. Ha sido y es más conocida como Sor Patrocinio, la Monja de las Llagas.

Profesó en la Orden de las Concepcionistas Descalzas Franciscanas, y fue abadesa, fundadora y reformadora, mujer de gran virtud a la que Dios concedió dones y carismas espirituales extraordinarios. Es "sierva de Dios" y su causa de beatificación está en curso. Tuvo mucha relación con los reyes de España Dña. Isabel II y su esposo D. Francisco de Asís, y se le atribuyó una gran influencia en asuntos políticos de su tiempo, lo que la hizo objeto de revanchas y persecuciones. En lo que ciertamente aprovechó el ascendiente que tuviera fue en la fundación y reforma de sus monasterios, en los que abrió residencias y escuelas para las niñas pobres, y en obras a favor de los más necesitados y desvalidos.

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CRONOLOGÍA DE LA VIDA DE SOR PATROCINIO

Algunos datos de la historia de España.- 1808-1814: Guerra de la Independencia, contra la invasión francesa. 1810: Las Cortes de Cádiz. 1833: El Rey Fernando VII muere el 29 de septiembre y deja a su joven esposa María Cristina como regente, mientras pasa la corona a su hija primogénita Isabel II, que entonces tenía tres años. Pronto estallan las guerras carlistas, la primera de las cuales durará siete años, entre los partidarios de D. Carlos, hermano de Fernando VII, y los partidarios de Isabel, hija del mismo Fernando. 1840: Abdicación y exilio de María Cristina, y regencia de Espartero. 1843: Isabel II es declarada mayor de edad, cuando sólo tenía trece años, y coronada como reina de España. 1846: Dña. Isabel II contrae matrimonio con D. Francisco de Asís. 1868: Exilio de Isabel II. 1870: Amadeo de Saboya, rey de España. 1873: Proclamación de la República. 1874: Alfonso XII es proclamado rey en diciembre y, meses después, sale de la residencia de Isabel II en París y regresa a España. 1885: Muerte de Alfonso XII y regencia de su esposa María Cristina, embarazada de su hijo Alfonso XIII.

1811, 27 de abril: Nació Sor Patrocinio en la finca llamada Venta del Pinar, término municipal de San Clemente de la Mancha (Cuenca, España). Sus padres, de ilustre abolengo venidos a menos, prestaban servicio en la Corte real y tuvieron que salir huyendo de Madrid por caminos distintos a causa de la guerra y persecución política, y en la huida le llegó a la madre la hora de dar a luz. El padre era caballero palatino de Fernando VII y se llamaba Diego Quiroga y Valcárcel, natural de San Vicente Deade (Lugo). La madre se llamaba Dolores Capopardo del Castillo, y era natural de San Clemente (Cuenca).

1811, 5 de mayo: Recibió el bautismo, en el que le impusieron el nombre de María Josefa de los Dolores Anastasia.

1817: Recibió la primera comunión.

1826: Ingresó en el Convento de las Comendadoras de Santiago (Madrid), en calidad de educanda, con el apoyo decisivo de su tía la Marquesa de Santa Coloma.

1829, 19 de enero: Teniendo como madrina a la Duquesa de Benavente, vistió el hábito blanco y azul de la Orden Concepcionista en el Convento madrileño del Caballero de Gracia. En esta su consagración canónica al Señor, cambió su nombre de pila por el de Sor María Rafaela de los Dolores y Patrocinio; según el P. Gomis, el nombre que adoptó en su toma de hábito fue el de Sor María de los Dolores de San Rafael, mientras que el nombre de Patrocinio tendría origen en una posterior intervención de la Virgen durante un éxtasis.

1829, 30 de julio: El "día de San Abdón y Senén", siendo todavía novicia, recibió la llaga en el costado izquierdo.

1830, 20 de enero: Cumplido el año de noviciado, teniendo por madrina a la Marquesa de Santa Cruz en nombre de su madre la Duquesa de Benavente, en el Convento del Caballero de Gracia (Madrid), hizo su profesión solemne en la Orden de las Concepcionistas Descalzas Franciscanas, cuya fundadora fue santa Beatriz de Silva.

1830, 20 de mayo: Impresión de las llagas en pies y manos, y de la corona de espinas. Era el día de la Ascensión. Característica de las llagas de Sor Patrocinio fue la gran efusión de sangre que brotaba de las mismas.

1830, 8 de junio: Era la antevíspera del Corpus. Cuando bajaba por una escalera para salir al huerto, quedó en éxtasis y le habló el Santísimo Cristo de la Palabra, un lienzo casi olvidado que había en la pared.

1831: 13 de agosto: Aparición de María Santísima que le dejó la imagen de la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias; Sor Patrocinio la llevó siempre consigo y después se conservó en el Convento del Carmen, de las Concepcionistas de Guadalajara, donde ella murió.

1835-1836: En noviembre de 1835, el Ministro de Gracia y Justicia dio orden al Juez, Sr. Cortázar, para que procesara a Sor Patrocinio sobre "una impostura artificiosa y fanática y una tentativa de subvenir el Estado y favorecer la Causa del Príncipe rebelde". Y se la enjuició con mucho aparato de autoridades civiles y eclesiásticas, médicos y demás, sobre el fenómeno de las llagas y algunas visiones, que se habían difundido de manera que podían ser perjudiciales para los intereses de la corona reinante. La sacaron del convento por orden judicial civil y la depositaron en una casa particular de la calle de la Almudena, núm. 119. Más tarde la trasladaron a la Casa de Arrepentidas de Santa María Magdalena, en Madrid.

1836, 25 de noviembre: El Tribunal de Primera instancia dictó sentencia condenándola "a que sea trasladada, con la decencia, seguridad y recato debidos a su estado, a otro convento que se halle al menos a distancia de 40 leguas de esta Corte". Este fallo fue reformado por la Audiencia de Madrid, reduciendo la distancia del lugar de destierro "a 15 leguas lo menos de Madrid".

1837, 26 de abril: Salió de Santa María Magdalena en Madrid, donde la tenían recluida, y se dirigió a Talavera de la Reina; aquí fue depositada en el convento de la Madre de Dios, de las Concepcionistas Calzadas, y en él permaneció dos años.

1839: En el mes de mayo escribió su notable Mes de María perpetuo, llamado Libro de Oro, que se publicó luego en 1860.

1839: Enfermó de gravedad en el convento de Talavera, insano para su salud, por lo que el Vicario Eclesiástico de la Diócesis pidió y obtuvo permiso del Gobierno para trasladarla al convento de Concepcionistas Descalzas de Torrelaguna, en el que permaneció cinco años.

1840: Abdica la Reina María Cristina, e Isabel II es declarada mayor de edad.

1844: En virtud de un Real Decreto, volvió Sor Patrocinio a Madrid, al Convento de La Latina, en el que estaban las monjas de su comunidad y donde fue visitada por la Reina Madre y por su hija Isabel II.

1845: Por orden gubernativa, "y con todas las licencias necesarias", pasó con su comunidad al Convento de Jesús Nazareno (Madrid), en el que Sor Patrocinio fue nombrada maestra de novicias.

1849: A últimos de enero, sufrió en el locutorio un atentado con arma de fuego, del que salió ilesa.

1849, 7 de febrero: Fue elegida Abadesa por unanimidad de votos, y luego continuó siendo reelegida en distintas comunidades hasta su muerte.

1849, 21 de octubre: Salió de Madrid, desterrada a Badajoz por orden del Presidente Narváez; en Badajoz ingresó en el convento de las Clarisas denominado de Santa Ana. Pero pronto Narváez cambió de actitud y ordenó que Sor Patrocinio fuera restituida a su convento de Jesús Nazareno en Madrid, al que llegó el 10 de diciembre del mismo año.

1850: Pasó con la comunidad del Convento de Jesús al Convento de Leganitos (Palacio de Osuna), fundación del Rey Francisco.

1852: Intentaron implicarla en el atentado del Cura Merino contra la Reina Isabel II.

1852, 4 de marzo: Salió de Madrid, camino de Roma, después que Bravo Murillo hablara con el Nuncio de Su Santidad y lo presionara para que la enviara a la Ciudad Eterna con el pretexto de que allí podrían pronunciarse con mayor acierto sobre la santidad y las llagas de la religiosa. Pero no llegó a su destino porque enfermó en Francia y allí se detuvo.

1854: Por orden gubernativa volvió a España, al Convento de Concepcionistas Descalzas de Toledo.

1854, 21 de octubre: En el madrileño Convento de Montserrat, vulgo Galera, de la calle Ancha de San Bernardo, abrió la primera escuela de párvulas, gratuita, para niñas pobres.

1855, 17 de marzo: Destierro al convento de Clarisas de Santa Catalina Mártir de Baeza, adonde llegó el 2 o el 3 de abril; los generales O'Donnell y Espartero le atribuían haber influido en cambios políticos.

1855: Una Real Orden de fecha 27 de julio mandó que Sor Patrocinio fuera trasladada a Benavente, diócesis de Oviedo, al convento de Dominicas Descalzas. Salió de Baeza el 16 de septiembre.

1856: Por disposición del Cardenal Bonel y Orbe, arzobispo de Toledo, pasó a Torrelaguna, adonde llegó el 11 de febrero, para reformar el convento, que agonizaba, y fue su primer monasterio reformado. Así empezó la reforma y fundación de monasterios, que se multiplicaron y quedaron bajo la jurisdicción regular del Ministro General de la Orden Franciscana, quien delegaba su autoridad en los Ministros Provinciales, y éstos en los Vicarios de monjas. Recibió la visita de Narváez y de Mon.

1857: Salió de Torrelaguna para fundar en el Real Sitio de Aranjuez el convento de San Pascual, con escuela e internado. Esta fue su primera fundación.

1859: Fundó conventos de su Orden en los Reales Sitios de San Ildefonso (La Granja) y El Pardo. Profetizó al beato Nicanor Ascanio que sería mártir.

1861: Fundó en el Real Sitio de San Lorenzo (Escorial).

1864: Reformó el Convento de Manzanares.

1865, 13 de abril, Jueves Santo: En el Convento de San Pascual (Aranjuez) fundó la Adoración Perpetua al Santísimo Sacramento, que luego entendió a todos sus conventos.

1867: Fundó en Guadalajara el Convento del Carmen.

1868: Por mandato expreso del Cardenal Cirila, que trataba de salvarle la vida, salió de Guadalajara camino de Francia acompañada de otras religiosas. Pasada la frontera, lo supieron los revolucionarios que la perseguían. Fundó en Francia varios conventos.

1870: Desde el Convento de Bonneuil pasó a París, entrando casi con las tropas prusianas.

1871: La sorprendió en París la revolución de La Commune. Invocó el patrocinio de San José, y, favorecida por el embajador de España, D. Salustiano Olózaga, salió en tren para Bayona.

1872: En Guethary, donde se habían detenido ella y sus monjas, la visitó el Nuncio del Papa en París por encargo del mismo Pío IX y le renovó en nombre de éste todas las facultades que tenía para fundar y reformar conventos en España y en Francia.

1873: Escribió la Regla para la nueva Orden de la Inmaculada Concepción, que aprobaron el Arzobispo de París y el Obispo de Versalles.

1877: Volvió a España por decisión de Alfonso XII. Reformó el Beaterio de San José (Madrid), y lo convirtió en convento Concepcionista.

1882: Continuó fundando y reformando conventos: Alcázar de San Juan, Puebla de Alcocer, Almonacid de Zurita, Cabeza de Buey, etc.

1890: En el mes de mayo se agravó su enfermedad: hidropesía general al corazón e hígado. En octubre sintió algún alivio, pero duró poco, pues creció el edema y aumentaron las fatigas y ahogos. Recibió el sagrado Viático el 21 de diciembre. Este mismo día pidió al P. Vicario que solicitara al Vaticano, por telegrama, la bendición papal, y al día siguiente recibió la contestación favorable, la bendición de León XIII.

1891: Encontrándose ella en estado de suma gravedad, el Arzobispo de Granada, don José Moreno Mazón, le había solicitado que reformara el Convento del Santísimo Sacramento, situado en su metrópoli; el 16 de enero llegaron las mojas reformadoras a la ciudad, quedando la fundación hecha aquel mismo día con toda la documentación en regla.

1891, el 26 de enero, lunes: Por la mañana la visitó el médico, como de costumbre, y temiendo que se muriera en cualquier momento aconsejó que se le administrara la Extremaunción. Sor Patrocinio, por su parte, la solicitó una vez más. Por la tarde, rodeada de sus monjas, "con pleno conocimiento y absorta toda en Dios", recibió la Santa Unción de manos de su vicario y confesor.

1891, 27 de enero: Falleció en el convento del Carmen de Guadalajara "sin la menor agonía", entre cuatro y cuatro y media de la mañana, a los ochenta años de edad, sesenta y dos de vida religiosa Concepcionista y cuarenta y dos de abadesa en distintas comunidades.

1907, 19 de julio: Decreto de apertura del Proceso Ordinario de la Causa de beatificación y canonización.

1930, 18 de junio: Decreto de aprobación de los escritos.

1995, 27 de octubre: Decreto de la Congregación para las Causas de los Santos por el que se reconoce el valor jurídico del proceso informativo.

[Datos entresacados de J. B. Gomis, Sor Patrocinio. La Monja de las Llagas. Madrid, Ed. Aspas, 1946, 340 pp.]

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MARÍA RAFAELA QUIROGA
Sor María de los Dolores y Patrocinio

Nació en Pinar de San Clemente de la Mancha (Cuenca) el año 1811, y murió en Guadalajara el año 1891.

Profesó en la Orden de San Francisco. Concepcionista en el convento del Caballero de Gracia, en Madrid, empezó a correr la fama de sus milagros: la impresión de llagas del costado, manos y pies siendo todavía novicia, y alguno otro que, por resultar ofensivo para la reina Cristina, beneficiaba al partido carlista, por lo que se le siguió causa criminal como impostora (1836) y fue condenada por la Audiencia a destierro, que cumplió en Talavera de la Reina. Los médicos habían tratado y certificado la curación de las llagas; pero los biógrafos de sor Patrocinio creen que tanto esta certificación como las declaraciones de la propia interesada condenándose a sí misma obedecieron a presiones de carácter político. Posteriormente reformó la Orden Concepcionista.

Consejera del rey Francisco de Asís y de la reina Isabel II, se le atribuyó un gran influjo en las relaciones del matrimonio regio y en la política cortesana en favor de los intereses ultraconservadores. A expensas de la corona fundó conventos en los Sitios Reales (1856-1867). Sufrió un alejamiento a Roma por presión de Bravo Murillo. La Revolución de 1868 acabó con la mayor parte de sus fundaciones; pero hizo algunas en Francia, adonde se vio precisada a huir. Regresó a España con la Restauración. El pueblo le llamó la monja de las llagas. Se ha iniciado la causa de su beatificación por su gran virtud y hechos extraordinarios que rodearon su vida.

[Antonio Jiménez Landi, María Rafaela Quiroga, en AA. VV., Diccionario de Historia de España. Madrid, Revista de Occidente, 1952, Tomo II, p. 955]

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María de los Dolores Josefa Anastasia
QUIROGA Y CAPODARDO

Nació en Venta del Pinar - San Clemente (Cuenca) el 27 de abril de 1811, y murió en Guadalajara el 27 de enero de 1891.

Religiosa concepcionista, sierva de Dios. En el correspondiente artículo de la Enciclopedia Espasa se le llama María Rafaela. Era hija de padre gallego, Diego Quiroga y Valcárcel, y de madre conquense, Dolores Capodardo del Castillo, ambos de ilustre abolengo venidos a menos. Residente durante dos años en las Comendadoras de Santiago (Madrid), profesó en la Orden de las Concepcionistas Descalzas Franciscanas, en el convento madrileño de Caballero de Gracia el 20 de enero de 1830 con el nombre religioso de Patrocinio de María. Comúnmente se le llamó Sor Patrocinio.

Cerrado años más tarde este convento, pasan las religiosas a ocupar el de Jesús Nazareno, donde sor Patrocinio fue nombrada maestra de novicias (1845). Elegida abadesa el 7 de febrero de 1849, desempeña el cargo durante cuarenta y dos años, hasta la muerte, en diversas comunidades. A partir de 1856, inicia en Torrelaguna su obra de reformadora y fundadora de nuevos conventos; a la hora de su muerte pasaban de 19 los conventos reformados o fundados; característica de la obra de sor Patrocinio fue, no sólo la restauración de la vida y observancia primitivas, sino la apertura de escuelas para niñas pobres en cada convento.

Personalmente sor Patrocinio fue una mujer extraordinaria, no sólo por su belleza física y por su inteligencia sino, sobre todo, por su singular vida de santidad. Testigos oculares de diversa categoría deponen en favor de sus revelaciones, de sus éxtasis, de sus milagros y, sobre todo, de sus cinco estigmas extraordinarios que la hicieron pasar a la historia como «la monja de las llagas».

Pero lo que hizo de sor Patrocinio uno de los personajes más célebres y discutidos de todo el siglo XIX fue el hecho de verse complicada en la vida política del tiempo. Ciertamente mantuvo unas estrechas y confidenciales relaciones con Isabel II y su esposo D. Francisco, cuyo matrimonio había anteriormente predicho y favorecido, y con todos los miembros de la familia real; ella con el padre Claret y la madre Micaela del Santísimo Sacramento son, tal vez, las personas más allegadas a las regias interioridades. Pero ¿se valía realmente sor Patrocinio de su situación para hacer y deshacer Ministerios, apoyar pretensiones dinásticas, distribuir puestos políticos, etc. ? Creemos que ni ejerció, ni quiso ejercer semejante predominio político; si en algo interesó a sus regias amistades -y esto lo hizo- fue en favor de sus fundaciones y reformas; y, alguna vez, en asuntos más generales de la Iglesia, como, por ejemplo, cuando recomendó para la sede primada a fray Cirilo Alameda y Brea que la ocupó efectivamente, o cuando insistía ante la reina sobre la conveniencia de pedir al papa que nombrase al menos tres cardenales españoles, en un momento en que no había ninguno, y unos años más tarde España contaba efectivamente ya con cinco. Sin embargo, la «monja de las llagas» no pudo sustraerse a las críticas malignas de masones, liberales, progresistas y de todos los que, en un momento dado, se sentían frustrados en sus ambiciones políticas: sor Patrocinio era la culpable; y por ello calumniada, perseguida, desterrada: a Talavera (1837), a Badajoz (1849) por Narváez, por creerla complicada en la caída de su Ministerio Relámpago; a Roma, pero no llega (1852), por Bravo Murillo por suponerla responsable del atentado de Merino contra su amiga la reina Isabel; a Baeza y a Benavente (1855) por considerarla favorable a la causa carlista; y, finalmente, a Francia (1868) escapando de la revolución de septiembre. Con razón se la ha definido «campeón de desterrados».

Se abrió el proceso de su beatificación (19-VII-1907) y fueron aprobados sus escritos (18-VI-1930). Está en curso la causa.

OBRAS: Libro de Oro o Mes de María, Madrid 1860; Cartas de Sor Patrocinio en J. Ortega Rubio, Historia de España, VI, Madrid 1908-1910, 386-437; escribió, además, una Novena al Cristo de la Palabra; otra a Ntra. Sra. del Olvido, Triunfo y Misericordias; y muchas cartas.

BIBLIOGRAFÍA: M. I. de Jesús, Vida admirable y ejemplarísimas virtudes de... Sor María de los Dolores y Patrocinio, Guadalajara 1925; R. Risco, Vida y defensa de... llamada vulgarmente la Monja de las Llagas, Madrid 1915; B. Barnés, Sor Patrocinio. La Monja de las Llagas, Madrid 19363; J. B. Gomis, Sor Patrocinio, La Monja de las Llagas, Madrid 1946.

[Isaac Vázquez, ofm, María de los Dolores Quiroga y Capodardo, en Q. Aldea (Dir.), Diccionario de Historia Eclesiástica de España. Madrid 1973, vol. III, págs. 2040-2041]

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MARÍA RAFAELA QUIROGA

Religiosa española, más conocida por el sobrenombre de Sor Patrocinio, que fue muy popular en la corte de España durante el reinado de Isabel II, nacida por el año 1809 y muerta en Guadalajara el 27 de enero de 1891. Descendía de una familia de hidalgos gallegos, cuyos bienes de fortuna eran muy escasos. Ingresó María Rafaela en un convento de monjas franciscanas, y en 1835 era religiosa concepcionista del convento de Madrid llamado del Caballero de Gracia.

Diéronle fama algunos pretendidos milagros, divulgados con celo más indiscreto que prudente, y no faltó quien quiso sacar partido de ellos en pro de la causa del príncipe don Carlos, hermano de Fernando VII, que entonces sostenía la guerra civil. El ministro de Gracia y Justicia se creyó obligado a excitar el celo del juez de primera instancia, Manuel Cortázar, para que procediera a formar la correspondiente sumaria. De las declaraciones que se tomaron resultó «que entre los milagros más de bulto que se han divulgado de ella (sor Patrocinio), fue uno el de que, habiéndola sacado una noche el diablo de su celda, la llevó al camino de Aranjuez, en donde le hizo ver que María Cristina era una mala mujer en todo sentido, y que su hija no era ni podía ser reina de España; que en seguida la hizo ver, desde el puerto de Guadarrama, otra porción de picardías de igual especie, y que después de tan peregrina misión, la restituyó a su convento...». Una religiosa, la madre vicaria, declaró «que estando aún en el noviciado (sor Patrocinio) se la imprimió una llaga en el costado izquierdo; que esto sucedió una tarde estando en oración con la que declara; que al verificarse la impresión dio un quejido doloroso que llamó la atención de la declarante; pero ella no manifestó hasta algunos días después la llaga, origen de aquel quejido; que pasando algunos meses, estando una siesta orando en la Cruz, se le imprimieron las otras cuatro llagas».

El 21 de Enero de 1836, en presencia de algunos personajes entre los que figuraban los gobernadores civil y militar, el teniente vicario eclesiástico Francisco de la Macorra, el capellán de las Arrepentidas Esteban Antón Herrera, y tres médicos, respondió sor Patrocinio: que era «exacto, cierto y constante, así el estado en que la hallaron dichos señores profesores el 9 de noviembre, como el en que se encontró a resultas de su plan curativo el 17 de diciembre, sin que desde entonces acá haya vuelto a observar cosa ninguna en las partes o sitios de su cuerpo en que estuvieron aquellas llagas, y así que se hallaba enteramente curada de ellas y sana a toda su satisfacción».

En la sentencia dictada por el Juzgado el 25 de noviembre de 1836 se leía lo siguiente: «Que en atención a resultar legalmente acreditado por sor María Rafaela del Patrocinio [que] se prestó a la impostura y artificio de la impresión de las llagas que había sufrido, cuyo origen natural se ha intentado atribuir a milagro del Altísimo, no debiéndola servir de total excusa la seducción y hasta violencia moral a que atribuye su consentimiento, pues debió resistirse al fraude y dar en su caso cuenta a la superioridad competente; y teniendo también en consideración su arrepentimiento y franqueza, con que ha contribuido al descubrimiento de la verdad, en justa satisfacción del gobierno de Su Majestad y saludable desengaño del público, la debía condenar y condena a que sea trasladada, con la decencia, seguridad y recato debidos a su estado, a otro convento que se halle al menos a distancia de 40 leguas de esta corte (y que en lo posible sea de su misma orden), encargando a la abadesa o superiora ejercite sobre aquélla la vigilancia que corresponde, para evitar que recaiga en excesos iguales o parecidos a los que han motivado la formación de esta causa...».

Este fallo fue reformado por la Audiencia de Madrid en la forma siguiente: «Fallamos que debemos condenar y condenamos a las referidas sor María Rafaela, sor María Benita y sor María Josefa, a que sean trasladadas a distintos conventos de rigurosa observancia de su orden, en diversos pueblos, a 15 leguas lo menos de Madrid, donde vivan religiosamente, sin poder ejercer cargo alguno de autoridad y gobierno, y a este fin quedarán a disposición del Excmo. e Ilmo. Sr. Arzobispo electo gobernador de Toledo, a cuyo distinguido celo y patriotismo encargamos disponga lo conveniente; pero que estas religiosas se mantengan bajo especial vigilancia de sus prelados, y dirigidas sus conciencias por sacerdotes virtuosos, prudentes y de conocida adhesión a la justa causa nacional, que las imbuyan en máximas de verdadera virtud y religión, separándolas de las ilusiones, imposturas y fatuidades en que resultan haber incurrido, de que las apercibimos se abstengan, singularmente en cuanto diga tendencia o asuntos corporales y políticos, pues, de lo contrario, serán castigadas con mayor rigor, sin contemplación a la debilidad de su sexo y condición, y a las malignas influencias de que se han dejado llevar...».

Olózaga, que entonces era gobernador de Madrid, cuidó de que se cumpliera dicha sentencia; y sor Patrocinio, vestida en traje seglar, fue conducida a Talavera de la Reina y entregada a la superiora del convento de la Madre de Dios de dicha población. Durante algunos años no volvió a hablarse de ella, pero volvió después a la corte, instalándose en el convento de Jesús. En esta segunda estancia en Madrid trató sor Patrocinio con Isabel II y su esposo don Francisco, llegando a ser nombrado gentilhombre y jefe civil del cuarto del rey un hermano de sor Patrocinio.

Los escritores de la extrema izquierda liberal dicen que era tal el influjo de la religiosa, que logró derribar del poder al general Narváez, constituyéndose el llamado ministerio Relámpago por haber durado solamente veinticuatro horas. Al recuperar el poder, Narváez hizo que se hiciera efectiva nuevamente la sentencia que pesaba sobre sor Patrocinio, desterrándose a ésta a Talavera de la Reina. Por haber caído nuevamente Narváez del poder (1851), se atribuyó a sor Patrocinio tal caída. Cuando Juan Bravo Murillo formó gobierno, influyó con el nuncio de Su Santidad para que sor Patrocinio fuera enviada a Roma. No permaneció la religiosa mucho tiempo en la Ciudad Eterna, ya que regresó a España poco después. Cuando sobrevino la revolución (1868), sor Patrocinio huyó de España, y los conventos de su orden fueron clausurados. Usando su nombre seglar de Rafaela Quiroga, viajó entonces por el extranjero, habiéndosela visto particularmente en París, en donde la socorrió Isabel II, y en Roma.

Al sobrevenir la Restauración, regresó a España sin aparato alguno, pues puso especial interés en pasar inadvertida, lo que hizo suponer a algunos que había muerto. Instalóse en el convento de la Concepción de Guadalajara, en el que acabó sus días en la fecha antes citada. Fue absoluta la prohibición de comunicar noticia alguna sobre la difunta, cumpliéndose esta orden con extremada escrupulosidad.

Fue sor Patrocinio de constitución muy robusta y de carácter sumamente enérgico, a pesar de que su rostro aparentaba mucha dulzura. Siempre llevaba puestos unos mitones negros, que hizo célebres la caricatura, y con los cuales, según se dijo, fue amortajada. Supo aprovechar la elevada influencia de que gozó para favorecer a los pobres y desvalidos y fundar conventos en Madrid y en los Reales Sitios. Hubo sin duda en la vida de sor Patrocinio hechos imprudentes e indiscretos, pero es lo cierto que, ni su virtud, ni su honradez, jamás sufrieron mengua alguna. El pueblo la llamó siempre la monja de las llagas.

[Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana. Tomo XLVIII. Barcelona, Hijos de J. Espasa, 1922, pp. 1436-1437]

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