DIRECTORIO FRANCISCANO
Documentos franciscanos oficiales

CON LUCIDEZ Y AUDACIA
Informe del Ministro General
al Capítulo Extraordinario del 2006

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TERCERA PARTE
ABRIRNOS CON CONFIANZA AL FUTURO

118. «Vosotros tenéis una gran historia que construir» (VC 110). Estas palabras de Juan Pablo II suenan a elogio y a desafío. No podemos contentarnos con cantar las glorias del pasado, ni siquiera las glorias de nuestros mártires y santos, «no podemos conformarnos con alabar las obras de nuestros antepasados, sino que hemos de inspirarnos en ellas para hacer la parte que nos corresponde en nuestro propio tramo histórico» (Sdp 3).

Somos hijos y hermanos de un "padre gigante", cuya santidad, audacia, intrepidez y creatividad han permanecido vivas a lo largo de ocho siglos y siguen vivas todavía hoy en el corazón y en la vida de muchos de nuestros hermanos. Santidad, audacia, intrepidez y creatividad que todos nosotros somos llamados «a reproducir con valor» (VC 37), dejándonos arrastrar por el Espíritu que nos impulsa hacia el futuro (cf. VC 110) y nos da la fuerza de la fidelidad creativa (cf. VC 37), para re-crear respuestas nuevas para desafíos nuevos.

En este momento histórico que nos ha tocado vivir, al igual que muchos de nuestros antepasados que, apasionados por Jesucristo y su Reino, hicieron que su vida en vez de apagarse se volviera incandescente, también nosotros, lejos de gastar energías en conservar y retener una vida consagrada y franciscana a la que le falta garra y mordiente y, por lo mismo, encanto y seducción, somos llamados a permanecer fieles y actuales, de tal modo que el carisma de Francisco permanezca siendo significativo para el hombre de hoy.

Aferrarnos al pasado, añorarlo nostálgicamente, nos llevaría a una inevitable decadencia. No se trata de ser aventureros, pero tampoco se trata de ser unos nostálgicos. No hay otra alternativa para la vida consagrada y franciscana si no es la de abrirnos al Espíritu. Sólo la fuerza del Espíritu evitará la existencia entre nosotros de vidas a medias, de vidas sofocadas por la rutina y la inercia, supeditadas al funcionamiento de las estructuras. Sólo así podremos abrirnos con confianza hacia el futuro.

¿Cómo ha de ser, entonces, nuestra vida y misión? Ya anteriormente he indicado algunos pasos que considero indispensables a dar si queremos realmente que nuestra vida sea más significativa, encantada y visible para los hombres y mujeres. Como don del Espíritu a la Iglesia y al mundo, nuestra vida de Hermanos Menores estamos seguros que tiene futuro. Pero también es cierto que dicho futuro, en gran parte, dependerá de nosotros: si somos capaces o no de renovarla, recrearla, refundarla; si somos capaces o no de darle un carácter testimonial y significativo.

Es urgente ponernos en camino, es hora de soñar y de actuar. He aquí algunas indicaciones que me parecen fundamentales a la hora de emprender el camino y a la hora de plasmar en líneas concretas de acción nuestros buenos deseos y nuestros sueños.

ES HORA DE DISCERNIMIENTO

119. Como ya he indicado al inicio, vivimos un tiempo de crisis en relación con el mundo y en relación con los procesos de cambio, profundos y rápidos, que la sociedad y la misma vida consagrada y franciscana están experimentando, especialmente en los países de más antigua tradición cristiana y franciscana.

Bajo la calma de las apariencias, muchas veces se está desarrollando en el corazón de los hermanos el drama de la inseguridad personal, de la incapacidad para dar sentido a lo que vivimos y para saborear lo que somos, del miedo inconfesado a un futuro incierto. De ahí la necesidad de un discernimiento lúcido y audaz de opciones personales y comunitarias que nos permitan rescatar el fundamento carismático de nuestra vida, encontrarnos con el Evangelio -ser evangelizados-, recuperar la dimensión profética de nuestra vida, y llevar el Evangelio a los hombres y mujeres de nuestro entorno.

Vivimos tiempos de crisis, repetimos a menudo. Pero cómo la discernimos, dónde la situamos, cómo pensamos que hemos de enfrentarnos a ella.

Ante una experiencia de crisis, las actitudes que se adoptan pueden ser muy diversas: a) podemos fingir que la crisis no existe; b) podemos limitarnos a explicarla -por factores externos- sin implicarnos en ella; c) podemos actuar desde el voluntarismo para restaurar el status quo anterior; d) podemos buscar el significado de lo que está ocurriendo y discernir los signos de los tiempos, antes de tomar decisiones oportunas a la luz de las exigencias de nuestro carisma y de los desafíos del momento actual.

Permitidme compartir aquí con vosotros alguna de mis ilusiones para este tiempo de crisis:

Deseo, espero, pido que, lejos de conformarnos con referir las obras de los santos, empecemos todos a mirar atentamente al Buen Pastor de nuestras almas, y a seguirle en la tribulación y en la persecución, en la vergüenza y en el hambre, en la debilidad y en la tentación (cf. Adm 6).

Deseo, espero, pido que, vencidos el cansancio y la desilusión y el escepticismo, asumamos los hermanos nuestras responsabilidades, trabajemos todos para construir un futuro según el proyecto de Dios, y vivamos el presente como extraños y forasteros sobre la tierra, como peregrinos que, movidos por la fe, van en busca del lugar que han de recibir en herencia (cf. Heb 11,8.13).

Deseo, espero, pido que, curada la nostalgia de los hermanos por un mundo viejo que se ha desvanecido ante nuestros ojos, nos pongamos en camino, con la fuerza del Espíritu, hacia un mundo nuevo, una patria mejor, un futuro que, aunque desde lejos, se nos permite ver y saludar (cf. Heb 11,13).

Deseo, espero, pido que los hermanos comprometidos en el discernimiento de los signos de los tiempos y de nuevas formas de vida y misión, en fidelidad creativa a nuestra forma vitae, no decaigan en su intento, contentos de saber que nuestro momento es el de la siembra, y que la semilla enterrada hoy, dará fruto mañana, aunque ellos no lleguen a saborearlo.

ES HORA DE AMAR Y DE TESTIMONIAR

120. Justa y necesariamente, a lo largo de nuestra historia hemos intentado salvaguardar la "ortodoxia" de nuestra forma de vida. Ese intento, en más de una ocasión, desencadenó ataques y rupturas, fruto de complejos de sentirse los mejores. Justa y necesariamente hemos subrayado la belleza y la radicalidad de nuestra forma de vida, pero en esa tarea hemos corrido el riesgo, más que hipotético, de reducir la vida y los valores a ideología, de confundir la transmisión de una vida con la transmisión de una doctrina, de sustituir una experiencia por una fórmula que, por hermosa que sea, no nos acerca al corazón de nuestros contemporáneos.

No es tiempo de contentarnos con eslóganes y bonitas palabras. ¡Es tiempo de amar y de testimoniar! ¡Es tiempo de abrir caminos que nos lleven a encontrarnos con este mundo marcado por la dificultad para creer, receloso, y con razón, de ideologías y de discursos que pueden llenar la cabeza, pero que dejan vacío y frío el corazón! Parece que ha llegado la hora en que sólo los testigos y los que aman de verdad tendrán voz autorizada en nuestro mundo, necesitado más de testigos que de maestros. Es la hora de hacer nuestra vida más "evangélica", en todo el sentido de la palabra, conocer más, para amar y testimoniar mejor.

Permitidme que también aquí comparta con vosotros mis sueños:

Sueño con una Fraternidad, la Orden, en la que los hermanos amemos con un amor oblativo, y no posesivo, que nos lleve a salir de nosotros mismos, a trascendernos, a comunicarnos, a entregarnos, a reconciliarnos con nosotros mismos y a encontrarnos con Dios y con los demás (cf. Dc 6. 7).

Sueño con una Fraternidad, la Orden, en la que la vida de los hermanos sea cada vez más conforme con el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, en la que los hechos de los hermanos no contradigan a sus enseñanzas, en la que los hermanos seamos cada día un poco más auténticos.

Sueño con una Fraternidad, la Orden, en la que los hermanos seamos testigos veraces de lo que «hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos tocante al Verbo de la vida» (Jn 1,1).

Sueño con una Fraternidad, la Orden, en la que los hermanos dejemos que la frescura de la vida de Jesús, del contacto con los "pequeños", del amor intenso al Abbá, impregne de nuevo nuestra vida.

Sueño con una Fraternidad, la Orden, en la que los hermanos sintamos la urgencia de amar, pasión por Dios y por la humanidad.

ES HORA DE PREGUNTAS Y DE PROPUESTAS

121. Ante el hombre de nuestra sociedad, los creyentes no podemos presentarnos con una verdad excluyente, pues en ese foro sólo se admite la comparecencia de un pensamiento junto a otros pensamientos. Para el hombre de la post-modernidad, las palabras ya no son portadoras de verdades eternas, sino apenas transmisores caprichosos de una opinión entre otras. Y los creyentes en Cristo, si queremos acercarnos a ese hombre, no podremos presentarnos ante él con formulaciones de la verdad, sino que hemos de ofrecerle la verdad de nuestra búsqueda, la verdad de nuestras preguntas, la verdad de nuestras incertidumbres, porque buscamos con quien busca, caminamos con quien camina, nos hacemos solidarios con la inquietud de quien tiene inquietudes, y amamos esta humanidad de la opinión, porque Dios la ama.

La nuestra es hora de diálogo, hora de propuestas y no de imposición.

La nuestra es hora de vivir en actitud de minoridad, hora de vivir aprendiendo a no ser más que una voz entre otras, a no ser más que hermanos hambrientos y sedientos de verdad.

La nuestra es hora de ser hermanos en camino, que nos presentamos a los demás con la verdad de nuestra búsqueda, con la verdad de nuestras preguntas, con la verdad de nuestros miedos e incertidumbres.

En coherencia con "esta hora", espero, deseo y pido:

Una Fraternidad, la Orden, en la que los hermanos busquemos con quien busca, caminemos con quienes caminan, nos preguntemos con quienes se preguntan.

Una Fraternidad, la Orden, en la que los hermanos nos hagamos verdaderamente solidarios con las inquietudes de quienes tienen inquietudes.

Una Fraternidad, la Orden, en la que los hermanos consideremos el diálogo como una verdadera misión de la Iglesia y de nuestra Orden.

Una Fraternidad, la Orden, en la que los hermanos sintamos como urgencia hacernos palabra, mensaje y coloquio con el mundo que nos ha tocado vivir (cf. ES 27).

ES LA HORA DE LA LIBERTAD Y LA GRATUIDAD

122. Eficacia, producción... El hombre de hoy es víctima de todo eso, y también lo somos nosotros. Somos esclavos de un sistema de valores en el que el rendimiento y la utilidad son "dogmas" incuestionables. Somos esclavos de la funcionalidad: todo ha de servir para algo. En definitiva, somos víctimas de un gran engaño: el de creernos libres, en un mundo de esclavos.

Es la hora de la libertad y de la gratuidad, es la hora de educarnos y educar en la solidaridad y en la verdadera comunión que nace de la entrega, sin cálculos egoístas e interesados, es la hora de formarnos y de formar en la verdad y en la autenticidad, las únicas que nos harán verdaderamente libres.

Y de nuevo me permito soñar y pedir:

Una Fraternidad, la Orden, en la que los hermanos nos amemos realmente por lo que somos, y no sólo por lo que hacemos o aportamos.

Una Fraternidad, la Orden, en la que los hermanos vivamos la libertad y la gratuidad en nuestras relaciones interpersonales.

Una Fraternidad, la Orden, en la que los hermanos seamos dichosamente libres, con la libertad que al hombre sólo le viene de la verdad y del amor.

Una Fraternidad, la Orden, en la que los hermanos tengamos una mayor "holgura" para nuestra vida y misión, sin tanta saturación de tareas y sin tanto agobio a causa de pesos demasiado grandes.

ES HORA DE COMUNIÓN Y DE FRATERNIDAD

123. Vivimos en un mundo dividido, enfrentado, marcado por rupturas y por miedos, y a la vez sediento de comunión y de fraternidad. Y también nosotros vivimos en esa misma tensión. Reconocemos la fraternidad como un elemento esencial de nuestra forma vitae, pero sentimos en nosotros mismos la dificultad de ser realmente hermanos. Sentimos necesidad de fraternidad y de comunión, pero muchas veces somos más consumidores que constructores de las mismas. Proclamamos que somos hermanos y que la Orden es una fraternidad, pero luego nos dividimos en grupos, nos separan las ideologías y levantamos muros étnicos o generacionales.

Es hora de fraternidad y de comunión. Una fraternidad y una comunión cuya edificación nunca se darán por concluidas; una fraternidad y una comunión edificadas sobre la debilidad humana, sobre la reconciliación, el perdón y la misericordia, y construidas a base de sacrificio, de muerte a uno mismo, para que renazca la vida fraterna; una fraternidad y una comunión sostenidas por una relación gozosa y verdaderamente fraterna entre sus miembros; una fraternidad y una comunión alimentadas en el cultivo de las virtudes humanas, la comunión extensa e intensa, y la oración personal y comunitaria en cuyo centro están la Palabra de Dios y la Eucaristía.

Deseo, espero, pido:

Una Fraternidad, la Orden, en la que los hermanos compartamos y despleguemos nuestras enormes energías de comunión, de apertura al otro, de entrega.

Una Fraternidad, la Orden, en la que los hermanos perdamos el miedo al relato compartido de nuestra propia historia, de nuestra intimidad, de nuestra fe y de los bienes del Espíritu, en la que los hermanos lleguemos a una comunicación en la fe y de la fe.

Una Fraternidad, la Orden, en la que los hermanos nos acojamos recíprocamente como "don del Señor" unos para otros, y experimentemos en común la salvación.

Una Fraternidad, la Orden, en la que los hermanos compartamos las propias ideas, revisemos y evaluemos el camino recorrido, pensemos y programemos juntos.

Una Fraternidad, la Orden, en la que los hermanos vivamos una profunda amistad fundada en el amor de Dios, amor experimentado por todos y compartido con todos, de modo que unos a otros podamos curarnos las heridas con el vino del perdón y el aceite de la reconciliación.

Una Fraternidad, la Orden, en la que los hermanos nos sepamos deudores unos de otros y convocados a una familia, que nos vincula y nos hace sentir que somos queridos y cuidados con amor atento, que permanece, que no se cansa.

Una Fraternidad, la Orden, en la que los hermanos celebremos constantemente el don de la vocación y de la misión, en la que vivamos la alegría de estar juntos y de formar una "familia unida en Cristo".

ES LA HORA DE LA COLABORACIÓN

124. El Capítulo general del 2003 indica como una opción a tomar o una estrategia a seguir la «colaboración interprovincial», afirmando que de ésta es «es el futuro de la Orden» (Propuesta n. 16). Ya en el 1972 Fr. Hermann Schalück hablaba de una exigencia: la adquisición de la «cultura de la solidaridad al servicio del futuro común».

En estos últimos años se han dado pasos significativos en el campo de la colaboración interprovincial, como justamente reconoció el Capítulo general de 1977 y el Consejo plenario de la Orden, la relación de Fr. Giacomo Bini al Capítulo general del 2003 y como yo mismo puse de manifiesto anteriormente. Es necesario, sin embargo, que esta nueva cultura de la colaboración y de la solidaridad encuentre siempre nuevos espacios en las Entidades, en las Conferencias, en las fraternidades de una misma Entidad y en la misma Fraternidad universal. De hecho, en un mundo convertido en una pequeña aldea, el riesgo de pensar, de proyectar y de ocuparse y preocuparse de los lugares propios es todavía demasiado fuerte. Para salir al paso de esta tentación, las Prioridades nos están pidiendo una mayor colaboración.

Esta cultura de la colaboración y de la solidaridad no es sólo importante para salir al paso de las Entidades necesitadas, sino para responder a nuestra vacación de ser signum fraternitatis y vivir como tales nuestra vocación en la Iglesia y en el mundo.

Como respuesta a esta exigencia, espero, deseo y pido:

Una Fraternidad, la Orden, en la que las Entidades, sin distinción alguna, se abran a la dimensión interprovincial, re-creando así un espíritu universal en la Orden y fortaleciendo el sentido de pertenencia a la misma.

Una Fraternidad, la Orden, en la que se viva realmente esta cultura de la solidaridad y de la colaboración interprovincial en la formación y los estudios, en las misiones ad gentes y en situaciones de fractura y proyectos comunes.

Una Fraternidad, la Orden, en la que las Entidades, incluso las más pobres en hermanos, se sientan obligadas a poner generosamente algunos de ellos a disposición de la Orden para participar en las actividades y proyectos de la Fraternidad universal.

ES LA HORA DE LA REESTRUCTURACIÓN

125. En estos momentos en que, particularmente en algunas Entidades, las fuerzas vienen a menos, es la hora de unir fuerzas, es la hora de la reestructuración si no queremos que las estructuras nos sofoquen y nuestra vida esté al servicio de las mismas, con lo que esto lleva de desgaste y de deterioro del carisma.

Muchas Entidades no pueden seguir manteniendo hoy las presencias que tenían hace tan sólo unos años, simplemente por la escasez y la edad avanzada de hermanos. A veces se hace necesario cerrar para fortalecer. Por otra parte las nuevas exigencias nos están pidiendo nuevas respuestas. Muchas veces estas respuestas no serán posibles si no reestructuramos algunas de las presencias o actividades que hoy tenemos. En este caso a veces será necesario cerrar para abrir.

En este contexto permitidme que de nuevo comparta con vosotros mis deseos:

Deseo, espero y pido que se haga un serio discernimiento de nuestras presencias y de nuestras actividades, atentos a los signos de los tiempos y a los signos de los lugares.

Deseo, espero y pido que, a la hora de la reestructuración de presencias y actividades se tenga como criterio principal el de revitalizar personal e institucionalmente nuestra respuesta vocacional, nuestro proyecto evangélico de vida.

Deseo, espero y pido que a la hora de reestructurar presencias y actividades no pensemos tanto en nuestros propios intereses, sino en los claustros olvidados y en los claustros inhumanos en los que la belleza y la dignidad de la persona son continuamente mancilladas.

ES HORA DE INTEGRACIONES Y DE FUSIONES

126. La debilidad de varias Entidades impide que puedan desarrollar plenamente todos sus objetivos que nuestro proyecto franciscano les asigna. Esto hace que se deba pensar en posibles fusiones, con el nacimiento de una nueva realidad organizativa. Si el futuro vocacional se presenta difícil, no podemos esperar mucho tiempo para iniciar estos procesos de integración o de fusión, que si se hacen bien llevan su tiempo. No es la primera vez que dichos procesos se dan, a lo largo de la historia de nuestra Orden.

Estos procesos no pueden ser vistos sólo como consecuencia de una muerte progresiva. No se han de valorar sólo como consecuencia de un proceso negativo. Han de ser vistos como una nueva posibilidad de una mayor colaboración y de un renacimiento de la vida y de la misión franciscanas.

Ciertamente que no siempre resulta fácil, pero a veces no hay otra solución. Por ello deseo, espero y pido:

Que no esperemos a unir fuerzas cuando éstas ya no existan.

Que sin prisas, pero sin pausas, se asuman estos procesos desde una perspectiva de fe, como una señal de los signos de los tiempos, a través de los cuales el Señor de la historia nos sigue hablando.

ES LA HORA DE LA CONSOLIDACIÓN

127. Simultáneamente a las situaciones descritas, la Orden vive otras con un futuro más claro, al menos humanamente hablando. Hay países donde nuestra presencia es frágil porque es reciente, pero donde el futuro vocacional se presenta positivo. En estos casos las Entidades con otras posibilidades deben prestar ayuda a estas nuevas realidades. Sólo así estas realidades nuevas podrán consolidarse y recorrer su propio camino, llegando más adelante a devolver a otras Entidades la ayuda ahora recibida.

Ante este proceso, espero, deseo y pido:

Que las Entidades con posibilidades económicas colaboren en el fondo de solidaridad para ayudar a las Entidades con menos recursos y probablemente con más vocaciones. Es una forma de colaborar en la implantación de la Orden en nuevos territorios.

Que las Entidades con recursos humanos no duden en ofrecer personal para estos nuevos proyectos de la Orden, particularmente para ayudar en el campo de la formación.

Que las nuevas Entidades se consoliden teniendo claro el proyecto evangélico de vida franciscana y dando prioridad en la vida de los hermanos a las Prioridades que brotan de nuestra forma vitae.

CONCLUSIÓN
¡DUC IN ALTUM!

128. Nuestra vida y misión, en estos años que separan el Concilio Vaticano II de la celebración de este Capítulo General extraordinario, han pasado por claroscuros y han conocido y todavía conocen luces y sombras, signos de vida y llamadas a la conversión. Es la suerte, y por qué no, la gracia del caminante y del peregrino: experimentar las dificultades propias de la ruta y, al mismo tiempo, la alegría de llegar a metas parciales que le llevan a anhelar, todavía más fuertemente, la meta final.

Tal vez en estos momentos tengamos más preguntas que respuestas. Ese no es el problema. El problema, y grave, sería renunciar a seguir preguntándonos, interrogándonos, buscando. Tal vez en estos momentos no veamos claro y la niebla nos impida ver a distancia, pero lo cierto es que el futuro nos pertenece, no por nuestro esfuerzo, sino porque es gracia que nos previene, nos alcanza y nos relanza. El futuro nos pertenece, pues nuestra forma de vida no es un invento humano, sino un don del Espíritu, quien nos empuja hacia el futuro (cf. VC 110). Nuestra aventura es la aventura del Espíritu.

129. Necesitamos, digámoslo una vez más, poner los ojos en el futuro con confianza, anticiparnos a él, ser profecía, sin renunciar a mirar al pasado con gratitud y sin olvidar nunca que el futuro se labra y se forja en la medida en que logremos vivir el presente con pasión. Necesitamos caminar hacia la aurora, hacia donde surge la luz y la vida, hacia donde se ensancha el horizonte, seguros de que nuestra vida y misión se reafirman caminando juntos. El tramo del camino que nos aguarda no será fácil. Por ello necesitamos recorrerlo en comunión con el Señor, en comunión entre nosotros, en comunión con la Iglesia, en comunión con todos los hombres y mujeres, nuestros hermanos y hermanas.

Caminar juntos nos ayudará a superar las inevitables pruebas del camino, nos ayudará a crecer como Hermanos Menores, seguidores de Jesús. En esta hora de gracia no podemos caminar solos. Nuestra vocación es convocación, y nuestra vida es convivir y nuestra misión es compartir, crear comunión. Responder a esta llamada es el mayor signo de credibilidad de que somos seguidores de Jesús.

130. En esta hora de gracia necesitamos frecuentar el futuro para ver hacia donde nos quiere llevar el Espíritu y vislumbrar, desde la fe en la promesa, la tierra prometida. En estos momentos delicados y duros, no exentos de tensiones y de pruebas, pero también llenos de oportunidades (cf. VC 13), necesitamos refundar nuestra vida y misión, y para ello necesitamos centrarnos en lo que lo es todo (cf AlD 2), concentrarnos en lo esencial (cf. Sdp 2) de nuestra vida y misión, tal como es presentado en la Regla, en las Constituciones y en las Prioridades, para luego ir al encuentro de nuestros hermanos los hombres. Sólo así superaremos la dispersión, la superficialidad y el cerrarnos en nosotros mismos. Sólo así nuestra forma de vida será levadura y fermento en la masa de la humanidad hambrienta de sentido (cf. Sdp 2).

Nuestro tiempo, el tiempo que nos ha tocado vivir, es tiempo de espera. Se sitúa entre la noche del viernes santo y la aurora del sábado de gloria. Nuestro tiempo es el tiempo de la vigilancia, es el tiempo de los centinelas y de las vírgenes prudentes. Nuestro tiempo es un tiempo de destierro y por ello es el tiempo de aquellos que, como los profetas, saben guardar la memoria, escuchar el susurro de la voz del Señor y el grito del pueblo, se anticipan al futuro, son pacientes y están dispuestos al rechazo por esperar en lo que no se ve.

El nuestro es un tiempo propicio para romper con la rutina, salir de nuestros ambientes cerrados y escuchar la voz del Señor en los signos de los tiempos y los lugares. Por ello es el tiempo del discernimiento, compañero inseparable de nuestro camino de fidelidad creativa y garantía de una verdadera refundación (cf. Sdp 6. 7; VC 37). El nuestro es un tiempo propicio para revivir la visitación (cf. Lc 1,39-56): misterio de encuentro de Dios con el hombre, gracias al cual la esterilidad se transforma en vida. Nuestro tiempo es tiempo de soñar y es tiempo de actuar. No importa si no llegamos a ver los resultados, pues como dice un adagio oriental «ninguna semilla llega a ver su propia flor». Lo importante es que pongamos manos a la obra. Esta vez es el Talmud que nos recuerda: «No estáis obligados a completar vuestra obra, pero no sois libres de no iniciarla». Es ésta una responsabilidad que hemos de asumir con valentía y creatividad, sintiéndonos centinelas de la mañana y trabajando para construir un futuro lleno de esperanza, con los ojos siempre puestos en el Señor.

131. Hermanos, siento que el Señor nos está diciendo: «Si eres irreprochable y recto, el Señor velará sobre ti y restaurará tu morada de justicia. Tu antiguo estado parecerá bien poco junto a la enorme dicha del que viene» (Job 8, 6-7).

Con la confianza puesta en el Señor de la historia que camina con nosotros, pongámonos en camino. María, Madre de Jesús y Madre nuestra, será también nuestra compañera de camino, enseñándonos a ser discípulos, a seguir más de cerca a Jesús, a ser fieles al Señor, a nuestro carisma y al hombre contemporáneo. Ella, Santa María de la esperanza nos enseñará a estar al pie de la cruz y a esperar la mañana de Pascua. Francisco, nuestro padre y hermano, forma minorum, quiere seguir vivo entre nosotros. Él velará por cada uno de cuantos hemos abrazado su forma de vida evangélica.

«Levántate, toma tu camilla y echa a andar» (Jn 5,8), «¿por qué os turbáis?» (Lc 24,38), «no tengáis miedo» (Mc 16,6), «yo estaré con vosotros» (Mt 28,20). Levantémonos, pongámonos en camino con lucidez y audacia. ¡Duc in altum!

SIGLAS Y ABREVIATURAS

Sagrada Escritura

Ap

Apocalipsis

1Cor

Primera Corintios

Ex

Éxodo

Fil

Filipenses

Gn

Génesis

Heb

Hebreos

Hch

Hechos de los Apóstoles

Gál

Gálatas

Is

Isaías

1Jn

Primera carta de Juan

Jn

Juan

Jr

Jeremías

Lc

Lucas

Mc

Marcos

Mt

Mateo

1P

Primera Pedro

Rom

Romanos

Sal

Salmos

1Tes

Primera Tesalonicenses

Escritos de San Francisco

Adm

Admoniciones

AlDA

Alabanzas al Dios Altísimo

1CtaCle

Carta Clérigos

lCtaCus

Primera carta a los custodios

2CtaF

Segunda carta a los fieles

CtaAnt

Carta a San Antonio

CtaO

Carta a la Orden

1R

Primera Regla (1221)

2R

Segunda Regla (1223)

SalVM

Saludo a la Virgen María

Test

Testamento

TestS

Testamento de Siena

Escritos de Santa Clara

1CtaCl

Santa Clara: Primera carta

2CtaCl

Santa Clara: Segunda carta

3CtaCl

Santa Clara: Tercera carta

4CtaCl

Santa Clara: Cuarta carta

RCl

Regla de Santa Clara

TestCl

Santa Clara: Testamento.

Fuentes Biográficas Franciscanas

1Cel

Celano: Vida primera

2Cel

Celano: Vida segunda

EP

Espejo de perfección

LM

San Buenaventura: Leyenda mayor

LP

Leyenda de Perusa

TC

Leyenda de los tres compañeros

Otras Fuentes

CCGG

Constituciones generales OFM, 2003.

CdC

Caminar desde Cristo, Cong. Inst. Vida Cons., 2002.

Dc

EncíclicaDeus caritas est, Benedicto XVI, 2006.

EEGG

Estatutos generales OFM, 2003.

EEVC

Estatutos para la Visita Canónica y la presidencia del Capítulo Provincial, Roma 1995.

EN

Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, Pablo VI, 1975.

ES

Carta Apostólica Ecclesiae Sanctae, Pablo VI, 1966.

ESu

Encíclica Ecclesiam Suam, Pablo VI, 1964.

ET

Exhortación Apostólica Evangelica Testificatio, Pablo VI, 1971.

FP

La formación permanente en la Orden de Hermanos Menores, Roma, 1995.

LltEC

Llenar la tierra con el Evangelio de Cristo, H. Schalück, 1996.

MR

Mutuae Relationes, Cong. Inst. Vida Cons., 1978.

NMI

Carta Apostólica Novo Millenio Ineunte, Juan Pablo II, 2001.

PI

Potissimum Institutioni, Cong. Inst. Vida Cons., 1990.

RFF

Ratio Formationis Franciscanae, Roma, 2002.

RS

Ratio Studiorum OFM, Roma, 2001.

SC

Constitución Sacrosanctum Concilium, Conc. Vaticano II.

Sdp

El Señor os dé la paz, Documento del Capítulo general 2003.

SP

El sabor de la palabra, José Rodríguez Carballo, Roma, 2005.

VC

Exhortación Apostólica Vita Consecrata, Juan Pablo II, 1996.

VFC

La Vida fraterna en comunidad, C. Inst. Vida Cons., 1994.

VO

La vocación de la Orden hoy, Capítulo general de Madrid, 1973.

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