DIRECTORIO FRANCISCANO
Año Cristiano Franciscano

DÍA 19 DE DICIEMBRE

 

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FERIA PRIVILEGIADA DE ADVIENTO. La piedad popular, a causa de su comprensión intuitiva del misterio cristiano, puede contribuir eficazmente a salvaguardar algunos de los valores del Adviento, amenazados por la costumbre de convertir la preparación a la Navidad en una «operación comercial», llena de propuestas vacías, procedentes de una sociedad consumista. La piedad popular percibe que no se puede celebrar el Nacimiento de Señor si no es en un clima de sobriedad y de sencillez alegre, y con una actitud de solidaridad para con los pobres y marginados. La espera del nacimiento del Salvador la hace sensible al valor de la vida y al deber de respetarla y protegerla desde su concepción. Intuye también que no se puede celebrar con coherencia el nacimiento de quien «salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,21) sin un esfuerzo para eliminar de sí el mal del pecado, viviendo en la vigilante espera del que volverá al final de los tiempos (Directorio sobre la piedad popular, 105).- Oración: Concede, Señor, a los que vivimos oprimidos por la antigua esclavitud del pecado, ser liberados por el nuevo y esperado nacimiento de tu Hijo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Beatos Martín de Barcelona y Doroteo de Villalba dels ArcsBEATOS MARTÍN DE BARCELONA y DOROTEO DE VILALBA DELS ARCS. Estos dos mártires, sacerdotes capuchinos, fueron detenidos por los milicianos el 19 de diciembre de 1936 durante un registro en el domicilio que los había acogido, y aquel mismo día, por la noche, los asesinaron en la tapia del cementerio de Montcada-Reixach (Barcelona).- Martín nació en Barcelona en 1895. Vistió el hábito capuchino en 1910. Fue ordenado sacerdote en 1918. Después lo enviaron a la Universidad de Lovaina a estudiar historia de la Iglesia. Acabada brillantemente la carrera, volvió a su Provincia y se dedicó a la investigación histórica, llegando a ser una personalidad en el campo de la historia medieval, autor de estudios sobre san Francisco y Raimundo Lulio, muy apreciados por los estudiosos. Cuando estalló la persecución religiosa en julio de 1936, estaba de familia en el convento de Nuestra Señora de l'Ajuda de Barcelona.- Doroteo nació en Vilalba dels Arcs (Tarragona) en 1908. Vistió el hábito capuchino en 1924. Terminados los cursos de filosofía, marchó a Roma donde se doctoró en teología dogmática, y donde fue ordenado sacerdote en 1932. Cuando volvió a su Provincia, lo destinaron al convento de Sarriá-Barcelona y le confiaron cargos relacionados con los propios estudiantes capuchinos. Era un hombre piadoso, cuidadoso en el hablar del prójimo, preocupado por la suerte de los pobres. Beatificados el 21-XI-2015. [Más información]

Beatas María Eva de la Providencia Noiszewska y María Marta de Jesús Wolowsk. Las dos eran religiosas de la Congregación de Hermanas de la Inmaculada Concepción, y las dos fueron fusiladas por las fuerzas de ocupación de Polonia el 19 de diciembre de 1942, en la ciudad de Slonim y más concretamente en la colina llamada Gora Pietralewicka. María Eva nació Osaniszki (Lituania) el año 1885 de una familia culta. Estudió medicina y la ejerció durante la I Guerra Mundial. Abrazó la vida religiosa en 1920, trabajó en varias de sus casas y en 1938 la destinaron a la de Slonim (Polonia), ciudad que en la II Guerra Mundial fue tomada primero por los bolcheviques y después por los nazis. Allí trabajó en el hospital y hospedó en la casa a judíos perseguidos. María Marta nació en Lublin (Polonia) el año 1879. Ingresó en la Congregación en 1900. Religiosa muy inteligente y de buenas cualidades, fue superiora de varias casas, y organizó un orfanato y una escuela para niños de distintas procedencias. Mantuvo buenas relaciones con ortodoxos y judíos. En 1939 la nombraron superiora de la casa de Slonim y, durante la guerra, organizó ayuda para todos los que la necesitaban.

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San Anastasio I, papa del 27 de noviembre del año 399 al 19 de diciembre del 401. Era romano y sucedió en el pontificado a san Siricio. De él dice san Jerónimo que «era hombre de gran santidad», que vivió la pobreza evangélica y llevó una vida íntegra, entregada al ministerio apostólico. Condenó las doctrinas heréticas de Orígenes y el donatismo. Aprobó las decisiones del Concilio de Toledo celebrado el año 400. Mantuvo muy buenas relaciones con san Paulino de Nola. Fue sepultado en el cementerio Ponciano, de la vía Portuense de Roma.

Santos Francisco Javier y compañeros mártires. Son cinco estos santos mártires, vietnamitas seglares: Francisco Javier Ha Trong Mau, catequista; Domingo Bui Van Uy, catequista; Tomás Nguyen Van De, sastre; Agustín Nguyen Van Moi, agricultor y neófito; y Esteban Nguyen Van Vinh, agricultor y catecúmeno. Todos ellos pertenecían a la comunidad cristiana de Ke-Mot y fueron arrestados cuando las autoridades buscaban al párroco. El tribunal los conminó a pisotear la cruz como signo de apostasía, a lo que se negaron; se les estuvo insistiendo mucho tiempo en lo mismo. Por fin los condenaron al destierro perpetuo y a 150 azotes. Cuando se notificó la sentencia al emperador Minh Mang, éste ordenó que, si no apostataban, la sentencia fuera de muerte. Y murieron estrangulados el 19 de diciembre de 1838 en Bac-Ninh (Vietnam).

San Gregorio de Auxerre. Obispo de Auxerre (Francia) en el siglo VI.

Beato Fulgencio Albareda, Benedictino. Nació en Barcelona el año 1888. Hizo su profesión temporal en Montserrat en 1907, y fue ordenado sacerdote en 1915. Dos años después, le confiaron la responsabilidad de mayordomo del monasterio. Cuando estalló la persecución religiosa de 1936, consiguió refugiarse en casas particulares, en las que ejercía de forma clandestina el sagrado ministerio, hasta que el 17-XII-1936 los milicianos lo arrestaron junto con otras personas y lo llevaron a la checa de San Elías. Sufrió el martirio en Barcelona el 19 de diciembre de 1936. Beatificado el 13-X-2013.

Beato Guillermo de Fenoglio. Nació en Garessio Borgoratto (Piamonte, Italia) el año 1065. Llevó primero vida eremítica en solitario, después cambió de lugar y vivió en comunión con los otros anacoretas de una misma zona, finalmente ingresó en la Cartuja de Casotto (Piamonte) como hermano laico y allí vivió santamente hasta que murió el año 1120.

Beato Urbano V, papa de 1362 a 1370. Nació en Grisac (Languedoc, Francia) hacia 1310. En su juventud ingresó en el monasterio benedictino de Chirac. Se doctoró en derecho y lo enseñó en las universidades de Montpellier, Toulouse y Lyon. Siendo abad del monasterio de San Víctor de Marsella lo eligieron papa, y como tal fue a vivir a Aviñón. Los objetivos principales de su pontificado fueron dos: restablecer la unidad de la Iglesia, griega y latina, y volver la sede papal a Roma. De hecho, en octubre de 1367 estaba en Roma, y el palacio de Letrán fue sustituido por el Vaticano como residencia oficial. Pero las dificultades de todo género se multiplicaron, y se vio obligado a volver a Aviñón en septiembre de 1370, y allí murió tres meses después.

PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

Del Cántico de Zacarías (el Benedictus): «Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz» (Lc 1,78-79).

Pensamiento franciscano:

Dice santa Clara en su Regla: «Por amor del santísimo y amadísimo Niño envuelto en pobrecillos pañales, acostado en un pesebre, y de su santísima Madre, amonesto, ruego y exhorto a mis hermanas que se vistan siempre de ropas viles» (RCl 2,25).

Orar con la Iglesia:

Invoquemos confiados a Cristo, pastor y guardián de nuestras vidas, y digámosle: Favorécenos, por tu bondad.

-Buen Pastor del rebaño de Dios, ven a reunir a todos los hombres en tu Iglesia.

-Ayuda, Señor, a los pastores de tu pueblo peregrino, para que apacienten sin desfallecer a tu grey hasta que vuelvas.

-Escoge de entre nosotros pregoneros de tu palabra, para que anuncien el Evangelio hasta los confines del mundo.

-Ten compasión de los que en su trabajo desfallecen a mitad del camino; haz que encuentren un amigo que los levante.

Oración: Que tu gracia, Señor Jesús, nos disponga y nos acompañe siempre a los que nos preparamos para acogerte cuando llegues. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

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BENDICIÓN DE LAS IMÁGENES DEL NIÑO JESÚS
Benedicto XVI, Ángelus del 14 de diciembre de 2008

Queridos hermanos y hermanas:

El domingo tercero del tiempo de Adviento se llama domingo "Gaudete", "estad alegres", porque la antífona de entrada de la santa misa retoma una expresión de san Pablo en la carta a los Filipenses, que dice así: «Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres». E inmediatamente después añade el motivo: «El Señor está cerca» (Flp 4,4-5). Ésta es la razón de nuestra alegría. Pero ¿qué significa que "el Señor está cerca"? ¿En qué sentido debemos entender esta "cercanía" de Dios?

El apóstol san Pablo, al escribir a los cristianos de Filipos, piensa evidentemente en la vuelta de Cristo, y los invita a alegrarse porque es segura. Sin embargo, el mismo san Pablo, en su carta a los Tesalonicenses, advierte que nadie puede conocer el momento de la venida del Señor (cf. 1 Ts 5,1-2), y pone en guardia contra cualquier alarmismo, como si la vuelta de Cristo fuera inminente (cf. 2 Ts 2,1-2). Así, ya entonces, la Iglesia, iluminada por el Espíritu Santo, comprendía cada vez mejor que la "cercanía" de Dios no es una cuestión de espacio y de tiempo, sino más bien una cuestión de amor: el amor acerca. La próxima Navidad nos recordará esta verdad fundamental de nuestra fe y, ante el belén, podremos gustar la alegría cristiana, contemplando en Jesús recién nacido el rostro de Dios que por amor se acercó a nosotros.

A esta luz, para mí es un verdadero placer renovar la hermosa tradición de la bendición de las estatuillas del Niño Jesús que se pondrán en el belén. Me dirijo en particular a vosotros, queridos muchachos y muchachas de Roma, que habéis venido esta mañana con vuestras estatuillas del Niño Jesús, que ahora bendigo. Os invito a uniros a mí siguiendo atentamente esta oración:

Dios, Padre nuestro,
tú has amado tanto a los hombres
que nos has mandado a tu Hijo único Jesús,
nacido de la Virgen María,
para salvarnos y guiarnos de nuevo a ti.

Te pedimos que, con tu bendición,
estas imágenes de Jesús,
que está a punto de venir a nosotros,
sean en nuestros hogares
signo de tu presencia y de tu amor.

Padre bueno,
bendícenos también a nosotros,
a nuestros padres,
a nuestras familias y a nuestros amigos.

Abre nuestro corazón,
para que recibamos a Jesús con alegría,
para que hagamos siempre lo que él nos pide
y lo veamos en todos
los que necesitan nuestro amor.

Te lo pedimos en nombre de Jesús,
tu Hijo amado,
que viene para dar al mundo la paz.

Él vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Y ahora recemos juntos la oración del Angelus Domini, invocando la intercesión de María para que Jesús, que al nacer trae a los hombres la bendición de Dios, sea acogido con amor en todos los hogares de Roma y del mundo.

[Después del Ángelus] Al aproximarse la celebración del Nacimiento de Jesucristo, Príncipe de la paz, os invito a prepararos a esta fiesta de gozo y salvación intensificando la plegaria, avivando la alegría interior y dedicándoos a la escucha meditativa de la Palabra de Dios, para después transmitirla con sencillez a los demás. Confío esta hermosa tarea a la maternal protección de la Virgen María, tan presente en estos días en el corazón de las queridas naciones latinoamericanas bajo la advocación de Guadalupe.

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LA NAVIDAD DEL SEÑOR ESTÁ CERCA
De los sermones de san Máximo de Turín (Sermón 61a)

Hermanos, aunque yo callara, el tiempo nos advierte que la Navidad de Cristo, el Señor, está cerca, pues la misma brevedad de los días se adelanta a mi predicación. El mundo con sus mismas angustias nos está indicando la inminencia de algo que lo mejorará, y desea, con impaciente espera, que el resplandor de un sol más espléndido ilumine sus tinieblas.

Pues mientras este sol, y teniendo en cuenta la brevedad de las horas, teme que su curso se esté acabando, indica que abriga cierta esperanza de que su ciclo anual sufra una transformación. Esta expectación de la criatura nos persuade también a nosotros a esperar que el nacimiento de Cristo, nuevo sol, ilumine las tinieblas de nuestros pecados; a desear que el sol de justicia disipe, con la fuerza de su nacimiento, la densa niebla de nuestras culpas; a pedir que no consienta que el curso de nuestra vida se cierre con una trágica brevedad, sino más bien se prolongue gracias a su poder.

Así pues, ya que hemos llegado a conocer la Navidad del Señor incluso por las indicaciones que el mundo nos ofrece, hagamos también nosotros lo que acostumbra a hacer el mundo: como en ese día el mundo empieza a incrementar la duración de su luz, también nosotros ensanchemos las lindes de nuestra justicia; y al igual que la claridad de ese día es común a ricos y pobres, sea también una nuestra liberalidad para con los indigentes y peregrinos; y del mismo modo que el mundo comienza en esa fecha a disminuir la oscuridad de sus noches, amputemos nosotros las tinieblas de nuestra avaricia.

Estando, hermanos, a punto de celebrar la Navidad del Señor, vistámonos con puras y nítidas vestiduras. Hablo de las vestiduras del alma, no del cuerpo. Adornémonos no con vestidos de seda, sino con obras preciosas. Los vestidos suntuosos pueden cubrir los miembros, pero son incapaces de adornar la conciencia, si bien es cierto que ir impecablemente vestido mientras se procede con sentimientos corrompidos es vergüenza mucho más odiosa. Por tanto, adornemos antes el afecto del hombre interior, para que el vestido del hombre exterior esté igualmente adornado; limpiemos las manchas espirituales, para que nuestros vestidos sean resplandecientes. De nada sirve ir espléndidamente vestidos si la infamia mancilla el alma. Cuando la conciencia está en tinieblas, el cuerpo entero estará a oscuras. Tenemos un poderoso detergente para limpiar las manchas de la conciencia. Está escrito en efecto: Dad limosna y lo tendréis todo limpio. Buen mandato éste de la limosna: trabajan las manos y queda limpio el corazón.

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SER "MADRES" DE JESUCRISTO (IV)
por Gérard Guitton, OFM

Hagámosle una morada

María es la casa de Dios. Las letanías de la Virgen nos lo recuerdan. Francisco la saluda:

¡Salve, palacio de Dios!
¡Salve, tabernáculo de Dios!
¡Salve, casa de Dios! (SalVM).

Pero traslada esa realidad a la vida cristiana: «Y hagamos siempre en ellos (en nuestro corazón y en nuestra mente) habitación y morada a Aquel que es el Señor Dios omnipotente, Padre e Hijo y Espíritu Santo» (1 R 22,27). Dice en otro lugar: «...el espíritu del Señor, que habita en sus fieles...» (Adm 1,12). Y, personalmente, Francisco vive tan intensamente esta realidad que Celano puede escribir de él la siguiente frase sorprendente y maravillosa: «En todos los pobres veía al Hijo de la Señora pobre, llevando desnudo en el corazón a quien ella llevaba desnudo en los brazos» (2 Cel 83).

Y eso es lo que realmente acaeció en Greccio, la noche de Navidad. Francisco llevó allí en sus brazos al niño que llevaba constantemente en su corazón. El niño Jesús estaba muy despierto en sus brazos, a la par que lo daba a luz sin cesar con su vida de oración y de amor, e invitaba así a todos los participantes a hacer lo mismo: «No carece esta visión de sentido, puesto que el niño Jesús, sepultado en el olvido de muchos corazones, resucitó por su gracia, por medio de su siervo Francisco, y su imagen quedó grabada en los corazones enamorados» (1 Cel 86).

Una vez más destaca el modelo mariano: llevar a Cristo en el corazón por la fe para ofrecerlo luego visiblemente al mundo.

Los hermanos que son madres

Sabemos desde hace mucho tiempo que Dios tiene entrañas de madre: como se preocupa una madre por su criatura, así se preocupa Dios Padre por nosotros (Is 66,13; 49,15; Sal 26,10).

También Francisco tiene entrañas maternas para con sus hermanos, y los invita a que se ocupen unos de otros con corazón maternal. En varias ocasiones dice Francisco que los hermanos deben transformarse en madres. Donde más insiste sobre este tema es en la Regla para los Eremitorios:

«Los que quieran llevar vida religiosa en eremitorios, sean tres hermanos o, a lo más, cuatro. Dos sean madres y tengan dos hijos o, al menos, uno. Los dos que son madres sigan la vida de Marta, y los dos hijos sigan la vida de María. Y tengan un claustro, y en él cada uno su celdita, para orar y dormir... Los hermanos que son madres procuren permanecer lejos de toda persona... Y los hijos no hablen con ninguna persona, sino con sus madres y con su ministro y custodio... Los hijos tomen de vez en cuando el oficio de madres, tal como les pareciere establecer los turnos» (REr 1-2 y 8-10).

Celano se hace eco de esta actitud de Francisco: «Quiero -decía- que mis hermanos se muestren hijos de una misma madre; y que a uno que pidiere la túnica, la cuerda u otra cosa, se la dé el otro generosamente. Pasen también unos a otros los libros y demás cosas que gustan» (2 Cel 180). Y en la Regla bulada: «Y exponga confiadamente el uno al otro su necesidad, porque si la madre nutre y quiere a su hijo carnal, ¿cuánto más amorosamente debe cada uno querer y nutrir a su hermano espiritual?» (2 R 2,8). En la Carta al hermano León, se dirige a él en estos términos: «Te hablo, hijo mío, como una madre».

A veces, incluso, Francisco es llamado «madre» por sus hermanos (2 Cel 137) y, cuando se encuentra muy enfermo, Elías, para obligarle a que se deje cuidar, le recuerda que él, Francisco, lo había escogido como «madre» y lo había nombrado «padre» de todos los demás hermanos (1 Cel 98).

La palabra «madre», que tanto gustaba a Francisco, es mucho más que una mera imagen que invita a la dulzura y al servicio fraterno. Él vive esta maternidad como una tarea de alumbramiento: en la parábola que explica ante el papa Inocencio III para pedirle que apruebe su forma de vida evangélica, Francisco habla de una mujer desposada y fecundada por el rey que le da muchos hijos, y dice también claramente que esa mujer es él mismo. El Señor lo fecundó con su palabra y él engendró hijos espirituales (cf. 2 Cel 164; LM 8,2). Más tarde seguirá experimentando por sus hermanos la angustia y el dolor que siente una madre preocupada por sus hijos queridos:

«¿Quién ha llegado a tener la solicitud de Francisco por los súbditos?... Compadece con amor a la pequeña grey atraída en pos de sí... Le parecía desmerecer la gloria para sí si no hacía gloriosos a una consigo a los que se le habían confiado, a quienes su espíritu engendraba más trabajosamente que las entrañas de la madre cuando los había dado a luz» (2 Cel 174).

Y san Buenaventura comprendió perfectamente que Francisco concibió y alumbró (siempre los dos mismos verbos) una nueva vida en el Espíritu al escuchar el evangelio de la fiesta de san Matías, en la Porciúncula y bajo la protección de María:

«Mientras moraba en la iglesia de la Virgen, Madre de Dios, su siervo Francisco insistía, con continuos gemidos ante aquella que engendró al Verbo lleno de gracia y de verdad, en que se dignara ser su abogada, y al fin logró -por los méritos de la madre de misericordia- concebir y dar a luz el espíritu de la verdad evangélica» (LM 3,1).

[En Selecciones de Franciscanismo, n. 39 (1984) 497-499].

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