DIRECTORIO FRANCISCANO
Año Cristiano Franciscano

DÍA 18 DE MAYO

 

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SAN JUAN I, papa y mártir. Nació en Toscana (Italia), y fue elegido papa el año 523. Su breve pontificado trascurrió en los reinados del emperador de Constantinopla Justino, católico, y Teodorico, rey de los ostrogodos, arriano, que dominaba Italia, con los consiguientes problemas políticos y religiosos. Teodorico lo envió como legado suyo a Constantinopla para que pidiera al emperador Justino la libertad religiosa de los arrianos. Fue recibido con grandes honores en la Navidad del año 324, meses después celebró la Pascua en Santa Sofía diciendo la misa en latín, y coronó de nuevo al emperador. Pero no logró del todo el objetivo de su misión. Cuando volvió a Italia fue detenido y encarcelado porque su gestión no había sido del agrado de Teodorico, el cual lo encerró en Ravena, donde murió el año 526, por su constancia en defender la fe católica.- Oración: Oh Dios, remunerador de las almas fieles, que has consagrado este día con el martirio del papa san Juan, escucha las oraciones de tu pueblo y concédenos imitar la constancia en la fe de aquel cuyos méritos veneramos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

SAN FÉLIX DE CANTALICIO. Nació en un pueblecito del centro de Italia, Cantalice (Rieti), el año 1515, de una familia modesta. Pronto se puso al servicio de una familia acomodada, primero como pastor y luego en faenas del campo. Ya maduro ingresó en los capuchinos, hizo el noviciado como hermano lego y profesó en 1545. Poco después lo destinaron a Roma, donde permaneció hasta su muerte, recorriendo de continuo sus calles como limosnero, lo que aprovechaba para consolar y aconsejar a las gentes, visitar a los enfermos, ayudar a los más pobres, explicar el catecismo a los niños y enseñarles a cantar las alabanzas de Dios. Profesaba una particular devoción a la Virgen. Fue un fraile de talante místico y asidua oración. Brilló por su candor y sencillez evangélica, su buen humor y su cercanía a toda persona. Estuvo adornado de carismas celestiales. Trabó una gran amistad con san Felipe Neri y san Carlos Borromeo. Murió en Roma el 18 de mayo de 1587.- Oración: Oh Dios, que diste a tu Iglesia y a la Orden franciscana un ejemplo vivo de candor y sencillez evangélica en san Félix de Cantalicio, concédenos, te rogamos, seguir sus huellas para buscar y amar intensamente a Cristo. Que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

BEATO MARTÍN OPRZADEK. Es uno de los 108 Mártires de la II Guerra Mundial (1940-43) beatificados por Juan Pablo II en 1999. Hermano profeso de la Orden de Hermanos Menores. Nació en Koscielec (Cracovia, Polonia) el año 1884, en el seno de una familia campesina. Tuvo que dejar pronto la escuela para atender a su madre viuda y a su hermano enfermo. Muertos ambos, entró en los franciscanos a la edad de 28 años, pero, llamado a filas, tuvo que participar en la I Guerra Mundial. En 1221 hizo la profesión. Lo enviaron a diversos conventos en los que ejerció de manera ejemplar los oficios domésticos que le confiaron. Fue un religioso de intensa oración, humilde, paciente y confiado en la Providencia divina. Arrestado por los nazis, fue internado en el campo de concentración de Sachsenhausen y luego, por débil y enfermo, en el de Hartheim, cerca de Linz (Austria), donde murió en la cámara de gas el 18 de mayo de 1942.

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San Dióscoro. Era hijo de un clérigo menor, que ejercía en la Iglesia de lector. Por negarse a sacrificar a los dioses y a entregar los libros sagrados, después de someterlo a muchas torturas, lo decapitaron en Alejandría de Egipto del año 303.

San Erico IX, rey de Suecia. Fue proclamado rey de los suecos el año 1150. Cristiano convencido y animado de un gran celo apostólico, durante su reinado gobernó sabiamente al pueblo, veló por los derechos de las mujeres, apoyó a la Iglesia y extendió el cristianismo. Organizó una expedición a la vecina Finlandia, pagana, y dejó allí al obispo san Enrique para que continuara la evangelización. Estando en guerra con Dinamarca, lo sorprendió un ataque en Upsala (Suecia) mientras oía misa, que no quiso interrumpir; luego murió apuñalado. Era el año 1161.

San Félix. Fue martirizado en Spalato, provincia romana de Dalmacia (hoy Croacia), el año 299, durante la persecución del emperador Diocleciano.

San Potamón y compañeros mártires. Los santos Potamón, Ortasio y Serapión, sacerdotes, junto con un grupo de compañeros cristianos, sufrieron el martirio en Alejandría de Egipto en el siglo IV, sin que se pueda precisar el año.

Santos Teodoto y compañeras mártires. En Ancira de Galacia (en la actual Turquía), fueron martirizados el año 303 Teodoto y Tecusa, tía suya, y las vírgenes Alejandra, Claudia, Faina, Eufrasia, Matrona y Julita. Las vírgenes, después de haber sido obligadas a prostituirse, fueron arrojadas a un lago con piedras atadas al cuello.

Beata Blandina Merten. Nació en la región del Sarre (Alemania) el año 1883. Estudió magisterio e hizo de las escuelas en que enseñó su campo de apostolado. A los 25 años ingresó en la Orden de San Úrsula, y después de profesar en 1913, la destinaron a la enseñanza y educación cristiana de los niños. Pronto le diagnosticaron una tuberculosis incurable. La enviaron a Tréveris, por su clima más suave, y pasó sus dos últimos años de vida en la enfermería viviendo la cruz del sufrimiento. En su vida activa unió el cuidado de la formación humana y cristiana de las niñas y adolescentes con la vida contemplativa. Murió en Tréveris (Alemania) el año 1918.

Beato Burcardo. Nació en Suiza hacia el año 1140, se ordenó de sacerdote y le confiaron la parroquia de Beinwil (Suiza), en la que supo santificarse en su ministerio parroquial. Se entregó al cuidado del pueblo que se le había confiado, cumpliendo los ministerios propios de su oficio. Destacó por la digna y devota celebración de la misa y de los sacramentos, fue constante en la predicación y catequesis, visitaba a los enfermos, acogía a los pobres. Su vida mortificada y piadosa era un estímulo para todos. Murió hacia el año 1192.

Beato Estanislao Kubski. Nació en Ksiaz (Polonia) en el seno de una familia campesina el año 1876. A los 21 años ingresó en el seminario de Gniezno-Poznan y en 1900 recibió la ordenación sacerdotal. Ejerció el ministerio sagrado en varias parroquias, en las que se distinguió por su celo apostólico y por su caridad con los pobres; también trabajó en obras sociales para las clases obreras. En 1939, cuando entraron las fuerzas nazis en Polonia, fue detenido, condenado a trabajos forzados y por último internado en el campo de concentración de Dachau, cerca de Munich (Alemania). Tras sufrir muchas penalidades, acabó en la cámara de gas el año 1942.

Beato Guillermo. Nació en Toulouse (Francia) hacia 1297. A los 19 ingresó en la Orden de los Ermitaños de San Agustín. Ordenado de sacerdote, completó los estudios en París y luego pasó la mayor parte de su vida en su ciudad natal. Fue un religioso observante, de vida austera y penitente, entregado a la oración; su lema era «orar o contemplar o hablar de Dios». Era amante de la pobreza y a la vez muy atento a las necesidades de los pobres. Al mismo tiempo, fue predicador insigne y buen director de almas. Atrajo a muchos a la vida cristiana y a la vida religiosa. Murió en 1369.

PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico :

Decía san Pablo a los Corintios: «Si hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero no tengo amor, no sería más que un metal que resuena o un címbalo que aturde. Si tuviera el don de profecía y conociera todos los secretos y todo el saber; y si tuviera fe como para mover montañas, pero no tengo amor, no sería nada. Y si repartiera todos mis bienes entre los necesitados; y si entregara mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, de nada me serviría» (1 Cor 13,1-3).

Pensamiento franciscano :

Dice san Francisco: «Todos los hermanos prediquen con las obras... Por eso, en la caridad que es Dios, suplico a todos mis hermanos... que se esfuercen por humillarse en todas las cosas, por no gloriarse ni gozarse en sí mismos ni ensalzarse interiormente por las palabras y obras buenas, más aún, por ningún bien, que Dios hace o dice y obra alguna vez en ellos y por medio de ellos» (1 R 17,3-6).

Orar con la Iglesia :

A ti, Señor Jesús, sentado a la derecha del Padre, mediador nuestro, que vives para siempre, intercediendo por nosotros, dirigimos nuestra oración.

-Señor Jesús, asiste a la Iglesia, a la que encomendaste la misión de proseguir el anuncio del Evangelio, hasta que vuelvas.

-Señor Jesús, inspira a los que gobiernan las naciones sentimientos de paz y de justicia, y de atención especial a los débiles e indefensos.

-Señor Jesús, consuela a los que sufren, los pobres, los enfermos, los marginados, los ancianos desamparados, los huérfanos.

-Señor Jesús, ilumina los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llamas y la misericordia con que nos tratas.

Oración: Padre nuestro, sabemos que cuando oramos en el nombre de Jesús, tú aceptas y atiendes nuestras súplicas. Por eso te decimos: escúchanos por tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

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SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
Benedicto XVI, Regina Caeli del 16-V-2010

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy en Italia y otros países se celebra la Ascensión de Jesús al cielo, que tuvo lugar cuarenta días después de la Pascua. Este domingo celebramos, además, la Jornada mundial de las comunicaciones sociales, sobre el tema: «El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios de comunicación al servicio de la Palabra». En la liturgia se narra el episodio de la última vez que el Señor Jesús se separó de sus discípulos (cf. Lc 24,50-51; Hch 1,2.9); pero no se trata de un abandono, porque él permanece para siempre con ellos -con nosotros- de una forma nueva. San Bernardo de Claraval explica que la Ascensión de Jesús al cielo se realiza en tres grados: «El primero es la gloria de la resurrección; el segundo, el poder de juzgar; y el tercero, sentarse a la derecha del Padre». Inmediatamente antes de este acontecimiento tuvo lugar la bendición de los discípulos, que los preparó a recibir el don del Espíritu Santo, para que la salvación fuera proclamada en todas partes. Jesús mismo les dijo: «Vosotros sois testigos de estas cosas. Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre» (Lc 24,48-49).

El Señor atrae la mirada de los Apóstoles -nuestra mirada- hacia el cielo para indicarles cómo recorrer el camino del bien durante la vida terrena. Sin embargo, él permanece en la trama de la historia humana, está cerca de cada uno de nosotros y guía nuestro camino cristiano: acompaña a los perseguidos a causa de la fe, está en el corazón de los marginados, se halla presente en aquellos a los que se niega el derecho a la vida. Podemos escuchar, ver y tocar al Señor Jesús en la Iglesia, especialmente mediante la palabra y los sacramentos. A este propósito, exhorto a los muchachos y jóvenes que en este tiempo pascual reciben el sacramento de la Confirmación a permanecer fieles a la Palabra de Dios y a la doctrina que han aprendido, como también a acercarse asiduamente a la Confesión y a la Eucaristía, conscientes de haber sido elegidos y constituidos para testimoniar la Verdad. Renuevo también mi invitación especial a los hermanos en el sacerdocio a que «con su vida y sus obras, se distingan por un vigoroso testimonio evangélico» y sepan utilizar con sabiduría también los medios de comunicación, para dar a conocer la vida de la Iglesia y ayudar a los hombres de hoy a descubrir el rostro de Cristo.

Queridos hermanos y hermanas, el Señor, al abrirnos el camino del cielo, nos permite saborear ya en esta tierra la vida divina. Un autor ruso del siglo XX, en su testamento espiritual, escribió: «Observad más a menudo las estrellas. Cuando tengáis un peso en el alma, mirad las estrellas o el azul del cielo. Cuando os sintáis tristes, cuando os ofendan, … deteneos a mirar el cielo. Así vuestra alma encontrará la paz» (Pavel A. Florenskij). Doy gracias a la Virgen María, a quien en los días pasados pude venerar en el santuario de Fátima, por su materna protección durante la intensa peregrinación a Portugal. A ella, que vela por los testigos de su Hijo amado, dirigimos con confianza nuestra oración.

[Después del «Regina caeli»] Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española... Se celebra este domingo en muchos lugares la fiesta de la Ascensión del Señor. Jesús resucitado vuelve al Padre, abriéndonos el camino a la vida eterna y haciendo posible el don del Espíritu Santo. Como los Apóstoles después de la Ascensión, también nosotros nos recogemos en oración y, en unión espiritual con la Virgen María, invocamos la efusión del Espíritu. Que su intercesión obtenga para toda la Iglesia un renovado Pentecostés.

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PORQUE LA VIDA DE JESUCRISTO
SEA MANIFIESTA EN NOSOTROS

San Juan de Avila, Carta 58, a unos amigos suyos

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en toda nuestra tribulación, de manera que podamos nosotros consolar a los que en toda angustia están; y esto por la consolación, con la cual Dios nos consuela. Porque, así como las tribulaciones de Cristo abundan en nosotros, así por Cristo es abundante nuestra consolación.

Palabras son éstas del apóstol san Pablo (2 Cor 1,3-5). Tres veces fue azotado con varas, y cinco con azotes, y una vez apedreado hasta que fue dejado por muerto, y perseguido de todo linaje de hombres, y atormentado con todo género de trabajos y penas, y esto no pocas veces; mas como él en otra parte dice: Nosotros siempre somos traídos a la muerte por amor de Jesucristo, porque la vida de Jesucristo sea manifiesta en nosotros.

Y, con todas estas tribulaciones, no sólo no murmura ni se queja de Dios, como los flacos suelen hacer; no se entristece, como los amadores de su honra o regalo; no importuna a Dios que se las quite, como los que no le conocen, y por eso no las quieren por compañeras; no las tiene por pequeña merced, como los que las desean poco, mas, toda la ignorancia y flaqueza dejada atrás, bendice en ellas y da gracias por ellas al Dador de ellas, como por una señalada merced, teniéndose por dichoso de padecer algo por la honra de aquel que sufrió tantas deshonras por sacarnos de la deshonra en que estábamos sirviendo a la vileza de los pecados, y nos hermoseó y honró con su espíritu y adopción de hijos de Dios, y nos dio arra y prenda de gozar en el cielo de él y por él.

¡Oh hermanos míos, muy mucho amados! Dios quiere abrir vuestros ojos para considerar cuántas mercedes nos hace en lo que el mundo piensa que son disfavores, y cuán honrados somos en ser deshonrados por buscar la honra de Dios, y cuán alta honra nos está guardada por el abatimiento presente, y cuán blandos, amorosos y dulces brazos nos tiene Dios abiertos para recibir a los heridos en la guerra por él, que, sin duda, exceden sin comparación en placer a toda hiel que los trabajos aquí puedan dar. Y, si algún seso hay en nosotros, mucho deseo tenemos de estos abrazos; porque, ¿quién no desea al que todo es amable y deseable, sino quien no sabe qué cosa es desear?

Pues tened por cierto que si aquellas fiestas os agradan y las deseáis ver y gozar, que no hay otro más seguro camino que el padecer. Esta es la senda por donde fue Cristo y todos los suyos, que él llama estrecha; empero lleva a la vida; y nos dejó esta enseñanza, que si quisiéramos ir donde está él, que fuésemos por el camino por donde fue él; porque no es razón que, yendo el Hijo de Dios por camino de deshonras, vayan los hijos de los hombres por camino de honras, pues que no es mejor el discípulo que el Maestro, ni el esclavo que el Señor.

Ni plega a Dios que nuestra ánima en otra parte descanse, ni otra vida en este mundo escoja, sino trabajar en la cruz del Señor. Aunque no sé si digo bien en llamar trabajos a los de la cruz, porque a mí me parece que son descansos en cama florida y llena de rosas.

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GUARDÉMONOS DE TODA SOBERBIA Y VANAGLORIA
San Francisco de Asís, Primera Regla 17,5-19

Suplico en la caridad que es Dios a todos mis hermanos predicadores, orantes, trabajadores, tanto clérigos como laicos, que se esfuercen por humillarse en todas las cosas, por no gloriarse ni gozarse en sí mismos ni ensalzarse interiormente por las palabras y obras buenas, más aún, por ningún bien, que Dios hace o dice y obra alguna vez en ellos y por medio de ellos, según lo que dice el Señor: Pero no os gocéis porque los espíritus se os someten (Lc 10,20). Y sepamos firmemente que no nos pertenecen a nosotros sino los vicios y pecados. Y debemos gozarnos más bien cuando vayamos a dar en diversas tentaciones y cuando soportemos, por la vida eterna, cualquier clase de angustias o tribulaciones del alma o del cuerpo en este mundo.

Todos los hermanos, por consiguiente, guardémonos de toda soberbia y vanagloria. Y protejámonos de la sabiduría de este mundo y de la prudencia de la carne. Pues el espíritu de la carne quiere y se esfuerza mucho en tener palabras, pero poco en las obras; y no busca la religión y santidad en el espíritu interior, sino que quiere y desea tener una religión y santidad que aparezca exteriormente a los hombres. Y éstos son aquellos de quienes dice el Señor: En verdad os digo, recibieron su recompensa (Mt 6,2). Por el contrario, el espíritu del Señor quiere que la carne sea mortificada y despreciada, vil y abyecta. Y se aplica con empeño a la humildad y la paciencia y a la pura y simple y verdadera paz del espíritu. Y siempre desea, sobre todas las cosas, el temor divino y la sabiduría divina y el amor divino del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Y devolvamos todos los bienes al Señor Dios altísimo y sumo, y reconozcamos que todos los bienes son de él, y démosle gracias por todos a él, de quien proceden todos los bienes. Y el mismo altísimo y sumo, solo Dios verdadero, tenga y a él se le tributen y él reciba todos los honores y reverencias, todas las alabanzas y bendiciones, todas las gracias y gloria, de quien es todo bien, solo el cual es bueno.

Y cuando veamos u oigamos decir o hacer el mal o blasfemar contra Dios, nosotros bendigamos y hagamos bien y alabemos a Dios, que es bendito por los siglos (Rom 1,25).

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